[TV] Cosas de series; intrigas políticas ahora y en el siglo XVII

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Aunque creo que en la península de Corea, en el siglo XVII, no sabían que estaban en el siglo XVII. Llevaban otra cuenta de los años. El verano ha sido flojo para la series surcoreanas. Ahora, con las que voy siguiendo, estoy más entretenido. Pero últimamente no atinaba a ver algo que fuese más allá de un gulty pleasure sin mucha calidad real. Vamos con las dos últimas series que he terminado de ver. Hay una más, pero prefiero comentarla en otra entrada. Es más especial. Y es realmente buena.

The K2, en inglés en el título original, es una serie ya viejuna, de 2016, que se puede ver en Netflix. Y se notan los años. Por algún motivo, a pesar de que no han pasado ni diez años desde su estreno, hay mucha diferencia entre la realización de las series surcoreanas de aquella época y las actuales. Aquellas eran más cutres, incluso cuando tenían pretensiones, como esta. Mezcla la acción, con el romance y el drama político. Un antiguo militar de operaciones especiales (Ji Chang-wook) reconvertido en mercenario al caer en desgracia, para después pasar a la clandestinidad cuando le inculpen falsamente de unos crímenes en Irak, acaba convertido en el guardaespaldas de la hija de un político que aspira a la presidencia. Y que es manejado por su esposa, que no es la madre de la chica, que es una ambiciosa mujer de una familia chaebol maquiavélica y sin escrúpulos, que controla como un ejército privado una empresa de seguridad. Todo es muy excesivo, hasta llegar casi al ridículo. Y a la vez entretenido. Un verdadero guilty pleasure. Lo mejor,… la mala (Song Yun-ah). Lo peor, la interpretación de la chica (Im Yoon-ah). Por lo demás, un culebrón con mucha acción que, globalmente considerado, no tiene mucho sentido y pone en crisis constantemente la suspensión voluntaria de la incredulidad del espectador. Y sale Barcelona.

Joseon RoKo – Nogdu jeon [조선로코-녹두전, Una comedia romántica de Joseon – la historia de Nokdu], conocida en inglés como The tale of Nokdu (la historia de Nokdu), es una serie de época que nos traslada a las primeras décadas del siglo XVII, tras las guerras con los japoneses, cuando estos invadieron la península de Corea. Algunos personajes de la historia están inspirados y llevan el nombre de figuras reales de la historia del país, pero lo que se cuenta es total y absolutamente ficticio, como se indica en la presentación de cada episodio. Nokdu (Jang Dong-yoon) es el hijo del rey, que este mandó matar porque una profecía le decía que perdería el trono por él, pero que fue salvado y vive en la clandestinidad con un antiguo general del ejército en una isla. Tras un ataque a la isla con intento de asesinato de toda la familia con la que vive, huye a la península, y se refugia, disfrazado de mujer, en un pueblo de mujeres viudas, refugiadas para evitar la costumbre de matar a la viuda cuando muere el marido, para evitar la «deshonra» de la familia de este. Allí conoce a una joven (Kim So-hyun), hija superviviente de una familia que sufrió las purgas del rey, y que quiere asesinarlo. Y se mezclan también con un príncipe real, el hermano del rey (Kang Tae-oh). Ambos hombres pretenden a la joven y se plantea una rivalidad.

Durante la primera mitad de la serie, esta se mueve en el ámbito de la comedia romántica y el enredo, con las confusiones por la falsa identidad femenina del protagonista, conocida sólo por muy pocos. Y es bastante entretenida y divertida. No es nada del otro mundo, no es algo que no se haya visto con antelación, pero los personajes caen bien, está bien realizado y es simpática. A la mitad de la serie, el tono de la misma cambia, se convierte en un drama político, con un tono mucho más oscuro. Y el interés decae. Porque la situación de conflicto se extiende demasiado para lo que se cuenta. La primera mitad es episódica, y no importa que se extienda, pero la segunda mitad conlleva el desarrollo y resolución de un conflicto concreto. A mí se me hizo pesado. Y de hecho, para ver los cuatro últimos episodios de los dieciséis que componen la serie pasó más tiempo que para ver los doce previos. Se puede ver en Netflix, y también tiene unos años, no tantos, es de 2019. Esperaba más de esta serie.

[TV] Cosas de series; curiosidades en anime japonés

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Tal como me planteo últimamente las series de animación, todos los días encajo algún episodios de 20-25 minutos en torno a la hora de la cena, pero hasta finales de septiembre no acumularé comentarios de temporadas terminadas. No obstante, hay un par de series en Netflix, de las que estrenan todos los episodios a la vez, no semana a semana, que terminé de ver recientemente. Entran más en el ámbito de la curiosidad. A mí, la animación siempre me ha gustado. Pero los temas, los argumentos y los planteamientos siempre están muy orientados a grupos demográficos muy concretos, por lo que realmente no soy el público objetivo de estas series. Pero siempre me gusta ver cómo se realizan y lo que pueden dar de sí.

T · P Bon [T・Pぼん], que viene de Time Patrol Bon, patrullero del tiempo Bon, es una serie con un sabor añejo. Es una adaptación a serie de animación de un manga que se publicó originalmente entre 1978 y 1986. Y que ya debió recibir alguna adaptación a la animación televisiva en algún momento. Por lo tanto, el aspecto de los personajes tiene ese aspecto antiguo, ya que se ha conservado el diseño de personajes y vestuario. Y cierta ingenuidad en su planteamiento, que no impide que la serie entre en ciertas situaciones violentas y crueles. Esas mezclas extrañas que hacen los japoneses en las que con unas personajes de aspecto infantilizado no dejan de reconocer la crueldad del mundo. El planteamiento es que existe una organización transtemporal encargada de vigilar que no se produzcan alteraciones graves en el continuo espaciotemporal, y en la historia. Pero tiene una sección en la que sus agentes intentan salvar la vida de personas a lo largo de las épocas, siempre y cuando esta acción no altere la línea del tiempo. Son dos temporadas de 12 episodios emitidas en Netflix, que se han estrenado muy seguidas. La primera en mayo de este año, y la segunda en julio. Casi da la sensación de ser una única temporada de 24 episodios dividida en dos partes.

