Listo el libro de fotografía del viaje a Amsterdam

Fotografía personal, Viajes

Una semana después de regresar del viaje, ya tengo maquetado y listo para ser pedido el libro de fotografía de mi viaje a Amsterdam en esta semana de pasacua pasada. Es un libro en gran formato, de 30,5×30,5 cm, que se puede solicitar a través de Blurb.

amsterdam, haarlem…
Carlos Carreter

En esta ocasión, quise tomar algunos riesgos, y tomé gran parte de las fotografías en formato cuadrado. Para los menos duchos en geometría, el formato cuadrado quiere decir en sentido estricto que son imágenes con igual ancho que alto. Esto supone algunos riesgos. El formato cuadrado es más difícil de componer, es menos dinámico, más estático. Pero cuando funciona es de los que más me gustan.

La gran mayoría de las imágenes tomadas con la cámara principal, la Panasonic Lumix GF1, lo han sido en este formato. Aunque no de forma exclusiva, cuando el motivo lo precisaba he utilizado otros formatos, fundamentalmente el 4:3 o 3:4.

Markt y Stadhuis

Una fuerte lluvia cae sobre el Markt de Delft, tal y cual es vista a través del 20/1,7 montado sobre la Panasonic GF1

Binnenhof

Con el retroceso disponible, imposible encajar la Cámara de los Caballeros en el Binnenhof de La Haya con el mismo objetivo y la misma cámara; por lo tanto, opté por un formato más alargado.

La cámara secundaria ha sido mi fiel Panasonic Lumix LX-3, la cual, además de cámara de reserva o para situaciones que exigían cierta discreción, ha sido utilizada con frecuencia en su posición gran angular y en formato apaisado 16:9. Especialmente en situaciones que necesariamente exigían dinamismo, o para los escenarios entre los canales y las calles de las ciudades neerlandesas que así lo exigían.

Herengracht

El formato alargado apaisado de la Panasonic Lumix LX-3 se presta bien a las escenas entre los canales de Amsterdam.

Pero por primera vez, y como ya he ido comentando en algunas entradas anteriores, he dado entrada a la cámara del teléfono móvil, en este caso un iPhone 3G, con una cámara de 2 megapíxeles, que de forma nativa ofrece un formato rectangular 4:3. En su mayor parte, las imágenes fueron tratadas con el ShakeItPhoto, dando lugar a una foto cuadrada enmarcada con un aspecto que quiere imitar a las antiguas polaroids. Se ha utilizado en situaciones anecdóticas, de entretenimiento, o donde por prohibiciones hubiese sido problemático mostrar cualquiera de las otras dos cámaras. Fotos no especialmente buenas, pero que pueden ser entretenidas o divertidas.

Fútbol callejero para paersonas sin techo

Futbol callejero para la promoción para las personas sin techo, tomada con el iPhone, único chisme a mano recién bajados del tren y con amenaza de lluvia.


De Hortus Botanicus

Ciencia, Viajes

Quizá una de las agradables sorpresas de mi reciente viaje a Amsterdam fue la visita a De Hortus Botanicus, en el barrio de Plantage. El objetivo inicial era visitar las zonas verdes que según la guía son el atractivo principal de esa zona de la capital neerlandesa. Luego descubrimos que por un motivo u otro, en casi todas había que apoquinar unos cuantos euros por una entrada. Así que decidimos que el más tranquilo, y con posibilidades para picar algo a la hora de comer que se acercaba, era este jardín botánico, uno de los más antiguos del mundo, que se fundó en la primera mitad del siglo XVII con el fin de suministrar de plantas medicinales a los médicos de la ciudad. Loable intención.

El tema es que nos gustó. No especialmente por el interés botánico, ya que nuestras entendederas sobre el tema no dan para mucho. Pero sí por dos motivos principales. Por un lado, por la paz y tranquilidad que se respiraba, que invitaban a relajarse y a sentirse bien. Los invernaderos, amplios y cálidos, alguno muy cálido, nos sustraían del viento frío que a ratos soplaba en la ciudad. Al mismo tiempo, la penetración de la luz del sol generaba el estado de ánimo optimista que le es propio.

