[Cine] Ballad of a small player (2025)

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Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Uno de los días más divertidos de mi vida estando viajando solo, a mi aire, durante 24 horas, en Macao.

Ballad of a small player (2025; 49/20251101)

Me salto una película, la que hace la número 48 de 2025, que comentaré otro día, y paso a hacer un comentario rápido de este largometraje que se estrenó recientemente en Netflix, y que me llamó la atención por diversos motivos. Con un reparto interesante, y un director, Edward Berger, que en los últimos tiempos nos está presentando trabajos no menos interesantes, como este, o este, me llama la atención que parece haber llegado a la plataforma de contenidos de forma un tanto subrepticia. De tapadillo. ¿Poca confianza en ella? Vamos a ver.

En Macao, un presunto aristócrata británico, Colin Farrell, agota su crédito en los hoteles y los casinos de la antigua colonia portuguesa. Todo parece ir cuesta a abajo, en un proceso de desmoronamiento personal imposible de frenar. Pero conocerá a una prestamista china, Fala Chen, con la que iniciará una cierta relación, entre lo real y los fantástico, que puede dar esperanza a su situación, mientras una investigadora, Tilda Swinton, va tras él para reclamarle el dinero de sus deudas en otras latitudes del mundo.

La película, que en español tiene el tonto título de Maldita suerte, me generó mientras la veía sentimientos contrapuestos. Ciertamente, el oficio como realizador del director se nota, con planos precisos y ambiciosos, que cambian de tono entre la atmósfera del lujo de los casinos y de las suites de hotel, y los paisajes urbanos menos glamurosos que se pueden encontrar en algunos barrios o en las áreas costeras de Macao. Pero el tono entre el thriller y la historia de fantasmas no acaba de convencerme del todo, y en varios momentos de la película estuvo a punto de sacarme de ella. Especialmente estando viéndola en casa, un lugar donde te desconcentras más fácilmente que en la sala de cine.

Por otro lado, las interpretaciones tienen su mérito, pero se apoyan demasiado en el papel de Farrell, al que obligan a adoptar un tono quizá demasiado histriónico, cuando yo siempre me siento más a gusto con interpretaciones contenidas y sutiles. Si a eso sumas algunos planos visceralmente desagradables… lo que decía. Estuve todo el tiempo con un pie fuera del filme. Un filme que no me atrevo a recomendar, pero al que el amante del cine menos convencional quizá quiera dar una oportunidad. Desde luego, una película que no imaginaba yo que tuviera su sitio en una plataforma como Netflix, tal y como está evolucionando la plataforma en los últimos tiempos. En cualquier caso, como alguien ha dicho por ahí… ¿mucho ruido y pocas nueces? Que cada cual valore.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[Cine] Conclave (2024)

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Conclave (2024; 65/20241224)

Otra de las tradiciones del final de año, o del principio de año más bien, es que el primer día del año, en este Cuaderno de ruta, publico mi comentario sobre las últimas películas que he visto en el año anterior, con el fin de realizar el resumen del año al día siguiente. El año pasado me quedaron tres películas por comentar del 2023 para el primer día de 2024. Pero este año sólo ha sido una. Los días festivos no me han dado para sumergirme en los estrenos cinematográficos como otros años. Y la última del año la vi en la tarde de Nochebuena, o sea que hace ya más de siete días. Fue una película que, cuando la vi anunciada, me interesó. Hay películas y series muy interesantes sobre la sucesión papal, el reparto de esta película que os traigo hoy me parecía de muy alto nivel, así que me apetecía mucho ver qué visión nos aportaba el director Edward Berger a esta cuestión. Especialmente después de la interesante versión que nos ofreció de un clásico de la literatura bélica. O mejor dicho, antibelicista.