El protagonista es un estudiante adolescente, Bon Namihira, que por una serie de causas y azares se convierte en patrullero del tiempo. En los primeros doce episodios es un aprendiz, y trabaja con una agente más veterana, inteligente decidida, que es quien realmente resuelve las situaciones. En los siguientes doce episodios, ya es un patrullero con plenas competencias, pero acepta como aprendiza a una compañera escolar, viva, muy despierta y animada. Y siguiendo la tónica, es la aprendiza la que realimente resuelve las situaciones. La serie tiene una intención docente, al estilo de las series de antaño, y en cada episodio ofrece un aprendizaje sobre las distintas culturas de la humanidad. Pero no esconde los aspectos más complejos y crueles. Las matanzas, las desgracias, las enfermedades. De vez en cuando ofrece alguna trama de temas internos de la organización intertemporal. Obviamente, parece dirigida para niños mayores o adolescentes jovencitos, pero ya digo que en ocasiones sus temas parecen más adultos. Es curiosa. No está mal. Aunque su diseño de personajes y escenarios resulte a veces viejuno.

Netflix ha estrenado también una tercera temporada de Kimi ni todoke [君に届け, entregado a tí], serie que se conoce en inglés como From me to you, y en castellano como Llegando a ti. También es adaptación de un manga muy popular en su país de origen que ha recibido adaptaciones de todo tipo, no sólo animación, también películas y series de acción real. Sus dos primeras temporadas, emitidas originalmente entre 2009 y 2011, están disponibles en Netflix, las vi en su momento. Como una curiosidad simpática. El romance y las relaciones de amistad de una chica de instituto muy tímida, que se parece a un personaje cinematográfico de películas de terror. Netflix ya hizo también una adaptación a acción real que estrenó el año pasado, y que ya en su primer episodio me pareció indigerible. Y ahora ha estrenado esta tercera temporada con un formato distinto. En lugar de los 12 o 25 episodios de 25 minutos de duración que tuvieron las dos temporadas anteriores, tenemos cinco episodios con el doble de duración, aproximación, más un resumen de temporadas anteriores de 15 minutos de duración.

En esencia, a lo que se dedica esta tercera temporada es a ir cerrando tramas, especialmente tramas románticas, que más o menos estaban abiertas, o estaban insinuadas, en las temporadas anteriores. No sólo de la protagonista y su noviete, sino de las dos buenas amigas que hizo en su momento, y que arrastran su propios problemas a pesar de tener caracteres incomparablemente más decididos y proactivos. Por curiosidad vi esta breve temporada y la encontré desigual. En general, el tono de la realización es bastante cargante, extremadamente cursi en ocasiones. Pero hay episodios casi indigeribles, mientras que otros son entretenidos. En general, todos los desarrollo referidos a la trama principal, la de la protagonista, son repetitivos y relativamente aburridos, mientras que los relacionados con sus amigas son mucho más interesante, maduros y potencialmente interesantes. Aunque nunca desarrollan todo su potencial, por esa cursilería de fondo de la serie. En fin. Como he dicho desde el principio, una curiosidad más que otra cosa.

[TV] Cosas de series; desde Japón, cirujanos y ninjas

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Esta semana voy con dos series del País del Sol Naciente, que empecé a ver con expectativas muy distintas. En un caso la cosa fue bien… en el otro,… no tan bien.

Quien siga este Cuaderno de ruta con frecuencia sabrá que en mayo viajé a Japón. El tercer viaje. Uno cada cinco años. Ya veremos si el cuarto será dentro de otros cinco años o lo adelantamos. Ya hay cosas nuevas que queremos ver. El caso es que ese tercer viaje, en el que nos salimos bastante de los circuitos habituales, fue muy satisfactorio. Pero siempre hay algo que dices… mmmm… esto podría haber sido mejor. Y hubo dos ciudades en las que sentimos que con tiempo o distintas circunstancias, hubiéramos disfrutado más de ellas. Una fue Kanazawa y la otra fue Odawara, las fotos de hoy son de esta última ciudad. Pero bueno, se llega a lo que se llega. El caso es que en Odawara, una ciudad costera a 90 km al suroeste de Tokio, en la línea Tōkaidō, transcurre la acción de la serie de Netflix Shinobi no ie [忍びの家, casa de ninjas], en inglés, House of ninjas, en castellano, La última familia ninja. Por aclararnos un poco, en japonés son sinónimos la palabra ninja 忍者 (aquel que es invisible) y shinobi 忍び (el que se infiltra). Obsérvese que comparte un kanji 忍 cuyo valor semántico tiene que ver con la resistencia y la paciencia. En cualquier caso, da la impresión que ambas son válidas, pero la primera es popular en Occidente, mientras que la segunda sería preferida en Japón. No estoy seguro, pero algo así parece. Hay mucha mitología en torno a los shinobi o ninja, pero en general serían el equivalente histórico en Japón a los comandos de operaciones especiales, en acciones de infiltración, detrás de las líneas enemigas, sabotaje e información. Sin más.

La serie, un original de Netflix, no es una serie de otra cadena con derechos de exhibición en otros países, sigue a los descendientes de Hattori Hanzō, un comandante samurái al servicio de Tokugawa Ieiasu, el primer shōgun del periodo Edo, actualmente shinobi que trabajan para una agencia secreta del gobierno. Que nadie que confunda a este comandante con el fabricante de katana del mismo nombre que aparece en alguna película de Tarantino. Y sus rivales son los descendientes de Fūma Kotarō, un rival del anterior al servicio de otro clan. Una tragedia familiar unos años antes hace que los protagonistas de la serie empiecen la misma desanimados y desunidos, pero una conspiración de los «malos» para dominar el país les lleva a reunirse y reactivarse. La serie empieza un poco morosa, le cuesta entrar en calor, pero al final acaba siendo muy entretenida. Y tiene un nivel de cuidado en la producción superior que otras series japonesas que distribuye Netflix, pero no son de producción propia. Está bien. Podría estar mejor. Y queda abierta a una posible segunda temporada, pero desconozco si sucederá.

Cuando empecé a ver televisión en plataformas de contenidos en internet, tuve la oportunidad de divertirme considerablemente con las aventuras de una infalible cirujana en una serie distribuida, temporalmente, ya no está disponible, en Amazon Prime Video. Vi todas las temporadas, y algún spin-off, menos la última de ellas, que estaba a punto de estrenarse en Japón durante nuestro viaje en 2019, pero que nunca se emitió en la plataforma mencionada. Y que yo sepa en ninguna otra. Y en esto estábamos cuando hace unos meses llega a Netflix una serie japoneses de cirujanos cardiacos, llamada Black forceps o Black pean (en Japón, esta última, escrita en katakana, ブラックペアン). Un fórceps es un tipo de pinza utilizada en medicina en general, y en cirugía en especial, dentro de los procedimientos quirúrgicos de mayor o menor complejidad. La cosa va de la rivalidad entre dos jefes de cirugía cardiaca de dos hospitales pertenecientes a universidades rivales, y que ambicionan el liderazgo de la asociación de esta especialidad quirúrgica. Y por algún motivo, el factor de impacto de sus publicaciones es importante. Y por ello hacen estudios con complejas cirugías. Con una peculiaridad, la mayor parte de los cirujanos son muy zoquetes, pero hay uno de ellos, un marginado, asocial y desagradable, que siempre resuelve las situaciones, y todo lo hace bien y muy rápido. La misma premisa básica que aquella serie de hace unos años con la que tanto disfruté. Lo que pasa es que si aquella era una comedia, no se tomaba en sí muy en serio y te reías, esta es un drama, y las situaciones llegan al absurdo. No voy a entrar en ellas. Aunque la vi entera, lo cierto es que fue una decepción. Y por muy distinto que sea el ambiente de la práctica clínica y quirúrgica en Japón, para mí, que soy profesional de la medicina, inverosímil en el peor sentido de la palabra. Muchas situaciones son ridículas o absurdas. En fin. Una pena. Curiosamente, en IMDb, las dos series que hoy comento tienen la misma valoración del público, o muy similar. Y… no.

