[Libro] Kokoro

Literatura

Segundo de los dos libros que encontré a un precio interesante en la librería electrónica hace unas semanas. En realidad, este es el que andaba yo buscando ese día. El otro, que ya comenté, lo encontré de paso, por casualidad. Previamente, ya había leído algunas obras de Natsume Sōseki, uno de los principales escritores japoneses de la era Meiji, y de quien se dice que ha influido poderosamente en la literatura nipona del siglo XX. La primera que leí, que no deja de tener algún elemento en común con la actual, no me resultó fácil. La segunda, sin embargo, me encantó; es muy divertida y tiene un tono muy distinto, menos melancólico. En España se pueden encontrar varias de sus obras más importantes, como esta, publicadas por la editorial Impedimenta, que siempre hace muy buen trabajo al presentar sus libros.

Kitaguchi Hongu Fuji Sengen - Fujiyoshida

Santuario Kitaguchi Hongu Fuji Sengen en Fujiyoshida, en las faldas del monte Fuji. En la novela de hoy, una familia que lleva un templo o santuario, unos amoríos y una petición de mano generan bastantes problemas. Y en este templo o santuario nos encontramos con una boda tradicional sintoísta, así que me han parecido adecuadas las fotos.

En primer lugar vamos con el título. La editorial decidió no traducirlo. Kokoro (心) se traduce habitualmente como “corazón”. No obstante, la editorial comentó que la palabra tiene matices que hacían conveniente no traducirla al castellano. Como curiosidad, comprobemos algunas de las acepciones de la palabra “corazón” en el diccionario de la RAE.

Der. del lat. cor.

1. m. Órgano de naturaleza muscular, común a todos los vertebrados y a muchos invertebrados, que actúa como impulsor de la sangre y que en el hombre está situado en la cavidad torácica.

2. m. Palo de los cuatro que constituyen la baraja francesa, cuyas cartas llevan estampados uno o varios corazones rojos. U. m. en pl.

3. m. Ánimo o valor. No tuvo corazón para abandonarlo.

4. m. Sentimientos. Es una persona de buen corazón.

5. m. dedo cordial.

6. m. Centro de algo. El corazón de una manzana.

7. m. Figura de corazón representada en cualquier superficie o material.

8. m. Heráld. Punto central del escudo.

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Realmente, quizá fuese buena la idea de la editorial, si tenemos en cuenta que las dos acepciones de la palabra que más tienen que ver con el con el significado de la palabra kokoro se encuentran en tercera y cuarta posición, y que por delante de estas, muy importantes desde mi punto de vista, han colado el anecdótico hecho de que “corazón” sea uno de los palos de la baraja francesa. Diríase que los académicos no andan muy sobrados de corazón.

Curiosamente, si introduces en el buscador de Google la palabra “corazón”, entre las definiciones te ofrece en tercer lugar una que mejora considerablemente las ofrecidas por la RAE.

Lugar abstracto en el que están los buenos sentimientos (amor, generosidad, benevolencia, compasión, etc.) y lo más íntimo de una persona.

Esta definición procede, curiosamente, de los Oxford Dictionaries. No estamos tan alejados los occidentales de los nipones en este concepto, creo yo. Y tenemos el hermoso precedente de una de las obras literarias italianas más conocidas, Cuore de Edmundo de Amicis, en la que su titulo no se aleja ni un pelo del sentido que Sōseki le da al suyo. Vamos. Que aunque no me parece mal la decisión editorial, el título se podría haber traducido como Corazón sin problema alguno. Algún otro motivo tuvo que haber para esta decisión.

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Y desde el corazón, como ese lugar abstracto donde se encuentran los buenos sentimientos y lo más íntimo de la persona, nos llega el relato de un narrador cuyo nombre nunca conoceremos. Tiene muchas cosas en común con el Sanshiro de la novela del mismo título. Un joven, más o menos despistado, que desde provincias llega a la capital, Tokio, en los años finales de la era Meiji para estudiar en la universidad. La obra tiene tres partes muy definidas.

En la primera, el joven, durante unas vacaciones que disfruta en las playas de Kamakura, conoce a la persona a la que denominará como sensei (先生). Esta palabra se traduce habitualmente al castellano como maestro, pero también es una fórmula de respeto, un tratamiento honorífico nipón, con el que se dirige uno a una diversidad de personas y profesiones, como médicos, abogados, políticos y figuras o personas a las que dotamos de una autoridad. Sensei, el de la novela, es un desocupado que vive de sus rentas. Pero el narrador lo percibe como una persona con una autoridad, de la que tiene algo que aprender. Y durante esa primera parte conoceremos cómo se establece una relación de amistad entre ambos, aunque también de misterio. Sensei es un desencantado en profundidad del género humano, incluso a pesar de estar casado con una mujer que representa todas las virtudes que en la época se atribuían a la mujer japonesa ideal.

