Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. Entre Londres y Japón, vuelvo a Londrés, por en la capital he estado y en Yokohama no.
Ya he comentado en alguna ocasión que estoy terminando mi suscripción a Netflix. Tengo pagado «el mes» hasta el 3 de febrero incluido. Luego, adiós a la primera plataforma a la que me suscribí, después de casi diez años. Y es que últimamente me costaba encontrar opciones. Es curioso que en este mes he encontrado algunas cosas majas que me han tenido muy entretenido. Y una de ellas ha sido el anime que comento hoy. Un anime que no entrará entre mis favoritos por diversos motivos. Algunos de los cuales los comprenderéis al leer esta entrada. La cosa es que el anime ha sido uno de los puntos fuertes de Netflix. Oye… que tiene todo el catálogo de Ghibli. En las fiestas de fin de año me vi varias de las películas del estudio. Las que no entran en el ámbito de la plataforma. Bueno, tres de ellas y Kiki… la brujita con su escoba y su gato.

Pero aquí y allí, Netflix ha querido jugar en la primera división de la liga de las series de animación japonesa, con producciones que a priori prometían mucho, a veces lo han conseguido y otras no, cuidadas en su realización, con una animación de buen nivel, sin cutredades, con buen desarrollo del diseño de caracteres, con cuidados fondos y ambientaciones, limitando las escenas estáticas, siempre más baratas de producir y que plagan otros productos menores. Vamos… que Netflix ha querido ir desde hace años a por lo bueno. Y estas cualidades las muestra también Prism Rondo [プリズム輪舞曲], conocida en inglés castellano como Love through a prism/El amor a través de un prisma. Las aventuras de una joven de veinte años japonesa, hija de una familia de comerciantes de Yokohama, que se va a Londres seis meses, quien sabe si prorrogables, a estudiar arte. Pintura al óleo. En una prestigiosa (y ficticia) academia de arte.
Que a los aficionados al anime les ha gustado está claro. Puntuación de 8.3/10 en IMDb, 8.56/10 en MyAnimeList, la tercera más alta de las series y temporadas que se estrenaron en enero. Y es que, como ya he dicho, la serie está muy bien hecha. Tiene bastante ritmo. Tiene personajes que gustarán a su demográfico objetivo, las chicas. Tiene sus emociones. Claro. Yo no pertenezco a su demográfico objetivo. Y tengo la mala costumbre de sacarle punta a todo. La acción se sitúa en los primeros años del siglo XX, según se nos dice en el primer episodio. Por el aspecto de algunas indumentarias dirías que no muy al principio. En la segunda década, probablemente. Aunque la mezcolanza de indumentarias en algunos momentos resulta mareante. En algunos momentos muy concretos parece que están en la corte de Luis XIV, y en otros en la época de Jane Austen. Pero no. El devenir de la historia nos situará en 1914. Aunque en un Londres que parece estar en una perpetua primavera. Si el final de los seis meses de la chica en Londres coincide con el asesinato del archiduque austriaco en Sarajevo, que sucedió a finales de junio, cuando llega a Londres tiene que ser diciembre de 1913… pero hace buen tiempo. Durante los seis meses. Qué cosas. Londres. Un Londres completamente industrializado, el del smog. Y las feas fábricas. En perpetua y colorida primavera.

Sí. Ya podéis suponer que el rigor no es de rigor en esta producción. Porque lo que nos va a contar la serie es el romance de la joven burguesa japonesa con el hijo de un miembro de la alta aristocracia inglesa. El hijo joven y rebelde (pero no mucho), huérfano de madre desde la infancia, pero con un padre, un duque que, según la historia «hace honor a su rango poniéndose al servicio de su patria desde los más altos ideales como corresponde a la nobleza». Entrecomillo no porque sea una cita literal, sino porque me parece que es una estupidez como un piano de grande. Siempre se ha hablado de que la visión de los países del Asia oriental en Occidente está estereotipada y no se suele corresponder con la realidad, con visiones muy críticas en la actualidad por parte de muchos. Pero es que la visión de los nipones sobre determinados elementos de la cultura occidental no es menos estereotipada. Y a mí me ha estado chirriando constantemente, y hace que no pueda compartir esas magnas puntuaciones de los aficionados. Sí… un 8/10 en la realización… pero, ¿en el conjunto? ¿Un 6/10? Y sin embargo, tenía momentos en que me parecía muy entretenida. Simplemente conque hubiesen cuidado la verosimilitud de la historia, ya me merecería una valoración bastante alta. Otra cuestión. 1914. En Italia, los futuristas. En Alemania, los expresionistas. En Francia y en todas partes, los posimpresionistas hacen ya furor. Y estos aspirantes a artistas del momento, ¿pintando paisajitos, retratitos y bodegoncitos como si estuvieran en pleno neoclasicismo o principios del romanticismo? Inverosímil también.
Terminaré comentando una cuestión. Las historia, aunque original, no adapta ningún material previo, es de la creadora de una de las series de manga más conocidas de Japón, que ha sido adaptada en su país y a varios otros países asiáticos en forma de animación y series de acción real, y de la que yo vi, en Netflix, su versión de acción real surcoreana. La serie me pareció tremenda. En el mal sentido. Una chica de clase media que va a un colegio de élite donde es maltratada por un grupo de machotes de familias adineradas, con la aquiescencia y la admiración del resto del colegio. Y a pesar de todo la chica y el cabecilla de estos matones tienen un romance. Desde muchos punto de vista, nauseabundo. Quizá la versión original japonesa tenga matices que la adecenten. Pero, sinceramente, no me he atrevido a comprobarlo. Así que no se podría pedir mucho rigor en la creadora de este tipo de productos. Es lo que hay. Excelente producción, con problemas, que los más jóvenes y desconocedores de la historia y la realidad tal vez desconozcan, y acaben adquiriendo un mensaje sesgado, no fiable, y peligroso.