[TV] Cosas de series; tristeza galáctica, tristeza renacentistas y alegrías detectivescas en la campiña británica

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Los comentarios de las series de esta semana arrastran la tristeza de las expectativas altas que se ven muy defraudadas. Tal cosa ha sucedido en dos de las series que comento. Y apenas encuentro paliativo en que de la tercera de las series no esperaba nada de particular, y ha resultado entretenida.

The acolyte es la enésima serie que amplia el universo Star Wars de la mano de Disney. La colección de series que se han ido emitiendo en los últimos años han traído alegrías y tristezas. Pero en líneas generales, salvo alguna digna excepción como esta y esta, han sido más bien decepcionantes o muy decepcionantes. En esta ocasión, con un reparto aparentemente interesante, retrocedemos en la línea del tiempo a la época de la antigua república. Unas décadas antes del Episodio I de la saga estelar. Cuando se producen atentados contra algunos jedi por parte de quien parece ser una aprendiz que dejo el entrenamiento, un grupo va en su búsqueda. Pero las cosas son más complejas de lo que parece, y hay una hermana de la chica involucrada, una historia oculta del pasado que envenena las relaciones, y un posible señor del Sith acechando. En estos momentos ya digo que la serie me parece mala. Con un guion mal llevado, y con recursos argumentales que parece sacados de una serie barata de fantasía para relleno de un canal de entretenimiento. Una tristeza, para una saga que en un momento dado tuvo prestigio. Rechina hasta la banda sonora, que parece una mala copia de la de John Williams para el Episodio I, que no es de las mejores de la saga precisamente. Pero haré un comentario añadido.

La serie ha recibido muchas críticas negativas de los fanáticos más conservadores, y especialmente sexistas, de la saga. Determinadas líneas argumentales de la serie, asociadas a grupos de mujeres, han causado un rechazo visceral hacia la serie. He de decir que a mí no me molesta nada de eso. No estoy en esa postura en absoluto. Cualquier opción argumental, bien hecha, bien tratada, me parece bien, si tiene coherencia e interés. Mi problema con esta series es que se ha hecho mal. Que el desarrollo de la trama es simplón y mal llevado. Y especialmente me cabrea esto, porque da combustible a esos críticos cerriles y cenutrios. No estoy de acuerdo en los motivos por los que se quejan, pero no puedo defender cómo se han hecho las cosas. Como digo, una tristeza. Y con intérpretes que han mostrado su oficio en otros trabajos, y que lo hacen de pena en esta ocasión, véanse los casos de Lee Jung-jae, Dafne Keen o Carrie-Anne Moss. Pocas ganas me han quedado de seguir esta trama en un futuro.

Hace pocos meses me enteré que Netflix iba a estrenar una serie basada en el Decamerón de Giovanni Bocaccio. Muy oportuna después de la pandemia de Covid-19, porque el libro es una colección de relatos cortos, absolutamente maravillosos, variados e ingeniosos, algunos dramáticos, otros cómicos, no pocos pícaros con un tratamiento muy libre de las relaciones humanas y de la sexualidad, especialmente teniendo en cuenta que se escribió en el siglo XIV. En casa, mi madre compró un ejemplar en el Círculo de lectores, y lo fui leyendo durante la adolescencia, ya que mi madre confiaba en mi sesera a la hora de entender lo que allí se contaba, que en aquella época tenía dos rombos. Las gentes de la época entenderán la alusión. Así que me hacía ilusión la serie. Imaginé que en cada episodio irían adaptando algunos de los cien relatos, diez relatos por parte de cada uno de los diez jóvenes refugiados en una villa en la Toscana, durante la peste en Florencia, durante diez noches. Decamerón. Pero no. La serie The Decameron es una comedia negra desmadrada y paródica sobre un grupo de ridículos nobles florentinos en una villa toscana durante la peste, y donde se dan lugar una serie de situaciones absurdas totalmente alejadas de la elegancia y el tono con el que Bocaccio narró aquellas cien historias. Tras tres episodios, empecé el cuarto… y apagué la tele cabreado, porque me parece una falta de respeto a una de las obras más interesantes de la narrativa mundial. La mayor parte de las críticas ignoran la oportunidad perdida. No son tan negativas como mi punto de vista, pero no dejan de ser tibias. No ver.

Y finalmente, A good girl’s guide to murder. Cuando la vi llegar a Netflix, no le di mucha importancia porque parecía una más de las muchas series destinadas a adolescentes. Pero empecé a ver alguna crítica o algunos comentarios positivos, la serie parecía entrar entre las más vistas de la plataforma, que siendo sólo 6 episodios de alrededor de 40-45 minutos de duración, decidí darle una oportunidad. La serie sigue las andanzas de una adolescente, Pip (Emma Myers), que tiene que hacer su trabajo de final de bachillerato o algo así, con vistas a la entrada en la universidad. Pero desde cinco años atrás está con la mosca detrás de la oreja por el asesinato y desaparición de una joven del instituto, y por la acusación al novio de origen inmigrante que acabó suicidándose. Así que con la ayuda del hermano del suicida, decide hacer su trabajo sobre el asesinato, convirtiéndose en una insospechada detective, de aspecto inofensivo, generalmente bien vista por la pequeña comunidad de provincias inglesa, pero que acabará tocando las pelotas de todo Dios hasta que de con la clave del misterio. No es la octava maravilla de la televisión, es la típica serie de factura correcta y bien interpretada, producto de la BBC, que distribuye Netflix en el resto del mundo. Pero es entretenida, le coges simpatía a la joven Pip, que muestra simultáneamente perspicacia e ingenio con una considerablemente capacidad para meterse en líos por la ingenuidad con la que afronta las situaciones, resultado de haber vivido en un hogar feliz, tolerante, sin mayores conflictos, que le haga desconfiar del ser humano. Importante el buen trabajo del reparto en general, y de la protagonista, Myers, en particular. La recordaba de otra serie de corte adolescente y más fama.

