[Cine] Francofonia (2015)

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Francofonia (2015; 332016-1006)

Aunque no habíamos leído malas críticas de este peculiar largometraje del director ruso Aleksandr Sokurov, no fue eso lo que nos hizo ir a verlo, sino la curiosidad sobre qué habrá inventado en esta ocasión el responsable de ese alarde técnico que fue Русский ковчег (El arca rusa) que en su momento vi en vídeo, o esa interesante versión del Fausto de Goethe que pudimos ver no hace mucho en la gran pantalla.

Por los antecedentes, la sensación es que la película rodada en una única toma en el Museo del Hermitage era el referente para comparar con esta otra cuyo “argumento” gira alrededor de otro museo famoso, el Louvre. Lo cierto es que son obras muy diferentes. Si en aquella se marcaba una visión nostálgica de una grandeza de la nación rusa que es cuando menos históricamente discutible, especialmente por lo poco que dedicaba a las muchas miserias de la historia del gran imperio transcontinental, en esta ocasión tienes que pararte a pensar varias veces cuál es la tesis del director.

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Nos vamos a pasear por el Louvre, claro… aunque sea en un frío, frío, frío día de diciembre.

Para algunos un documental sobre el gran palacio-museo parisino, con especial relieve en la conservación de las obras de arte durante la segunda contienda mundial, para otros es una recreación, probablemente con fuertes dosis de invención, de la relación entre el conde Wolff-Metternich (Benjamin Utzerath), responsable militar alemán de los bienes culturales en los territorio conquistados, y el director de los museos nacionales de la República Francesa, Jacques Jaujard (Louis-Do de Lencquesaing), que permitió que al final del conflicto la colección del Louvre saliera razonablemente indemne. Todo ello mientras vamos recorriendo las galerías y las salas del museo guiados por Napoleón Bonaparte (Vincent Nemeth) y Marianne (Johanna Korthals Altes), símbolo de la República Francesa.

Mi sensación es que el filme, aunque con aspectos de ambas versiones del mismo, es más bien un ensayo. Igual que entre los géneros literarios está el ensayo,… pues también entre los géneros cinematográficos. Por qué no. Pero como decía antes, eso supone pararte a pensar en cuál es la tesis del director. ¿La capacidad de gentes adversarias pero suficientemente razonables para encontrar un poco de luz en la cultura en medio de la barbarie? ¿Un homenaje al museo del Louvre, a propósito de un evento histórico, como faro de la cultura occidental? ¿Una crítica al racismo alemán que trato bien a la cultura “hermana” de los países conquistados en la Europa occidental, mientras arrasaba con las culturas eslavas de Rusia, entonces Unión Soviética, que consideraba infrahumanas? ¿Una crítica al colaboracionismo francés frente a la resistencia rusa/soviética ante el invasor alemán?

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Pero entre sus salas encontraremos la calidez que le faltan a las neblinosas calles de París.

He tenido que buscar por ahí estos días algunos comentarios o reflexiones sobre el filme que me ayudaran a tomar alguna decisión. Y quizá esté la clave en los personajes secundarios. No en Wolff-Metternich ni Jaujard, por mucho que sean el eje de la película. Que por otra parte parece que fue un encargo del propio museo del Louvre. Veamos a estos secundarios… Tenemos a una desesperada Marianne, gritando o susurrando su “Liberté, egalité, fraternité”, sin que nadie le haga mucho caso… Tenemos a ese orgulloso Bonaparte, que no dejó de ser un dictador que disfrazado de ilustrado pretendió imponer su linaje y su dominio por toda Europa a cañonazos. nunca he entendido por qué para los franceses sigue siendo un compatriota ilustre. Desde mi punto de vista, eso les anula como defensores de valores democráticos y republicanos. Hace tiempo que entiendo que la revolución francesa fue una revolución fracasada. Y tenemos las angustiosas conversaciones entrecortadas entre el propio director y ese barco de contenedores, repletos de la cultura y el arte europeo, que afronta un tremendo temporal sin llegar a puerto, perdiendo contenedores por el camino. Europa sin rumbo despreciando y perdiendo sus valores culturales y artísticos, su propia personalidad. Sí… por ahí parece que van los tiros… Bajo el homenaje al museo, un crítica a Europa… desde el Atlántico hasta los Urales… o más allá. Desde el Ártico hasta el Mediterráneo. Un continente, ni eso en realidad, que ha perdido el rumbo, su razón de ser, los valores que pueden ayudar a configurar su identidad en un mundo complejo y globalizado… Y eso sin entrar a hablar ni de economía, ni de desequilibrios sociales.