De Hortus - Tomando el sol

La tranquilidad de los invernaderos, como el de las especies subtropicales, invitaba al relajo - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

De Hortus - El niño lo pasa bien

Algunos niños habían acudido acompañados de sus padres, pero incluso sus nerviosos movimientos no molestaban al resto de los visitantes - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Por otro lado, el jardín me ofreció en poco rato un sinnúmero de oportunidades fotográficas, dada la indudable fotogenia de las especies vegetales, unida a la suave luz de los invernaderos. Los colores verdes saturados, contrastando con la umbría producida por el acúmulo de árboles y arbustos, producía escenas de gran interés gráfico. Reconozco que el objetivo de 20mm f/1,7 de Panasonic se comportó de forma excelente.

De Hortus - Plumas

Delicadas flores como plumas en esta planta propia de climas mucho más cálidos que el de la capital neerlandesa - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

De Hortus - Condensación

La elevada humedad de alguno de los invernaderos, unida a los bruscos cambios de temperatura entre el exterior y el interior, provocaba la condensación en la lente frontal del objetivo, causando este aspecto evanescente - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Pero sin lugar a dudas uno de los lugares más entretenidos fue el invernadero de las mariposas. Con elevada temperatura y mucha humedad, lo que nos hizo sudar en nuestra indumentaria invernal, paseamos entre una lujuriante vegetación, entre la que sobrevuelan algunas especies de mariposas. Éstas, con gran actividad por la elevada temperatura, son difíciles de fotografíar, pero nuevamente, un poco de paciencia, muchas tomas fracasadas, y el buen hacer del 20mm, permiten un relativo éxito.

De Hortus - Capullos

En un rincón del invernadero, se encuentran las crisálidas en cuyo interior se desarrollan las pupas de las futuras mariposas - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

De Hortus - Mariposa

Tras mucho insistir, esta mariposa se deja fotografiar con el esplendor de sus alas extendidas - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Terminábamos nuestra visita con hambre, así que nos dirigimos al café de la orangerie donde comimos unos ricos bocadillos, y tomamos tranquilamente el café, antes de seguir haciendo turismo. Una visita no prevista, pero muy muy agradable. Y recomendable. Aunque sale un poquito cara.

De Hortus - Tomando el café

Después de la visita, una charla relajada en la orangerie del Hortus - iPhone

Lluvia y mas lluvia para terminar nuestros días en Amsterdam

Viajes

Finalmente, ha llegado mi última mañana del viaje. A mí. Que a mis acompañantes les queda buena parte de la tarde. Es lo que tiene vivir en Madrid y volver por Madrid, sin necesidad de luego buscar un transporte decente para llegar hasta Zaragoza.

Habíamos visto que la mayor parte de las tiendas habrían los domingos. Así que el plan era ir de compras. Más cuando hemos visto que amanecía una mañana de lluvia continua, y a ratos intensa. Pero mi gozo en un poco, ya que no nos habíamos dado cuenta de que el horario de apertura de las tiendas era a partir de las 12 horas. Justo cuando yo tenía que pasar por el hotel para recoger el equipaje y marchar para Schiphol. Así que nada; un paseo por algunos sitios ya vistos, con una nueva luz y otras sensaciones. Y hasta la próxima.

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Y a la señora de bronce, ¿quién le pone un paraguas?

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Apenas una pareja emparaguada por la salida trasera del Begijnhof.

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Si aplicamos lo de dime de qué presumes y te diré de qué careces, ya sabemos cuál es el problema de estos holandeses.

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La lluvia arrecia mientras paseamos a orillas del Singel.

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Pocos paseantes se animan a visitar estos puestos de artistas en Halvemaansteeg.

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La conclusión es clara; en el Mercado de las Flores más que flores se venden cebollinos.

Y bueno. Ya hablaré otro rato de lo que supone viajar con Vueling. Que ahora estoy de buen humor por haber adelantado el tren una hora, como para malhumorarme por culpa de las compañías aéreas de “bajo coste”. Pero hablaré. Seguro. Quizás mañana. O no. Que a lo mejor sigo de buen humor.

Qué gran cosa es la buena luz… y la hemos tenido, sí

Viajes

Pues en principio, ya vale de Amsterdam. En cualquier caso, el último día, el domingo, dará tiempo a dar alguna vuelta más por la populosa ciudad holandesa. En cualquier caso, hoy era un día para dar una vuelta por el país.

