Nuevos académicos y reconocimientos a las más modernas artes

Cine, Fotografía, Literatura

Esta semana nos llega la noticia de que José Luis Borau, maño como yo mismo, director y guionista cinematográfico, ha sido elegido para ser académico de la Real Academia Española, órgano responsable de velar por la calidad del idioma castellano o español en este lado del Atlántico. Se sentará en el sumamente adecuado por su apellido sillón “B mayúscula”. Por otro lado, también me llegan noticias de que Publio López-Mondéjar (manda narices que no tiene artículo en la Wikipedia), fotógrafo e historiador de la fotografía, ha sido nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Me honra tener en mi biblioteca su Historia de la Fotografía Española.

Si me parecen notables estas noticias, es sobre todo porque tanto el cine como la fotografía son dos artes que también son espectáculo o mero entretenimiento, y por lo tanto no está en el pensamiento colectivo su naturaleza de artes.

El cine sí que ha sido llamado en ocasiones el séptimo arte; pero la naturaleza del cine moderno, más puesto al servicio del espectáculo, del pim-pam-pum de los efectos especiales, que al de la expresión artística de ideas, sentimientos y sensaciones, hace que lo del séptimo arte corresponda más a tiempos pasados, de películas en blanco y negro, que a casi nadie interesa hoy. Con el nombramiento de Borau, que sucede al fallecimiento de Fernando Fernán Gómez, la RAE mantiene el reconocimiento del cine como expresión artística literaria y como elemento difusor y condicionador del idioma. Me parece bien. Hace pocos días, con motivo del fallecimiento de Azcona, ya señalaba la importancia del guion en la obra cinematográfica. No en vano, los norteamericanos denominan al guionista como writer, escritor. El guion no deja de ser una obra literaria. Pues que siga esta representación muchos años. Por cierto, que a Rafael Azcona le propusieron en su momento ser académico de la RAE; pero en su modestia rechazó el honor. Una pena. Quizá fue quien más se lo mereció.

Respecto a la fotografía, su reconocimiento como disciplina artística aún es más ignorada por el público en general. Es curioso que en un momento en el que el advenimiento y la popularización de la fotografía digital hace que se esté realizando más fotografías que nunca, tengo la impresión que hay menos gente todavía que considera que este medio de expresión puede ser un arte. Un arte que está en crisis, por que un cambio en el paradigma tecnológico necesariamente afecta al concepto de la obra artística. En cualquier caso, la acogida por parte de la Academia de Bellas Artes de un fotógrafo, y especialmente uno que tanto ha contribuido a poner orden en la maltrecha historia de la fotografía española. Dada mi afición a la fotografía, con la que os machaco en cada entrada de este Cuaderno de Ruta, este nombramiento me pone especialmente contento. Bien es cierto que yo mismo no me atrevo a asignarme la etiqueta de “artista”. Me conformaré con ser un modesto “artesano” aficionado.

La imagen de hoy, tomada en el interior de la Sagrada Familia de Barcelona, espero que sea metafórica del ascenso de las artes audiovisuales.

Ascensor y sol

 

(Pentax K10D; SMC-A 50/2)

Vía: ElPaís.com

Vía: Acerca de la fotografía. Técnica, estética y opinión

Nos deja Azcona,… es como si quedaramos huérfanos de ideas

Cine

Eso es lo que siento. Si alguien que esté leyendo esta entrada ha ido leyendo con cierta frecuencia las que dedico al cine, sabrá que una de mis principales quejas en el cine actual es la de una falta crónica de buenas ideas. Las buenas ideas se expresan tanto en el concepto general de la película como en el guion de la misma. Por ello, para mí la figura del guionista es tremendamente importante. Creo que es una figura que no está suficientemente valorada en el mundo del cine. O por lo menos en lo que se refiere a su relación con las masas.

Ahora nos enteremos que este domingo falleció Rafael Azcona. A los 81 años. Se fue con discreción, sin hacer ruido. Un tipo modesto, este Azcona. Con 95 guiones a sus espaldas, según IMDb.com, hay que suponer que entre lo bueno, o mejor dicho lo buenísimo que escribió, también hay alguna que otra pifia. Es inevitable. Pero creo que lo que no faltaron fueron ideas. El comienzo, desde mi punto de vista, fue arrollador. Entre 1959 y 1963 firma guiones como El pisito, Plácido, El cochecito o El verdugo. Comedia social de lo bueno lo mejor que se ha hecho en este país. Para mí, El verdugo podría ser mi película española favorita de todos los tiempos. Siempre he pensado que la UNESCO la tendría que declarar patrimonio de la humanidad. ¡Tantos temas, tan bien contados, en tan poco tiempo! No seguiré mencionando grandes logros. Hay muchos. Demasiado para no sentirse apabullado y permitir concentrarse en uno u otro. Quizá, por destacar alguno de “la edad contemporánea” del cine español, ese magnífico guion que es Belle Epoque, nuevamente la comedia con un toque amargo aquí y allá; la luz y el optimismo a punto de ser devorados por incógnitas sombras.

La sensación que a uno le queda es de orfandad. De que todo ese raudal de ingenio se ha perdido. Un amigo mío suele decir, socarronamente, que la inteligencia es como la energería; ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y que si cada vez somos más y más, la inteligencia cada vez está más repartida… o sea, cada vez los individuos somos menos inteligentes. Y que si no, a vez como explicas los desastres que se ven en el telediario. Pues ahí tengo miedo. Miedo a que la inteligencia de Azcona se haya dividido y dispersado. Que dentro de unos años, no seamos capaces de encontrar un sustituto. Alguien que nos cuente las cosas que tienen que ser contadas, bien contadas, e inteligentemente.

Para la foto de hoy, me resisto a poner una imagen triste. Prefiero un poco de Carnaval, como el que celebraban en Belle Epoque. Solo que este es en Zaragoza.

Carnaval Infantil 2007

 

(Canon EOS D60; EF 28-135/3,5-5,6 IS USM)