Sigo con poco tiempo, ¡maldito curso! Más Casco Viejo zaragozano.

Sigo con poco tiempo, ¡maldito curso! Más Casco Viejo zaragozano.

Estos días tengo poco tiempo para hablar en estas páginas. Os ofreceré algunas instantáneas coloristas del Casco Viejo de Zaragoza.

En Bahrein, en un infierno de desierto, Fernando Alonso se ha vuelto dar un paseo por el circuito mientras los otros intentaban competir. Cómo corre el R25. Y no nos olvidemos de la salsa que le puso Martínez de la Rosa. La pena es que Schumacher no aguantara y pusiera un poco de salsa al asunto.

No, este vehículo no es un fórmula 1. Es un funicular lisboeta. Pero también es muy mono. Esta y otras fotos de la capital lusa en De viaje con la cámara al hombro.
Esta semana, siguiendo las sugerencias de quien postea en news:es.rec.fotografia como Juan Luis, vuelvo a proponer un fotógrafo español. En concreto, el gallego Xurxo Lobato. He estado observando atentamente las galerías de su página en Internet, y he obtenido sugerencias interesantes para la fotografía de paisajes ciudadanos. Ahora sólo falta que deje de llover.

En la fotografía de hoy, una veterana Mikado en la estación de León, en agosto de 2000. Esta y otras imágenes ferroviarias en Trenes de ayer y de hoy.
Esta tarde, mientras consultaba mi correo electrónico, organizaba algunas fotos, visitaba una par de páginas en Internet y alguna otra tontada con el PC, escuchaba las canciones del disco Taxi del grupo mallorquín Antònia Font.
Estos chicos son mallorquines y cantan un pop fresco y desenfadado, con unas letras que parecen estupendas… en mallorquín,… o en catalán de Mallorca,… o en lo que sea que los políticos digan que sea, que no me quiero indisponer con nadie. Que me da igual.
Lo único que quería decir es que a pesar de entender sólo parte de lo que cantan, me lo he pasado bien. Que en este país, o se canta en inglés o se canta en castellano, y que todo lo demás ya parece que no vale. Y que deberíamos ser un poquico más abiertos, ¿no? Ale, pues ya está. Recomendación para todos (y no sólo para los castellanoparlantes que hablan catalán en la intimidad).

No tengo fotos de Mallorca, pero sí de Menorca. Como esta cala cerca de Sa Mesquida. Y otras fotos de Menorca en De viaje con la cámara al hombro.
En mi seguimiento habitual de las noticias sobre fotografía, en los últimos días me han sorprendido dos noticias repetidas que vienen a hablar de lo mismo. Primero, se filtró a partir del caché de Google que Adobe iba a sacar una nueva versión de su programa estrella, Adobe Photoshop. Hoy, por mecanismos similares, se ha sabido que Nikon prepara dos nuevas cámaras. Y Google nos cae bien; lo amamos. Nos suministra toda la información que queremos.
Pero no sabemos cuanta información sobre nosotros guarda. De hecho, la aplicación en la que escribo estas líneas también es de Google. Quien iba a decir que el Gran Hermano orwelliano iba a tener el desenfadado aspecto del logotipo de Google. Sin embargo, ahí esta. Recopilando toda la información que puede sobre nosotros. Tanto la que queremos que se conozca como la que no. Habrá que ser prudentes con lo que introducimos en la red. Pero… pronto no seremos nadie si no estamos en Internet. Y ahí estará el Gran Google Hermano. Para saber todo de nosotros. Y la cuestión es que… amamos al Gran Hermano.

