La reina Victoria (2009)

Cine

La reina Victoria (The Young Victoria, 2009), 4 de mayo de 2009.
Ayer tuvimos mala suerte, como desde hace dos meses. Durante ese tiempo hemos intentado ir a ver The Visitor, una película sobre la que hemos leído muy buenas críticas. Y ayer habíamos llegado a un acuerdo para verla. Pero al llegar a los correspondientes multicines, descubrimos que la cartelera publicada en los medios está equivocada, y esta semana no echan la película. Aunque la semana que viene parece que sí. Discutimos durante unos segundos las opciones, vemos que llegamos a tiempo a otra sala de cine, y decidimos ver una de época, un biopic de los primeros años de reinado de la reina Victoria, soberana del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, emperatriz de la India y varios otros títulos rimbombantes.

El filme, dirigido por Jean-Marc Vallée, está realizado a mayor gloria de Emily Blunt, estrella británica emergente a la que ya se ha podido ver en alguna producción relativamente importante de Hollywood, que interpreta a la monarca británica en su adolescencia y en sus primeros años de reinado. La acción se centra en dos aspectos fundamentales. Por un lado, la influencia que sobre la joven princesa y reina ejercen distintos personajes poderosos del momento. Por otro lado, la historia de amor entre ella y su primo Albert, príncipe de Sajonia-Coburgo-Gotha, que les llevará al matrimonio y a cómo encajar sus respectivos papeles en el marco del a monarquía parlamentaria británica.

Hay que decir dos cosas de esta producción, una positiva y otra negativa. La nota positiva es que nos encontramos ante una producción muy cuidada en su ambientación, decorados, vestuarios y todo este tipo de cuestiones técnicas propias de las películas de época. Esto cada vez sorprende menos, especialmente en las producciones británicas que tanto gustan de este tipo de filmes. Obviamente han cogido oficio y, a poco que la financiación les acompañe, lo hacen bien. La nota negativa es que el guion es muy flojo. Han metido con calzador en el poco más de hora y media que dura la película una serie de años y acontecimientos vitales de la joven Victoria que conducen a dos cosas. Los temas están tratados de forma muy esquemática y en ocasiones con simpleza. Que no es lo mismo que con simplicidad. Esto da lugar a que parezca que te están mostrando una serie de tópicos, en general a mayor gloria del personaje. El presunto “tratamiento humano” del personaje es algo muy típico de los tiempos que corren. Los modernos productos hagiográficos muestran a sus “santificados” como personas simpáticas, majas, honestas, pero que de vez en cuando son “humanos”, meten la pata en cosillas, con la intención no de desmerecer al personaje sino de hacerlos todavía más simpático al espectador. Pues oiga. Ya cansa un poquito. Que no somos tontos. Desde luego, parece una película más pensada para la simpleza del público norteamericano, público femenino que consumo historias romanticonas, que para un espectador más culto, europeo, más cercano a esta historia. El segundo problema es que la gestión del tiempo, de la cronología de los acontecimientos. Hubo gente en el cine que pensaba que la acción transcurría en el plazo de unas semanas o meses, cuando en realidad puede que entre el principio de la historia y el final pasasen de cinco a seis años como poco.

Una de mis acompañantes me recordó un filme sobre el mismo periodo que protagonizó la “sissificada” Romy Schneider. Poco antes de encarnar la edulcorada versión de la neurótica Elisabeth von Wittelsbach, la joven actriz austriaca había encarnado también a la joven reina británica, con una interpretación de los acontecimientos delirantemente progermánica. Bueno, delirante por muchos motivos que no vienen al caso; sólo diré que fue como una precursora de la serie Sissi. El caso es que dejando a un lado la ingenuidad cinematográfica del cine alemán de posguerra, hay algunas tonterías comunes entre ambos filmes. Salvo el progermanismo… el film actual es neutral a ese respecto. No puede negar el origen alemán de la joven reina y su marido, y por lo tanto no se pronuncia.

La interpretación es suficiente. La chica protagonista da el tipo y como es guapetona y alegre, pues queda más o menos bien en el perfil del auguto y prefabricado personaje. Su “novio real” (Rupert Friend) está un poco, bastante, acartonado. Sí que merecen descartarse las breves pero bien resueltas apariciones de algunos secundarios británicos de gran oficio como Paul Bettany como Lord Melbourne, Jim Broadbent encarnando a un simpático rey Guillermo IV, Miranda Richardson como la torpe madre de la protagonista.

En resumen, una película especialmente recomendada para marujas de todas las edades y poco más, a la que fuimos a parar casi por casualidad. Yo le pongo un cinco al interés subjetivo, con un seis en la interpretación y otro seis en la dirección.

La reina Victoria ante Buckingham Palace - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-4,5 IS USM

La reina Victoria ante Buckingham Palace - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-4,5 IS USM

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