Ministerio de pulseritas mágicas… o lo que sea

Ciencia, Política y sociedad

Normalmente, el comentario sobre la crisis de gobierno que se está produciendo estos días en España debería tener lugar en las próximas “Noticias del sábado” de este Cuaderno de ruta. Y así será, porque el asunto tiene trascendencia. Pero ha saltado a la escena pública el hecho de que la nueva ministra de Sanidad y Política Social utilice o haya utilizado en el pasado, pulseras milagreras de estas que prometen “salud, equilibrio, bienestar” y este tipo de cosas, gracias a presuntos “campos de fuerza”.

Digámoslo claro y con todas las palabras. Estas pulseras y otros objetos que se venden comercialmente con los mismos reclamos publicitarios son un engaño mayúsculo a la crédula población que los adquiere. El ser humano tiende a la creencia en lo sobrenatural. Parece ser que la credulidad irracional en elementos mágicos, divinos o más allá del conocimiento racional o empírico, pudo ser útil para la supervivencia de la especie en los difíciles tiempos del paleolítico superior, en los que un ser con conciencia de sí mismo, de sus limitaciones y de la cierta posibilidad de cotidiana de morir y dejar de existir. Y este rasgo ha perdurado hasta nuestros días, puesto que probablemente de alguna forma esté inscrito en nuestra herencia genética.

Sin embargo, la especie humana no evoluciona solamente siguiendo las leyes de la genética. También experimenta la evolución social y cultural. Y la cultura, y en especial el conocimiento del mundo que nos rodea y en el que vivimos, ha ido deshaciendo y desacreditando progresivamente muchos de los mitos supersticiosos. Si el trueno fue en su momento una expresión de la voz de un dios todopoderoso y cabreado, hoy se asume como una manifestación sonora de la descarga energética que se produce como consecuencia de las diferencias de potencial eléctrico en la atmósfera terrestre. Y cuanto más conocimiento se acumula, más supersticiones se desmontan.

Estación

La luna, el sol, las estrellas, el trueno, los vientos, el fuego,... fenómenos incomprendidos que fueron objeto de todo tipo de supersticiones hasta que el ser humano comprendió su naturaleza; aquí, nuestro satélite, sobre las catenarias de las estación de Pécs, Hungría - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

En general. Porque el sustrato personal a creer en lo irracional, se mantiene. Y uno tendería a pensar que una de las misiones de las administraciones públicas, como reguladoras del comercio y el consumo de los ciudadanos, es protegerlos de aquellos aprovechados que se benefician y se lucran de la credulidad de las personas prometiendo, mediante publicidad engañosa, todo tipo de propiedades “mágicas” en objetos absolutamente anodinos de valor intrínseco mísero. Esto va desde las pulseras con “campo de fuerza” a seudociencias como la homeopatía u otras disciplinas, presunta y falazmente médicas. Sólo recientemente se ha empezado a ver alguna actividad en instituciones europeas un cierto interés por poner coto a este comercio que, a mi juicio, en estos momentos es legal, pero totalmente ilegítimo y carente de ética.

Y he aquí que nos toca en suerte una ministra que ha sido vista en repetidas ocasiones como usuaria de este tipo de utensilios (véase aquí y aquí; éste último enlace por si escuchan alguna explicación para salir del paso que dice que aquello fue una cosa de circunstancias). Una ministra que reúne en su cartera dos materias relacionadas con el engaño; la salud y el consumo. Malos augurios, ya que nos ponemos místicos, los que nos lanzan los oráculos. Malos.

Y es que en este país vamos dados. Si viene la presunta izquierda, nos cuela una ministra adepta a las timopulseras. Si viene la derecha, nos colocará alguna conservadora adepta a la religión católica y a sus estructuras jerárquicas. Que al fin y al cabo, no deja de ser otra creencia supersticiosa. La mayor y más peligrosa, probablemente, por el grado de organización que tiene.

Calvario

Via crucis en la ciudad húngara de Pécs; una manifestación más de las creencias supersticiosas de las poblaciones por todo el mundo - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8