En la imagen, los ositos que representan a la ciudad de Berlín ante la puerta de Brandemburgo. Desgraciadamente, Berlín es una ciudad que tuvo la triste experiencia de «amar al Gran Hermano». Esta y otras imágenes de mis viajes en De viaje con la cámara al hombro.
No; que nadie se alarme. Esto no se ha convertido en una página «porno», ni yo me ha dado al sexo mercenario, pero de préstamo. El tema está que ha saltado a la prensa que la Editorial Random House Mondadori habría incluido en el último libro de Gabriel García Márquez, Memoria de las putas tristes, una cláusula que impediría el préstamo del volumen en las bibliotecas públicas.
¡Alucina, tía Fina!
La editorial lo ha desmentido; asegura que la legislación española prevé que determinadas instituciones, bibliotecas básicamente, sin ánimo de lucro y de carácter cultural y público puedan prestar libros sin necesidad de permiso de los propietarios de los derechos.
¡Suspiremos con alivio!
Bien,… pero… ¿y en el resto de los países de habla hispana en los que no existen leyes que protejan el acceso a la cultura? Muchos de estos países son más pobres que España, y por lo tanto, la compra de libros algo utópico para muchas personas. ¿Dónde nos lleva la presunta lucha contra la «piratería»? Me da la impresión que si exageramos, a que haya menos potenciales lectores, y por lo tanto menos ingresos «legítimos» para las editoriales y, lo que es peor, para los autores.
Por cierto. He leído el libro. No me entusiasmo en exceso, pero por lo menos es corto. Ah. Y me lo prestó un amigo. Como han hecho millones de personas desde que el mundo tiene libros. ¿Seremos todos una cuadrilla de piratas malhechores? ¿Vendrá alguna unidad de la guardia civil o de la policia nacional con las porras (tunda, tunda) a detenerme por malo? Y además lo reconozco en público. Me estoy ganando la perdición. Por si acaso, no diré el nombre el nombre de mi amigo (no, no, no me torturen, no pienso confesar).
Si quieren más información sobre el tema, vayan a Google e introduzcan las palabras:

En la fotografía de hoy, otra forma de acceder a los libros y a la cultura; los bouquinistes de las márgenes del Sena en París. Esta y otras imágenes de mis viajes en De viaje con la cámara al hombro.
Estuvo el cuernófono de los Flinstone (en este solar patrio, los Picapiedra). Después estuvo el zapatófono de Maxwell Smart, el Superagente 86 (el título en inglés, Get Smart; ah, que maravilla, la Superagente 99). James Bond ha hablado con los malos y las buenas a través de todo tipo de chismes. Pero lo que se está poniendo de moda son los fotófonos, camarófonos, fonocámaras, o como quiera que se llamen o los vayan a llamar.
Teléfonos celulares con su cámara digital integrada. Hasta ahora, su calidad fotográfica deja bastante que desear, aunque se empiezan a anunciar algunos aparatos notables. Además, su versatilidad fotográfica es muy limitada. Sin embargo, parece probable que desplacen a las cámaras compactas más sencillas y se conviertan en unos blocs de notas fotográficos omnipresentes. También supondrá el fin de la intimidad tal y como la conocemos. De hecho, algunos anunciantes lo plantean esto ¡¡¡como un mérito o ventaja!!!
En fin, veremos como las sociedades desarrollan nuevos modos y costumbres para adaptarse.

La foto de hoy no es mía. Me la tomó un buen amigo, Eduardo, durante el puente del Pilar en Albarración. La calidad, lamentable; la imagen, muy divertida.
Vengo de hacer compras por Zaragoza. Ya al final de la tarde, me encuentro con una amiga relacionada con el trabajo. En El Corte Inglés. Los dos a lo mismo. Compras socorridas. Charramos un rato. Buen rollo. En ese momento, ella para la conversación. Una llamada al móvil. Conversa. Observa que tenía dos llamadas perdidas. No las ha/hemos oído. Hay mucho ruido. En el ambiente, por todas partes; hace unos comentarios al respecto. Seguimos nuestra conversación, nos despedimos cordialmente, y…
Desde ese momento no puedo evitarlo. En la calle. En el autobús camino de casa. En la televisión. En la radio. Todo el mundo va pasado de decibelios. La gente, cuando conversa, alza la voz. No puedes evitar oir (quien sabe si escuchar) los diálogos ajenos. No digamos ya si dos adolescentes se encuentran. Los dos con sus auriculares, especialmente aptos y eficientes para difundir su música a los demás. No se los quitan, se saludan y se hablan a gritos. Más ruido. Ambulancias. Según por donde vayas, con frecuencia. Más ruido. Pones la televisión; ves un rato una película. Corte publicitario. Sube el volumén de la emisión. Más ruido.
Decía San Juan de la Cruz, «Qué descansada vida, la del que huye del mundanal ruido…» ¡A ver si va a tener razón el santito!