En la segunda, el joven, una vez terminados sus estudios, se traslada a su pueblo natal, donde su padre enfermerá gravemente. Coincide ese momento con el fallecimiento del emperador Meiji y el suicidió del general Nogi, que convulsionaron a la sociedad japonesa, ya de por sí confusa por los profundos cambios a los que se vio sometida durante el reinado de este emperador. Lo comenzó como un país feudal de estructura medieval; lo terminó como una potencia emergente industrial y militar. Esta época sume en la incertidumbre al joven narrador.

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En la tercera, el joven recibe una carta de Sensei, una especie de testamento en el que se sincera y explica los motivos de su escepticismo ante la vida y en especial ante el género humano. Un relato que sólo puede ser escrito desde el corazón, que ya hemos acordado que es ese lugar abstracto donde reside lo más íntimo de la persona.

He de confesar que mis reacciones ante esta novela fueron variando durante su lectura. Las dos primeras parte me las leí en poco tiempo, aunque exigían el parar de vez en cuando para reflexionar sobre lo leído. Establecen, por este orden, una relación interpersonal, un misterio y una reflexión. Sólo queda la resolución del misterio… la carta. Aquí, sin embargo, me atraganté un poco. Se me hace un relato quizá excesivamente prolijo, poco económico en palabras, en el que constantemente damos vueltas a través de unos mismos conceptos, incluso cuando la conclusión se hace evidente bastante antes de que lleguemos a ella. Creo que el concepto sobre el que se fundamenta el relato es excelente, pero creo que la resolución formal no está al nivel de las expectativas que tenía puestas en él.

Dicho lo cual, creo que es una lectura que merece la pena. Que nos permite entender mejor la evolución de una cultura que de unas formas u otras ha influido más de los que pensamos en la configuración de la cultura global en el siglo XX, incluso si ahora se ve eclipsada por el surgimiento de otras culturas emergentes en todo el mundo y en Asia en particular.

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[Libro] Soy un gato

Literatura

Hace tiempo que no leía un libro de la interesante editorial Impedimenta. Editorial que, además de su atractivo catálogo, tiene otros dos alicientes. Sus libros de “árboles muertos” son una monada y sus libros de electrones, ceros y unos tienen unos precios razonables. Y hoy traigo un divertido libro de Natsume Sōseki, autor japonés que no es la primera vez que leo. Os lo cuento.

Soy un gato
Natsume Sōseki; traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Editorial Impedimenta, 2010
Versión electrónica

Como su propio título indica, el narrador de este libro, en primera persona, es un gato. Un gato doméstico. Sin mucha alcurnia. Ni siquiera tiene nombre. Y vive en el hogar del profesor de inglés de un instituto, Kushami, un tipo vago, bastante lerdo, dispéptico, feo, con su impertinente mujer, con sus más impertinentes todavía hijas y la criada, que va por el mismo estilo. Y por allí pasan una serie de personajes amigos, dicen, de Kushami. El cínico Meitei, el doctorando en físicas Kangetsu, dedicado a pulir bolas de cristal, y otra serie de individuos a cual más estrafalario o ridículo. Es la época de las victorias japonesas en la guerra contra Rusia, y estamos ante una sociedad nipona que oscila entre el tradicionalismo del periodo Edo y la modernidad traída por la era Meiji. En cada uno de los capítulos asistiremos a nuevas situaciones en las que el ridículo profesor y sus amigos, ante la mirada crítica y con enorme sentido de la superioridad del gato, se colocarán en situaciones absurdas, mantendrán diálogos alejados de toda racionalidad y la vida pasará como si tal.

Si el gato que encabeza la entrada lo podemos encontrar en la calle de las Armas de Zaragoza, este se encontraba por los tejados de Añón de Moncayo.

Si el gato que encabeza la entrada lo podemos encontrar en la calle de las Armas de Zaragoza, este se encontraba por los tejados de Añón de Moncayo.

