Libro – La niña que iba en hipopótamo a la escuela, de Yōko Ogawa

Literatura

Fotografías tomadas en Okayama, ciudad de nacimiento de la protagonista, o más bien narradora, de la novela. La entrada está publicada también en Substack.

El viernes, al final, no me dio tiempo para comentar el tercero de los libros que leí durante el viaje de vacaciones. Y ayer estuve muy liado con otras cosas, domésticas y fotográficas. Así que hoy retomo, y espero comentar este tercer libro, y una película de estreno que vi antes de las vacaciones. Aunque lo de la película igual es ya por la tarde.

Yōko Ogawa es, desde hace ya unos años, una de mis escritoras favoritas. No una de mis escritoras japonesas favoritas, sino una de mis escritoras favoritas de cualquier parte del mundo. Y una de las características de la autora que más me gustan es que es absolutamente camaleónica. No hay dos novelas similares. Que pertenezcan al mismo género. O que traten los mismos temas. Es como si leyeras un autor distinto con cada una de ellas. Salvo que dicen que hay un tema que subyace con frecuencia en sus relatos; la memoria. Y en la que hoy os traigo, también.

Esta es la séptima novela que leo de la autora. Y como mucho tendría algún parecido con una de ellas, de las más famosas,… y también tiene notables diferencias. Al principio del relato nos trasladamos a Okayama, de la mano de la relatora, Tomoko, una mujer adulta que retrotrae su memoria a cuando tenía 12 años, muy al principio de los años 70 del siglo XX. Criada en un hogar feliz, la muerte de su padre por cáncer sitúa a su madre y a ella en una situación económica más comprometida, por lo que la madre pide ayuda a su hermana para que se encargue de Tomoko durante un año, mientras ella hace un curso que le permita conseguir una posición mejor en la empresa y obtener mejor sueldo. La tía de Tomoko se casó con el heredero de una empresa de refrescos, una familia muy acomodada, que vive en Ashiya, cerca de Kobe. Una familia de orígenes mixtos, ya que la matriarca octogenaria nació en Alemania. Una familia alegre y acogedora, al mismo que excéntrica, en la que hay otra niña, Mina, un año más joven, que sufre de asma, y que va al colegio a lomos de una hipopótama pigmea.

Me enganchó la novela desde el momento en que Tomoko es recogida por su elegante y apuesto tío en la estación de Shin-Kobe y la llevo a la casa en Ashiya. Y es que Ashiya es el lugar donde se desarrolla preferentemente otra de mis novelas japonesas favorita, Las hermanas Makioka. Las historias son distintas. Y hay 35 años de distancia en las épocas en que transcurren. Pero es el mismo entorno de familias acomodadas en la gran área metropolitana entre Osaka y Kobe. Y allí, en una gran mansión de estilo español, viven los tíos de Tomoko. Una familia perfecta, acogedora, simpática, generosa… pero en la que encontramos sus tristezas. La enfermedad de Mina, las infidelidades del tío, el alcoholismo de la tía, la nostalgia de la abuela alemana de origen judía que perdió a toda su familia en los campos de concentración nazis, la relación no declarada entre la abuela y la criada,… Pero a pesar de todo, generosos, consiguen que Tomoko, desplazada de su madre, en un lugar extraño, sea feliz, y encuentre su rumbo en la vida. En las últimas páginas, cuando Tomoko nos hable de su vida adulta, entenderemos hasta que punto fue influenciada por su familia extendida.

A mí me encantó. Y me emocionó en no pocas ocasiones. Me parece de lo mejor que he leído de Ogawa, y eso es mucho decir. Porque hasta ahora no había leído nada que no me gustase, y mucho. Muy recomendable, con valores universales, y con una pequeña cuestión que debemos recordar siempre; cuando el narrador lo cuenta en primera persona, debemos asumir un narrador poco fiable. Aunque sea bienintencionado como en este caso. Pero es que Tomoko nos habla en la edad adulta, pero con los ojos de la niña de 12 o 13 años que vivió durante un año en un mundo que no era el suyo.