Mil años de oración (2007)

Cine

Mil años de oración (A Thousand Years of Good Prayers, 2007), 27 de abril de 2008.

Nos encontramos ante el último filme que llega a las carteleras españolas del director de Hong Kong, Wayne Wang. Este director me agradó notablemente  en los años noventa con realizaciones del tipo de Smoke, Blue in the Face o La caja china. Pero luego dejó de interesar, introduciéndose en el tonto terreno de la mediocre tirando a nefasta comedia romántica o familiar actual. Por lo cual, lo tenía yo metido por ahí en un rinconcito de la memoria, cerca del olvido.

En este nuevo largometraje, cambia de registro. Nos encontramos ante una historia mínima, sobre un reencuentro entre un padre, chino, que viaja a los Estados Unidos donde vive su única hija, en una pequeña ciudad del oeste americano. El ha enviudado, ella se ha divorciado. Pronto se hace evidente que hay un profundo desgarro en la relación entre padre e hija. La comunicación es escasa, frecuentemente banal o convencional. Poco a poco descubrimos los motivos. Ambos viven sus mentiras. Pero todo conduce a que la hija por fin conoce que realmente su padre ha vivido en una mentira, pero no la que ella cree. Y esto lleva a un final esperanzador, en cierta medida.

La producción es austera, pero bien hecha. El director tiene oficio. Los actores, Henry O y Feihong Yu, están más que solventes en unos papeles con muy poco diálogo, con muchas miradas y muchos silencios. Siendo una historia mínima, el filme dura poco, porque poco más hay que contar.

En resumen, una historia que tiene su interés sobre relaciones familiares, dignamente realizada, que quizá tiene su punto más débil en que tampoco tiene mucho más que rascar. Le pondremos un siete en la valoración subjetiva, y otro tanto en dirección e interpretación. Amantes de la acción desenfrenada y del parloteo constante, abstenerse. Ya he dicho, pasan muy poquitas, muy poquitas cosas.

En la fotografía de hoy, una imagen con autorretrato el pasado día de San Jorge, en la Plaza de los Sitios de Zaragoza.

Marionetas y reflejo

(Canon EOS 40D; EF 50/1,8)