[Libro] La sonrisa etrusca

Literatura

En los cuatro meses que llevamos de año, aun no se han cumplido, llevo dos bloqueos lectores. Cuando pensaba que estaba superando el primero que empezó a acontecerme hacia final de enero, llegó el nuevo coronavirus y puso mi cabeza en rompan filas con poca capacidad para concentrarme en la lectura. Y con mis tiempos habituales de lectura desordenados. Me pilló la cosa comenzando apenas la lectura de este conocido libro de José Luis Sampedro, un libro que data ya de hace más de 30 años, cosa que hay que tener en cuenta a la hora de valorarlo.

Sampedro nos habla de Salvatore Roncone, un sexagenario calabrés, diagnosticado de cáncer, cuyo hijo Renato se lo lleva a Milán para ser tratado, ciudad donde se ha casado con Andrea, profesora universitaria y hace poco ha tenido un niño, Brunettino. Comenzamos la novela con Salvatore, alias “Bruno” cuando fue partisano en la guerra mundial, contemplando el sarcófago de Los Amantes en el museo etrusco de Villa Giulia en Roma. Y a lo largo de la novela asistiremos a la transformación que se da en los últimos meses del anciano antes de que la Rusca, como llama a su enfermedad le lleve a su final.

Casi toda la novela de hoy transcurre en Milán, y allí me voy fotográficamente. A mi inolvidable primer viaje a la capital lombarda. Visita incluida a la Pietà Rondamini de Michelangelo en el palacio Sforzesco, que al igual que yo, admiró también el protagonista de la novela.

Adquirí el libro electrónico en una oferta de mi tienda habitual de los mismos. Por supuesto, había oído hablar mucho y bien tanto del autor como del libro, pero por motivos… los que sean, nunca se me había puesto a tiro un volumen de Sampedro. Salvo que he de decir, que según mis registros, muchos años ha intenté leer esta novela a partir de un ejemplar de una biblioteca pública y me atraganté. Comenté en su momento que empezaba a leer el libro, e inmediatamente recibí muchas opiniones positivas de diversas personas, casi todas algo mayores que yo, de forma muy entusiasta, lo que elevó mis expectativas. Que además se veían confirmadas por la trayectoria del primer tercio de la novela.

Sin embargo, poco a poco me di cuenta que mis sensaciones empezaban a divergir de las de quienes aplaudían mi elección. Primero, Sampedro cuenta desde la mirada del anciano, cuya “autenticidad” popular puede ser tan cuestionada como la presunta “maldad” de la urbanita de su nuera. Empecé a imagina la historia desde la mirada de Andrea, empecé a empatizar con ella, pese a que Sampedro lo pone difícil, y empecé a ver las cosas de una forma muy distinta a la de todos aquellos, especialmente aquellas, que entusiasmadas me alababan mi decisión de leer el libro. Segundo, cuando llegamos a un cierto punto de la novela y durante no pocas páginas… no aparecen ideas nuevas en ellas. Sampedro se dedica a dar vueltas una y otra vez a los mismos conceptos sin hacer avanzar la historia que, para lo que cuenta o lo que nos quiere hacer sentir, se hace innecesariamente prolongada. Y eso me lleva a que me descuelgue hasta cierto punto de la misma, contribuyendo a mi bloqueo lector. Aún se me hace más difícil seguir adelante con la lectura.

No creo que Sampedro sea honesto. En una recta final donde se vuelve a poner las pilar y a desgranar nuevas ideas y sensaciones, va poniendo en su sitio y haciendo justicia con los distintos personajes que pueblan las páginas del libro. No sé si con la debida intensidad, pero razonablemente. No podemos andar con falsos maniqueísmos a estas alturas. Y Salvatore Roncone, dejando a un lado la compasión que nos despierte o la simpatía por su evolución como abuelo y galán algo más que otoñal, no deja de ser un duro ejemplar de una cultura rica, pero también retrógrada, violenta, supersticiosa y bruta.

Sin duda un libro interesante, pero que hay que leer con mayor sentido crítico y con mayor perspectiva histórica y sociológica de lo que nos puede parecer sino queremos ser arrastrado a un simplismo en la interpretación de la historia, que no creo que sea lo que pretendía su autor.