TV – Fantasías diversas en series occidentales

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Con dos series británicas parecía lógico optar por Londres en las fotos de hoy. Recordad que también podéis seguir este Cuaderno de ruta en estos momentos en Substack.

Cuando vi la excelente Shogun, me pregunté si su protagonista femanina, Anna Sawai, me pregunté si me sonaba de algo. Vamos… que me sonaba de algo. Así que, ni corto ni perezoso, busqué en IMDb o en la Wikipedia, no recuerdo exactamente, y comprobé que sí. Que la había visto en tres series de televisión. En dos de ellas, una que no estaba mal, y otra que es de mis favoritas, no me dejó especial recuerdo, porque su papel era secundario. Tuviera más o menos presencia en ellas, no fue la suficiente para que me impactara ni positiva ni negativamente. Pero la otra… de la otra sí que me acordaba. Y la impresión que me dejó fue… más bien negativa. De hecho, ni siquiera me planteaba ver la segunda temporada. Esa serie era Monarch: Legacy of Monsters. La serie me pareció mala, y la interpretación de Sawai… también. 

Pero en su papel de mujer samurái de la época Sengoku estuvo muy bien, realmente. No sé si tanto como para que tuviera tantos premios. Pero muy bien. Me pregunté si a lo peor no vi la serie del MonstruoVerso con el estado de ánima adecuado. Si lo había enfocado mal o algo… El público votante en IMDb no se mostraba entusiasmado con la serie, pero le daba un aprobado holgado… Así que cuando se anunció en Apple TV la segunda temporada, adopté una postura mental abierta, me dispuse a verla con atención y… la serie me sigue pareciendo muy mala, y el trabajo de Sawai me sigue pareciendo malo. Como el de la mayor parte del reparto. Creo que no es culpa de los intérpretes sino del planteamiento general de la serie, que me parece horrible. Aun así me la tragué entera. La temporada. Por ver si remontaba. Y oye… que igual es mejor que la primera. Pero claro… para eso no hacía falta esforzarse mucho. No me pillarán en la tercera. O igual sí. Quién sabe.

Por lo demás, en los últimos tiempos no he estado muy centrado en las series de televisión, salvo para matar algún rato con alguna serie de animación nipona. Y los fines de semana, alguna serie surcoreana he ido siguiendo, pero poco más. En vacaciones, tenía otras cosas mejores que hacer. Aunque en esto llego y aparece en pantalla el aviso de la tercera temporada de Good Omens, la divertida serie basada en la obra de Terry Pratcher, protagonizada por un ángel (Michael Sheen) y un demonio… ángel caído (David Tennant)… una bella historia de amor, si te paras a pensar. Reforzada por esta “tercera temporada”. Y entrecomillo porque no es una “tercera temporada” aunque así aparezca en Amazon Prime Video. Es un largometraje de aproximadamente hora y media de duración, para dar una conclusión definitiva a la serie, con el universo nuevamente en riesgo de “fin del mundo”. La película es entretenida, no está al mismo nivel que el conjunto de la serie, pero es de obligada visión y la has visto. Y su conclusión, el tipo de universo que a mí me complace más… a mí me convence bastante. Es lo que hay.

[TV] Cosas de series; epopeya familiar y enredo familiar

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De repente me encuentro con que tengo un montó de series acumuladas para comentar. No sé muy bien como ha sucedido esto. Y no sabía si seguir el orden de visualización, agrupadas como siempre por algún criterio de algo que tengan en común, o dar un poco de prioridad a lo que simplemente me apetecía comentar. Así que al final he optado por esto último, aunque la temporada segunda de una de las series terminé de verla justo ayer. Pero, realmente, es una de las mejores series del momento, bien hecha, bien interpretada, y con alma, y me apetecía hablar de ella. Ya.

La acción de la serie transcurre mayoritariamente en Japón. Entre Osaka y Tokio, con alguna otra localización como alguna zona rural y Nagasaki. Y Nagano en el último episodio. Por ello, fotográficamente nos trasladamos al parque Ueno en la capital nipona.