Sōseki nos ofrece una sátira que en el peor de los casos nos mantiene con la sonrisa en los labios y en el mejor nos produce sonoras carcajadas. Con un estilo de escritura superior, se va a dedicar a “pelar” literalmente a los pequeño burgueses tokiotas, que pretenden ser sofisticados y cultos al mismo tiempo que muestran un provincianismo absoluto, que adelanta la falta de sentido ético del hombre de negocios moderno, que ridiculiza la erudición vacía, el ascetismo y la espiritualidad de escaparate, y que además confronta a una serie de hombres bastante necios en su conjunto, alguna excepción hay, a una serie de mujeres, siempre en segundo plano, pero siempre con enormes dosis de sentido común y racionalidad, también con alguna que otra sonora excepción.

A mi me ha encantado. Me lo he pasado realmente bien, me he reído mucho, y es una de esas obras en la que te das cuenta que, tras las formas culturales, los seres humanos son muy similares en todas partes. Aquí, y en Japón.

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Y este intenso mínino se paseaba por las tapias del pueblo viejo de Medinaceli.

 

[Libro] Sanshiro

Literatura

Ya he comprobado que la editorial Impedimenta es de las pocas que segmentan los precios de sus libros según si son ediciones en papel o ediciones electrónicas de forma relativamente razonable. Bien es cierto que la edición electrónica pierde el encanto de las excelentes presentaciones que hace esta editorial con sus libros de árboles muertos. Pero tiene un catálogo interesante, y si el precio se pone interesante,… pues iremos a ellos. En este caso con una novela del japonés Natsume Soseki.

Sanshiro
Natsume Soseki; traducción de Yoshino Ogata
Editorial Impedimenta; Madrid, 2009
Edición de libro electrónico

Nos cuenta Soseki la vida de Sanshiro, un joven universitario de provincias, durante su primer año de universidad en Tokio. Estamos ante un joven desorientado, tímido, inseguro, que se ven confrontado a una serie de personajes que van a constituir su mundo durante ese periodo. En primer lugar, Yojiro, a medias entre el activista universitario y el pícaro, que le introducirá en la vida cultural e intelectual tokiota. Aunque sea por la puerta trasera. Pero sobretodo, tendremos sus primeros contactos con las mujeres, con las que se sentirá especialmente inseguro. No sabe nada de ellas, a pesar de haber sido criado en exclusiva por su madre. Oficialmente viuda desde que el protagonista era muy niño, pero existen otras posibilidades que se descuelgan de la lectura del libro. Y entre ellas está Nimeko, una chica extraña, con aspiraciones artísticas, bella, con cierta sofisticación personal, pero que a su vez se identifica con una oveja descarriada. Y el amor que despertará en Sanshiro estará dotado de un profundo desconcierto, y la incapacidad del joven de saber qué tiene que hacer a continuación.

Esta novela me desorientó. No me resultó difícil empezar a leerla y adentrarme en ella, pero en un momento me tuve que detener y pensar un poco en lo que estaba leyendo. Porque detrás de esta época de iniciación y despertar al mundo real del muchacho provinciano, encontramos una crítica a la sociedad intelectual y universitaria tokiota del momento. Estamos hablando de finales de la primera década del siglo XX, poco después de la guerra rusojaponesa. Japón empieza a ser contada como una de las potencias internacionales, pero a su vez todavía está digiriendo los cambios sociales y culturales de la era Meiji. A caballo entre las tradiciones propias y las innovaciones que proceden de occidente, no sólo estamos ante el desconcierto propio de Sanshiro. Estamos ante el desconcierto generalizado de la sociedad japonesa, representado por las incoherencias propias de cada uno de los protagonistas del relato. Salvo Sanshiro, que cuyo desorientación y desubicación es natural, todo los demás pretenden ser algo que no son. Y eso se nota precisamente en Nimeko, cuya aureola de misterio y profundidad probablemente podamos considerarla más artificial que otra cosa.

Esta novela es una obra con regusto. He tardado unos días en comentarla, porque necesitaba reposar. Y finalmente considero que ha sido una lectura muy interesante, que no debe realizarse de forma apresurada a pesar de que no es difícil de leer, pero en la que hay que saber en cada momento quienes son sus protagonistas, y quienes aparentan. Recomendable para quien quiera conocer otras realidades y otros periodos históricos y sociales distintos de los de nuestro occidente, siempre mirándose al ombligo.

No son los famosos "sakuras", cerezos en flor, japoneses, pero son las primeras flores que anuncian la primavera, a orillas del Ebro a su paso por Zaragoza.

No son los famosos “sakuras”, cerezos en flor, japoneses, pero son las primeras flores que anuncian la primavera, a orillas del Ebro a su paso por Zaragoza.