An American Crime (2007)

Cine

An American Crime (2007), 16 de junio de 2008.

Así. En inglés ha dejado la distribuidora el título. Como para que quede claro que el tema no va con nosotros. Que es cosa de esa terrible gente que vive al otro lado del charco. Lamentablemente, de vez en cuando llegan noticias de que estas cosas pueden pasar en cualquier parte. Porque lo que en esta película dirigida por Tommy O’Haver se nos presenta es la reconstrucción basada en las transcripciones del juicio del maltrato y muerte de Sylvia Likens, una adolescente norteamericana que falleció en estrañas circunstancias en el estado de Indiana en 1965.

El suceso parece que fue lo suficientemente famoso en los EE.UU. como para que el planteamiento desde el principio no sea saber qué pasa sino cómo pasa. El relato está narrado por la víctima, un recurso ya conocido en otros filmes, y que trata de dar más cercanía a los sucesos. La narración es precisa, vemos que hay un problema, conocemos cuales son sus causas, y poco a poco nos introducimos en la pesadilla de sus consecuencias. La violencia sobre la adolescente aparece en dosis justas, pero más que suficiente para que sea real, palpable… y horrorizante. El cuerpo se te queda mal. Sientes miedo. Pero no sólo por esa violencia que se ejerce sobre el cuerpo de una menuda adolescente, sino también por la violencia moral que sacude a todos los personajes secundarios del filme, y de lo hechos reales, todos ellos también niños y adolescentes, que participan de esa violencia. La degradación no llega sólo a la víctima; se extiende por una pequeña comunidad, que comparte colegio, que comparte iglesia, que comparte meriendas campestres,… y que finalmente acaba compartiendo lo peor de sí misma. Hay conformismo, hay connivencia, hay hipocresía.

La base del filme, correctamente realizado en su conjunto, está en la interpretación de sus dos actrices protagonistas. La joven Ellen Page, aportando su físico aniñado para dar vida a Sylvia Likens, demuestra una vez más que tiene madera de actriz, y sólo su físico le puede poner alguna limitación a su desarrollo posterior. Por otro lado, Catherine Keener, dando vida a la maltratadora Gertrude Baniszewski, da un recital de interpretación, de expresión y de adaptación a las circunstancias. Habitual del cine independiente, esta actriz siempre se muestra con gran solidez.

Ante todo lo anterior, ¿es recomendable esta película? Difícil cuestión. La película es buena, pero su visión es difícil para todo aquel que conserve unos mínimo sentimientos y tenga cierta capacidad de empatía con el prójimo. La violencia, si bien matizada y mitigada, está claramente ahí. Y se hace difícil convivir con ella. No tiene nada que ver con la violencia de casquería de otros filmes; esta es una violencia personal, directa, terrible. Dicho todo local, yo le pongo un siete a la película, con un ocho en la interpretación y otro siete en la dirección.

La foto de hoy está toma en Burano, cerca de Venecia.

Desconchones

(Pentax K10D; SMC-A 100/4 Macro)

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