[TV] Cosas de series; entre adolescentes y la peor tripulación espacial (de la historia de la TV) que ha existido

Televisión

Hace ya un tiempo que terminé de ver las series que comento esta semana. Sigo llevando cierto retraso. Todas las terminé de ver antes de mi escapada berlinesa, es decir, antes del 10 de agosto. Espero que mi memoria no esté muy alterada…

Dos de ellas se introducen en el mundo adolescente,… aunque se parecen lo que un huevo a un elefante.

Derry Girls ya es una vieja conocida, y recientemente nos hemos sumergido en la segunda temporada de este grupo de adolescentes norirlandesas en los tiempos de The Troubles. Con temporadas de seis episodios de media hora de duración, sabe a poco. Indudablemente, las aventuras de la pandilla de descerebradas de dieciséis años, sus no menos descerebradas familias, la peculiar monja que pretende educarlas y el primito inglés que puede ser o no ser gay, es una de las series más divertidas del panorama seriéfilo actual. Y casi me atrevería decir que es de obligatoria visión si se te pone a tiro. Por supuesto, en versión original. Es inevitable que muchos de los chascarrillos de la serie estén asociados al cerrado acento irlandés y su choque con la forma de hablar de los ingleses.

Sí… en honor a las chicas de Derry, visitamos fotográficamente la isla de Irlanda. Aunque no los condados británicos del Ulster, porque no he andado por allí.

Sin embargo, Euphoria nos sumerge en una de las visiones más pesimistas de la adolescencia, en términos de drama que bordea constantemente la tragedia, que nos puede ofrecer hoy en día la televisión. Esta serie de HBO que se estrenó hace unas semanas, de la mano de Rue Bennett (Zendaya) y ese gran hallazgo que es la Jules Vaughn interpretada por Hunter Schafer, uno de los personajes con más matices y complejidades que he visto en mucho tiempo en televisión. La serie nos traslada a un vecindario más de los Estados Unidos, con su instituto, donde los y las adolescentes sufren las consecuencias de su inmadurez y su desconcierto ante cuestiones como el sexo, su identidad personal, la presión del grupo, el consumo de drogas y la violencia latente o explícita que rodea sus vidas, muchas veces asociada a cuestiones de género. A la serie le cuesta arrancar un poquito, y en sus primeros pasos no acababa de atraparme, pero poco a poco se centra y, de hecho, ofrece algunos episodios que tienen carácter prácticamente antológico. Totalmente recomendable, salvo que andes en estado depresivo o todavía te creas que la juventud es una etapa de la vida de color de rosa.

Finalmente, Netflix nos ha ofrecido una nueva serie en forma de primer contacto + aventura espacial. Y lo hacía con el aliciente de poner a Katee Sackhoff, la celebrada Kara Thrace “Starbuck“, al frente de una tripulación que debe recorrer a velocidades relativistas la distancia entre la Tierra y Pi Canis Majoris, una estrella a 96 años luz de distancia, de donde se supone que procede una nave alienígena que ha aterrizado en nuestro planeta, aunque muy poco comunicativa. El título de la serie es Another Life,… y hasta aquí todo lo positivo que se puede decir de la serie, que como veis son circunstancias a priori, antes de ver nada de la misma. A partir de ahí, todo es una absoluta catástrofe. To-do. En el plano de la producción, da la impresión de que el asesor científico de la serie es el profesor Bacterio. Sí. El de Mortadelo y Filemón y la T.I.A. La densidad de gilipolleces pseudocientíficas por hora que es capaz de producir esta serie avergonzaría hasta los terraplanistas. Ni siquiera voy a intentar recordar algunas de las muchas burradas que dicen o plantean relacionadas con conceptos físicos, astronómicos, biológicos, químicos,… plenamente asentados. Y todo ello enmarcado por los conflictos de una tripulación espacial que ha debido ser seleccionada entre la mayor panda de tarugos que jamás se haya visto sobre la faz de la Tierra, cuyas decisiones y comportamientos son siempre contrarios, no ya a los conocimientos científicos o de ingeniaría, sino al más básico sentido común, comportándose siempre como adolescentes. Adolescentes imbéciles, no como la mayor parte de los adolescentes, que seguro que tienen mucho más sentido común que estos personajes. Obviamente, la culpa no es de estos personajes, sino de los ineptos creadores y guionistas de la serie, que deberían ser juzgados ante el tribunal de la Haya por crímenes contra la humanidad. No creo que vuelva a ver un sólo minuto de esta serie, que aguanté hasta el final por ver si toda esa densidad de estupidez era fruto de un mal momento o era un mal crónico,… permanente. Lo que también me sorprendería es que Netflix, ante una serie que ha merecido una nota media en IMDb de 4,8, la renovase… pero cosas más raras se han visto en el mundo de la televisión. No ver. Bajo ningún concepto. Graves riesgos para la salud mental.

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