[TV] Cosas de series; los dramas/comedias coreanos… ¿en horas bajas?

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O me estoy cansando del género, o ha habido un bajón en el potencial interés que este placer culpable televisivo me suscitaba. Hay que considerar que la mayor parte de los k-dramas que veo están en Netflix, sean producción propia, sean de distribución exclusiva internacional por la plataforma fuera de su país de origen, o sea series anteriores de los que adquiere sus derechos de emisión durante un tiempo. Pero también, va aumentando la oferta de estos en Amazon Prime Video. Entre el año 2021 y 2023 observé que no pocos de ellos dejaban de estar en la categoría de placer culpable, que tenían virtudes propias que los hacían recomendables. Pero en lo que va de año apenas he encontrado series surcoreanas que me hayan dejado esta impresión positiva. Si me lo paso bien es a pesar de sus defectos. Y dado que las situaciones y los argumentos de estas series son muy repetitivos, algún día tengo que comentar sobre eso, puede ser que me esté cansando de ellos. No obstante, sigue siendo lo que veo en los fines de semana. Hoy traigo dos. Las dos vistas en Amazon Prime Video.

Nal Nogyeoju-o [날 녹여주오, derríteme], en inglés Melting me softly y en castellano Derritiéndome suavemente, es la típica comedia romántica con un giro de ciencia ficción. Como de costumbre, se establece un romance improbable entre dos personas de entornos muy distintos. Él (Ji Chang-wook), un productor y presentador televisivo de éxito, ella (Won Jin-ah), una especialista que participa en sus programas. Todo ello en 1999. Y deciden hacer un programa sobre la hibernación de personas a temperaturas extremadamente bajas. Un experimento de 24 horas de duración. Pero un atentado contra el científico que lo realiza les lleva a estar hibernados 20 años. Cuando despierten todo habrá cambiado, y además su fisiología a cambiado y corren el riesgo de morir si su temperatura corporal supera los 33 ºC. Y están los malos. Y los que los traicionaron no rescatándolos 20 años atrás. Y el romance. Y las familias. Es entretenida. Pero no especial. Como muchas de estas series, se sostiene por la buena química y el buen trabajo de sus intérpretes. Como muchas de ellas, también, 16 episodios son demasiados.

Ildangbaekjipsa [일당백집사, no tengo clara la traducción, asistente temporal o asistente por horas], que en inglés es May I help you? y castellano ¿Podemos ayudar?. En un tono más de drama romántico sobrenatural, aunque tenga sus alivios cómicos, nos cuenta el encuentro y el romance entre dos personas que cargan con sus traumas. El (Han Dong-hee), un asistente de alquiler que trabaja en la empresa que monta su tío, es un médico que tras la muerte de su hermano pequeño en un accidente de tráfico, un niño todavía, abandona la profesión y carga con un duelo mal llevado. Ella (Lee Hyeri) es una joven huérfana de madre, que murió en un incendio, criada por su padre que la adora, que entra a trabajar en una funeraria, porque está desorientada en la vida, y que descubre con horror que cada vez que toca a un cadáver para prepararlo, este cobra vida antes de pasar al otro mundo, y le piden favores, últimas voluntades. Pronto sus caminos se encontrarán, al principio con antagonismo, pero finalmente irán acercándose y… ya os supondréis. De fondo, resolver lo que le sucedió al niño y el porqué de los poderes de ella. La serie carga con algunos lastres, aunque está bien valorada en su país de origen. Tiene elementos incomprensibles para un europeo, porque en nuestra cultura no hay prejuicios hacia las personas que trabajan en una funeraria. En el Asia oriental, sí que hay prejuicios culturales hacia determinadas profesiones. Sin tener esto en cuenta, hay situaciones que resultan totalmente absurdas. Otra cuestión es que la chica protagonista, una cantante que se apunta a actriz, a pesar de que es indudablemente muy guapa, sin ser un clon de otras como sucede muchas veces, no es muy buena actriz. Aunque no es catastrófica ni mucho menos, su interpretación, un tanto plana, y dado que es la protagonista principal, lastra no poco la serie.

[TV] Cosas de series; postapocalipsis, modeluquis e investigadores «privados»

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Vamos esta semana con tres series muy diversas, de las cuales dos de ellas me interesaron bastante, mientras que la otra… fue una decepción que no debería haber llevado hasta el final. Pero bueno.

Un par de episodios de la serie británica de hoy transcurren en Ottawa… así que… pues eso. Ottawa.

Fallout es una de las muchas series que está proliferando basadas en videojuegos. Lo que, a priori, no las hace muy interesantes para mí. No porque tenga nada contra esta tendencia de por sí, sino porque la mayor parte de ellas no son especialmente interesantes salvo para un público muy específico. No obstante, ante las buenas críticas y comentarios que empezaron a circular tras el estreno de esta serie en Amazon Prime Video, decidí darle una oportunidad. Y reconozco que me ha parecido una serie de aventuras postapocalípticas que no están mal. Con ese tono entre el western, que no es infrecuente en este género, la ciencia ficción y la distopía política, tiene un ritmo interesante, y una serie de personajes que invitan a interesarse por su devenir futuro. A eso hay que sumar el buen trabajo general de su reparto, y de algunos de sus protagonistas en particular, como Ella Purnell y Walton Goggins. Lo cierto es que me apetece saber qué va a pasar en temporadas futuras. Esperaba poco de esta serie, y acabé pasándolo bastante bien.

Sugar es una serie de Apple TV+ que juega como otras series de la plataforma con una cuidada producción y el prestigio de sus creadores. De los ocho episodios de los que consta, cinco están dirigidos por Fernando Meirelles y tres por Adam Arkin. El primero de ellos con más prestigio en el mundo del cine, el segundo, en el de la televisión. Y con un reparto que no está nada mal, al frente del cual está Colin Farrell, y encontramos gente con prestigio como Amy Ryan. El resto es menos conocido, pero funciona muy bien. Y la serie da una nueva vuelta de tuerca al género negro, dentro de la variante «Detective privado en Hollywood/Los Ángeles». Sugar, el detective que da nombre a la serie, es encargado de investigar la desaparición de la nieta de un poderoso productor de cine. Pero a su vez, en paralelo, sabemos que Sugar pertenece a una organización secreta. Y en el desarrollo de la serie se usan los tópicos habituales de estas historias, pero siempre con un punto de diferencia, de saber que algo raro hay detrás del personaje y de su organización secreta. Para cinéfilos, es interesante cómo se intercalan escenas de películas de cine clásico, que surgen en la mente de Sugar. Y al final, conoceremos el giro sorprendente sobre la naturaleza de esa organización secreta. Desconozco si hay previstas nuevas aventuras. Pero lo cierto es que creo que no estaría de más dejar la historia de este peculiar detective privado tal cual, sin removerla más. Porque hay cosas que es difícil recuperarlas con el cierre dado a esta temporada. No la verá mucha gente. Apple TV+ no es una plataforma con muchos seguidores. Pero está muy bien.