En primer lugar, nos hemos ido a La Haya, la capital. El objetivo principal era visitar el Maurithuis, un pequeño museo donde se exhibe la colección de pinturas de la Casa Real. Y las hay famosas, como la Joven de la Perla de Vermeer, o la Lección de anatomía de Rembrandt. Un paseíllo por los patios del Parlamento neerlandés, y luego nos hemos hecho un lío sobre qué queríamos a hacer que nos ha llevado a pillar una mojadina por la lluvia sin conseguir nada en claro. Así que hemos comido algo, y después con buen tiempo, hemos ido volviendo hacia la estación.

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Campeonato de fútbol callejero para personas sin techo en una de las plazas de La Haya.

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La Mauritshuis, sede del museo que guarda la colección de pinturas reales, con la Joven de la perla como emblema.

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Hacía frío, y vientecillo, pero estos chicos no han dudado en despojarse de sus abrigos, obsérvense al fondo, para quedar glamurosos en tan melosas fotos.

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Una pistola rosa y un tipo anunciando a Cristo; pues vale...

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Llega a la estación de La Haya HS el intercity que nos llevará a Delft.

El siguiente destino era la coqueta ciudad de Delft, entre La Haya y Rotterdam, a pocos kilómetros de ambas. Y vuelta a llover, aunque nos ha dado tiempo a refugiarnos visitando la imponente iglesia que hay el la Grotte Markt. Después ha salido el sol, con su arco iris y todos y hemos dado un bonito paseo por entre los canales de la ciudad.

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Tremenda tromba de agua y aire en la Grotte Markt de Delft.

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La tumba de Guillermo de Orange, uno de los principales próceres del país.

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Cuando la luz aparece como aparece, el fotógrafo aficionado sabe que ha sido bueno y está siendo recompensado.

Y el siguiente destino, uno totalmente desconocido para mí. La ciudad de Leyden, que aunque mayor que Delft, también es muy coqueta, con su casco histórico rodeado de canales, su universidad con sus jardines y una tranquilidad muy relajan a la caída de la tarde. Hemos cenado allí, antes de volver a Amsterdam. Mañana, último día.

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Tranquilas palomas en los canales de Leyden; una tarde pacífica con una luz suave y cálida a pesar del nublado.r

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Poemas en las fachadas de los edificios de Leyden.

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Agradables jardines junto a la antigua Universidad de Leyden.

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Ni un alma a las ocho menos cuarto de la tarde en las calles de Leyden.

Sol y buen tiempo, y una tarde en Haarlem

Viajes

Bueno. Hoy ha salido el sol. Por lo menos, toda la mañana y una parte apreciable de la tarde. No es que nos hayamos librado del chaparrón de turno. Pero bueno. No se ha notado tanto el frío y han dado más ganas de pasear. Desde primera hora de la mañana, ya que hemos ido caminando, paseando entre canales hasta nuestro primer destino.

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Ya hay animación en Raadhuisstraat a primera hora de la mañana.

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Nunca he sabido muy bien para que sirven esas palas en los barcos fluviales.

Primer destino que no era otro que la iglesia clandestina del ático, en la zona vieja de la ciudad. Una curiosidad más que nada. Después hemos ido a ver la Iglesia Vieja, notable templo, que estaba en parte en restauración.

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Desangelada estaba la iglesia en el ático por los trabajos de restauración.

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Las vidrieras de la Iglesia Vieja están más dedicadas a los notables de la ciudad que a las cosas religiosas.

Hemos seguido paseando. Ante tanto sol, queríamos conocer las zonas verdes de la ciudad y nos hemos dirigido hacia Plantage, para encontrarnos que la mayor parte de estas zonas verdes son de pago. Que si un jardín botánico, que si un zoo, que si… lo que fuese. Hemos optado por el jardín botánico, y no nos hemos arrepentido porque, aunque pequeño, los invernaderos están muy bien. Especialmente el de las mariposas.

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Muchos niños paseando con su padres por los invernaderos del Hortus.

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Con el calor que tienen y lo activas que están, ¡qué difícil es fotografiar a las bonitas mariposas de este invernadero!

