Fotografías realizadas en Tokio, en mayo de 2024. La serie no expresa claramente que se desarrolle en Tokio, pero creo que está claro que es así. Como de costumbre, esta entrada también está publicada en Substack.
Me preguntaban el otro día, ¿por qué ves animación japonesa? Obviamente, la inmensa mayoría de la gente piensa que el anime es cosa de adolescentes más o menos friquis. O jóvenes vestidos con camisetas negras que apenas salen de casa y llevan barba. O prejuicios por el estilo. La cuestión es que tengo debilidad por la ficción audiovisual en todas sus manifestaciones; cine, televisión, acción real, animación,… lo que sea. Con tal de que esté bien hecha y me cuente algo interesante. O bien sea definitiva e inteligentemente divertido.

Y los japoneses llevan décadas haciendo ficción audiovisual en forma de animación con una enorme cantidad de producciones al año. Tan prolíficos son que, aunque no sea más que por “aplastamiento” estadístico, algunas les salen bien, o incluso excelentes. E inversamente, hay muchas que carecen por completo de interés. Pero eso también pasa con las series de acción real norteamericanas que son las dominantes en el mercado televisivo. Todo es cuestión de dar con la serie apropiada para pasarlo en grande. Y ocasionalmente dar con esa joya, a veces pequeñas maravillas, que te reconcilian con la vida.
Y una de esas pequeñas joyas, aparentemente sin pretensiones, se ha dado este verano. En el que ha habido alguna otra cosa interesante en la animación japonesa, que ya comentaré más adelante. Ha sido Super no ura de yani sū futari (スーパーの裏でヤニ吸うふたり), en inglés/castellano aceptablemente traducidas como Smoking behind the supermarket with you/Fumando juntos detrás del súper. Creo que la traducción al castellano es más precisa, al mismo tiempo que más fiel al estilo de la serie. Y ya os digo una cosa. Esta comedia… ¿romántica?… sería imposible de realizar en occidente, especialmente en Estados Unidos. Porque sus protagonistas, que son buena gente, fuman. Mucho. Como carreteros. Y ya sabemos que si alguien sale fumando en las producciones occidentales, es el malo.

Es una serie de recuentos de la vida. Un chica de 24 años que dejó pronto la escuela lleva trabajando desde la adolescencia en un supermercado. Y es feliz haciéndolo. Se enorgullece de hacer bien su trabajo. Y un oficinista, un comercial de una empresa, quemado con su trabajo y con su jefe, de cuarenta y tantos, encuentra un alivio en su solitaria vida en ese supermercado donde la chica, Yamada-san 山田さん, de aspecto inocente le atiende siempre con una sonrisa en los labios. Hasta que un día encuentra un rincón tras el súper donde otra chica, Tayama-san 田山さん, moderneta, un poco macarreta, descansa de su trabajo en el súper fumando. Y le invita a fumar allí con ella. Y comienza una peculiar relación que progresa con el tiempo.
He puesto los nombres de las chicas también en kanji para que se observe algo; son idénticos, pero con los kanji traspuestos. Y es que Yamada y Tayama, de aspectos y personalidades tan diferentes, son la misma chica. Una es la máscara en el puesto de trabajo, aunque no carente de autenticidad, y la otra es la chica al natural. Y Sasaki-san, el protagonista masculino, no se cosca. En ningún momento. Es una serie en la que pasa poco, pero se generan muchos sentimientos positivos. Hay otros personajes que rodean a la pareja. En su mayor parte, positivos; es una serie de buen rollo. Y hay una progresión en la relación. ¿Podríamos decir que hay una tensión romántica no resuelta al final de los doce episodios? No se desvela. Aunque habrá muchos que opinen que sí… y otros, que no.

La cuestión es que esta serie, que habla de personas reales, de problemas reales, de la sociedad real, de la soledad, de la necesidad de encontrar un refugio en una ciudad a veces hermosa y otras veces hostil. Y la necesidad del contacto humano, por improbable que sea. Un serie que, si lo miras bien, es imprescindible. Esta u otras similares. Y que sin embargo, por la cosa del tabaco, adicción contra la que hay que luchar con denuedo por el daño que produce, en nuestro medio sería imposible. Y nos quedaríamos sin la hermosa historia y las estupendas relaciones por lo políticamante correcto. Es la sociedad en la que estamos.