Finalmente, Geek girl es una serie británica de Netflix, de la que también escuché buenas opiniones, y que me decidí a ver. Las comedias británicas suelen tener buenos guiones y excelentes interpretaciones, así que no tenía por qué dudar de esas opiniones positivas. La protagonistas es una adolescente estudiosa (Emily Carey), con un gusto por las ciencias, y con una buena amiga que quiere entrar en el mundo de la moda. Por su personalidad y por sus gustos, no es popular en el instituto, y a veces es ridiculizada por sus conocimientos. Acompañando a su amiga a unos actos relacionados con el mundo de la moda, es «descubierta» por un ejecutivo de una agencia de modelos, ofreciéndole la oportunidad de destacar en ese mundo. Lo que sigue es cómo combinar ser auténtica a su personalidad, con lo que exige el nuevo mundo, como el romance que surge con un guapo modelo, y con las rivalidades de otras modelos que la sienten una advenediza que está donde no le corresponde. Los primero episodios de 30 minutos de la serie tienen un pase ya que esperas que algo más interesante se vaya consolidando poco a poco. Pero lo cierto es que no sucede. Poco a poco, entre una serie de topicazos y situaciones absurdas y con poco sentido, se desarrolla esta temporada que pronto te arrepientes de haber empezado a ver, pero que sigues hasta el final porque ya has invertido un tiempo y quieres ver como acaba. No especialmente recomendable. Un comentario empieza a valer para muchas series de Netflix. Demasiadas. No sé si están previstas nuevas temporadas, pero que no cuenten conmigo. Se pudo ver a la protagonista en un papel principal en algunos episodios de la serie de dragones del momento, cuya segunda temporada todavía no me he decidido a empezar a ver.

[TV] Cosas de series; el anime japonés como «guilty pleasure»

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Hoy voy con algunas de las series de la temporada de primavera de animación japonesa. Con algunas series que se encuadran dentro de los placeres inconfesables o guilty pleasures (placeres culpables) como los llaman los aficionados a los anglicismos. Series que no debería dedicar tiempo a ver, porque no son para mí, o tienen problemas serios en su concepción y desarrollo, pero que a pesar de todo me lo paso bien viéndolas.

Hananoi-kun to Koi no Yamai 花野井くんと恋の病 (traducción, Hananoi-kun y el mal de amores) es un romance de instituto destinado fundamentalmente al público femenino adolescente. Al principio la empecé a ver porque los dos primeros episodios me parecieron curiosos. Pero luego se volvió bastante monótona en su desarrollo; la jovencita que no entiende porque un chico tan guapo y atento se interesa por ella… y tal. Una serie de clichés frecuentes en la ficción adolescente japonesa a los que no suelo prestar atención. Pero tampoco supe desengancharme y acabé viendo la temporada completa. Pero no es nada recomendable salvo para su público diana.

Astro Note es una serie que roza el absurdo o la parodia. Y quizá ese es el motivo por el que me la he visto entera. Por su capacidad paródica, aunque creo que no es la intención de sus creadores ser paródicos. Un romance entre un cocinero en paro con la joven que regenta una pensión… pero que es una extraterrestre, princesa de un lejano planeta, con un perro que no es un perro, y con una casa que en realidad es una nave espacial. Y en la pensión una serie de extraños personajes, un pastiche de gentes que parecen extraídos de otras series. Pero tiene momentos de diversión. Tampoco es especialmente recomendable, salvo como guilty pleasure.

Y finalmente la segunda, o tercera, temporada de Konosuba. El título completo es Kono Subarashii Sekai ni Shukufuku wo! この素晴らしい世界に爆焔を!(Una bendición para este maravilloso mundo) y es un isekai, género fantástico en el que una persona del mundo normal, corriente y moliente es trasladada a un mundo alternativo de fantasía y magia. Pero como ya comenté en el pasado, esta serie tiene dosis enormes de parodia desvergonzada, con un fan service no excesivamente extremo, pero que sitúa su público diana claramente en los adolescentes masculinos, y en el que los aventureros son más bien catastróficos independientemente de que triunfen (o no) en sus misiones. Ya he perdido la cuenta de las veces que el protagonista ha muerto y ha sido resucitado. Es decir, altamente tramposa en sus recursos argumentales. Pero es muy divertida. Sobre si es la segunda o la tercera temporada… parece que oficialmente la consideran tercera, aunque es continuación directa de la primera, siendo la segunda una precuela centrada en una protagonista distinta. Esta sí que tiene calidad de factura y guiones, pero es una desvergüenza que hace que sea también un guilty pleasure en el fondo.

[TV] Cosas de series; famoseos, cenicientas y policías del cerebro

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En las últimas semanas he estado muy entretenido con algunas series surcoreanas absolutamente intrascendentes, sin ninguna pretensión, y que de alguna forma vuelven a reivindicar su papel en mi vida como guilty pleasures, frente a una época en la que parecía que iban llegando series del país asiático con calidad suficiente como para defender la recomendación de verlas por sus méritos. Estas, no.

Byeolttongbyeol [별똥별, estrellas fugaces], con título en inglés Shooting stars, es una comedia romántica de 2022 que se puede ver en Netflix, aunque no lleva el sello de la casa. El escenario es una agencia que representa a actores y cantantes, en la que el actor estrella (Lee Sung-kyung) y la jefa de relaciones públicas (Kim Young-dae), que fueron novios en los tiempos de la universidad, se llevan a matar, por una serie de eventos y malentendidos del pasado. Pero por supuesto… acabarán uno en los brazos de otros. Hay otras tramas paralelas, también de corte romántico. La serie no tiene mayor trascendencia, pero funciona por la buena química entre los protagonistas y el trabajo de otros secundarios que, como de costumbre, suelen ser todos muy guapos. A ratos se vuelve un tanto empalagosa. Pero bueno,… sin más. Y sin menos. Para fans del género. Bien valorado en IMDb, pero sin destacar sobre otras.

