[TV] Cosas de series; calamares, y otras cosas, a la coreana

Televisión

Estoy encantado con las ironías de la vida, incluso en algo tan intrascendente como mis preferencias televisivas. Quien siga este Cuaderno de ruta sabe de mi «afición/adicción» a los dramas coreanos en forma de serie de televisión, popularmente conocidos como k-dramas, que tiene Netflix en cartera. La mayor parte de ellos son auténticos placeres inconfesables, ya que sus «defectos» son notorios. Pero a pesar de ellos, o quizá por ellos, acabas pasándotelo pipa con estos culebrones en 16 episodios de promedio. Suelo dedicar mi tiempo televisivo a los k-dramas en los fines de semana, en los que prefiero dejar mi mente en estado de evasión intrascendente. Pero este domingo, me decía Netflix que uno de ellos era tendencia en todo el mundo, y el número 1 de la cadena en España ese mismo día. ¡Cuántas veces mis amigos y conocidos no me habrán tomado el pelo por mi «afición/adicción» a los k-dramas! Bien, quien ríe último, ríe mejor. Y a mandíbula batiente. Pero vamos con ellos de menos a más. Que quiero dejar cuatro de ellos comentados antes de pasar al modo «solo fotos» en este Cuaderno de ruta durante unos días.

Pues si en Corea del Sur, en Seúl concretamente, queréis buenos moluscos, mariscos y pescados, seguro que calamares también, os recomiendo el mercado del pescado de Noryanjin. Para quienes nos gustan los frutos del mar, un lugar maravilloso.

Entre los k-dramas de hoy, Neoneun naeui bom 너는 나의 봄 [Eres mi primavera], es uno de los más típicos y tópicos. Comedia romántica con dramón de fondo, en el que de una forma u otra están implicados todos los protagonistas de una forma que parece absolutamente inverosímil, en torno a un vecindario tenemos traumas infantiles, personas con trasplantes de corazón, víctimas de maltrato doméstico y de género, crímenes truculentos, y un bonito romance entre una jefa de conserjes (Seo Hyeon-jin) de un hotel de lujo en Seúl con un psiquiatra que vive en el piso de abajo. Aunque reúne muchos de los elementos que hacen de los k-dramas pecados inconfesables, lo cierto es que está bien hecho, bien interpretado, y con una protagonista, la ya mencionada que es una actriz bastante carismática y que ya me he encontrado en alguna otra serie.

Seo Hyeon-ji era de las protagonistas destacadas en la primera temporada de Dr. Romantic. O como se titula en coreano, Nangmandakteo Gim Sabu 낭만닥터 김사부 [El doctor romántico, profesor Kim]. Como ya conté, es una serie que encontré en Netflix Suiza, que me descargué, y me dio a ver antes de que caducaran las descargas la primera temporada que ya comenté y un par de episodios de la segunda. Luego me he tenido que buscar la vida para ver la segunda temporada completa. En las peripecias del peculiar hospital de provincias donde transcurre la acción, se mantiene el protagonista (Han Suk-kyu) y buena parte del reparto habitual. Pero cambian los médicos jóvenes que son coprotagonistas de la acción. Lo cierto es que en gran medida es una repetición con breves alteraciones argumentales de la primera temporada. Y por ello, resulta menos satisfactoria. Es excesivamente melodramática, funcionando mejor cuando adopta tono de comedia, y es la típica serie pedagógica, donde además de instruir a la audiencia sobre temas médicos y de salud, se propone un sistema de valores positivos y éticos frente a otros negativos y codiciosos. En general los valores positivos son correctos, aunque un tanto paternalistas y patriarcales. Pero es Corea… qué podíamos esperar de un país en el que hasta después del año 2000 es sistema social era oficial y legalmente patriarcal. Y estas cosas no se curan de la noche a la mañana.

