20 años de “Mujeres”

Cine

Fue la película que descubrió a mucha gente la existencia cinematográfica de Pedro Almodóvar. Algunos lo habíamos descubierto ya. Siempre he creído que La ley del deseo es la película que más me ha gustado en el momento de verla de las dirigidas por el director manchego. Y la que más me impresionó, supongo que porque todavía era muy impresionable, Matador. Todavía anterior. Me estoy refiriendo, por supuesto, a Mujeres al borde de un ataque de nervios.

Un repaso mental a la filmografía del director me lleva a concluir que casi toda ella es aprovechable. Lo he visto todo, salvo algunos cortos tempranos. Y creo que la única película cuya existencia deploro es Kika. Creo que ha marcado culturalmente y estéticamente a una parte de mi generación, y de las que me rodean. Incluso los que no gustan del peculiar realizador. Hemos sido influidos. Curiosamente, siendo uno de los directores menos estandarizados del cine español. Porque uno de los problemas del cine español es que hay mucha estandarización. Que toca guerra civil,… pues abundantes películas guerracivilistas,… algunas buenas, algunas malas. Que toca posguerra,… pues toma posguerra,… algunas malas, algunas buenas. Que toca cine social,… tira cine social para todos, más aburrido o menos aburrido. Que toca comedia pertarda,… pues lo dicho, algunas malas,… y otras peores. Pero Almodóvar ha ido fuera de la línea habitualmente; nos ha contado lo que le ha dado la gana contarnos. Pero siempre, siempre, ofreciéndonos una estética y un contenido nunca banales.

Si toca celebrar el aniversario. Pues lo celebraremos. Esta noche me pondré el filme, que está por ahí llenándose de polvo en alguna estantería de mi filmoteca particular. Y recordaré a los terroristas chiitas, y a los gazpachos que adormecen, y a los taxistas imposibles, y a los contestadores automáticos que vuelan desde las terrazas de los áticos… y sobre todo, a las mujeres, estén o no estén al borde del ataque de nervios.

Hoy pondré una imagen de la castiza Ribera de Curtidores en Madrid, escenario privilegiado de la película que aquí recordamos.

Ribera de Curtidores

 

(Canon EOS D60; EF 24-105/4L IS USM)