Sinderellawa ne myeong-ui gisa [신데렐라와 네 명의 기사, Cenicienta y los cuatro caballeros], con título en inglés Cinderella and the four knighs o Cinderella with four knights, también se puede ver en Netflix, sin llevar el sello de la plataforma, y es otra comedia romántica, en esta ocasión de 2016. Me entró la curiosidad porque fue el papel protagonista de Park So-dam, una de las actrices jóvenes de la oscarizada película surcoreana en la que, desde mi punto de vista, hacía un trabajo muy notable. Recientemente la vimos en un drama sobrenatural interpretando a la muerte. La serie no es nada original, porque recuerda mucho a otras anteriores y de similar planteamiento. Una chica en su último año de instituto, criada por una madrastra abusiva, y que aspira a ir a la universidad, en medio de una serie de adversidades, acaba contratada para vivir con cuatro jóvenes ricachones y caprichosos, con el fin de meterlos en vereda, dado que a la chica no le falta carácter. Por supuesto, un par de ellos acabarán peleándose por los favores de la chica. Más allá de que la protagonista está muy mona con el pelito corto, la serie es bastante floja. Y la chica protagonista ha recorrido mucho en madurez y calidad interpretativa con posterioridad… afortunadamente. Me entero de que Park So-dam, que actualmente tiene 32 años, se acaba de recuperar del tratamiento de un cáncer de tiroides. Pobre. A mí me cae bien. Me parece una actriz con mucho potencial, no en esta serie, y muy mona, pero sin ser el enésimo clon de las muchas actrices surcoreanas. Pero bueno, no es una serie especialmente recomendable.

Dunoegongjo [두뇌공조, cooperación cerebral], conocida en inglés como Brain works, es más reciente, de 2023, mucho menos orientada en los aspectos románticos, aunque algo hay, en la que un científico investigador del cerebro, excéntrico y de personalidad compleja, cae en desgracia al «robar» un cerebro de un psicópata, pierde su trabajo, y entra a trabajar en la brigada de investigación neurocientífica de la policía. Un grupo de extraños policías que investigan casos en los que alguien puede tener un problema de carácter neurológico, psicológico o psiquiátrico. Extraños porque el subcomisario es un tipo mayor altamente incompetente, la «capitana» es extraordinariamente tímida y retraída, hasta que deja de serlo, y el inspector es un buenazo simplón. Lo que pasa es que es el «culpable» del despido del científico, que busca venganza mientras trabajan. Un procedimental en tono de comedia, por supuesto se basa entre el antagonismo entre los dos protagonistas masculinos antagonistas. Que no funciona mal. Hay una trama de fondo, con un psicópata y con la muerte «accidental» de los padres del científico en su infancia, que se acaba resolviendo prematuramente dejando unos episodios finales sin mucho sentido. Serie también intrascendente, aunque divertida en no pocas ocasiones.

[TV] Cosas de series; culebrones Shondaland y drama legal japonés

Televisión

Como ya he comentado en alguna ocasión, la productora y creadora de series Shonda Rhimes es una de las más exitosas de Hollywood. Pero está especializada en las series con un toque culebronesco, que fácilmente entran dentro del espectro de los guilty pleasures, esos placeres culpables que ves a pesar de que sabes que, por muy lujosa que sea su producción, hacen aguas por muchos lados. Interpretación, guiones, mensajes… todos ellos suelen presentar goteras, defectos que deberían ser obvios para muchos, y sin embargo son obviados, y tienen éxito. Pues vamos con dos de ellas. Y añadiremos un drama legal japonés que terminé de ver recientemente.

Sigo sin poder explicara con claridad por qué sigo viendo Grey’s Anatomy, de la que hemos podido ver su vigésima temporada. Probablemente hace dieciséis que dejó de tener sentido. Pero quizá por costumbre, porque fue una de las primeras series a las que me enganché cuando empezó eso que algunos llaman la edad de oro de las series televisivas de ficción. Esta vigésima temporada sido la más corta de todas, diez episodios, solo superada en escasez de entregas por su primera temporada, con nueve episodios, porque comenzó muy avanzada la temporada regular de emisiones de las televisiones norteamericanas, como sustituta de alguna otra que se canceló. Si no recuerdo mal. Y la verdad es que la calidad de la serie, en sus guiones y en sus interpretaciones ha ido en constante declive. Sin embargo, ahí sigue. Supongo que porque vende y sale rentable. Siempre me planteo que hasta aquí he llegado con ella. Pero es como uno de esos parientes que hay en todas las familias, que es una pesadez, que no interesa, pero que como es de la familia… pues ahí lo tienes.

Continúo explotando las fotos del reciente viaje a Japón. En este caso a propósito de que la ficticia universidad en la que se conocen los protagonistas de la serie japonesa parece estar en una ciudad que podría corresponderse con Matsumoto.

Por el contrario, también de la misma factoría, Bridgerton, es una de las series estrella en la actualidad de Netflix. Esta ucronía de la Inglaterra de la época georgiana de la historia de este país, en la que las reinas consortes de origen alemán tiene la piel negra, todo sea por la representación en pantalla de la diversidad de la sociedad, estrenó recientemente su tercera temporada. Que conste que la diversidad de los orígenes étnicos de los intérpretes de la serie me trae sin cuidado. Llama la atención al principio, pero realmente creo que ni aporta ni quita. Sin los intérpretes son buenos funcionan, y si no, no funcionan. Por mucho que nos empeñemos. Y esta es una serie donde hay algunos intérpretes que está bien… y otros que no. De todos los colores de piel. Chirrían el presunto mensaje progresista de la serie, con la realidad de sus argumentos. Puesto que al fin y al cabo, todo circula con la rancia motivación de haber si casamos bien a la niña con un noble guapo y con tierras y buenas rentas. Leves tramas sobre mujeres pretendidamente independientes o en busca de su independencia, pero que al final acaban en lo mismo, en un matrimonio con un mozo con posibles, más o menos mono. Como en las dos primeras temporadas, de lo que va es de cómo van a casarse algunos de los hermanos de la prolífica familia Bridgerton, en esta ocasión dos de ellos. Pero al cabo, es más de lo mismo. Con el agravante que han acabado con uno de los pocos puntos de interés de la serie, el anonimato de la chismosa oficiosa de la alta sociedad inglesa. Nunca he sido muy fan de esta serie, pero tiene esos elementos de placer culpable que he mencionado y la veo. Aunque cada vez con menos entusiasmo. Es curioso que lo mejor que se ha hecho de este peculiar universo es la derivada, a modo de precuela, que centraba su interés en la reina alemana y negra. Ni siquiera me di cuenta de que uno de los personajes protagonistas de esta temporada, una de las hermanas casadera, había cambiado de actriz y tenía otra cara. Pero es que es uno de los personajes más mortalmente aburridos de los que han protagonizado los intentos casamenteros de los guionistas de la serie.

