[Libro] Soy un gato

Literatura

Hace tiempo que no leía un libro de la interesante editorial Impedimenta. Editorial que, además de su atractivo catálogo, tiene otros dos alicientes. Sus libros de “árboles muertos” son una monada y sus libros de electrones, ceros y unos tienen unos precios razonables. Y hoy traigo un divertido libro de Natsume Sōseki, autor japonés que no es la primera vez que leo. Os lo cuento.

Soy un gato
Natsume Sōseki; traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Editorial Impedimenta, 2010
Versión electrónica

Como su propio título indica, el narrador de este libro, en primera persona, es un gato. Un gato doméstico. Sin mucha alcurnia. Ni siquiera tiene nombre. Y vive en el hogar del profesor de inglés de un instituto, Kushami, un tipo vago, bastante lerdo, dispéptico, feo, con su impertinente mujer, con sus más impertinentes todavía hijas y la criada, que va por el mismo estilo. Y por allí pasan una serie de personajes amigos, dicen, de Kushami. El cínico Meitei, el doctorando en físicas Kangetsu, dedicado a pulir bolas de cristal, y otra serie de individuos a cual más estrafalario o ridículo. Es la época de las victorias japonesas en la guerra contra Rusia, y estamos ante una sociedad nipona que oscila entre el tradicionalismo del periodo Edo y la modernidad traída por la era Meiji. En cada uno de los capítulos asistiremos a nuevas situaciones en las que el ridículo profesor y sus amigos, ante la mirada crítica y con enorme sentido de la superioridad del gato, se colocarán en situaciones absurdas, mantendrán diálogos alejados de toda racionalidad y la vida pasará como si tal.

Si el gato que encabeza la entrada lo podemos encontrar en la calle de las Armas de Zaragoza, este se encontraba por los tejados de Añón de Moncayo.

Si el gato que encabeza la entrada lo podemos encontrar en la calle de las Armas de Zaragoza, este se encontraba por los tejados de Añón de Moncayo.

Sōseki nos ofrece una sátira que en el peor de los casos nos mantiene con la sonrisa en los labios y en el mejor nos produce sonoras carcajadas. Con un estilo de escritura superior, se va a dedicar a “pelar” literalmente a los pequeño burgueses tokiotas, que pretenden ser sofisticados y cultos al mismo tiempo que muestran un provincianismo absoluto, que adelanta la falta de sentido ético del hombre de negocios moderno, que ridiculiza la erudición vacía, el ascetismo y la espiritualidad de escaparate, y que además confronta a una serie de hombres bastante necios en su conjunto, alguna excepción hay, a una serie de mujeres, siempre en segundo plano, pero siempre con enormes dosis de sentido común y racionalidad, también con alguna que otra sonora excepción.

A mi me ha encantado. Me lo he pasado realmente bien, me he reído mucho, y es una de esas obras en la que te das cuenta que, tras las formas culturales, los seres humanos son muy similares en todas partes. Aquí, y en Japón.

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Y este intenso mínino se paseaba por las tapias del pueblo viejo de Medinaceli.

 

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