La caída de Berlín en los libros; comentario del libro Los demonios de Berlín

Historia, Literatura

El final de la Segunda Guerra Mundial en los grandes teatros de operaciones, Europa y el Pacífico, adquirió dimensiones de naturaleza desconocida hasta ese momento, y que no han vuelto a repetirse,… de momento. Sobre lo que aconteció en Japón haré mañana un comentario. Sobre lo que sucedió en Berlín en 1945, y a propósito de haber estos días atrás la novela Los demonios de Berlín de Ignacio del Valle, es algo me lleva interesando desde hace unos y sobre lo que me apetece hablar. También comentaré lo que me ha parecido esta novela, que ya adelanto tiene sus cosas interesantes. Vamos a ello, aunque será largo, lo advierto.

1. La caída de Berlín, 1945

Como decía, este tema me ha interesado de una forma u otra en los últimos años. Todo empezó hace casi tres años, cuando visité la capital alemana en octubre de 2007. Tengo por costumbre que, si encuentro el título adecuado, cuando salgo de viaje me llevo una novela relacionada con el lugar que visito. Y sin saber muy bien lo que me iba a encontrar, escogí Berlín, 1945 (Onkle Toms Hütte, Berlín) de Pierre Frei. Esta novela de crímenes se situaba en el Berlín inmediatamente tras el final de la guerra en el sector de ocupación americano, aunque recorría de una forma u otra a través de los crímenes investigados el conjunto de la historia de la Alemania nazi. Como me dejó muchos interrogantes sobre este periodo histórico, en poco tiempo leí un par de títulos más relacionados con el tema.

El primero de ellos es un libro del historiador bélico Antony Beevor, tan de moda últimamente en los medios por su libro sobre el desembarco de Normandía, pero que previamente escribió este Berlín, la caída: 1945, que con un rigor notable y una escritura relativamente fácil dado el tema, nos describe lo sucedido en el frente oriental europeo al final de la guerra.

El otro libro son las memorias anónimas de una mujer alemana a la que la guerra pilló en la capital del Reich al final del conflicto bélico. Una mujer en Berlín nos cuenta el otro punto de vista de la guerra, el de las mujeres, que sufren la guerra como los hombres, y que al final se ven convertidas en botín de guerra, en víctimas de abusos, en objeto de la venganza de los soviéticos. El libro se publicó como anónimo, aunque en la actual se sabe que corresponde a las memorias de la periodista y editora Marta Hillers, que nos narra un período de ocho semanas entre la primavera y el inicio del verano de 1945.

Cuando a mediados de enero de 1945 los frentes soviéticos cruzan el Vístula y comienzan su ofensiva final sobre el Tercer Reich y sobre Berlín, el odio acumulado, el deseo de humillar, el deseo de fulminar al adversario desata una de las mayores catástrofes humanitarias que se han producido en la historia provocadas por el propio ser humano. Más allá de la crudeza de los propios combates, que adquirieron un carácter implacable ante el profundo resentimiento entre ambos ejércitos, entre la determinación revanchista de los rusos y la resistencia numantina de los alemanes, estuvo las consecuencias para la población civil de la zona, una mezcla de población étnicamente germana y polaca, además de otras menores, en las que millones de alemanes de la Prusia Oriental, de Pomerania, de Silesia, y otras regiones de lo que actualmente es Polonia se vieron obligados a salir a las carreteras y a los caminos en uno de los inviernos más crudos del siglo XX, o bien afrontar los asesinatos de civiles y las violaciones masivas de mujeres y niñas de todas las edades que sufrieron los que fueron alcanzados por el ejército soviético.

