[Recomendaciones fotográficas] Strand, el collage y otras cosas interesantes

Fotografía

Hoy puedo tomarme con tranquilidad la escritura de estas recomendaciones fotográficas. Estoy a la espera de un paquete, que llegará hoy, pero no sé a qué hora. Supongo que en algún momento antes de la hora de la comida o del café. Así que hoy saldré por la tarde, y dedicaré la mañana a asuntos más domésticos. O que se puedan hacer ante el ordenador. Por ejemplo, empezar en serio mi álbum de fotografías de Andalucía.

Voy a aprovechar para recordar que constantemente, cada tres días, actualizo mi Instagram viajero, revisando mi fototeca de viajes de 1989 a 2020, de más moderno a más antiguo. Tras terminar hace unas semanas mi primera vuelta, volví a empezar y ahora estoy revisando las fotos del otoño de 2018, que irán apareciendo en mi mural en los próximos días; Taiwán y los Pirineos aragoneses.

Pero antes de empezar me sorprende un dato que ya me estaba persiguiendo desde hace unas semanas. El momento en que más visitas recibió este Cuaderno de ruta fue entre los años 2011 y 2013, con su máximo en 2012. Nunca muchas puesto que sus pretensiones son muy limitadas. Estoy hablando de unos pocos cientos al día. Nada que ver con los blogs comerciales y sus miles o incluso millones de visitas diarias. Pero a partir de 2013, el auge de las redes sociales llevó el languidecimiento de muchos blogs. Y enlazar los blogs en las redes sociales tampoco ha servido nunca para atraer visitas. Ya digo que no es que me importe mucho. No es la pretensión de estas páginas ser popular. Siempre ha sido la de dedicar un tiempo a parar dentro de la vorágine cotidiana, hablar de otra cosa distinta de las preocupaciones de ese vida diaria y estimular mi capacidad de escribir y de tomar fotografías. Dos actividades que si no se entrenan, se oxidan. Pues bien… Después de languidecer hasta un punto en que raro era el día en los últimos años que mis páginas recibían las 100 visitas diarias, en las últimas semanas, desde mediados de octubre, he regresado a los niveles de 2013. Y no tengo ni idea de porqué. Ale. Vamos con la fotografía.

En Cartier-Bresson nos es un reloj nos hablan de una carta, escrita por un profesor de fotografía a sus alumnos en 1923, que pone las bases de la práctica moderna de la fotografía. Profesional o como afición. Y que es totalmente pertinente casi 100 años después. Quizá por la enorme cantidad de fotografías que se realizan cotidianamente en la actualidad. Que se olvidan a los minutos o a las horas de haber cumplido su misión de decir “estoy aquí, muérete de envidia” o “mira que guapo/a estoy, ¿a que tú no?” Por que básicamente estos son los mensajes de muchísimas fotos de las redes sociales. Quien escribió la carta fue Paul Strand, que revolucionó la fotografía, rechazando el pictorialismo, buscó la personalidad propia del medio frente a las de otras artes e inició un camino de exploración del medio, sus límites y sus reglas. Uno de los grandes de la historia de la fotografía.

Alessandra Sanguinetti es una muy respetada fotógrafa argentina que se dio a conocer con su trabajo sobre dos adolescentes de las áreas rurales de su país. Las conoció cuando tenían 9 años, y su trabajo trató de su paso a la y por la adolescencia. En Magnum Photos nos cuentan que tras el trabajo original publicado en 2010, con aquellas niñas ya en la juventud, ha seguido adelante con el proyecto y ahora ya nos presenta la visión de aquellas mujeres en las que se han convertido. Impresionante proyecto que lleva ya más de 20 años en marcha. Por poner las cosas en perspectiva. En 1999, la fotógrafa tenía 28 años. En 2020, las chicas, las mujeres, tiene 30 años.

Bertrand Cavalier es un fotógrafo francés que se interroga por la interrelación entre las personas y su entorno. Y en American Suburb X nos hablan de uno de sus trabajo en los que dedica su mirada al impacto que los grandes conflictos bélicos en las ciudades europeas. En las que todavía es posible encontrar cicatrices de aquellas terribles guerras que asolaron el continente, pero también en las que encontramos construcciones y estilos arquitectónicos derivados o consecuencia de aquella, con el cemento como gran protagonista. Me ha parecido una reflexión interesante.

Más de una vez lo he dicho. Me encantaría tener habilidad para crear collages significativos. Pero cuando lo he intentado, nunca he quedado satisfecho. Pero me gusta el medio. Por lo menos, como espectador. Esta semana Lenscratch ha dedicado varios artículos a artistas que practican el collage fotográfico. Así nos han presentado los trabajos de Tya Alisa Anthony (web de la autora, Instagram), que investiga sobre el devenir de las comunidades negras en Estados Unidos tras la guerra civil; Daria Birang (web de la autora, Instagram), con temas tan variados como la lucha por los derechos civiles en EE.UU., el mundo de la moda o las revoluciones árabes; y Autumn Elizabeth Clark (web de la autora, Instagram), que utiliza sus collages para reflexionar sobre los condicionantes de género y el erotismo, revisando la imaginería de la públicaciones con desnudos femeninos, entre otras cosas. Necesariamente, además de mostrar la potencia del collage como forma de expresión, también suponen una reflexión sobre el apropiacionismo en el arte.

