Más sobre la cabalgata de San Jorge

ciudad, sociedad

Cuando yo era pequeñito me encantaban las cabalgatas. Estaba la cabalgata de Reyes, alguna que otra para el Pilar, y una en lo que se llamaban las fiestas de primavera que llamábamos el “Coso Blanco”. Esta última sólia consistir en una serie de carrozas que representaban a los distintos países de Hispanoamérica. Como comentaba ayer, hoy en día ya no se llaman cabalgatas. Ahora es “animación callejera” u otras cosas por el estilo.

En la que se nos ofreció ayer en Zaragoza, llamada “Sanjorges y dragones”, se nos insistió durante días que se iba a dar una visión alternativa del mito de San Jorge, en la que se iba a hacer hincapié en la integración con la naturaleza, y otras lindezas similares.

Con estos antecedentes, no dudé. Me dije: “Majo, cógete la cámara, la réflex pero en plan ligero por si llueve y hay que salir corriendo, y a documentar el hecho”. Y allí fui.

Bueno. La verdad es que salvo por lo entretenido que estaba tirando fotos a todo monigote “viviente”, me pareció un espectáculo bastante soso. Sin ritmo. Con muchos parones entre animación y animación, o entre carroza y carroza que diríamos antaño. Se mezclaban marionetas gigantes, con “zancudos”, con los cabezudos de toda la vida, unos tipos haciendo demostración de doma caballar, tragafuegos… bueno,… de todo y de los más heterogéneo. Al final salió, hasta “Fluvi“. Sí, sí, la mascotita de la Expo 2008, sea lo que sea.

No entraré en detalles, pero no me pareció que hubiera una historia, un visión de algo, una alternativa a historias tradicionales. Me pareció una suma de elementos que no significaba nada de particular, salvo por las parrafadas que iban saliendo por la megafonía, para explicar lo que para mí no tenía más explicación que lo que he comentado. Una heterogénea sucesión de “atracciones” o “animaciones” callejeras.

Pero he aquí que me puse a escuchar a quienes me rodeaban. Casi todos los adultos eran papás y mamás de la multitud de niños y niñas que miraban el espectáculo. Y en general, parecía que les gustaba. Me dio la impresión que los niños eran más críticos espectadores. No había que percibir más que el mal que daban con los tremendos parones que tenía la cuestión. Cuando mejor se lo pasaron fue al final cuando salió “Fluvi“, que parece que ha calado entre la chiquillería.

El caso es que en general, la gente se lo pasó bien. Y ¡ay, pobre de mí, sempiterno escéptico insatisfecho! no sé si alegrarme de que la gente disfrute en un día de fiesta, o lamentar la nula capacidad crítica que va quedando en el personal. En fin. Que cada cual se quede con lo quiera.