[TV] Cosas de series; amores difíciles, imposibles, dañinos,…

Televisión

Hoy traigo dos series, ambas visibles en Netflix, que no están mal. Aunque ninguna de las dos sea perfecta, ni de lejos. Curiosamente la que me ha parecido más entretenida es la que más “goteras” tiene. Voy a ello.

Se puede ver ya desde hace un tiempo la segunda temporada de You. Para los que no estén al tanto, Joe (Penn Badgley), el protagonista de You, es un sociópata cuyas potenciales víctimas son las mujeres de las que “se enamora”. En ciertos aspectos recuerda tanto a Dexter, que incluso dentro de la propia serie han hecho alguna referencia o alusión a aquel inolvidable y entrañable sociópata justiciero. Pero eso no quiere decir que funcione como Dexter. Una de las claves de un serie con un protagonista sociópata es que tienes que, una de dos, o te sientes atraído por el (véase Hannibal Lecter) o empatizas con él (véase el propio Dexter) por aberrante que parezca la idea. Y mi problema es que, en mi caso, Joe ni me atrae ni empatizo con él. Por lo cual, has de tirar de los personajes que le rodean. Que en la primera temporada tenían su aquel, pero en esta segunda tampoco me han llamado la atención para nada. Especialmente decepcionante me ha resultado el papel en la trama de su primera, fallida, víctima. Siendo una serie que no está mal… he terminado por verla un poco forzado… y no creo que me enganche ya a una potencial tercera temporada. Ha dejado de interesarme.

Corea, inevitablemente; es lo más vistoso que tengo de lo relacionado con las series de hoy.

El domingo comentaba una película coreana de 2010 que he visto en estos días de aislamiento social. Me llevó q ella una revisión de la carrera del protagonista masculino de la serie que comento a continuación. Se trata de Bin Hyun, y la serie es Sarangui Bulsichak [사랑의 불시착], conocida internacionalmente como Crash landing on you. O sea, estrellándome (o aterrizaje forzoso) sobre ti. El título coreano traduciría más bien por aterrizaje forzoso amoroso. Así que bueno… ya se puede deducir que es una serie romántica. Así que es necesario una protagonista femenina, en este caso Son Ye-jin. A ambos protagonistas los había visto ya en series previas. Él nunca me convenció en exceso, pero ella, a pesar de que la serie era muy floja, siempre me pareció una actriz con posibles. No son ningunos críos. Estamos hablando de intérpretes de treintaymuchos, haciendo el papel de treintaypocos. Son guapos, y están muy arregladitos y apañados y resultan monos. El tema es que el punto de partida es suficientemente demencial como para impulsar una serie que me ha resultado tremendamente entretenida a pesar de las goteras de guion, de ambientación y de interpretación, que como “buena” serie coreana, tiene.

Son Ye-jin interpreta a una empresaria, hija de una familia todopoderosa en los negocios, pero que vive al margen de ellos y a pesar de ello a conseguido mucho éxito. Curiosamente, su padre se da cuenta de su valía y decide que sea su heredera, generando la envidia y el rencor de sus hermanos varones. En un momento dado, practicando parapente, se mete en una tormenta con tornados incluidos, y acaba aterrizando en el lado norcoreano de la zona desmilitarizada, donde es recogida por un capitán del ejército norcoreano. Y a partir de ahí… no voy a entrar en los numerosos enredos en los que se meten para devolverla a Corea del Sur, para enamorarse, y para sortear a todos los malos, del norte y del sur, que los amenazan. Con un planten de secundarios, especialmente los que hacen de norcoreanos, de lo más divertidos, se convierte en un placer culpable relativamente bien hecho que acabas devorando y pasándotelo de miedo. Y las chicas son muy guapas. Aunque probablemente en la vida se haya visto paseando por las calles de Pionyang mujeres tan elegantemente vestidas, ni aun entre las clases dominantes de la monarquía marxista-leninista. Pero el emplazamiento de producto manda sobre la veracidad histórica y social.

[Cine en casa] Malos tiempos para el cine en salas,… recuperaremos películas en la TV

Cine

Si a los cierres que se anuncian por la enfermedad causada por cierto coronavirus, tengo que añadir que esta semana pasada no he tenido tiempo ni ocasión para acudir a las salas, tengo vacía mi reserva de comentarios cinematográficos. Pero siempre podemos tirar de la caja tonta, de las plataformas de vídeo bajo demanda y de otros recursos para ver cine. Especialmente para recuperar cine. Sobretodo el que tenemos menos ocasión de ver.