Desde hace unos días voy siguiendo una revista en línea Landscape Stories, aunque su último número data de diciembre de 2019. Pero tienen en sus páginas muchos trabajos de muchos fotógrafos interesantes, y publican cotidianamente recomendaciones, muchas de libros, en su Tumblr. Y publican interesantes fotografías de distintos autores en Instagram.

Y pasamos a temas más breves.

En Old Skull me han encantado las fotografías de ballenas en blanco y negro de Jem Creswell. Una maravilla.

En el panel de Instagram de la Maison Européenne de la Photographie, han mostrado el trabajo de la japonesa Mari Katayama, que ya me había llamado la atención con anterioridad. Con nueve años, una enfermedad rara forzó que le fueran amputadas parcialmente sus extremidades inferiores. Y su trabajo, en el que ella es sujeto y objeto, reflexiona sobre su relación con su cuerpo.

En Petapixel nos han hablado de un fotógrafo japonés, que responde en redes sociales bajo el identificador @wagoimages, que forzado por la recesión debida a la covid-19 a vender su cámara de gran formato, se ha construido una con piezas de LEGO. Y funciona razonablemente bien, al parecer. Como me gustaría ser hábil con las manos. No os perdáis su Instagram, en el que no sólo nos muestra las fotografías; también su proceso de toma de fotografías.

[Recomendación fotográfica] del parís de entreguerras a las fotógrafas españolas reconocidas fuera del país

Fotografía

Se acerca el fin de semana y quizá sea un buen momento para hacer algunas recomendaciones sobre fotógrafos que quizá nos puedan enseñar una par de cosas o tres sobre fotografía. O sobre como plantearse un proyecto fotográfico.

Siempre viene bien recordar las fotografías de Brassaï en el París de entreguerras, como nos recuerdan en Cooph. Brassaï, pseudónimo de Gyula Halász, húngaro, uno de tantos centroeuropeos o europeos del este que se trasladaron a París por diversos motivos. Muchos por razones políticas, otros, como Brassaï, porque la capital francesa era también la capital del arte y de los movimientos artísticos. Y el húngaro optó por convertir las noches parisinas en su objeto preferido. Unas fotografías que todavía hoy resuenan en nuestra imaginación, que forman parte de la visión romántica de la ciudad de la luz en sus momentos más oscuros, incluso si pasan de la alegría de la fiesta a la tristeza de la soledad y la marginalidad. Simpre viene bien recordar las fotografías de Brassaï.

Voy a seguir aprovechando las fotografías deportivas del pasado domingo, para ir ilustrando algunas de las entradas de este Cuaderno de ruta. Para saber más, en la entrada del martes pasado.

Otros fotógrafos se asumen a sí mismos como centro de su obra o de sus proyectos, se convierten simultáneamente en sujeto y objeto fotográfico, y además hacen un uso terapéutico de su expresión fotográfica. En Dazed nos han mostrado el trabajo de la japonesa Mari Katayama (Instagram), que sufre de malformaciones en las piernas y en una mano como consecuencia de una condición congénita. Pero es esto mismo lo que la impulsó a no replegarse sobre sí misma, sino a expresarse y debatir mediante la fotografía, no tanto sobre la malformación o la deformidad, sino sobre los procesos asociados a la misma.

Leia Abril, fotógrafa barcelonesa relativamente joven todavía, se ha hecho con un nombre ya en el mundo de la fotografía. Es una de esas fotógrafas que yo conocí antes por su impacto en medios extranjeros que sobre los nacionales. Creo que fue en un British Journal of Photography que dedicaron el número a los nuevos talentos fotográficos españoles hace un tiempo. Pero no lo puedo asegurar ahora. El caso es que el libro de la fotógrafa catalana “On Abortion” (Del aborto), primera parte de su serie “A History of Misogyny” (Historia de la misoginia), ha sido premiado en Paris Photo con un premio al mejor fotolibro del año. Y me atrevería a decir que es un premio muy merecido, como nos informan en Clavoardiendo. El siguiente capítulo será “On Rape Culture” (De la cultura de la violación).

Finalmente, también en Clavoardiendo homenajean al italiano Luigi Ghirri (1943 – 1992), y acompañando a algunas de sus obras y algunos comentarios sobre las mismas, nos ofrecen un decálogo para fotógrafos, una serie de propuesta para orientar sus proyectos y sus trabajos, de forma libre, crítica, hablando sobre uno mismo y lo que le rodea, leyendo y acaparando influencias, evitando las presiones externas y partiendo de tus orígenes y tus experiencias. Están bien. Son más filosóficas que prácticas, pero sin duda pueden orientar los proyectos de cualquier fotógrafo que quiera comenzar un cuerpo de obra con una razonable coherencia y personalidad.