Cine – Akira [アキラ] (1988)

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Fotografías realizadas la noche de Shibuya, Tokio. Disponible también en versión Substack.

Akira [アキラ] (1988; 27/202600705)

Había visto esta célebre película de animación japonesa dirigida por Katsuhiro Ōtomo en alguna ocasión. Pero siempre en la pequeña pantalla. En estos días atrás ha estado disponible en alta resolución en la pantalla grande, en la cartelera zaragozana. Y decidí acercarme a verla.

Para muchos es una película de referencia de la animación ciberpunk, con toques posapocalípticos. Para algunos, ocupa un lugar en el cine de animación similar al que ocupa Blade runner en el cine de acción real. Y desde luego, alguna cosica comparten en común… aunque muchas otras no. Estamos en Neo Tokio, la ciudad reconstruida a partir de la destruida Tokio en la Tercera Guerra Mundial. Una Neo Tokio afectada por la violencia, la desigualdades sociales, el gobierno corrupto. Y unos jóvenes moteros pandilleros acabarán entrometiéndose en un proyecto secreto del gobierno, siendo que uno de ellos empezará a adquirir los peligrosos poderes que llevaron al desarrollo de Akira, el agente que destruyó la antigua Tokio.

Akira, la película (pronúnciese más bien como esdrújula, Áquira), sigue la tradicción del cine catastrofista japonés que surge después de la guerra mundial y los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. También la tradición de gobiernos desconcertados, incompetentes, fuerzas armadas descontroladas, que no son capaces de dominar las fuerzas poderosas que desatan. Al mismo tiempo, muestra una sociedad alienada, cuyas estructuras básicas, la familia especialmente, parece haber desaparecido, sustituida por las bandas, o los grupos de acción política. Especialmente entre los jóvenes. La película es un producto claro de la posmodernidad, ciencia ficción, pero profundamente anticientífica, la respuesta japonesa a las mismas inquietudes que generaron los mutantes y superhéroes de Marvel, pero más pegada a las estructuras sociales, aunque estas estén desintegradas o, al menos, deformadas.

La película, por lo demás tiene ritmo, aventura, personajes carismáticos, aunque imperfectos, y carencia de maniqueísmo. Abre la puerta a pequeñas esperanzas. Y es muy expresiva en sus aspectos formales, con algunos diseños gráficos que han pasado a la posteridad, como la roja motocicleta de Kaneda. También es curiosa la representación de los personajes femeninos como relativamente asexuados, proactivos y dispuestos a actuar en pie de igualdad con los personajes masculinos. Aunque son muy escasos.

No voy a decir que sea mi película de animación favorita, ni siguiera mi género favorito. Pero creo que es un hito del cine animación, como ya he dicho antes, y conviene verla, a ser posible en la gran pantalla y en versión original. Es lo que hay.

Valoración:

Dirección: *****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Cine] Alita: Ángel de combate (2019)

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Alita: Ángel de combate (Alita: Battle Angel, 2019; 11/20190217)

Esta semana he dispuesto de muy poco tiempo libre, comparada con la mayoría. Lo de ir al cine se había puesto complicado, pero el domingo pasado me encontré a las once y media de la mañana con la mañana resuelta y cerca de unos multicines con sesiones matinales. Vista la cartelera, opté por meterme en esta película, que adapta los primeros volúmenes de una conocida historieta japonesa, y que coincide en líneas generales en su historia con dos vídeos que se lanzaron directamente al mercado de vídeo hace 25 años y de los que os hablé hace poco.

La versión actual la definen como de «acción real» que es el término usado para diferenciar las películas con actores de carne y hueso de las de animación. Pero el límite es muy impreciso. La mayor parte de lo que vemos en pantalla, dirigido por Robert Rodriguez, son gráficos generados por ordenador. E incluso para el personaje principal, Alita (Rosa Salazar), Gally o Garyi en el original japonés, es cuestionable su parecido real con la actriz que la interpreta.

En el ciberpunk es frecuente que los ambientes predominantes sean nocturnos e inspirados en las grandes urbes de extremo oriente. Pues aunque el ambiente no sea comparable, porque es mucho más apacible y pacífico, pasearemos por Kioto en la noche.

Historia claramente dentro del género ciberpunk, género distópico o postapocalíptico que combina tecnologías avanzadas con vidas muy arrastradas, nos cuenta la historia de una «joven» cyborg, de aspecto adolescente, que es rescatada por el «doctor» Dyson Ido (Christoph Waltz) de un vertedero, y que se irá desarrollando como paladina de la libertad entre los desfavorecidos en un mundo desequilibrado y lleno de desigualdades.

Aunque iba con los antecedentes de una serie de comentarios muy positivos en las semanas anteriores a su estreno, también iba con la prevención de que cuando se produjo el estreno, empezó a haber alguno no tan positivo e incluso bastante negativo. El reparto prometía ya que, además de los mencionados, encontramos nombres como Jennifer Connelly o Mahershala Ali. Pero ni esto, ni el extraordinario esfuerzo en efectos visuales de primer nivel sirven para sacar adelante una historia que es mucho ruido y pocas nueces.