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Y no dejaremos de visitar esa megalomaniaca autocoronación del tirano Bonaparte.

Esta es una película más compleja de lo que parece, aunque algunos se quedarán en la superficie, sin rascar más allá, en lo que es de homenaje al museo y a los dos hombres presuntamente protagonistas. Un película a la que si dedicas algún que otro pensamiento se vuelve más y más agradecida devolviéndote el esfuerzo dedicado. Con el pero de la excesiva complacencia de su director hacia su patria y sus valores… que no anda precisamente sobrados en estos días.

No voy a decir que sea para recomendar a todo el mundo. Pero para aquellos más inquietos culturalmente, no está nada mal.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
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Aunque seamos mucho más partidarios de esa ilustre manirrota que es la Venus de Milo.

[Cine] Faust (2011)

Cine

Faust (2011), 6 de junio de 2013.

Estos días da para hablar bastante de cine. No me olvido del obituario de Elías Querejeta, es que estoy buscando el momento adecuado. De momento, lo de hablar de cine parece adecuado, porque la cartelera en estas fechas no está para muchos lujos. En cualquier caso, seguimos aprovechando las películas clasificadas como aragonia clásicos, que en estas salas de cine nos vienen en versión original y más económicas. Eso sí con un par de años de retraso. Y en esta ocasión nos metemos con una de Aleksandr Sokurov. Lo que antaño se llamaba “cine de arte y ensayo” y hoy se denomina más frecuentemente “cine de autor”. Aunque cada cual mete en estas categorías lo que se le ocurre o lo que le viene bien.

En este caso no hay que devanarse mucho la cabeza sobre el argumento. Estamos ante una interpretación del Fausto de Goethe, en concreto de su primera parte. Las inquietudes del estudioso ya maduro Faust (Johannes Zeiler), pobre y eternamente insatisfecho tanto en lo material, como en lo intelectual, como en los espiritual, y que acabará en tratos con un prestamista al que no le dan nombre pero que habrá que identifica con Mefistófeles (Anton Adasinsky), y a quien acabará vendiendo su alma a cambio de poder estar con la joven Margarete/Gretchen (Isolda Dychauk).

Río Isar (Múnich)

La acción del Fausto sucede en una población alemana no mencionada, en cualquier caso una ciudad, que representaremos con esta foto del río Isar a su paso por Múnich.

Con una realización muy particular, rodada en estándar académico aproximadamente (formato 1,37:1), con frecuentes distorsiones en la imagen, nos encontramos con una película muy densa, en la que hay que poner los cinco sentidos para no perderse. No he leído la obra literaria, no sé si soy capaz hoy en día, pero tengo la sensación que nos encontramos ante un Fausto que se convierte rápidamente en una marioneta del prestamista/diablo, y en el que puede más la lujuria ante la juventud y la belleza de la joven Gretchen, que otras incertidumbres que ese presentan en el protagonista en la obra original. Bien es cierto que al final consigue cierta “redención” a través de ciertas renuncias.

Las interpretaciones son intensas e interesantes, especialmente las de Adasinsky, que compone un Mefistófeles que combina el atractivo sobre lo que promete con la repulsión de su propia degradación física y moral. Creo que uno de los momentos más chocantes son las escenas en los lavaderos, donde contrasta la belleza de las mujeres, especialmente de Gretchen, con la deformidad y la degradación del cuerpo desnudo del prestamista. Breves apariciones de Hanna Schygulla de quien confieso que me enamoré mi adolescencia cuando protagonizaba con todo su atractivo las películas de Fassbinder.

Una película difícil de digerir, yo todavía no lo he conseguido del todo, que viene “lastrada” por su densidad conceptual y también por qué no, por sus más de dos horas de duración. No la recomendaría a todo el mundo, no es una película comercial, pero sí que es cine muy interesante de ver tanto por sus propuestas formales como por la historia, ya universal, que nos cuenta.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***
Desde la cima de Zugspitze

Las últimas escenas de la película transcurren en un paisaje montañoso, desolado, que significa las renuncias de Fausto, que están rodadas en Islandia; a falta de fotografías islandesas, seguiremos en Alemania, en su punto más alto, en Zugspitze.