[Libro] Ve y pon un centinela; la (no) secuela del “ruiseñor”

Literatura

Me llamó la atención cuando me enteré hace no mucho tiempo. Se iba a publicar una secuela de To Kill a Mockingbird (Matar a un ruiseñor)… Una de las novelas más emblemáticas de la literatura norteamericana y mundial. Única obra de ficción de su autora, Nelle Harper Lee, nom de plume simplemente Harper Lee, señorita sureña afincada durante un tiempo en Nueva York, buena amiga de Truman Capote. Ante la ausencia de más obra de ficción de Lee, ensayos se le conocen más, se llegó a rumorear que el auténtico autor de la emblemática novela pudo ser el propio Capote. Parece que no tal. No se le puede sacar más partido a una obra. Premio Pulitzer. Adaptación cinematográfica de prestigio con tres óscars más cinco candidaturas que no se materializaron en las codiciadas estatuillas. Uno de los óscars para Gregory Peck; nadie podemos imaginar a Atticus Finch, abogado en Alabama y padre de la niña protagonista y narradora, paradigma del hombre bueno, con un aspecto que no sea el de Gregory Peck. Y un alegato a favor de la tolerancia y en contra del racismo a principio de los años sesenta, cuando la cuestión de los derechos civiles alcanzó su máxima efervescencia. He leído dos veces To Kill a Mockingbird, una en castellano y otra en inglés. Cada vez que pienso en el capítulo 2, el primer día de colegio de Scout Finch,… una maravilla.Y la película la he visto… no sé. Bastantes veces.

Y de repente me entero que la autora, que no volvió a escribir ficción, pronta a cumplir los 90 años, cascadilla la mujer, ha accedido a publicar una secuela de esa historia ya universal, pero que la secuela la escribió cinco años antes… aunque se publique ahora. En fin. No me he podido aguantar y me la agencié y la he leído. Tenía tres lecturas más que comentar, pero no me aguanto las ganas de hablar de este “centinela” con el que nos ha sorprendido el mundo editorial.

Ve y pon un centinela
Harper Lee; traducción por Belmonte Traductores
HarperCollins Ibérica, 2015
Edición electrónica

Jean Louise Finch, conocida familiarmente como Scout, es una joven de 25 años de un condado de Alabama que lleva un par de años viviendo en Nueva York. Viaja a Maycomb, su lugar de origen, a visitar durante dos semanas a su familia. Su padre, Atticus Finch, es abogado en el lugar, conocido y respetado por su integridad y respeto de la ley. Es idolatrado por su hija, para quien es modelo de vida. También le espera Henry Clinton, un joven que la pretende con intenciones matrimoniales, aunque ella le da largas. Y su tíos, y más gente… Pero cuando llegue se encontrará con sorpresas. Recientemente, el Tribunal Supremo del país ha fallado en contra de la segregación escolar por razas. Y eso ha sacudido al viejo sur. Y también destapará las auténticas creencias de los vecinos de Maycomb.

Supongo que utilizar las calles de una población canadiense para ilustrar una entrada sobre el profundo sur de los Estados Unidos no tiene mucho sentido.

Supongo que utilizar las calles de una población canadiense para ilustrar una entrada sobre el profundo sur de los Estados Unidos no tiene mucho sentido.

Iré directo al grano. Por si alguien no se ha enterado todavía, la propaganda de la editorial es falaz. No estamos ante una secuela del “ruiseñor” escrita con anterioridad. Estamos ante el primer borrador de una historia que nunca llegó a publicarse. Pero que contiene en uno de sus capítulos, en un flashback de la protagonista, el germen de lo que años más tarde sería To Kill a Mockingbird. Por lo tanto, si no queréis salir decepcionados, afrontad la novela como una curiosidad literaria. Como un documento que puede reflejar la dinámica de creación literaria. A los aficionados a la fotografía que venimos de la época de la película tradicional, nos gustan los libros de hojas de contactos de obras maestras. Las hojas donde se copian a pequeño tamaño todos los negativos del rollo de película donde se encuentra el negativo de una foto emblemática. Porque nos permite conocer el proceso de creación de la fotografía. Saber cómo trabajaba el fotógrafo. Pues este “centinela” es como si hubiéramos hecho una ampliación de uno de los fotogramas del rollo en el que se encontraba el “ruiseñor”, un fotograma anterior, desechado, pero que sirvió a la autora de guía para lo que vino a ser esa novela que queremos y respetamos. En ese contexto, estoy encantado de haber leído Ve y pon un centinela.

