La familia Savages (2007)

Cine

La familia Savages (The Savages, 2007), 13 de abril de 2008.

Nos encontramos aquí ante una película de lo que se ha dado en llamar cine independiente, realizada por la directora Tamara Jenkins, y que nos traslada a los problemas de dos hermanos ante la enfermedad sobrevenida de su padre, que le discapacita, le vuelve dependiente y exige a ambos hermanos una atención que no prestaban, al encontrarse alejados del progenitor, que no se hizo cargo adecuadamente de ellos en la infancia.

Sin embargo, conforme avanza el filme comprobamos que el proceso del padre sirve para mostrarnos los auténticos problemas de ambos hermanos que son propios, intrínsecos a su forma de ser y a su desarrollo personal, dos personas que están mucho más solas y desorientadas de lo que se reconocen a sí mismas, que están en el salto de los 40 y sin que tengan claro que son o van a ser en la vida. El reconocimiento de esas carencias que se produce en paralelo a la evolución del padre, especialmente en el personaje femenino interpretado magistralmente por Laura Linney, es la columna vertebral del largometraje.

La ambientación de la película es dura, sin concesiones, desde la artificiosidad de los barrios residenciales de una ciudad en el desierto de Arizona, hasta el rigor del invierno en Buffalo, en la frontera con el Canadá, nos mueve por ambientes desolados, poco acogedores para el ser humano. Incluso la humanización que la protagonista pretende en la habitación de su padre está basada en componentes mas bien horteras, vulgares y poco humanos.

Sin embargo, aquí y allí van apareciendo elementos humanos (o animales), pequeños personajes secundarios que van dotando de cierto sentido al viaje de los dos hermanos y que permiten que el final del filme se dote de cierta esperanza y optimismo.

La base de la interpretación está en los intérpretes. Si ya hemos destacado el papel de Linney, no menos magistrales están Philip Seymour Hoffman como hermano, y Philip Bosco como padre. Todos ellos ofrecen unos registros notables en los que se alterna el dramatismo de las situaciones con ciertos toques de humor que provocan inesperadas sonrisas en el espectador, que de esta forma ahuyenta el fantasma del deseo de suicidio ante la catástrofe personal que está presenciando.

En resumen, una película altamente recomendable, no apta para palomiteros ni amantes de la acción, pero que sin duda gustará y mucho a los amantes del buen cine, y especialmente del buen trabajo actoral. Yo le pongo un ocho a todo, dirección, interpretación y valoración subjetiva.

La fotografía de hoy, un grafitti con personajes tras las rejas, paradójicamente en la Calle de la Libertad de Zaragoza. Salud y república.

Tras las rejas

(Canon EOS 40D; EF 50/1,8)