Como drama médico, más bien comedia en su mayor parte, Seulgiroun uisasaenghwal 슬기로운 의사생활[Hospital playlist; la traducción literal es la vida inteligente del doctor, lo quiera significar esto] es mucho más majo e interesante. Y ha llegado a su segunda temporada. Primero, porque no hay maniqueísmos. Simplemente, cinco amigos, médicos en torno a los 40 años de edad, que llevan una vida dedicada a su profesión al mismo tiempo que salen adelante con sus problemas familiares y con su vida personal en general. Es una serie de las que te dejan bien, a gusto con el mundo. Segundo, porque no la incluyo entre los placeres inconfesables, ya que me parece recomendable por derecho, especialmente si quieres mejorar tú estado de ánimo. Buenas interpretaciones, personajes entrañables, tanto en los cinco protagonistas, como algunos de los secundarios. Si en la primera temporada era la residente mayor de cirugía general la que nos enganchaba emocionalmente (Shin Hyon-bin), en esta segunda ha sido la de obstetricia (Han Eun-jin), cuyo único problema es que el nombre del personaje puede dar lugar a mucho cachondeo entre el público hispanoparlante. Episodios largos, entre los 90 y los 120 minutos, pero que transcurren en un vuelo. Y te dejan con ganas de más. Y además es de las menos patriarcales y rancias de Corea, ya que tiene personajes femeninos afirmativos, con carácter y en puestos significativos, más poderosos y decididos emocionalmente que los masculinos. Aunque sospecho quedo veremos más… Si el final de la primera temporada dejaba abiertas las tramas, el de la segunda temporada las deja bastante cerradas. Aunque por la naturaleza de la serie, se podría retomar en cualquier momento.

Y vamos con la sensación del momento, Ojing-eo Geim 오징어 게임 [El juego del calamar], que ha trepado a todas las listas de éxitos y tendencias en quince días. Y en un primer momento, en el primer episodio, en un análisis superficial, da la sensación de que es un cruce entre dos series de la propia Netflix, una española, por determinados elementos estéticos, y otra japonesa, por determinados elementos argumentales. Luego te das cuentas que más que una influencia de estas series, ya he dicho que la comparación era superficial, todas ellas comparte influencias, pero la que tenemos delante, esta serie coreana, es muy superior a las anteriores. Dentro del género de los juegos mortales, en los que los participantes o ganan o mueren, es una de las producciones realizadas con más inteligencia y dedicación que he visto. No es difícil comprender que estamos ante una metáfora de la sociedad capitalista, y si no lo es se parece mucho, en la que unos poco plutócratas deciden sobre el destino de las gentes, estando condenado a ser un marginado si no eres un alienado entre los «perros», usando nomenclaturas de Vargas-Llosa, es decir los cuerpos armados que defienden el status quo, o entre los trabajadores, dóciles y cumplidores, pero sin voz ni rostro. El diseño de producción es ambicioso y muy conseguido. Los guiones, por mucho que los amigos del defectillo anecdótico quieran magnificar las pequeñas incoherencias sin trascendencia real que pueda haber, están muy cuidados y muy trabajados. Y sobretodo, el cuadro de personajes, junto con los intérpretes que los encarnan, está muy bien definidos y dan lugar a trabajos actorales de mucho mérito, incluso en intérpretes poco conocidos o noveles. Uno de los personajes mas populares, la joven desertora norcoreana Kang San-byeok, está interpretada por una modelo de pasarela popular en su país, Jung Hoyeon, que nunca había actuado, e incluso le habían dicho que no valía. Pero es una de las actrices cuyo trabajo va claramente de menos a más. Aunque su más de metro setenta y cinco de estatura, la haga un poco inverosímil para encarnar a quien huye de las hambrunas de la monarquía comunista norcoreana, por muy delgaducha que esté. Las hambrunas en la infancia no ayudan a alcanzar grandes estaturas. En cualquier caso, es una producción notable. Muy por encima de los k-dramas habituales, mucho más engarzado en el cine surcoreano, que con cierta frecuencia nos ofrece producciones muy notables de gran nivel, tanto en su realización como en su interpretación. Muy recomendable.

[TV] Cosas de series; series coreanas al uso o en el extremo de los «guilty pleasures»

Televisión

Llevaba un tiempo sin hablar de teleseries coreanas. Probablemente, como ahora dedico menos tiempo a la televisión, y las series del país asiático pueden tener muchos episodios,… pues cuesta. Pero a lo tonto, en las últimas semanas he acumulado tres series. Vamos con ellas.

En mi viaje a Corea del Sur, no visité el exclusivo de distrito de Gangnam, lugar soñado por los protagonistas del más infumable placer inconfesable de esta semana. Me interesó más el estilo tradicional del Bukchon Hanok.