Finalmente, Destiny es un drama judicial japonés, que distribuye Netflix internacionalmente. Al contrario que otros dramas japoneses que se estrenan en Netflix un tiempo después de su emisión en la cadena japonesa que los produce, esta se ha ido estrenando simultáneamente, semana a semana. La vi porque sus primeros episodios parecía que prometían, y después de varias series del mismo país que recientemente me habían entretenido bastante, aunque no tenga la calidad global que las de otras nacionalidades. Una joven fiscal (Satomi Ishihara) en Yokohama se encuentra de repente con la tarea de investigar al que fue su novio (Masanobu Andō) durante la universidad. Un largo flashback nos contará cómo la joven estudiante de derecho encontró su sitio entre un grupo de compañeros de clase con los que hizo amistad. Con algunos de ellos mantiene relación todavía. Pero la buena época terminó cuando en un accidente de coche murió una de las chicas, y en el que estaba también implicado el novio de la joven, que desapareció de su vida. Cuando reaparece es para descubrir que detrás de la caída en desgracia y suicidio de su padre, también fiscal, veinte años atrás, hay un misterio, en el que está implicado el padre de su antiguo novio. Como ya digo, el comienzo presentó su interés. Pero lo cierto es que conforme avanzan los episodios, nueve en total de una hora aproximadamente de duración, el interés se estanca. Probablemente porque la premisa inicial no da para tanto… y al final se vuelve morosa. Las interpretaciones son mejorable, y hay un problema con el personaje protagonista, la fiscal, con la que es difícil empatizar. Y es que no basta ser mona. Tiene que haber un personaje con sustancia, y mayores capacidades interpretativas. Si Ishihara las tiene… en esta serie no se le aprecian siempre.

[TV] Cosas de series; algunas cosas del anime de esta primavera

Televisión

Intentaré no entretenerme mucho con la entrada de hoy, pero voy a comentar algunas series de animación japonesa que he ido viendo a lo largo de esta primavera. Un par de ellas en Netflix, y la otra, de otras plataformas.

La primera es un tanto anecdótica. Meitantei Konan [名探偵コナン, literalmente el gran detective Conan], comúnmente conocido en España como Detective Conan, es una serie de manga con adaptaciones al anime tanto en forma de series como de largometrajes, de carácter detectivesco como su título implica, y atemporal. Es decir, que no hay un paso del tiempo en su universo, e incluso pueden concurrir anacronismos internos y externos. Vamos, que lo que importa es la mera aventura, sin más concesiones. También tiene alguna adaptación en serie de acción real. Últimamente han llegado a las carteleras españolas algunos largometrajes de esta franquicia. Pero yo nunca había visto nada. Hace unos meses llegó a Netflix un derivado, centrado en un personaje secundario, Meitentei Konan: Zero no ti taimu[名探偵コナン ゼロのティータイム 日常], o internacionalmente, Detective Conan: Zero’s Tea Time, seis episodios de escasamente un cuarto de hora de duración. Con un personaje secundario, un detective que se oculta bajo la apariencia de alguien que trabaja en una cafetería, Zero. Es relativamente intrascendente, pero simpática, y se ve con facilidad. Y dura muy poco. No ha sido suficiente para que me decida a ver algo de la serie principal.

Bartender: Kami no gurasu [バーテンダー 神のグラス], o Bartender: Glass of God, es otra adaptación de un manga. Este es de hace 20 años. En la segunda adaptación en formato de animación que se hace. Y tiene un tono de animación con temas más adultos, y no me estoy refiriendo al sexo, del que no hay nada. Es una historia en torno a un barman, entendiendo como tal no un camarero al uso, sino el camarero de barra especializado en combinados y cócteles, que trabaja en un establecimiento de la zona de Ginza, en Tokio. El propietario de un lujoso hotel quiere contratarlo para su establecimiento, pero el se resiste. Y enviará a su nieta, que trabaja para él sin que sus compañeros sepan que es la nieta, y a otra empleada joven a convencerla. En los doce episodios que dura, iremos haciendo un recorrido por la vida de los personajes, y de otros personajes secundarios que van surgiendo entre los clientes del bar donde trabaja el protagonista y otras personas con la misma profesión y relacionados. La he visto por curiosidad, pero no ha terminado de engancharme porque la mística que desarrolla en torno a la profesión del protagonista me parece una memez, así como las sutilezas sobre los sabores y formas de preparar los combinados. Una pena, porque por lo demás, está bien hecha. Razonablemente bien valorada por los aficionados al anime en Myanimelist, no tanto por los votantes de IMDb.

Danjon meshi [ダンジョン飯, comida de mazmorra], en inglés Delicious in dungeon, e ingeniosamente en español Tragones y mazmorras, es una serie de fantasía, del tipo Dragones y mazmorras (ver Nota, más abajo), con 24 episodios de duración, abierta a continuación. Aunque tiene muchos momentos de aventura, y sus notas de drama, la mayor parte de la serie tiene un tono de comedia, me atrevería a decir que de parodia amable. Un grupo de aventureros entre los cuales un humano, una maga elfa, un mediano (similar a un hóbit de Tolkien) y un enano, se adentran en una mazmorra (entiéndase por tal NO un calabazo, sino una estructura subterránea con tesoros, monstruos, seres fantásticos y tal) para rescatar a la hermana del hombre, que fue atacada por un temible dragón. Para ahorrar y evitar peso, decidirán comer de lo que encuentren, por lo que cada episodio recibe un título relacionado con el plato que cocina a partir de los monstruos, animales y vegetales fantásticos que encuentran por el camino. Es muy entretenida, muy ingeniosa. Los caracteres se hacen de querer, porque son básicamente imperfectos, pero entrañables. Y los subtítulos están traducidos con mucho ingenio y mucha guasa, supongo que acorde con el tono general de la serie. Por lo que realmente me ha divertido bastante. Se ve en Netflix. Y si hay segunda parte, sin duda la veré. Está muy bien valorada, entrando entre las 100 series más valoradas de las miles que hay en Myanimelist.

Nota: Para quienes no se cosquen con la cosa de los juegos o aventuras de mazmorras, es un tipo de aventuras claramente inspirado por las compañías que en los libros de Tolkien se internan por diversos subterráneos para conseguir algo, como un tesoro o lo que sea. Por ejemplo, los enanos y Bilbo a por el tesoro de Smaug, o la Comunidad del Anillo atravesando las minas de Moria, y este tipo de situaciones, donde también hay elfos, enanos, hombres, medianos, dragones, orcos,…

[TV] Cosas de series; militares corruptos, periodistas que no mienten y familias de «superhéroes»

Televisión

Hace bastantes semanas que no dedico una entrada a las series surcoreanas. Y es que entre unas cosas y otras… últimamente me he enfriado bastante hacia este placer inconfesable. Últimamente he colgado varias tras ver uno o dos episodios. Quizá están dejando de divertirme. O no. Quién sabe. Pero aquí traigo tres de ellas, de muy distinto pelaje.

