[TV] Cosas de series; series coreanas al uso o en el extremo de los “guilty pleasures”

Televisión

Llevaba un tiempo sin hablar de teleseries coreanas. Probablemente, como ahora dedico menos tiempo a la televisión, y las series del país asiático pueden tener muchos episodios,… pues cuesta. Pero a lo tonto, en las últimas semanas he acumulado tres series. Vamos con ellas.

En mi viaje a Corea del Sur, no visité el exclusivo de distrito de Gangnam, lugar soñado por los protagonistas del más infumable placer inconfesable de esta semana. Me interesó más el estilo tradicional del Bukchon Hanok.

Black (título original también en coreano, donde lo escriben 블랙) es una serie que lleva ya un tiempo en el catálogo de Netflix, que cuando se estrenó empecé a ver, pero que como es de entre sobrenaturales,… no me arrastró mucho y lo dejé. Pero la he retomado… y me ha entretenido. Con un problema… sus dieciocho episodios son a todas luces excesivos y mucho para lo que realmente ha de contar. Y la cosa va de una chica que ve manchas negras en torno a las personas que van a morir, lo cual lo lleva muy mal, y de un policía que muere y su cuerpo es ocupado por una parca, uno de los seres encargados de llevarse las almas de los que mueren (según la serie, en la mitología grecorromana, las parcas o moiras eran otra cosa). Y juntos, se dedican a resolver una serie de misterios sobre determinadas muertes, todas ellas relacionadas. La trama está muy enmarañada, con muchos falsos finales o resoluciones y eso le pesa al conjunto, que como digo se hace excesivamente largo. Pero la dinámica entre los personajes está bien. Los intérpretes coreanos tienen una calidad muy superior a la de los guiones de las teleseries. Sólo para aficionados a las series surcoreanas.

Nangmandakteo Gimsabu [낭만닥터 김사부, el romántico maestro Kim], titulada internacionalmente Dr. Romantic. Pero no romántico en un sentido de romance amoroso, sino de un tipo, un gran cirujano que después de que le hacen varias putadas en un gran hospital de Seúl, se ha refugiado en un pequeño hospital de provincias para ejercer su profesión con una visión romántica de la profesión, de dedicación a los pacientes, de bienhechor, por encima del dinero y la fama. Y en ese pequeño hospital se reúnen una serie de parias de las profesiones sanitarias para hacer su trabajo, aunque con la amenaza constante del malvado presidente del gran hospital de Seúl, del que es filial el pequeño hospital de provincias. La serie es muy simpática. En algunos aspectos se inspira en una divertida serie japonesa que pude ver hace unos años, aunque es una inspiración muy superficial y que más se nota en la realización y la banda sonora de la serie. Pero por lo demás tiene su propia historia, en la que se incluye algunos romances además de la lucha contra los malos, y las complicadas operaciones en situaciones imposibles. Está en Netflix, pero no en España. Me la encontré buceando en la oferta de la cadena en Suiza durante las vacaciones, y me descargué los episodios para verlos desconectado. Tenía un mes para ello antes de que caducara la descarga y me dio a ver la primera temporada de 20 + 1 episodios (20 episodios para la historia y un epílogo que funciona como precuela). De la segunda vi alguno, pero ya no me dio tiempo a más. No sé si la veré buscándola por ahí… porque parece más de lo mismo pero con otros pupilos para el maestro. Es simpática. Y volvemos a lo mismo. La calidad de los intérpretes supera a la calidad de los guiones. Más recomendable que la anterior,… pero no está en el catálogo de Netflix para España.

Y luego tenemos la segunda temporada de la serie más demencial de lo que he visto en series surcoreanas desde que me suscribí a Netflix. Se trata de Gyeolhonjaksa Ihonjakgok [결혼작사 이혼작곡, que sería algo así como canción de matrimonio y música de divorcio], que internacionalmente se titula Love (ft. marriage & divorce), y que desarrolla una serie de conceptos sobre el papel de la mujer y el hombre en el matrimonio, o sobre las consecuencias de un matrimonio fracasado y un divorcio, que pueden producir fácilmente graves infartos de miocardio, no solo a feministas o fervientes progresistas ideológicamente hablando, sino a cualquier persona en posiciones normalitas tirando a poco comprometidas, pero que viva en el siglo XXI y no en el XIX. Salvo que te lo tomes como una gran parodia disfrazada de producción de lujo… que entonces puedes entrar en la carcajada segura. Y de hecho, en algún episodio de esta segunda temporada de otros dieciséis episodios sólo seis meses después de la primera, las situaciones son claramente cómicas en las relaciones entre los personajes. Pero, ¡madre mía!… las cosas que dicen y oyes. Qué conceptos tan anacrónicos, patriarcales y rancios. Eso sí… todas muy guapas y todos muy apuestos. Puro placer inconfesable, porque sabes que es absolutamente demencial… y a pesar de todo lo ves todo. Tremendo. Para colmo, el episodio final, no tiene sentido, ni pies ni revés… salvo que haya una tercera temporada. Difícil de recomendar, salvo que te vaya la marcha de los guilty pleasures más culpables. Increible… si realmente estos son los conceptos sobre el matrimonio y la familia de los surcoreanos… es como volver atrás en la evolución de civilización un siglo o más. Asumamos que se trata de una parodia. Es el único sentido que le encuentro.