Black (título original también en coreano, donde lo escriben 블랙) es una serie que lleva ya un tiempo en el catálogo de Netflix, que cuando se estrenó empecé a ver, pero que como es de entre sobrenaturales,… no me arrastró mucho y lo dejé. Pero la he retomado… y me ha entretenido. Con un problema… sus dieciocho episodios son a todas luces excesivos y mucho para lo que realmente ha de contar. Y la cosa va de una chica que ve manchas negras en torno a las personas que van a morir, lo cual lo lleva muy mal, y de un policía que muere y su cuerpo es ocupado por una parca, uno de los seres encargados de llevarse las almas de los que mueren (según la serie, en la mitología grecorromana, las parcas o moiras eran otra cosa). Y juntos, se dedican a resolver una serie de misterios sobre determinadas muertes, todas ellas relacionadas. La trama está muy enmarañada, con muchos falsos finales o resoluciones y eso le pesa al conjunto, que como digo se hace excesivamente largo. Pero la dinámica entre los personajes está bien. Los intérpretes coreanos tienen una calidad muy superior a la de los guiones de las teleseries. Sólo para aficionados a las series surcoreanas.

Nangmandakteo Gimsabu [낭만닥터 김사부, el romántico maestro Kim], titulada internacionalmente Dr. Romantic. Pero no romántico en un sentido de romance amoroso, sino de un tipo, un gran cirujano que después de que le hacen varias putadas en un gran hospital de Seúl, se ha refugiado en un pequeño hospital de provincias para ejercer su profesión con una visión romántica de la profesión, de dedicación a los pacientes, de bienhechor, por encima del dinero y la fama. Y en ese pequeño hospital se reúnen una serie de parias de las profesiones sanitarias para hacer su trabajo, aunque con la amenaza constante del malvado presidente del gran hospital de Seúl, del que es filial el pequeño hospital de provincias. La serie es muy simpática. En algunos aspectos se inspira en una divertida serie japonesa que pude ver hace unos años, aunque es una inspiración muy superficial y que más se nota en la realización y la banda sonora de la serie. Pero por lo demás tiene su propia historia, en la que se incluye algunos romances además de la lucha contra los malos, y las complicadas operaciones en situaciones imposibles. Está en Netflix, pero no en España. Me la encontré buceando en la oferta de la cadena en Suiza durante las vacaciones, y me descargué los episodios para verlos desconectado. Tenía un mes para ello antes de que caducara la descarga y me dio a ver la primera temporada de 20 + 1 episodios (20 episodios para la historia y un epílogo que funciona como precuela). De la segunda vi alguno, pero ya no me dio tiempo a más. No sé si la veré buscándola por ahí… porque parece más de lo mismo pero con otros pupilos para el maestro. Es simpática. Y volvemos a lo mismo. La calidad de los intérpretes supera a la calidad de los guiones. Más recomendable que la anterior,… pero no está en el catálogo de Netflix para España.

Y luego tenemos la segunda temporada de la serie más demencial de lo que he visto en series surcoreanas desde que me suscribí a Netflix. Se trata de Gyeolhonjaksa Ihonjakgok [결혼작사 이혼작곡, que sería algo así como canción de matrimonio y música de divorcio], que internacionalmente se titula Love (ft. marriage & divorce), y que desarrolla una serie de conceptos sobre el papel de la mujer y el hombre en el matrimonio, o sobre las consecuencias de un matrimonio fracasado y un divorcio, que pueden producir fácilmente graves infartos de miocardio, no solo a feministas o fervientes progresistas ideológicamente hablando, sino a cualquier persona en posiciones normalitas tirando a poco comprometidas, pero que viva en el siglo XXI y no en el XIX. Salvo que te lo tomes como una gran parodia disfrazada de producción de lujo… que entonces puedes entrar en la carcajada segura. Y de hecho, en algún episodio de esta segunda temporada de otros dieciséis episodios sólo seis meses después de la primera, las situaciones son claramente cómicas en las relaciones entre los personajes. Pero, ¡madre mía!… las cosas que dicen y oyes. Qué conceptos tan anacrónicos, patriarcales y rancios. Eso sí… todas muy guapas y todos muy apuestos. Puro placer inconfesable, porque sabes que es absolutamente demencial… y a pesar de todo lo ves todo. Tremendo. Para colmo, el episodio final, no tiene sentido, ni pies ni revés… salvo que haya una tercera temporada. Difícil de recomendar, salvo que te vaya la marcha de los guilty pleasures más culpables. Increible… si realmente estos son los conceptos sobre el matrimonio y la familia de los surcoreanos… es como volver atrás en la evolución de civilización un siglo o más. Asumamos que se trata de una parodia. Es el único sentido que le encuentro.