Hemos aprovechado para comer allí. Después, visto que lo más importante de la ciudad estaba ya paseado, hemos ido tranquilamente hacia la estación. Nos hemos ido a pasar la tarde a Haarlem.

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Este barcazo tan bonito está demasiado limpio y colorido para resultar natural.

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Los trenes son mucho más modernos que hace 17 años, pero igual de amarillos.

Haarlem es una ciudad muy mona, cuya zona más interesante, descontados los museos, se ve en un ratito. Nos han llamado la atención las tiendas de quesos, las casitas adosadas a la catedral y habilitadas como negocios de todo tipo,… ¡y un molino de los chachos! Que pena que se haya puesto de llover, y lo hayamos pillado con tiempo gris.

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Las casitas adosadas a la catedral son tiendas, peluquerías, etc.

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El molino de Adrián; bien mono bajo el cielo nublado.

Pero en fin, es lo que tiene el turismo. Te pasan estas cosas. Así que hemos vuelto a Amsterdam y hemos hecho tiempo para cenar dando un paseo sin mucho rumbo. Como quien no quiere hemos dado con la que debe ser la calle de putas más estrecha del mundo… y no la habíamos encontrado en ninguna guía. Que cosas.

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Con tanto turista, los potenciales clientes no tienen espacio para negociar con las profesionales.

Hoy, beaterios, museos y canales

Viajes

Pues esto se cuenta pronto. Como la predicción meteorológica no era buena, hemos decidido ir de museos. Y con esa intención hemos salido del hotel. Lo que pasa es que a primera hora de la mañana han salido algunos rayos de sol y nos hemos entretenido entre algunos canales, el beaterio (Beginhof) y el mercado de las flores.

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Un sol prometedor en los canales de Amsterdam a primera hora de la mañana... ¿durará?

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De Gloyende Oven... sea lo que sea que significa, en el Beginhof de Amsterdam.

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Beginhof, con sus casitas... tan monas.

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Potencial cliente en el mercado de las flores, ¿o simple turista curioso?

Cumplido este trámite, y con amenazadoras nubes acechando, hemos visitado tres museos. El primero ha sido capricho mío. Y me ha gustado. Ha sido el Foam_Fotografiemuseum Amsterdam. Una cucada de casita a orillas de un canal en el que los diversos pisos sirven para distintas exposiciones así como para la actividad editorial de la institución. Luego, los típicos; el Rijksmuseum y el Van Gogh. Ambos estaban hasta el culo de gente. Menos mal que habíamos tenido la precaución de sacar la entrada por internet, lo que nos ha evitado las colas.

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Una de las agradables salas del Foam_Fotografiemuseum Amsterdam

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No falta la animación en las afueras del Rijksmuseum.

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Este añadido para exposiciones temporales del Museo Van Gogh no estaba hace 17 años.

Tras los museos, y habiendo comido en el Van Gogh, nos hemos paseado para bajar el pollo por el Vondelpark, y hemos tomado café en la cacería del Hotel Americano. Muy mona y colorida.

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Algunos rayos de sol se asoman tímidamente en Vondelpark; a estas alturas ya ha caído algún chaparron.

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Hace frío cuando sopla el viento, así que toca calentarse en el Café Americano.

Tras pasar por el hotel para dejar algunos bultos, y abrigarnos un poco más para el final de la tarde, hemos salido ha pasear entre los canales. Claro, como nos habíamos abrigado, hemos tenido sol toda la tarde. Claro que a la sombra y con vientecillo,… hacía una rasca.

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Qué complicado es fotografiar a Ana Franck bajo la lluvia.

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Un habitante de los canales de Amsterdam se asoma para saludarnos.

Finalmente, antes de cenar hemos paseado por la zona comercial del centro. Hoy jueves, los comercios cierran a las nueve de la noche, y había mucho ambiente. Hemos cenado en un garitillo muy majete, con unos holandeses muy simpáticos, y ya nos hemos venido al hotel porque se ha puesto a llover. A tomar un chisme y a escribir estas líneas. Y hasta mañana.

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Ayer, a las seis y media de la tarde, esto estaba muerto; hoy a las ocho, menudo ambiente.