Rynek - Wroclaw

La ciudad polaca de Wroclaw era la alemana Breslau en 1945; "Festung" Breslau, la fortaleza de Breslau, obligada a resistir por los jerarcas nazis, capituló dos días depués de Berlín, tras un pavoroso sitio - Canon EOS 40D, EF 24-105/4L IS USM

El fanatismo nazi llevó a ordenar la resistencia a toda costa, a movilizar a ancianos y niños en la defensa de la capital, a los ahorcamientos sumarísimos por parte de las SS de todos aquellos que fuesen sospechosos de tibieza, de derrotismos, a quien no quisiese combatir. Una población civil sin referentes éticos de ningún tipo tras el derrumbe del régimen político que dio una falsa seguridad a una nación profundamente dañada por el trauma de la derrota en la Gran Guerra y por la inestabilidad política derivada en los años 20. Una población civil que se vio cogida entre el martillo de las tropas soviéticas y el yunque del fanatismo nazi. Los datos de muertes en las guerras dicen poco a estas alturas. Pero si hablamos de que entre el territorio que hay entre la Prusia Oriental y Berlín se pudieron producir unos dos millones de violaciones a mujeres, muchas de ellas colectivas, de las cuales un diez por ciento pudieron morir como consecuencia de las lesiones producidas, de las infecciones venéreas, de los abortos provocados en condiciones deficientes o de los suicidios, quizá adquiera otra perspectiva el significado de lo que allí sucedió.

Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche

La Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche queda hoy en día como testigo y memorial a la destrucción de aquellos días - Panasonic Lumix LX3

Pero además de la monumental catastrofe humanitaria, o quizá sería más correcto decir humana, hay que considerar que la batalla de Berlín se puede considerar como la primera batalla de la Guerra Fría. Aunque negociado de antemano el final de la guerra, hubo notables intereses políticos y estratégicos a la hora de decidir quién y cómo se hacía con la capital alemana. Los ejércitos occidentales habían llegado al Elba en condiciones de avanzar hacia Berlín. Al contrario de lo que estaba sucediendo en el frente oriental, muchas unidades militares no sólo no se enfrentaban con ese fanatismo a norteamericanos y británicos, sino que muchas veces se rendían sin pegar un tiro. También hubo unidades que huyeron del frente oriental para directamente entregarse a los occidentales. También es cierto que algunas de ellas, particularmente las unidades de las Waffen-SS fueron devueltas a los soviéticos. Lo cual fue una mala, malísima noticia para ellas dado el cruel trato proporcionado por los soviéticos a los prisioneros de guerra, y especialmente a estas fanáticas unidades.

Pero los norteamericanos se pararon en el Elba. Todo estaba pactado. Hoy en día muchos historiadores están ya convencidos de la tesis de Churchill en aquella época. Stalin engañó a Roosevelt, y consiguió una serie de ventajas decisivas en el difícil periodo político que marco la posguerra. Los soviéticos iban detrás de los conocimientos científicos e ingenieros de los alemanes con el fin de recuperar el retraso que llevaban respecto a los americanos. Por ejemplo, en la cuestión del manejo de la energía atómica. Son muchas por lo tanto las tragedias que se cocieron en aquel escenario. No sólo las que asolaron a la población civil del momento, si las que asolaron a otras poblaciones civiles de muchos países en los 45 años posteriores.

Poco a poco se van conociendo y haciendo públicos los acontecimientos de aquellas épocas. La Unión Soviética primero, la Federación Rusa después, nunca ha estado interesada en destapar el comportamiento de sus soldados en aquella época. Siempre han revestido todo lo referido a la Gran Guerra Patriótica de un carácter épico y elevado, de nobleza en la lucha contra el opresor. Han obviado que el ejército soviético también estaba al servicio de una dictadura tiránica igualmente sangrienta y opresora, y con unas motivaciones en la lucha tremendamente complejas que lo dotó de una capacidad mortífera tanto para el enemigo como para sí mismos como pocas veces se ha visto. Por otro lado, la vergüenza de la derrota y la humillación entre los alemanes contribuyó también a que no se hablase de lo sucedido. El libro de Marta Hillers fue duramente criticado por los alemanes de la época de publicación y no fue hasta muchos años después cuando lo asumieron lo aceptaron y lo consideraron como el notable documento histórico que supone. Y los intereses políticos de los norteamericanos en la posguerra también dirigió las acciones hacia otro terreno. Primero, en los primeros tiempos, para no indisponerse con sus caprichosos aliados soviéticos. Después, porque también ellos perdieron su supuesta inocencia e idealismo. Mañana comentaré las consecuencias de lanzar una bomba atómica sobre una población civil. Pero también se podría hablar de la actuación de las tropas americanas contra poblaciones civiles en los diversos conflictos que salpicaron la Guerra Fría. Y aun hoy en su “guerra contra el terror”.