[TV] Cosas de series; auténticos pecados inconfesables

Televisión

Ya he comentado en numerosas ocasiones que las series de Asia oriental, especialmente las surcoreanas, son un placer culpable, pecados inconfesables, que disfruto a pesar de sus carencias en todo tipo de dimensiones. Si no lo he comentado previamente, reservo estas series para el fin de semana. Como parte del relax y alejamiento del mundo al que me entrego en esos escasos días, alejado del follón de la absurda vida laboral y cotidiana. Pero recientemente soy mucho más consistente ante el televisor los fines de semana que entre semana. En gran medida por culpa de la pandemia. Así que tengo con frecuencia placeres culpables para comentar. Y alguno de los de esta semana lo son y mucho. Placeres culpables, digo. Auténticos pecados inconfesables. Cosas que nunca hubiera pensado que iba a aguantar viendo de principio a fin. Y quien sabe si en segundas temporadas.

Vamos a la Corea más tradicional y nos pasearemos por el templo de Beomeosa en Busán.

El mejor ejemplo de esto es una serie que inglés se titula Love (ft marriage & divorce), título original coreano Gyeolhonjaksa Ihonjakgok [결혼작사 이혼작곡, Letras de matrimonio y composiciones de divorcio]. En dos palabras; es espantosa. Con una producción glamurosa de casas montadísimas, de abundancia de marcas, de gente muy guapa, nos cuenta la historia de tres matrimonios, uno en la treintena, otro en la cuarentena y otro en la cincuentena, que se relacionan porque las tres esposas trabajan juntas en la radio. Dos de ellos están en crisis, con amenaza de divorcio. El otro aparentemente no, aunque el marido también tiene una amante. La primera mitad de la serie conocemos la realidad desde el punto de vista de las esposas. En la segunda, se centra en cómo los maridos van conociendo a sus amigas/ligues/amantes. Y en medio, suegros y suegras diversas, cizañeando y conspirando. Todo ello con una moralina ultraconservadora bastante hipócrita. Y con algunas escenas “pedagógicas” para la audiencia que harían sonrojar a cualquiera que tenga un mínimo interés en la interpretación artística por un lado y en la dignidad de las personas por otro lado. Con una tendencia al melodrama barato apotorrante. ¡¡¡Y con un asesinato a base de provocar en el cónyuge una diabetes…??? ¡Qué malvada! Y sin embargo, no pude dejar de verla hasta el final. De lo más infame que he visto de lo que llega a Netflix desde Corea del Sur. Y con cliffhanger para una segunda temporada, después de estos inverosímiles 16 episodios. Ni siquiera tiene una valoración alta entre los votantes de IMDb, donde los fanáticos sin seso de los k-dramas hacen estragos en estas valoraciones elevándolas sin sentido. Totalmente a evitar. Menor para mí. Que volveré a pecar. Claro… yo no la veo como un drama… para mí está al nivel del absurdo o el dadá más ajeno al mundo.

Como sucede en España, es frecuente que los coreanos hagan series al rebufo de de los éxitos americanos. Ahora una de médicos y hospitales. Ahora una de políticos malévolos y corruptos. Ahora una de abogados sagaces. Ahora una de mujeres desesperadas. Lo cierto es que los placeres inconfesables que prefiero son aquellos más propios de la ideosincrasia propia. Los dramas románticos. Pero… He aquí que alguien debió pensar que sería buena idea hacer algo a rebufo de The Newsroom, HBO en 2012, una serie interesante, aunque con un éxito limitado. Y se sacaron de la manga Argon, serie de 2017. Con sólo 8 episodios, empieza la serie cuando una novata llega a la redacción de un noticiario de televisión, liderado por un carismático periodista y presentador, que empieza a estar cuestionado por las presiones de los poderosos a los que investiga. Que conste que es decente. No es buena, pero sí decente. Y a veces peca de excesiva ingenuidad. Pero casi no vale como placer inconfesable. No obstante, es bastante olvidable.

Y queda en el ámbito de lo anecdótico una reciente serie de animación china en Netflix, pero muy al estilo anime, basada en mitos diversos de la religión popular del gigante asiático. Se denomina Tiān Guān Cì Fú [天官赐福, La bendición del oficial del cielo], y a priori es una serie de aventuras. Pero pertenece a un género que yo no conocía. Al parecer es frecuente en Japón, pero menos en China, donde la diversidad sexual está muy vista. Son series en los que hay una pareja protagonista, ambos chicos, que tienen una amistad con un carácter muy confundible con una relación homosexual, aunque sin que tal cosa quede nunca explícita. Y lo curioso es que al parecer el público de estas series es fundamentalmente femenino, ya que a las jóvenes les pone ver a dos guapos jóvenes, aunque sean en dibujos, siendo cariñosos uno con el otro. Bien… si les gusta, perfecto. Obviamente, en sociedades relativamente conservadoras, o dictatoriales como la china, siempre aparecerá como una amistad… bordeando lo “políticamente” correcto/incorrecto… Cuando la serie se centra en la acción y la aventura es entretenida. Cuando se centra en la “amistad” de los dos protagonista… entonces, yo no soy el público objetivo de la serie. Y me aburre como ostra. Una curiosidad. Pero también un tipo de serie al que no volveré salvo por despiste.