Gungeomsa Dobereuman [군검사 도베르만], en inglés Military prosecutor Doberman, es un drama militar y judicial, con toques de comedia y el inevitable romance, que se puede ver en Netflix, aunque sin doblaje ni subtítulos en español, hay que ponerlos en inglés, originalmente estrenado en su país de origen en 2022. Dos fiscales militares se alían contra un entramado de corrupción que abarca a altos grados militares y al mundo empresarial. Él, un vividor, que originalmente busca su propio beneficio, ella,… busca venganza. Y a partir de ahí, con un tono más desenfadado que dramático, una serie de aventuretas que se benefician del buen hacer de sus protagonistas (Ahn Bo-hyun y Jo Bo-ah) y de la buena química entre ellos. Un guilty pleasure bien hecho, pero bastante inverosímil, por lo demás.

Bimir-eun eops-eo [비밀은 없어, sin secretos] recibe en castellano el título de Hablando con franqueza o en inglés Frankly speaking. Parte de una premisa que no es nueva en series surcoreanas, ya la vi en una serie hace unos años. Un periodista o similar que es incapaz de mentir. En este caso un presentador de televisión (Go Kyung-pyo). Y eso le lleva a que le vaya mal profesionalmente. Para salir del atolladero, se alía con una guionista de reality shows (Kang Han-na), pasando a formar parte de los participantes en uno de sus programas. A partir de ahí, enredos y romances. Es una serie bastante intrascendente, estreno reciente de Netflix, y que se salva también por el buen hacer del reparto y porque los guiones no están mal.

Finalmente, una serie un tanto atípica, Hieoroneun animnidaman [히어로는 아닙니다만, no soy un héroe], que ha dado en titular en castellano/inglés como Una familia atítpica/The atypical family. Mezcla de comedia y drama romántico. Quizá más drama que comedia, aunque de todo hay. Una mujer joven (Chun Woo-hee), huérfana, que forma parte de una banda de estafadores, se infiltra en una familia con dinero, con el fin de casarse con el hijo viudo (Jang Ki-yong), con una hija preadolescente, y desplumarlos de su dinero. Pero con lo que no contaba es que fuese una familia con superpoderes. Aunque ahora no los pueden utilizar por culpa de las enfermedades asociadas a los estilos de vida modernos. La una vuela, pero no lo consigue porque se ha vuelto obesa. Otra tiene sueños premonitorios, en los que basan la riqueza familiar, pero no lo consigue por culpa del insomnio. El viudo es capaz de viajar al pasado, a sus momentos felices, pero no lo consigue porque está permanentemente deprimido desde que enviudó. Y en doce episodios se desarrolla un complejo enredo, en el cual, no faltan los dramas familiares y el romance, inicialmente ficticio pero luego… lo de costumbre. Tiene sus cosas originales, pero el ritmo y el desarrollo de la serie no siempre es acertado. Lo de los viajes en el tiempo es un plus, y está bien resuelto. Pero me he quedado con ganas. Podría haber sido muy buena. Quizá convertida en un largometraje, podría haber tenido su miga.

[TV] Cosas de series; un canalla antipático, varios canallas simpáticos y una familia nórdica

Televisión

Voy rápido que ando con poco tiempo. Tres series. Que llevo acumuladas unas cuantas sin comentar. Unas más interesantes que otras.

Con el Ripley por ahí, las fotos de la costa mediterránea de Italia o de Nápoles son obligatorias, casi.

Ripley. El de toda la vida. El de Patricia Highsmith. No sé cuantas versiones se han hecho de esta novela. Yo he visto tres. El largometraje de Alain Delon, el de Matt Demon, y esta serie que comento hoy, protagonizada por Andrew Scott. Tres ripleys muy diferentes para un mismo personaje. Tres interpretaciones muy diferentes de la misma historia. La historia tiene miga. Pero nunca me he sentido satisfecho con sus adaptaciones. No con los largometrajes. Especialmente el más moderno. Y con la serie actual, siento que estoy dividido. Con una factura exquisita, un blanco y negro suntuoso, un cuidado al componer el cuadro, al rodar como pocas veces se ve, mezcla algunos episodios absolutamente antológicos, especialmente el tercero y el quinto, con otros que me resultan pesados. El personaje siempre me resulta desagradable, lo cual no quiere decir que el actor lo haga mal, ni mucho menos, al contrario. Por lo que si lo que sucede en pantalla no tiene un plus… me tira para atrás. Pero creo que es una serie que hay que ver. Es distinta, y tiene cosas muy buenas. Aunque hay más libros sobre el personaje, parece que es temporada única. En Netflix.

The Gentlemen es una derivada de la película del mismo título que no tuve el gusto de ver. Una trama de mafias criminales, en las que se generan alianzas entre los capos de estas mafias y la más rancia de la nobleza británica. Con buena química entre los dos protagonistas, Theo James y Kaya Scodelario. Un reparto que funciona en general, por el buen hacer habitual de los elencos británicos. Y una trama que no es original. La típica de la persona que NO es en principio un criminal mafioso, pero acaba involucrándose en estos negocios, metiéndose en problemas, y utilizando como mecanismo para salir de ellos el típico huir hacia adelante, echándola más gorda. Aunque hay una serie de referencia en este esquema argumental que me parecerá siempre superior, al menos en sus primeras temporadas. Me lo pasé muy bien. Quizá esté sobrevalorada por muchos espectadores, pero es bastante recomendable. Ni idea si tendrá o no tendrá segunda temporada. En Netflix también.

Y también en Netflix, en temporada única, Midtsommernatt. El término se refiere a la noche del equinoccio de verano que se celebra con hogueras, juegos y fiestas en buena parte de Europa y derivados. Es equivalente a la noche de San Juan en España, aunque no coinciden en el mismo día (21 de junio frente a 24 de junio en España). En los países nórdicos coincide conque suele anochecer muy muy muy tarde. Incluso en el norte de estos países, más allá del círculo polar, no llega a anochecer. Sol de medianoche. En algún lugar de la costa noruega, una familia en la que hay miembros que son suecos, celebran una fiesta familiar. Está la familia y algunos amigos. La idea es comer, beber, hacer juegos, cantar canciones,… como mandan las tradiciones. Suecas o noruegas. Pero empiezan a aparecer conflictos familiares, unos larvados, otros que surgen de nuevo. Una serie simpática. Cinco episodios de media hora que se ven enseguida. Incluso se pueden ver de tirón, como un largometraje de dos horas y media de duración. No dejará mucho poso, pero entretiene. Reparto desconocido por estos lares, salvo Pernilla August, la virgenmaría de los midiclorianos de una galaxia muy lejana, hace mucho mucho tiempo.