Algo queda de los primeros europeos, los neandertales

Ciencia

Me aficioné a los temas sobre evolución del género humano desde muy jovencito. Muy pronto entendí que lejos de lo que suponía la educación religiosa católica que impartían los padres escolapios en los años 60 y 70, los seres humanos no podíamos ser explicados por un argumento tan simplón como “estar hechos a imagen y semejanza” de un dios, que siempre me ha parecido que tenía debilidades demasiado humanas. Ira, venganza, amor, preferencias étnicas o raciales,… son caracteres de la divinidad judeocristiana que uno encuentra en la Biblia. Así que desde adolescente decidí que para entender lo que eramos era mejor seguir las enseñanzas iniciadas por Darwin más que las de Moisés y los evangelistas oficiales. Pronto se extendió esta idea en mi interior a cualquier actividad o concepto de la vida cotidiana.

Fue en los años 90 cuando más tiempo le dediqué en mis ratos libres a conocer con más profundidad el estado de la cuestión. En aquellos momentos, estaban en su apogeo las teorías surgidas de los primeros estudios genéticos aplicados a la evolución humana con resultados contrastados. Por aquel entonces, dos grandes teorías peleaban entre sí para explicar como surgió la última de las especies de la estirpe humana, Homo sapiens.

Por un lado, un grupo de científicos, apoyándose en el registro fósil y en las diferencias morfológicas de los seres humanos que habitan en las distintas regiones del mundo, defendía la teoría de la evolución multirregional. Los distintas especies previas a Homo sapiens, como Homo erectus o los neandertales, habrían evolucionado hacia la especie moderna de forma simultánea y con interconexiones entre unas y otras que permitieron la unidad como especie.

Por otro lado, otro grupo de científicos, más apegados a las modernas técnicas de genética molecular, tras estudiar la variabilidad del ADN humano, nuclear o mitocondrial, llegaban a la conclusión de que todos los seres humanos modernos procedíamos de un grupo de seres humanos que habitaron en algún lugar de África hace entre 100.000 y 200.000 años, y que se expandieron por el mundo sustituyendo a las poblaciones de especies más primitivas. Es la teoría Out-of-Africa. Esta fue la que poco a poco fue ganando más popularidad entre la comunidad científica afianzándose, aunque sin conseguir la unanimidad total, como paradigma vigente.

Pero si he empezado este artículo contrastando el “conocimiento” basado en la fe religiosa con el conocimiento procedente de la ciencia, en este punto volveré a diferenciar el comportamiento científico y el religioso. Y es que en ciencia no hay dogmas. Cualquier teoría es tan buena como el soporte que obtenga de la observación y de la experimentación. Mientras estas no la contradigan, vale; cuando esto no es así, es el momento de proponer un nuevo paradigma y seguir hacia adelante.

En estos días se ha hecho público un artículo en la revista Science, en su número del 7 de mayo, en el que se da a conocer la secuenciación del genoma del Homo neandertalensis. Predecesor de la especie humana en Europa y Oriente Próximo sobre todo, su registro fósil permitía deducir algunas similitudes notables pero también algunas diferencias. Se sabía positivamente que tuvieron que coincidir durante unos miles de años. Una de las preguntas lógicas que se han planteado desde hace tiempo es si en alguna ocasión hubo procreación entre las dos especies. Y si la hubo, si esta fue fértil y dejó descendencia. Si esto último fue así, incluso habría que discutir si realmente somos dos especies distintas o dos variantes extremas de una sola. Tal vez dos subespecies de una misma especie. Los resultados han sorprendido. Un 2% de los genes de los seres humanos de Europa, Asia y Oceanía (los nativos americanos serían descendientes de los asiáticos) parecen proceder de antepasados neandertales, con una variabilidad entre el 1 y el 4%. En algún momento, de forma puntual, en su migración fuera de África, los humanos modernos procrearon vástagos fértiles con los neandertales. Y esto abre un nuevo mundo de posibilidades sobre el que no me considero capacitado para comentar o prever en estos momentos. Habrá que estar al tanto.

En cualquier caso, mi precoz intuición juvenil parecía acertada. No me parece que seamos el resultado de un “soplo divino” en un momento dado; somos la consecuencia de un largo proceso evolutivo en el que han intervenido como protagonistas muchos actores y muchos mecanismos biológicos y físicos.

De momento, quizá sea recomendable pasarse por la presentación especial que la revista Science ha preparado sobre el genoma neandertal.

Schönbrunn

Homo sapiens de origen africano con unas gotitas de neandertal en los jardines del Schönbrunn Schloss de Viena - Panasonic Lumix LX3