[TV] Cosas de series; de adolescentes va la cosa

Televisión

Dos series muy distintas, con adolescentes como protagonistas. Pero ya digo, con un tono y enfoque tremendamente dispar. Para todos los gustos.

En primer lugar tenemos la serie británica Derry Girls. Serie que llega a Netflix un año después de su emisión por una cadena televisión convencional en su país de origen. Y ha sido una de las más agradables sorpresas que nos ha deparado la televisión el año pasado. Para los que no se cosquen, Derry es una población en el Úlster, o Irlanda del Norte, puesto que hay condados del Úlster que pertenecen a la República de Irlanda, y que oficialmente recibe el nombre de Londonderry. Pero durante los años del conflicto armado entre el IRA y el gobierno británico, fue uno de los focos más duros del conflicto, donde los choques entre católicos republicanos y protestantes unionistas, y las fuerzas armadas británicas, fueron más duros. La ciudad es denominada Derry por católicos y por la República de Irlanda, que es el nombre tradicional de la ciudad, mientras que los protestantes y las autoridades británicas la denominan Londonderry.

Fotográficamente nos pasearemos por la República de Irlanda, que no tiene las mismas connotaciones que los condados irlandeses del Úlster, pero bueno… es que allí no he estado.

Y en este “paraíso” que fue en los primeros años 90, con el conflicto muy recrudecido, encontramos a un grupo de chicas adolescentes, de 16 años, católicas que asisten a un colegio de monjas, que además de convivir con este ambiente de conflicto, tienen que sacar adelante los conflictos propios de la adolescencia. A esto se une la presencia de un chaval de su misma edad, primo de una de ellas, que es matriculado en su colegio, único varón entre todas las chicas, porque por su condición de inglés, las autoridades escolares temen que salga mal parado si asiste a un colegio de chicos.

Tradicionalmente, en Irlanda del Norte los católicos han ocupado los escalones más bajos de la escala social, uno de los motivos que han realimentado los conflictos, además de los políticos y religiosos, por lo que nos encontramos en barriadas obreras y con un nivel sociocultural bajo. Y en medio de todo esto, su creadora Lisa McGee nos ofrece una desternillante comedia que sabe a muy poco con sus seis episodios de apenas 25 minutos de duración, en la que afortunadamente abandona todo intento de “corrección política”, tan nefasta últimamente para la creatividad artística como los peores autoritarismos. Porque aunque el humor de esta serie se mete con todo y con todos, lo hace de forma inteligente, y manteniendo una constante empatía con las jóvenes adolescentes, y su primo, absolutamente inconsecuentes hasta la médula consigo mismas, como es propio de la edad, al mismo tiempo que pone en solfa la propia sociedad dividida de Irlanda del Norte. Muy destacable su actriz protagonista, Saoirse-Monica Jackson, que está muy bien acompañada por todo el reparto.

Por otro lado, desde Japón nos llega la enésima adaptación a una serie de acción real de una serie de historietas, Koi no tsuki [恋のツキ], difundido en Netflix con el título internacional de Love & Fortune. Esta es una de esas series japonesas que despistan. Por su planteamiento, y procedente del mundo del manga, dan la impresión de que van a estar dirigidas a un público adolescentes. Pero luego te encuentras con temas delicados, adultos y complejos.

En esta historia conocemos a Wako (Eri Tokunaga ), una mujer de 31 o 32 años, que lleva cinco o seis viviendo con su novio en un modesto apartamento, y que tiene un modesto empleo en un cine pequeño, dedicado a películas menos comerciales. Casi lo que antaño llamábamos un cine de arte y ensayo. A Wako le gusta mucho el cine. Pero por lo demás está sumida en rutinas que no la satisfacen, y está empezando a escuchar con fuerza el tic-tac de eso que en las mujeres treintañeras se suele llamar con frecuencia “el reloj biológico”. Y en estas está cuando conoce a un muchacho de 15 años, Yumeaki Iko (Fūju Kamio), también aficionado al cine y con el que conecta… demasiado. Hasta llegar a la intimidad física. Generando un lío fenomenal en su vida y en la de quienes la rodean. Que empeorará cuando el dueño del cine donde trabaja anuncie que cierra.

Delicado tema el de las relaciones entre adultos y adolescentes. Más cuando la diferencia de edad implica que la mujer adulta prácticamente doble la edad del joven. En los casos en los que la relación de sexos está invertida, casi siempre se convierte al hombre en un villano. En esta ocasión, fundamentalmente se juega con el monumental despiste vital que arrastra Wako, y que necesitará resolver antes de seguir adelante y poder salir del callejón sin salida emocional en el que se mete ella solita; especialmente porque un adolescente no puede aportar la madurez que a ella le falta. Ni la historia lo pretende. Como digo, la serie no se anda con chiquitas. Y si bien no hay escenas de desnudos, sí que hay escenas de relaciones sexuales, diversas, y con adolescente por el medio. Cuestiones que no pocos países estarían calificadas, más allá de las cuestiones éticas, como delito.

La serie funciona razonablemente bien, aunque quizá se extienda un poquito más de la cuenta. Pero está desequilibrada a nivel interpretativo. Si Tokunaga lo hace bastante bien, y algunos de los miembros del reparto más adultos acompañan con solvencia, los miembros más jóvenes del reparto van más flojos. El chico protagonistas cumple, sin más. Y hay una chiqueta,
Yui Imaizumi, que parece que ha salido rebotada de uno de esos horribles y multitudinarios de “idols” que cantan y bailan, y que va bastante justita de habilidades intepretativas. Parece que salía en aquel curioso invento de la clase de chicas adolescentes que encontraban una mañana muerto a su profesor y se ponían a resolver el misterio de su muerte. Pero no la recuerdo.

Una serie interesante, aunque no deja de ser extraña. Especialmente con elementos del argumento y un happy end de difícil digestión. Pero que se deja ver, especialmente si te acercas sin demasiados prejuicios.