Avatar (2009)

Cine

Avatar (2009), 22 de diciembre de 2009.

Ayer, con tiempo, antes de que las vacaciones escolares hagan estragos palomiteros en las salas de cine, e impidan ver cualquier película con un mínimo de silencio y dignidad, nos fuimos a ver el último producto de James Cameron, ese director tan amado por muchos, pero que para otros no nos parece más que un tipo que consigue hacer películas razonablemente entretenidas gastando mucho, mucho dinero, que luego parece recuperar con creces. Hay que tener en cuenta que, a priori, muchos ya la habían calificado como una revolución en el cine… Eso es mucho decir… Vamos a ver que me ha parecido.

Consideraremos dos partes en mi comentario, la historia que nos cuentan y los aspectos técnicos/tecnológicos de la producción.

La historia no es nada original. Dejémoslo así de claro. Lo primero que se te ocurre es que estás viendo una película «de indios». Sí, los del oeste. Luego, conforme vas siguiendo el filme lo que te parece es que es un refrito de elementos cogidos de diversas películas de mayor o menor prestigio. Veamos cuales:

  • En primer lugar, se me pasó por la cabeza Bailando con lobos. Es la inmediata una vez que te has hecho a la idea de que estás viendo una «de indios». Alguna de mis acompañantes a la sesión le recordó a Pocahontas, pero esta película de animación no la he visto.
  • La estética de los «marines» que protegen los intereses industriales y comerciales de «los malos», sus modos y sus formas, me recordó en gran medida a Starship Troopers, aunque también podría ser heredera de otro producto del propio director, Aliens, una película que nunca he llegado a ver hasta el final, aunque pagué mi entrada en su momento para verla. Aunque no me he arrepentido nunca de ello, por motivos que no vienen al caso.
  • Hemos tenido la posibilidad de ver a Sigourney Weaver haciendo un papel que recuerda mucho, mucho, a su Dian Fossey de Gorilas en la niebla. Quizá más dulce, sin tanta mala leche, pero con resultados similares.
  • Todo el desarrollo de la batalla final en los bosques y en el aire entre un «imperio» tecnológico y una cultura prácticamente paleolítica parece un remake de la batalla en los bosques de Endor que pudimos disfrutar en El retorno del Jedi. De hecho, Pandora parece una reimaginación lujosa de la luna de Endor, y los Na’Vi son una dignificación de aquel infantilismo ridículo que fue la presencia de unos ositos de peluche, los Ewoks, en la trilogía galáctica. Pero por lo demás, los paralelismos en el desarrollo de ambas batallas son aplastantes.

Por lo demás, la historia en su conjunto en de una sencillez absoluta, hasta el punto que roza la simpleza. A ratos parece más un producto infantil que un producto para todos los públicos. Un maniqueísmo absoluto, un ecologismo elemental y de baratillo, situaciones estandarizadas en las interrelaciones de los personajes. Clichés y más clichés. Personajes poco elaborados para una historia simple y dirigida más a las tripas que al cerebro del espectador.

Sin embargo, en su conjunto funciona. El desarrollo de los acontecimientos tiene ritmo, no te aburres en ningún momento, y no se te hace larga, a pesar de que no es necesario que sea una película tan larga.

En el aspecto técnico, hay que aclarar que en su mayor parte es una película de animación generada por ordenador. La interpretación de actores de carne y hueso resulta relativamente anecdótica. Todo lo que importa es la capacidad de desarrollar un mundo y sus personajes con calidad fotográfica, pero eso… cosa de la capacidad de cálculo actual de los ordenadores y la capacidad de imaginar de un amplio equipo de diseñadores gráficos sobre la idea original de la historia de Cameron, que ya hemos visto que tampoco es nada del otro mundo. Con toda seguridad, podemos decir que actualmente es el no va más de la tecnología, aunque tengo la impresión de que aún ha de evolucionar más. La vimos en 3D, y no acabé del todo convencido. Visualmente creo que lo que aporta es un ventaja marginal, y a cambio ves una imagen menos contrastada, más oscura, y con colores menos saturados, lo cual, dado la importancia de los paisajes generados por el ordenador, creo que es una desventaja.

De la interpretación de los actores, no hablaré mucho. Ya he dicho que la considero una película de animación más que otra cosa. Pero en la medida que salen personajes de carne y hueso en un 15 o 20% del filme, podemos decir que aportan lo justo y necesario para el buen funcionamiento del filme.