Producto estándar de consumo rápido, comida basura como el género superheroico y otros similares, que es deglutido por numerosos espectadores, pero que no aporta nada e incluso tiene algún momento vergonzoso por sus planteamientos puerilmente maniqueos. Lo que en 1993, en dos vídeos de 25 minutos de bajo presupuesto tenia sentido, e incluso se presentaba con cierto estilo, aquí resulta absurdo. El guion, que es firmado entre otros por James Cameron, que también produce, es bastante bastante malo. Y con dos horas y dos minutos de duración, aburdamente largo, ya que la que es básicamente la misma historia, fue contada mediante animación en 54 minutos.

Lamentable decepción, de una historia que merecía un tratamiento con más profundidad y reflexión y menos preocupación por estúpidas carreras que no dejan de ser la eterna variación de las de Ben Hur, pero sin aportar un ápice de emoción e interés, así como otros artificios de escaso valor. No recomendable, en absoluto.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: **
  • Valoración subjetiva: **

[Libro] La chica mecánica

Literatura

Se me está acumulando el trabajo para este Cuaderno de ruta. Contando el de hoy, tengo dos libros pendientes, dos películas de cine, un par de temporadas de series de televisión, cuatro carretes de blanco y negro de medio formato para revelar y una escapada prevista para mañana a Madrid. Así que nada… iré intentando hacer comentario de todo poco a poco.

De momento, vamos con esta chica mecánica, enésimo descendiente de los replicantes de Blade Runner que nos ofrece Paolo Bacigalupi, escritor que a pesar de sus nombre no es italiano sino de Colorado Springs. Supongo que de ascendencia italiana. En cualquier caso, su novela, publicada por Plaza & Janés (Random House Group Editorial), 2011, en formato electrónico, con traducción de Manuel de los Reyes García Campos, se clasifica en el género de la ciencia ficción, aunque es en realidad una mezcla de géneros y subgéneros, como sucede muchas veces con la Ci-Fi.

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De alguna forma, Emiko, la «chica mecánica», reúne las virtudes superiores de la mujer japonesa según el punto de vista de los propios nipones. Una «tontá» como otra cualquiera, porque las mujeres japonesas son tan diversas como las de cualquier otro sitio, aunque compartan más o menos una cultura común. Unos cuantos ejemplos en las fotos, de esta diversidad.

La acción nos lleva a Bang Kok en algún momento del futuro no excesivamente lejano. En algún lugar he leído que si en el siglo XXIII… aunque no soy consciente de que ese dato venga así de claro en el libro. En cualquier caso, la situación es cuasiapocalíptica debido a las guerras y a la catástrofe medioambiental, que ha producido numerosos patógenos descontrolados, hambrunas, crecimiento de las aguas marinas, la ciudad apenas se defiende del mar por unos potentes diques, y una compleja situación en el reino de Tailandia que mantiene su histórica independencia frente a los agentes exteriores. En una mezcla de tramas políticas y económicas, donde se mezclan distintas facciones políticas tais, los intereses de las corporaciones alimentarias occidentales, la biotecnología nipona y todo tipo de mafiosos del inframundo, una «chica mecánica» («windup girl» en el original), producto biológico de inteligencia artificial nipón va a ser el centro que llevará a una violenta crisis.

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Mezcla de steampunk, ciberpunk y biopunk, este último término no lo había leído hasta hace poco, encontramos un futuro en el que una mezcla de tecnologías ultramodernas y antiguas ha configurada una sociedad con dificultades tremendas para su sostenibilidad energética, alimentaria, política y económica. Todo ello, con algún tono paranormal, cuando hasta los espíritus que según los budistas buscan donde reencarnarse, tienen algún papel. Por supuesto, la enésima reflexión de fondo sobre la humanidad de una inteligencia artificial de tipo biológico y con un aspecto y comportamientos muy similares a los de los seres humanos, pero al mismo tiempo con caracteres que pueden fomentar el «síndrome de Frankenstein» del que hablaba Asimov en sus relatos de robots.

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La novela mereció en su momento varios premios importantes, entre ellos el prestigioso Premio Hugo. Desde mi punto de vista, el relato es muy moroso en su desarrollo aunque alcanzado la mitad de su extensión, quizá un poco excesiva, pero a la moda, empieza a animarse llevando hacia el final a una sucesión de clímax y anticlímax, de sucesivos finales, que supones que no van a ser los definitivos porque siendo un producto americano, al final tiene que haber algún tipo de justicia y los malos castigados. Aburren un poco los norteamericanos con esta manía del «final feliz» o «infeliz pero poco».

Resumiendo, buenos e interesantes mimbres para un producto final que se deja leer, que entretiene, pero que no es para tanto.

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