[Sociedad] Previendo lo aparentemente imprevisible

Política y sociedad

No tengo por costumbre escribir sobre políticas y otras opiniones en este Cuaderno de Ruta. No creo que nuestra sociedad esté especialmente bien preparada para el intercambio de ideas, con tolerancia y sin acritudes. Somos un país democrático en las formas, pero distamos bastante de serlo en el fondo. Así que me limito a comentar mis actividades de ocio y tiempo libre, punto en el que salvo algún destalentado de vez en cuando que se toma “demasiado en serio” algunas cosas u opiniones, no hay mayor problema.

Pero de algún modo, forma parte de mi tiempo libre el informarme de asuntos diversos que tienen que ver con la actualidad social y política de mi entorno. Tan malo es vivir obsesionado por estas cuestiones como darles totalmente la espalda a las mismas. Pero si en algo me parece que hay un rigor escaso es en cómo se conforman las opiniones sobre cómo deben conducirse los países y los estados. Quien aseguró que el ser humano era “un animal racional” o era un ingenuo de tomo y lomo o iba puesto hasta las trancas de bebidas espirituosas u otras sustancias distorsionantes de la realidad. Tenemos tendencia a los “dogmas”, a seguir “líderes carismáticos”, a afianzar nuestras ideas a priori leyendo a aquellos autores que son afines,… incluso hay estudios que indican que podría haber una predisposición genética a que las personas sean “de izquierdas” o “de derechas”, “progresistas” o “conservadores”, “creyentes” o “escépticos”. Como queráis usar las etiquetas.

El Canal Imperial, casi en Valdefierro

De acompañamiento, un poquito de paisaje semiurbano.

Personalmente, llevo años intentando conformar mis decisiones o mis opiniones basadas en al información. En datos. Intento no dejarme llevar alegremente por aquellas ideas o posturas que me son simpáticas “por naturaleza”, supongo que como todo hijo de vecino llevo mi lastre genético y ambiental a cuestas, y evitar también los escritos de autores excesivamente filosóficos, que no basen sus afirmaciones en datos contrastables. Hay muy poco de estos últimos. Sobran “iluminados” en el mundo que están convencidos de sus verdades.

En las próximas semanas nos enfrentamos en toda Europa a un proceso electoral. Elecciones al parlamento europeo. Lo cierto es que son unos comicios que interesan poco. A pesar de la cantidad de decisiones importantes que se toman en la Unión Europea, esta institución no es democrática ni en las formas. Sus principales órganos de gobierno no salen de la voluntad popular, de la soberanía del pueblo expresada en las urnas, sino del pasteleo de los distintos gobiernos nacionales. Hay un parlamento que no tiene el poder legislativo, ya que las leyes de ámbito europeo, las directivas de obligado cumplimiento, no necesariamente surgen de este órgano. Pero ahí está, y toca elegir a los eurodiputados.

Leí hace unas semanas un artículo en Nada es gratis, un blog sobre economía que intenta guiar la formación de opinión mediante datos y rigor metodológico, algo que ya intuía. La incertidumbre actual sobre la intención de voto de los españoles es tremenda, una situación que no se había dado nunca desde que se analizan las tendencias electorales. Nadie sabe cómo interpretar, en qué dirección, esta incertidumbre; por lo tanto, cualquier previsión está sometida a una probabilidad de error muy notable. Las causas de esta incertidumbre… bueno,… si no estáis absolutamente en la inopia, no es fácil que se de dada la profunda crisis económica, la falta de credibilidad de los políticos, tanto por su falta de eficacia como por los casos de corrupción, la desconfianza en los empresarios y en las entidades financieras, la deriva en el fondo y en las formas  de los medios de comunicación, sumidos además en una profunda crisis,… Lo que queráis. Reflexionaban por lo tanto en Nada es gratis, que las últimas predicciones sobre intención de voto del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), tradicionalmente respetado a pesar de su dependencia gubernamental, eran imposible de enjuiciar. Nadie nos cuenta cuál es la metodología para predecir intención de voto sobre datos que acumulan tanta incertidumbre. Porque esa interpretación y no otra. Pero nadie conocer la fórmula o fórmulas aplicadas para eso que algunos, torticeramente, llama “la cocina de los datos”.

El Canal Imperial, casi en Valdefierro

De las riberas del Canal Imperial de Aragón a su paso por Zaragoza.

Contrasta esto con otras iniciativas que pasan por la transparencia total. Aunque no sea en los alrededores de la Península Ibérica. En el mismo blog nos comentaban más recientemente una iniciativa de The New York Times, con el fin de predecir los resultados de sus próximas elecciones parciales al senado de los Estados Unidos. Con una presentación clara y sencilla, presentan sus predicciones y su grado de incertidumbre de forma claramente comprensible. Pero no sólo es eso. Las rutinas programadas para establecer las predicciones son púbicas, en código de R, un programa de análisis estadístico, para que cualquiera con conocimiento pueda conocer cómo se hace, utilizarlo para sus propios datos, y emitir una crítica sobre la idoneidad o carencia de la misma del método utilizado. Probablemente no sea perfecto. Pero este intento, comparado con la forma en qué funcionamos en la vieja Hesperia, está a años luz en rigor y transparencia.

Decididamente, para saber que papeleta es la más adecuada para que caiga en la urna, tendremos que seguir usando “rigurosos métodos”, como la bola de cristal o las cartas del tarot. Por que lo que es la información veraz y la ciencia… vamos dados.

El Canal Imperial, casi en Valdefierro

En el tramo próximo a Valdefierro, entre la Cooperativa del Taxi y la carretera de Madrid. Un paseo agradable.