[TV – Series] Humans,… una vez más

Televisión

Tercera temporada ya para esta adaptación británica de una serie sueca, Äkta Människor, que se quedó en sólo dos temporadas. Lo cierto es que la serie británica coincidió argumentalmente en cierta medida en su primera temporada con la serie sueca, pero a partir de ahí siguen líneas diferenciadas. Aunque ambas series tratan básicamente de lo mismo, el aspecto no es el mismo. Los robots humanoides suecos tenían más aspecto de muñecos que sus homólogos británicos, otorgando un tono distinto a la serie sueca.

En cualquier caso, el tema de ambas series es un clásico; el advenimiento de la singularidad tecnológica, con el añadido de que lo hace en forma de seres con un aspecto casi indistinguible del ser humano. En algún caso se confunde con otros temas. Asimov lo hacía. En sus novelas sobre robots hablaba con frecuencia del síndrome de Frankenstein, a la hora de plantear el rechazo de los seres humanos hacia sus criaturas inteligentes. Pero el monstruo de Frankenstein, o el mito judío del Gólem, trata más bien del ser humano como creador de vida suplantando a un dios creador. Por extensión, este síndrome reflejaría el miedo del ser humano a las consecuencias de la ciencia, un miedo muy propio de eras como el romanticismo o la posmodernidad, que paradójicamente son épocas de gran impulso tecnológico para la humanidad.

Carlos Carreter

Un paseo un sábado cualquiera por los mercadillos de Portobello Road nos convencerá más que nada de la diversidad de la sociedad británica, que algunos quieren negar o revertir… los del Brexit y similares.

Pero con el miedo a la singularidad tecnológica de lo que se trata es del miedo a otras criaturas igualmente inteligentes. La otra variante a este miedo sería la confrontación con una civilización alienígena. Es decir, o nos cagamos de miedo por unos seres inteligentes ajenos a nosotros y nuestro miedo, o a unos seres inteligentes creados por nosotros mismos. Y con ello viene también otra cuestión; la definición de humanidad. Así se plantea en muchas ocasiones, aunque yo estoy en desacuerdo. Un robot, por inteligente que sea y por similar que lo hagamos en su aspecto externo, nunca será un ser humano,… porque no será un individuo de la especie o especies biológicas que tienen las características de humano. El debate es sobre su condición de persona, con sus dimensiones intelectivas, volitivas, creativas o emocionales. Podremos discutir lo que queramos, pero tengo la sensación de que hasta que no nos encontremos de forma efectiva con una de ellas… difícil saber cómo ser ese encuentro.

Carlos Carreter

En cualquier caso, la serie que aquí nos ocupa dio un paso adelante al final de la segunda temporada otorgando la autoconciencia a un número de muy amplio de robots humanoides. Y en su tercera temporada hemos estado contemplando las consecuencias de ese hecho. Tanto las inmediatas, como las que se puede producir a largo plazo. Y lo que se plantea es un escenario de una sociedad confrontacional, la británica. Lo cual no está lejos de las actitudes xenófobas que en esa sociedad se está percibiendo actualmente. La serie plantea que distintos países adoptan distintas posturas, en todos los extremos, de la tolerancia absoluta a la intolerancia extrema. La ciencia ficción suele comportarse como espejo de las realidades humanas. Y como ya he mencionado, esta serie británica se está desarrollando en el Reino Unido del Brexit, de la xenofobia y rechazo a los refugiados y de las renovadas tensiones internas entre británicos étnicamente anglosajones y los que lo son procedentes de las antiguas colonias.

Serie recomendable. Sigue estando muy valorada en general. Y gustará por su buen nivel de producción, argumental, filosófico e interpretativo.

Carlos Carreter

[Televisión / ciencia] Cosas de series; especial singularidades tecnológicas

Ciencia, Televisión

Ayer comentaba que esta semana iba a dedicar cierta cantidad de espacio al tema de las inteligencias artificiales. Concepto que categorizando de alguna forma venía a incluir las siguientes clases:

  1. Sistemas o máquinas que piensan como los seres humanos.
  2. Sistemas o máquinas que actúan como los seres humanos.
  3. Sistemas o máquinas que piensan racionalmente.
  4. Sistemas o máquinas que actúan racionalmente.

Con Äkta Människor nos iremos a Suecia: Paisaje en Kastellholmen, Estocolmo (Suecia). Agosto de 2011. En el encabezado, Edificios tradicionales en el parque Skansen de Estocolmo, Suecia. Agosto de 2011.

El tema de la inteligencia artificial ha sido relativamente popular en la literatura, en el cine y en la televisión. No siempre se le ha dado ese nombre. Pero el concepto, de una forma u otra, estaba ahí. Dos aspectos se han analizado o reflexionado en esas obras. Dos dilemas que potencialmente se pueden presentar en función de los valores que una persona o un grupo de personas maneje:

Primero: ¿Es ético y razonable que el ser humano se arrogue la capacidad de crear inteligencia, si ello es posible, a partir de la materia inerte, algo que las religiones y la filosofía más tradicional han reservado a la deidad? El paradigma de esta reflexión sería el Frankenstein de Mary Shelley, obra que hay que encuadrar dentro del romanticismo, corriente de pensamiento bastante anticientífica, y cuya respuesta es que no. Que el ser humano no debe entrar en semejante materia. Y que si lo hace, las consecuencias serán desastrosas.