En los dos últimos meses, Netflix ha ido sumando a su catálogo el de películas de animación de Studio Ghibli. Lo cual es un puntazo, porque hasta las menos conocidas o aplaudidas son majas de ver. Yo creo que a estas alturas de mi vida he visto ya todas. Incluso la que no es del estudio, porque no se había contituido todavía. En cualquier caso, tienen los derechos sobre la valiente Naushika, que sigue siendo una de mis favoritas entre las heroínas del estudio. Pero hay algunas que sólo he visto una vez. Y es un buen momento para repetir. Salvo una. La película en tiempo bélicos de Isao Takahata es una belleza. Pero la enorme tristeza que genera evita que me anime a volver a verla.

No obstante, Takahata es el responsable de algunos de los títulos más personales del estudio, muy distintos a los de Hayao Miyazaki, pero tan interesantes como los del más conocido, y todavía vivo, director de animación de los títulos más recordados de Ghibli. En estos días me he merendado un par.

Ambiente tradicional nipón… siguiendo la estela del cuento de la Princesa Kaguya.

Hōhokekyo Tonari no Yamada-kun [ホーホケキョ となりの山田くん], conocida en español como Mis vecinos los Yamada es una de las más divertidas y aptas, por sus temas, para todos los públicos. Es más, será más disfrutada por los adultos que por los niños y adolescentes, en la medida en que se sientan reconocidos en los problemas cotidianos de esta peculiar familia. Tiene una estructura de tiras cómicas animadas, microhistorias en la vida cotidiana de los Yamada, salpicados de vez en cuando por bellos haikus de Bashō. No sé muy bien porque la había visto sólo en una ocasión.

Con un estilo visual muy similar a la anterior, y muy distinto del que usa Miyazaki, por ejemplo, y no digamos los directores de moda como Makoto Shinkai, tenemos la maravillosa y poética Kaguya-hime no Monogatari [かぐや姫の物語], conocida en castellano como El cuento de la princesa Kaguya. Es relativamente reciente. Su estreno en España se vio oscurecido porque se produjo casi simultáneamente a la que en su momento se anunció como la última película de Miyazaki, que se llevó la fama mediática. Pero la historia de Kaguya es claramente superior. Basada en una antigua leyenda japonesa, que se convirtió en uno de los textos literarios más antiguo del País del Sol Naciente, El cuento del cortador de bambú (Taketori monogatari [竹取物語]), nos cuenta la historia de la niña que un anciano cortador de bambú encontró en un brote de bambú y que se convirtió en una princesa de gran belleza, inteligencia, bondad y sensibilidad. Con unos dibujos absolutamente preciosos, y una maravillosa banda sonora a cargo de Joe Hisaishi, nunca me canso de escuchar la pentatónica (creo) combinación de Warabe uta [わらべ唄, canción infantil] y Tennyo no uta [天女の歌, canción de la mujer celestial], para mí entra a formar parte del grupo de las obras maestras de Studio Ghibli. Fue candidata al Oscar, perdiendo ante una película claramente inferior desde todos los puntos de vista, salvo los de la limitada visión de los votantes de la academia.

Y también he tenido oportunidad de rescatar por ahí una película que me llamó la atención por un par de razones. Se trata de la coreana Manchu [만추, finales de otoño], conocida fuera de la República de Corea como Late Autumn. Dirigida por Kim Tae-yong, me llamó la atención por estar protagonizada por un actor coreano que actualmente vemos con frecuencias en los dramas de este país en Netflix, Bin Hyun, en plan galán de acción, muy valiente y austero. En la película, ya ves tú, hace de gigolo. Pero es que la protagonista femenina es la china Tang Wei,… que a mí me enamora cada vez que la veo. Cómo me gusta esta mujer. Y aquí hace un papel de joven reclusa, en prisión por haber matado a su marido, que obtiene un permiso de poco más de 72 horas para el funeral de su madre. Una interpretación contenida, de escasas palabras, con unas miradas que desarman. Qué burros los chinos cuando la vetaron durante años por su papel en cierta película de época. Qué nefastas son las censuras. Recordemos que a Tang Wei la pudimos ver hace no mucho en un doble papel en otra excelente película. Cotilleo,… Tang Wei y el director Kim Tae-yong se hicieron pareja, y son felices padres de una niña que dicen que se llama Summer. Qué bonito es el cine…