Durante la película que hoy nos ocupa, vamos a seguir los pasos del decano del colegio cardenalicio (Ralph Fiennes) cuando, a la muerte del papa, ha de organizar el cónclave que ha de elegir a su sucesor. Este cardenal británico, encuadrado en el sector progresista de la iglesia católica (en la medida en que un cardenal pueda ser progresista, que no lo es mucho), se preocupa tanto de que todo esté bien organizado. Pero ha llegado a un punto en su vida en el que le consumen las dudas. Y los problemas se acumulan. Cuatro cardenales se disputan a priori la cátedra De San Pedro; un italiano conservador y ultratradicionalista (Sergio Castellitto), un moderado canadiense, pero poco escrupuloso (John Lithgow), un africano cuya postura no es clara, más bien conservador (Lucian Msamati), y un estadounidense claramente progresista (Stanley Tucci). Pero le llegan informaciones que comprometen las posiciones de algunos de ellos por diversos escándalos. También se encuentra con que ha de admitir en el cónclave a un nuevo cardenal mejicano (Carlos Diehz), desconocido, que el anterior papa había nombrado de forma secreta, por la delicada situación en la que se encuentra al ejercer su ministerio en Kabul. Incluso la monja que organiza los asuntos hosteleros del cónclave (Isabella Rossellini), devota al anterior pontífice, puede tener su papel en el resultado. Mientras, en el exterior, comienzan a producirse atentados terroristas, que afectan incluso a las deliberaciones del colegio cardenalicio.

Durante la mayor parte del metraje, la película es estupenda, rozando la excelencia. Bien ambientada, dirigida con precisión, y con unas interpretaciones del nivel que podemos suponer en el reparto que he ido comentando. Profesionales de la interpretación con una trayectoria impecable, con calidades muchas veces demostradas, que no defraudan, con un Fiennes a la cabeza, uno de mis actores vivos favoritos, siempre sólido y versátil, que nos guía en sus dudas por los intrincados recovecos del cónclave. Con unos planteamiento que, aunque ficticios, nos parecen plausibles. Pero… Ah… Hay un gran pero en mi valoración global de la película y en las decisiones argumentales de la historia. Y es que, en el tramo final de la película, cuando ya está electo el que va a ser el nuevo papa, uno de los mencionados con anterioridad, aunque no diré quien, se produce una revelación que… desde mi punto de vista es innecesaria, cambia por completo el sentido de la película, convirtiéndola en una historia sensacionalista, y tirando a la basura, o al menos arrinconando todos los contenidos mostrados hasta el momento. Un giro… que para mí, no tiene sentido. Incluso ni siquiera debiera plantear problema ni dilema, y lo digo desde mi punto de vista como profesional de la medicina.

Es curioso. Esta película, en el 80 % del metraje iba destinada a ser una de mis favoritas del año. No es perfecta. Aunque tiene el mérito de reclamar a la iglesia católica un regreso a virtudes esenciales, a la espiritualidad (esto es imaginar que en algún momento ha tenido estas virtudes, que es mucho imaginar), también es cierto que algunos de sus argumentos son simples. Pero no necesariamente erróneos. Desde luego, la película no ha gustado a la jerarquía católica, les ha debido tocar al punto doloroso, especialmente a los más carcas. Pero sí ha gustado a otras gentes vinculadas a la religión católica fuera de las jerarquías, y que consideran necesaria esa reforma de formas y fondos. Pero, ay, esa salida de tono, sin mucho sentido, que aporta poco, desde mi punto de vista, Hace que todo se valla un poco al traste. Sigue siendo una buena película. Merece una oportunidad del aficionado al cine. Pero se aleja de mis puestos de honor del año.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Cine] Im Westen nichts Neues (2022)

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Im Westen nichts Neues (2022; 50/20221018)

En 2006 vi en mi aparato de televisión la película de 1930, dirigida por Lewis Milestone, All quiet on the Western Front. No suelo hacer reseñas en este Cuaderno de ruta de películas que no sean de estreno. Pero tanto me impresionó, que hice un breve comentario. No era la primera vez que la veía, de eso estoy seguro. Pero sí que había pasado mucho tiempo desde la vez o veces anteriores, quizá un par de décadas. Y la visión del mundo que te da la edad, mi mayor experiencia y conocimiento sobre el medio cinematográfico, y algunos elementos relacionados con ese momento de mi vida, hicieron que la apreciase de otro modo. La apreciase más y mejor. También había leído el libro de Erich Maria Remarque en el que se basa muchos años antes. Y lo volvía a leer en agosto de 2008, también con otros ojos y otra mentalidad, pasando a formar parte desde ese momento de mis imprescindibles en la biblioteca.