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Pero vamos primero con The perfect couple, una serie original de Netflix que vi antes de mis vacaciones. Seis episodios de una hora de duración para desentrañar el misterio de un asesinato, en una mansión de ricachones en la isla de Nantucket, en la costa atlántica de los Estados Unidos. Uno de los hijos (Billy Howle) de de una pareja «perfecta» formada por una escritora de superventas de fama (Nicole Kidman) y su marido (Liev Schreiber) se va a casar con una chica (Eve Hewson) de una familia normalita. Pero durante los festejos previos a la boda, la mejor amiga de esta (Meghann Fahy) y su dama de honor es encontrada muerta en la piscina de la mansión. Y pronto se sospechará un asesinato. Y también que la pareja «pefecta», y su «perfecta» familia, pueden no ser tan «perfectos».

Una adaptación de una novela reciente, realmente todos los elementos de este drama criminal suenan a vistos con anterioridad. Es curioso que poco después de ver la serie, preparando el viaje a Singapur, para ambientarme, vi de nuevo Crazy rich asians, que también va de la relación de una chica normal con un ricachón, en el ámbito de las fiestas por un bodorrio. Y salvando las distancias entre un drama criminal y una comedia sin crímenes notorios, los estereotipos son los mismos. Por lo que el principal aliciente es el reparto de campanillas, al menos a priori, y la esperanza de que, aunque no sea muy original, se deje ver. Al final te deja insatisfecho. No está mal, se deja ver. Tiene la virtud de ser sólo seis episodios, pero tienes la sensación de que podría haberse hecho mejor. El buen hacer de varios de sus intérpretes eleva el producto, pero no lo acaba de sacar de cierta mediocridad. Uno de los problemas es que es difícil empatizar con ninguno de los personajes. Ni puedes decir que haya un/a villano/a atractiva que te enganche. Na…

Pero tenemos como plato fuerte de esta semana la segunda temporada de Pachinko, la serie de Apple TV que también adapta una novela de éxito de una autora coreano-norteamericana. Recordemos que, a pesar de que la acción transcurre principalmente en Japón, y los diálogos son en coreano y japonés, con una minoría en inglés, la serie es una producción estadounidense. Y nos cuenta la peripecia de una familia de coreanos, que inmigraron a Japón antes de la guerra mundial, y permanecieron en el País del Sol Naciente tras la misma. La historia se nos cuenta en dos líneas temporales paralelas. La principal que es la historia de la vida de Kim Sunja (Kim Minha) desde que queda embarazada y se traslada con su marido a Osaka junto con el resto de su familiar. La secundaria es lo que sucede en los años setenta del siglo XX, con Sunja ya anciana, y su nieto Solomon (Jin Ha) luchando por ser alguien en un país donde los prejuicios siguen presentes, incluso siendo un joven nacido en Japón y educado en Japón. Los temas principales son el esfuerzo por sobrevivir y prosperar en circunstancias diversas, muy difíciles en ocasiones, de la familia, y la discriminación debida al racismo y la xenofobia que sus miembros sufren tanto por la población japonesa, como por los americanos cuando se relacionan con ellos.

La novela en la que se basa la serie tiene tres partes o tres libros. Y, como podíamos suponer, la segunda temporada adapta el segundo libro, con elementos del tercer libro en lo que se refiere a la línea argumental de Solomon. Abarca la época de la guerra mundial y la inmediata posguerra. Si los hilos conductores principales de la trama principal giran en torno a Sunja, y en torno al padre biológico (Lee Min-ho) de su primer hijo, Noa (Kim Kang-hoon). El centro de atención de esta segunda temporada, por decirlo de alguna forma, es la evolución de este, en su lucha por superarse y entrar en la universidad. En la época moderna, Solomon inicia una relación con una joven japonesa de buena familia (Anna Sawai), al mismo tiempo que intenta recuperarse de los reveses sufridos en su empresa y en sus negocios. Aunque eso le suponga vender su alma al diablo. La serie sigue con un nivel altísimo. Con interpretaciones excelentes y una cuidadísima producción, hay algunos episodios verdaderamente antológicos. Para mí es de lo mejor de la actualidad. Desde luego lo mejor que he visto yo en los últimos tiempos.