En resumen, desde mi punto de vista no es un película revolucionaria ni mucho menos. Es un paso más en una evolución tecnológica de la que ya hemos visto varios ejemplos. Lamentablemente, siendo productos que buscan ante todo una ganancia económica brutal, porque han de generar ganancias además de resarcir la tremenda inversión realizada, arriesgan poco en otros aspectos cinematográficos importantes como el guion, el desarrollo de los caracteres, y otras cuestiones. Por ello, en muchas ocasiones resultan decepcionantes. No es el caso. Una vez que uno sabe exactamente qué se va a encontrar, es un espectáculo entretenido, muy divertido, y por lo tanto, razonablemente recomendable. Quizá en párrafos anteriores en cargado las tintas en las críticas, pero es consecuencia lógica de las espectativas generadas. Una opción perfectamente razonable para todos los públicos en estos días de fiesta.

Mi puntuación:

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva:
*** (ó **** si estás muy interesado en el avance tecnológico del cine).

Una película con tantas selvas hay que acompañarla con algo de vegetación, ¿no?

Parc Monceau

Parc Monceau, París (Francia) - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

The Imaginarium of Doctor Parnassus

Cine

The Imaginarium of Doctor Parnassus (2009), 9 de noviembre de 2009.

Con esta película, que he tenido oportunidad de ver en versión original subititulada en español, el director Terry Gilliam nos transporta de nuevo a un mundo de fantasía. Sobre lo de la versión original he de decir una cosa. Sólo estábamos dos personas en la sala. Era lunea, hacía frío, etc… pero no sé si durará mucho este lujo. Desgraciadamente la falta de cultura al respecto es excesiva, y el doblaje, una lacra más de las que nos dejó el franquismo, se impone en esta sociedad.

Pero volvamos a la película. Como decía, el director nos transporta de nuevo a un mundo de fantasía. Unos cómicos ambulantes presentan todas las noches en las calles de Londres su espectáculo, que esconde grandes sorpresas tras las bambalinas, con poco éxito. El grupo lo conforman un viejo, su hija adolescente, un mozo que recogieron de las calles y un enano socarrón. Poco a poco, nos enteraremos que el viejo hace mil años que comenzó una serie de apuestas con el Diablo, jugándose alternativamente la inmortalidad y la mortalidad. Y que se acerca el momento de que el Diablo se cobre la última de ellas, llevándose a lo más preciado que tiene el viejo. Su hija.

La película sirve para que Gilliam vuelva a derrochar imaginación ofreciéndonos un magnífico espectáculo visual, con la creación de mundos, y de animaciones dignas de los mejores. Es el punto fuerte de la película y el que hace que para muchos nos merezca la pena de sobre el ver este filme. Sin embargo, la película se alarga un poco en exceso, especialmente porque te quedas con la impresión de que la historia no está bien trabada, de que el hilo argumental no está del todo afinado. De hecho, hay momentos hacia el final donde no sabes muy bien que está pasando.

Quizá todo ello se deba a que la producción de la película se vio gravemente afectada por el fallecimiento del que iba a ser uno de sus protagonistas, el malogrado Heath Ledger. Finalmente se terminó utilizando el recurso de que el personaje que interpreta Ledger es a su vez interpretado por otros tres prestigiosos actores cuando pasa al mundo mágico en las bambalinas del teatrillo ambulante. Y éstos son, nada más y nada menos, Johnny Depp, Jude Law y Collin Farrell. La cuestión es que el artificio funciona y la película sale adelante. Claro que en el aspecto de la interpretación son destacables también los dos contendientes en las apuestas, el Doctor Parnassus interpretado por un casi octogenario pero lúcido Christopher Plummer, y el Diablo a quien da forma estupendamente el cantante Tom Waits. El excelente reparto queda completado por la modelo británica Lily Cole, que aporta su particular físico a la hija del Doctor Parnassus, el enamorado de esta interpretado por Andrew Garfield, y Verne Troyer como el enano de la troupe.

Para finalizar, mis recomendaciones. Si se es aficionado a las películas fantásticas, es obligatorio ir a ver este filme, y si puede ser en versión original mejor que mejor. Si el género no es el favorito del espectador, tampoco es una mala apuesta para entretenerse en los fríos días de este mes de noviembre, a pesar de las debilidades argumentales. Yo le pongo un siete, con un seis/siete en la dirección (dudando entre valorar lo bonito de las imágenes o la flojera de la historia) y un ocho en la interpretación.

Leadenhall Market es uno de los escenarios londinenses de la película - Fujifilm Finepix F10