Así que, cuando me enteré que desde Alemania volvían a revisitar el texto de Remarque en una nueva adaptación al cine, me entró mucho interés. Es cierto que cuando supe que venía impulsada por Netflix se me enfriaron los ánimos, porque en materia de largometrajes, la plataforma en línea da muchas de arena por cada una de cal. En cualquier caso, dado que ha tenido un estreno limitado en cines para poder optar a determinados premios, decidimos que era película para verla en pantalla grande, y la vimos la semana pasada, antes de que este próximo viernes esté a disposición de todos los abonados a la plataforma. Veamos pues qué tal la nueva versión de esta historia, ya universal, dirigida en esta ocasión por Edward Berger.

Originalmente, Remarque nos contó la historia del soldado alemán de la Primera Guerra Mundial Paul Bäumer (Felix Kammerer), homenaje al as de la aviación del mismo nombre en el mismo conflicto, que se presenta voluntario para el frente al principio de la guerra, siendo partícipe de la misma durante toda su extensión. La película de Berger presenta algunas diferencias, algunas de ellas notables. La primera es que Bäumer se alista a principios de 1917, con la guerra muy avanzada. Se nos presentan algunas acciones tras llegar al frente occidental, y luego hay una elipsis que nos traslada a finales de octubre de 2018, a muy pocas semanas del alto el fuego y el armisticio. La segunda es que, en paralelo a la peripecia de Bäumer, se nos cuenta la de Matthias Erzberger (Daniel Brühl), representante del reich alemán que firmó el armisticio en Compiegne que dio lugar al final de las hostilidades. Este episodio no aparece en la novela de Remarque.

Dos cosas tenía claras cuando salimos de la sala de cine, en la que sólo estuvimos cuatro personas, nosotros dos y dos personas aisladas más. La primera es que la realización del película y las interpretaciones son de primer orden, pudiendo equipararse a las superproducciones norteamericanas bélicas de las últimas décadas, aunque probablemente con bastante menos presupuesto, aunque no falta esfuerzo de producción en el filme. Además la película avanza con ritmo manteniendo el interés del espectador, el guion es bueno. La segunda es que no tenía nada claro si la película era realmente fiel a la obra de Remarque o no. Y ahora no me refiero a la cuestión argumental, ya he señalado las principales diferencias, sino a su espíritu.

Tras casi una semana de reflexión, he llegado a la conclusión de que esta última cuestión me da igual. Remarque, en su novela, insistía en que no quería hacer una obra política, que lo único que buscaba era que el lector alcanzase la comprensión sobre la vivencia del soldado en el frente. Claro… esto en sí mismo es un acto político. Si alcanzamos la comprensión de lo que es la vivencia de los soldados en el frente, el terror, la lucha por la supervivencia, la perversa «lógica» de las decisiones militares, el absoluto desafuero que supuso la guerra de trincheras en aquellos miserables años, necesariamente estamos adoptando una postura antibélica. Quizá Remarque no quería hacer política, o quizá no quería cabrear (demasiado) a los sectores conservadores de la sociedad alemana (su novela fue denostada y condenada por Hitler, y su lectura fue prohibida en mucho ejércitos de distintos países). No es esa la intención de Berger, que si toma una postura clara desde el principio contraria no sólo a la guerra y los ejércitos, sino también a la actitud del militarismo prusiano (y también francés, el revanchismo gabacho por la derrota de 1871 fue una de las causas subyacentes a la guerra), especialmente puesto de manifiesto en la figura de los militares de alta graduación que desfilan en la pantalla.

La película me parece altamente recomendable. Es más cruda y directa a las vísceras que la novela de Remarque, que también destila a veces cierta poesía melancólica. Berger no nos hace perder la humanidad. Al fin y al cabo Bäumer y, especialmente, su compañero de fatigas el veterano Katz (Albrecht Schuch, auténtico robaescenas de la película) no dejan de mantener restos de humanidad en sus acciones, incluso en los momentos más difíciles de esos últimos días de la guerra, y a pesar del desencanto en el que se ven inmersos. Si no queréis ir al cine… donde os recomiendo que la veáis (aunque creo que en Zaragoza la han retirado tras una única semana), vedla en Netflix. Y vedla en versión original, por favor. La única que se ha estrenado en salas. Es la única forma de apreciar las sutilezas del diálogo y de los personajes, incluso si no sabes nada de alemán (o francés).

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****