Segundo: ¿Cuáles son las consecuencias de que como resultado de la evolución tecnológica lleguemos a un punto en que una máquina o conjunto de máquinas supere la capacidad intelectual de la especie humana, tenga capacidad de planificación y actuación y una agenda propia? Estamos ante el dilema de lo que se ha venido denominando la Singularidad Tecnológica. Aunque no me gustó especialmente, una obra que analiza específicamente este problema es la reciente película Ex Machina del director Alex Garland. Llevado al terreno del género posapocalíptico, la saga Terminator es una de las expresiones más preocupantes de las consecuencias de una singularidad tecnológica.

Por supuesto, he puesto dos ejemplos que me parecen signficativos, pero hay otros muchos que incluso seguramente a muchas personas les parecerán más interesantes. No podemos de mencionar a Isaac Asimov y sus tres Tres Leyes de de la Robótica, que era una forma de indicar que el avance se producirá pero que tenemos que proteger al ser humano de sus consecuencias. ¿Cómo? Incluyendo por sistema un código moral en la programación de las máquinas. El propio Asimov en uno de sus más entretenidos, interesantes o preocupantes cuentos cortos, … That Thou Art Mindful of Him (en españól, ¿Qué es el hombre?) nos propone no obstante que es te código moral quizá no sea una protección adecuada o suficiente. Nunca os fiéis de un robot que se llame George.

Un interesante artículo publicado en Principia.io sobre las inteligencias artificiales en la ficción puede servir de guía más que adecuada para introduciros en el tema.

En las calles floridas del casco histórico de Ystad, Suecia. Julio de 2014.

En estas estamos, con un tema apasionante si tenemos en cuenta que algunos expertos han situado el advenimiento de la singularidad tecnológica en algún momento del siglo XXI con el punto central de sus intervalos de confianza en torno al año 2045, cuando este verano tuve la ocasión de ver la primera temporada de la serie de televisión británica Humans. Serie interesante, pero que es una nueva versión de una historia llevada previamente a la pequeña pantalla por la televisión sueca con el título de Äkta Manniskör (título internacional, Real Humans). Aunque con diferencias.

Äkta Manniskör me ha resultado una serie mucho más interesante. Básicamente, debajo de su aspecto de serie sencilla con bajos presupuestos, hay una variedad de temas mucho más complejos. Para empezar, el universo en el que se desarrolla no es otro que el de la Suecia (o el mundo) actual. Incluso de unos años atrás. De hecho, da la impresión que buena parte de los modelos de coches que aparecen son un poquito antiguos. Y las casas son de Ikea. Pero con una diferencia. Desde hace tiempo, hay una industria de fabricación y comercialización de robots de aspecto humano, los hubots, que se dedican a realizar tareas al servicio de los seres humanos.

Los problemas vienen por varios lados. Uno, el impacto que la presencia de los hubots tienen en la vida cotidiana de las gentes. Desde la posición que ocupan en el ámbito doméstico, incluido en los dormitorios, a los problemas de competición por los puestos de trabajo con algunos humanos. Dos, porque se ha producido la singularidad tecnológica, existe un grupo de hubots con autoconciencia, voluntad y capacidad de actuar autónoma, con capacidad para establecer sus propios objetivos. Tres, porque se conforman grupos radicales en la sociedad a favor y en contra de la integración de los hubots en la sociedad humana. Cuatro, porque algunos hubots autoconscientes ya han decidido que son o pueden ser superiores al ser humano, y por lo tanto suplantarlos como inteligencia dominante en el planeta.

Atardecer sobre Gamla Stan, Estocolmo (Suecia). Agosto de 2011.

Si la variedad de situaciones éticas, sociológicas y políticas pareciera poco, se mezcla con los conceptos de racismo y otras discriminaciones, además la serie se alimenta de diversos géneros. Sus primeros minutos pueden estar extraídos de una serie de terror o de invasiones alienígenas. Hay paralelismos con las precuelas del planeta de los simios. Hay conspiraciones. Hay ambientes claustrofóbicos. Hay terrorismo. Hay situaciones que parece salidas de obras de Kubrick…. Todo ello con una parquedad de medios muy conveniente, y con la habilidad para representar a los hubots como una diversidad. De los que tienen un aspecto totalmente artificial, como maniquíes animados, a los que son capaces de suplantar a un humano física y emocionalmente. Las interpretaciones están en buen nivel, siendo destacable alguna como la de la fría y atractiva Bea (Marie Robertson).

La cuestión está en que esta serie, que se añade a un acerbo cada vez más amplio, muestra dos cosas. La primera es que el problema de la singularidad tecnológica, aunque no totalmente definido ni en su concepto ni en la probabilidad de que surja, es una cuestión sobre la que merece la pena reflexionar, en una sociedad en el que las tecnologías de la información y la comunicación y la capacidad de procesamiento de datos y computación están incrementándose de de forma exponencial. La otra, es que estas obras sirven para mirarse al espejo y para reflexionar sobre los comportamientos humanos y sobre los problemas de la sociedad, cuando se enfrenta a la diversidad y a la falta de una definición única de lo que es un humano. Porque no nos engañemos, en muchos sitios todavía no se considera a todo el mundo igual de humano: por cuestiones de raza, creencias, religión, sexo, nacionalidad, etcétera. Por mi parte, una recomendación. Si se os pone a tiro ved las series, tanto la sueca, Äkta Människor (Real Humans) que lamentablemente cancelaron tras la segunda temporada, como la inglesa, Humans, que acaba de emitir su primera temporada y está renovada para dentro de un año.

Campanario de la parroquia de Gamla Uppsala, Suecia. Agosto de 2011.