Amsterdam, es decir, bicicletas, viento, lluvia, frío, sexo… o algo así

Viajes

Bueno. Pues estamos en Amsterdam. Más bien con ambiente invernal y no primaveral como uno podría esperar dadas las fechas. También habría que saber que entienden los holandeses por primavera, claro. Con el solecico tan rico que hacía en Barcelona cuando he cogido el avión. Pero la salida de la aparatosa estación Central de Amsterdam ha sido como un bofetón de fría realidad en la cara.

En la terminal 1 del Prat

Sol y buen tiempo en la terminal uno del aeropuerto del Prat.

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Hace 17 años, ante la estación central estaban las mismas obras y las mismas grúas, o me lo parece a mí; los tranvías son más modernos.

Tras acomodarnos en un hotel que está mejor de lo que aparenta en una primera impresión, a la vera de uno de los más monos canales de Amsterdam. Nos hemos ido a pasear. A ver, pues eso, casitas monas y canales. La verdad es que hemos ido sobre todo por el centro, alrededor de la plaza del Dam, que quizá no es lo más mono de la ciudad. Eso sí, hemos empezado a divagar y hemos aventurado una teoría. Los auténticos habitantes y dueños de la ciudad son las bicicletas y los tranvías. Que tienen parasitados a los seres humanos para que les aporten la energía necesaria para que se desplacen por la ciudad. A las bicicletas, particularmente, les gusta reunirse todas juntas en las aceras donde supongo que hablarán de sus cosas. Mientras, los seres humanos, esclavos de las anteriores, caminan por donde pueden esquivando a las bicicletas que se mueven, a los tranvías, y a los canales. Supongo que morirán muchos. Es difícil esquivar tantas agresiones.

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El hotel Rembrandt, donde pasaremos las próximas cuatro noches.

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Pues eso, Amsterdam; canales, puentes, casitas, turistas paseando,...

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Amena reunión de bicicletas ocupando la acera, mientras los peatones se juegan el cuello pasando por donde pueden.

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Este amenazador tranvía tocaba la campana por lo menos antes de atropellarte, dándote una posibilidad a la salvación.

Tras visitar una librería de libros en inglés realmente muy mona, nos hemos metido por la zona más comercial aunque todo había cerrado a las seis. Los comercios más animosos andaban cerrando a las siete de la tarde. Supongo que a esa hora, los humanos son reclamados por las bicicletas para que las lleven a sus casas. En cualquier caso, uno de los escaparates lo tenía claro: el sexo vende.

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En la estupenda librería americana, en la que había alguna gente; mucha menos que en otro tipos de comercios que hemos visitado más adelante.

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El sexo vende; aunque en esta tienda se lamentan de que en realidad lo que venden son vaqueros.

Y eso es lo que venden en esta ciudad, especialmente a los turistas en el Barrio Rojo. Tras discutir sobre si entrábamos a “la tienda más vibrante de la ciudad”, hemos comprobado cómo auténticas manadas de turistas acompañados por guías iban recorriendo las calles y los canales del pecado. Los más emocionados lo japoneses. Un ratito nos hemos acoplado a un grupo de argentinos con guía en castellano, quien les explicaba bajo la lluvia cómo se producía las transacciones comerciales entre las prostitutas de los escaparates y los clientes. Como curiosidad, hemos pasado junto a uno de los escaparates cuando se producía una de estas transacciones. 50 euros. Desconocemos lo que comprende el servicio por ese precio.

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Nana, la más vibrante tienda de la ciudad...

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Emocionados súbditos del trono del crisantemo, a la expectativa de entrar en uno de los gazillones de museos del sexo que hay en el Barrio Rojo de Amsterdam.

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Un guía explica en castellano a un grupo de argentinos cómo es la mecánica del comercio carnal con las trabajadoras del barrio.

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Las luces rojas indican los "escaparates" de mozas con poca ropa; no, no me he dedicado a intentar fotografíar a ninguna de ellas... tengo cierta ética.

Tras cenar, hemos intentado dar un paseo, pero hacía un frío que pelaba, así que nos hemos venido al hotel a tomar un chisme a charra un rato y a escribir esta entrada del blog. Y hasta mañana.

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Con la noche cerrada, el frío se ha vuelto intenso,... o sea que al hotel.