¿Photoshop o no photoshop? He ahí el dilema.

Fotografía

Ayer sábado me di una vuelta por los quioscos para ver que había de nuevo, y vi que había un número nuevo de Visión Salvaje, una revista de fotografía de naturaleza, aparentemente cara (7 euros el número), aunque dada la calidad de impresión de las imágenes, merece la pena. Imágenes asimismo de gran calidad, que justifican el gasto en la calidad de impresión. Sería estupendo que la imprescindible edición en papel pudiese estar respaldada por una buena edición en internet, complementaria de lo que vemos en la revista.

Bueno, pues en el número 17 de la mencionada revista, ayer podía leer la editorial firmada por Daniel Montero, y titulada Momentos imaginados, que no imaginarios. He encontrado imágenes realizadas por el autor en las páginas de fotonatura.org; es bueno, saber que sus imágenes muestran que sabe de lo que habla. En esencia, el editorialista hacía una defensa de la calidad de la imagen desde el momento de la toma, con una cuidada composición y medición de la luz, y asumiendo la calidad de la luz que la meteorología en la naturaleza nos quiera brindar. Y criticaba, por lo tanto, el excesivo uso de los programas de tratamiento de imagen para tratar de convertir las imágenes en lo que no eran, produciéndose como consecuencia una degradación de la calidad de la imagen, tanto técnica como conceptualmente. Así entendí yo el mensaje.

En líneas generales, estoy de acuerdo en el mensaje… en gran medida. Ninguna fotografía es pura. Para los fotógrafos de naturaleza es casi obligado el uso de filtros, especialmente para la gestión del contraste, de modo que en el momento de la toma se superen las limitaciones del equipo a la hora de registrar lo que nuestro sentido de la visión nos permmite percibir. Que se pueda utilizar las nuevas tecnologías de computación para el mismo fin no tiene porque ser censurable. Lo que sí que puede ser cuestionable es la utilización de dichas tecnologías para mostrar una realidad que no existe o no ha existido. Que no se correspondía con el momento.

Pero por otra parte, la intención artística del fotógrafo le debe otorgar la libertad de utilizar los medios necesarios para obtener los resultados que su imaginación o su concepción le hayan sugerido. Y no será el juicio sobre los medios utilizados sino sobre la imagen final obtenida la que debe guiar al espectador de la obra del fotógrafo. Si se utiliza el “photoshop” para apañar una técnica mediocre, y el resultado “canta”, lo normal es que el espectador lo perciba y no aprecie la obra. Si el “photoshop” forma parte de una cadena en la que todos los pasos son técnicamente impecables, el resultado puede ser notable.

Como contrapunto, recomendaré un paseo por las imágenes de David J. Nightingale, comentado hace unas semanas en FotoMicrosiervos. No son específicamente fotografías de naturaleza, pero también las hay. Quizá por orientar el debate, merezca la pena echar un vistazo a la sección de fotografía HDR (High Dinamic Range), como ejemplo de extrema manipulación.

Yo me limitaré a proponer una modesta imagen del atardecer en el río Ebro a su paso por Zaragoza, sometida a un modesta corrección del contraste en un programa de tratamiento de la imagen.

El Pilar tras el puente

(Canon EOS 40D; EF 50/1,8)