La imagen de hoy, recién tomada esta Semana Santa, unos atentos progenitores «acostumbran» a este simpático niño al estruendo de los tambores de las Siete Palabras en la Calle Alfonso de Zaragoza. A mi de niño, los capirotes me daban miedo…
Hoy es domingo. Por lo tanto, como casi todos los domingos, he comido en casa de mi padre. Con él y con mi hermana. Tenían la televisión encendida. Inevitable. España es así. De repente, en un canal de pago por satélite anuncia el siguiente programa. 2001: Una Odisea del Espacio (2001: A Space Odissey). Una obra maestra de la ciencia ficción y del genial Stanley Kubrick.
No entraré ahora a comentar la película. Además sólo he visto una parte de ella. La puedo ver cuando quiera, ya que forma parte de mi videoteca. Pero ha sido la primera vez en la que he observado una similitud con el Génesis de la Biblia. Probablemente, también con otros textos o tradiciones religiosas. Hay menos originalidad de la que nos imaginamos en el mundo de las creencias sobrenaturales; todas se basan en elementos comunes. Todas han creado sus dioses a nuestra imagen y semejanza. Pero bueno, a mi formaron en la religión católica («dios» me libre de decir educaron en la religión católica).
La primera similitud es la de la identificación del monolito con el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Una mezcla de tradición y cachondeo ha hecho que muchos identifiquen el pecado original con los pecados de la carne. Error. El ser humano peca cuando quiere saber; cuando quiere conocer y alcanzar mayor control sobre sí mismo. Liberándose de paso de la superstición. Es de entender que las jerarquías eclesiásticas peleen con tanta saña contra el pecado original. El monolito ofrece al ser humano exactamente eso. El conocimiento, la capacidad de obrar, de instrumentar,… y haciéndole que trascienda de su estado animal al de persona. Curioso.
Esto nos lleva al segundo pecado. El pecado caínita. La utilización del conocimiento y de los instrumentos contra su hermano, contra su semejante. Y aquí si reconozco el lastre que como especie nos ata a nuestro más atávico origen animal. Cuándo nos podremos librar de él… o si no, cuándo el mundo se librará de nosotros… Reconozco este pecado. No reconozco la influencia de las religiones en su lucha contra él; cuántas veces han sido los líderes religiosos los que han impulsado al hombre a la guerra o al homicidio de sus semejantes. Incluso hoy en día. Un tal Ibn Laden. O un tal Bush.
En cualquier caso, si les gusta el cine, vean la película. Tal vez, con sentido común, comprueben que lo único cierto es que hoy debo estar bajo la influencia de alguna droga desconocida.

La Iglesia Conmemorativa en Berlín, ruina de los bombardeos de la II Guerra Mundial, y uno de los símbolos desperdigados por el mundo de las luchas cainitas de los seres humanos. Esta y otras fotografías de mis viajes en De viaje con la cámara al hombro.
Como ya hice la semana pasada, hoy voy a recomendar un fotógrafo español, a través de su página en Internet. No voy a realizar juicios sobre cada uno de los fotógrafos. A cada cual decidir si les gustan o no.
Hoy uno de los más conocidos e inquietos: Joan Fontcuberta.

La fotografía de hoy es del Carnaval infantil en Zaragoza este año. Esta y otras de mis fotografías en mi Sala de Exposiciones Temporales.
Hasta hace unos años, era típico que el día de Viernes Santo, la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y Tranvías ponía en marcha un tren histórico entre Zaragoza y La Puebla de Híjar para conmemorar la Semana Santa en el Bajo Aragón. Se llamaba el Tren del Tambor, en honor a este instrumento, fundamental en la celebración de la Pascua en estas tierras.
Yo mismo hice un reportaje fotográfico el año 2000, que podéis ver en mi página Trenes de Ayer y de Hoy.

Hoy en día, desconozco si existe un tren especial en este día. Lo que es seguro es que no será un tren histórico. La modernidad obliga. Y en este país, la arqueología viva de los hitos industriales y de la comunicación nunca está de moda. Las obras del AVE han arrinconado el material histórico y lo han condenado a la inacción.
Qué diferencia con otros países como Alemania, donde pululan sin problema los trenes históricos para disfrute de aficionados y curiosos. También podéis ver algunos reportajes de trenes históricos en la página mencionada, como el de la imagen en la estación de Charlottenburg en Berlín.