Vista del Casco Antiguo

La reconstruida ciudad de Dresde, uno de los oficialmente "no" crímenes de guerra de los aliados occidentales durante la Segunda Guerra Mundial - Pentax *ist DS, SMC-A 50/2

2. Libro: Los demonios de Berlín

En la tercera entrega que nos hace Ignacio del Valle de las aventuras de Arturo Andrade, ya advierto que no he leido las dos primeras, nos sitúa en abril de 1945 en plena batalla final por Berlín. Y encontramos a Andrade como teniente entre los últimos españoles que permanecieron luchando del lado alemán hasta el final de la guerra tras la desbandada primero de la División Azul y después de la Legión Azul.

Los demonios de Berlín
Ignacio del Valle
Punto de Lectura; Madrid, 2010
ISBN: 9788466324281

Parto de la base de que a priori era difícil que el personaje de esta novela me resultase simpático. Si bien hubo muchos voluntarios de la División Azul que lo fueron para evitar las represalias, para congraciarse con el régimen fascista criminal del general Franco, hay que suponer que un personaje basado en aquellos que pudiendo volver a España, se quedaron luchando junto a los alemanes, estaba tocado del fanatismo fascista de los falangistas del momento. Pero es cierto que el personaje de ficción tiene un trasfondo que quizá venga explicado en sus dos aventuras previas, y que no es del todo explicado en esta novela. Bien. Quizá eso no importa. Y lo que importa es lo que pasa con ese personaje y en ese entorno.

También cuesta deshacerse del prejuicio que la editorial te instala cuando lees la contraportada del libro. Habla de un thriller con una investigación de un asesinato, una historia de amor, el programa atómico alemán o el más que improbable intento de robo del oro del Reichsbank por parte de un grupo de falangistas españoles. Sinceramente, por unos u otros motivo, no me he tomado en serio ninguno de estos episodios. Sinceramente, que las SS pidan la colaboración de un teniente de infantería español para resolver un crimen en abril de 1945 no se sostiene lo mires por donde lo mires. La historia de amor me parece vacía y previsible. Lo del nivel de desarrollo de ciertas instalaciones científicas o de ingeniería de la Alemania nazi, sobrevaloradas por el autor. El intento de robo del oro por unos falangistas típicos y tópicos… pues bueno…

Con estos elementos, durante buena parte de la lectura del libro he mantenido un escepticismo crítico notable. Pero en un momento dado he cambiado el enfoque. Y he cogido el concepto de macguffin de Hitchcock. Y si todos los elementos anteriores son absolutamente irrelevantes y anecdóticos, meros elementos argumentales sin más importancia que la de situar al personaje en un entorno en las que necesariamente las va a pasar canutas, y poder analizar sus posibles pensamientos, sus reacciones. Un entorno deshumanizado donde la probabilidad de morir y de matar es alta en cada minuto del día. Una oportunidad para describir el demencial final de la capital alemana. Desde ese punto de vista reconozco que ha habido momentos en los que la novela me ha parecido muy interesante, muy atractiva, y me ha enganchado a la lectura hasta el final.

Quede claro. Opino que se podrían haber escogido otros elementos argumentales más creíbles, más asumibles por un lector escéptico e interesado por el momento histórico, que podrían haber permitido llegar a un mismo resultado. La narración resulta previsible en cuanto a los aspectos de la intriga argumental. Hay pocas conclusiones a las diversas situaciones abiertas durante el relato que me hayan sorprendido. Muchas las había adelantado. No las comento ahora por respeto a los posibles lectores del libro. Pero no es del todo desaprovechable, y quizá pueda valer para hacerse una idea desde la ficción de lo que fue la dura realidad de aquel momento histórico.

Iglesia en Klingerhöfferstraße

Esta iglesia en Klingerhöfferstraße no está muy lejos de la Lichstensteinallee, donde se encuentra la embajada española en Berlín, cerca del Tiergarten - Pentax *ist DS, SMC-DA 21/3,2 Limited

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