Sin embargo, si la afrontas bajo las expectativas de la publicidad editorial, “la secuela de una de las mejores novelas del siglo XX”, “qué paso veinte años más tarde”… Pues es un bodrio. Primero porque muestra inconsistencias con la obra ya conocida. Segundo porque es un producto inmaduro. Empieza bien, dinámica, como momentos bastante buenos. Algunos pasajes muy divertidos. Pero cuando se plantea el conflicto personal de la protagonista, en cierta reunión ciudadana, y hasta el final, es un embrollo de diálogos y monólogos bastante abstrusos, a veces pedantes, en ocasiones enmarañados. Es un producto claramente inmaduro. Por supuesto, el carácter de los personajes no es el mismo que en la novela original. Atticus Finch no es la persona tolerante que conocíamos, Scout Finch es una mema a sus 25 años. En una época en la que a esta edad se te consideraba claramente un un adulto. En la que muchas mujeres de su edad eran ya madres de un par de churumbeles. No como hoy en día de “eterna juventud”. Pues a esta señorita, le entran las dudas sobre sí misma y su familia que le tendrían que haber entrado durante la adolescencia, diez años antes. Y el resto de los personajes… pues todavía estaba por ver qué o quién iban a ser.

A pesar del texto y el espíritu de la constitución de los Estados Unidos, el respeto por la persona y sus derechos ha sido tradicionalmente inferior en este país que en su vecino del norte mucho más orgulloso de su pasado colonial.

A pesar del texto y el espíritu de la constitución de los Estados Unidos, el respeto por la persona y sus derechos ha sido tradicionalmente inferior en este país que en su vecino del norte mucho más orgulloso de su pasado colonial.

Por lo tanto, que nadie se lleve las manos a la cabeza. Atticus Finch sigue siendo el que era. El que conocimos en To Kill a Mockingbird. Este otro es de un universo alternativo que “desapareció” y que sólo vaya usted a saber que codicia editorial ha llevado a resucitar. A mí no me parece mal que este material se haya publicado. Lo que me parece mal es que se haya publicado como se ha hecho. Si se hace advirtiendo al lector. Si se incluye una guía comentada con las diferencias argumentales. Con las diferencias y las similitudes de estilo de la autora entre las dos versiones de la obra. Si se publica en un entorno pedagógico y didáctico, hubiera aplaudido la iniciativa. Así sólo me queda decir que me alegro de haber tenido la experiencia, pero me parece penoso lo que el mundo editorial le está haciendo a la literatura. Por cierto, que HarperCollins prácticamente se estrena en España con este triste operación comercial después de haber comprado una editorial dedicada a la novela romántica. Sí, de estas de portadas cursis, que últimamente están difuminando sus límites con la novela erótica, pero siempre con fornidos highlanders o sofisticados millonarios como coprotagonistas… Uffff, ¡a que empiezo a enfadarme!

Nota: No existen ruiseñores en América, salvo que se hayan exportado; es un ave eurasiática. De hecho “mockingbird” no es un ruiseñor; es un sinsonte. Pero no hay sinsontes en Eurasia, es un ave americana. En España nos lo tradujeron así. En otros países europeos fueron más respetuosos. “Oisseau moqueur” en francés y no “rossignol”. Si hay alguien que me lee de la América de habla española, ¿allí también se tradujo como ruiseñor, aunque para un americano esto no tenga sentido? Finch, el apellido de los protagonistas también es un ave. Cardelino le hemos llamado tradicionalmente en Aragón. Jilguero los castellanos, a quienes gusta imponer sus variantes léxicas.

Pero es lo que más a mano tenía en cuestión de paisaje urbano norteamericano... claro que en Alabama hace un calorcito tremendo mientras que en Canadá hace un frío que pela... En fin... lo único en común, que están al norte del río Grande.

Pero es lo que más a mano tenía en cuestión de paisaje urbano norteamericano… claro que en Alabama hace un calorcito tremendo mientras que en Canadá hace un frío que pela… En fin… lo único en común, que están al norte del río Grande.

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