[Cine] Adiós a la reina (2012)

Cine

Adiós a la reina (Les adieux à la reine, 2012), 5 de mayo de 2012.

Sin duda alguna María Antonieta (ver disquisición idiomática más adelante) es la reina francesa favorita de la literatura y el cine francés e internacional. Nada como un destino trágico para pasar a la posteridad. Morir joven, guapa y en dramáticas circunstancias es mucho más “chic” que convertirse en una anciana y morir de cualquier achaque mundano en su propia cama. Esto último esta muy bien para los burgueses y los plebeyos; pero para una reina… Supongo que por eso hoy en día las reinas son tan aburridas. Están aburguesadas. Y en los últimos años ha habido cierta actividad cinematográfica en torno a la reina guillotinada. En 2001, fue encarnada por Joely Richardson en la poco afortunada The Affair of the Necklace (El misterio del collar). En 2006, fue la protagonista, encarnada en Kirsten Dunst, de la postmoderna y pretenciosa película de su mismo nombre Marie Antoinette (María Antonieta), dirigida por Sofia Coppola, tremendo pinchazo de una directora que prometía, y que ya no ha vuelto a dar en el clavo. Hasta el moño sales de los zapatos de la reina y sus damas. Y ahora son los propios franceses, con el director Benoît Jacquot a la cabeza, que nos traen una nueva visión de su reina favorita, encarnada por la germánica Diane Kruger, a la que no dudaron en decapitar. Hay más representaciones de esta reina en los últimos años, pero me he limitado a mostrar las más representativas, en películas que yo mismo he visto.

Jardines y estanques

Los estanques de Versalles no aparecen tan pulcros y aseados en el filme como se mantienen en la actualidad para las visitas turísticas.

La película es una adaptación de una obra literaria, y pese a lo que se suele leer por ahí, no nos habla de los últimos días de la reina, sino de los tres o cuatro turbulentos días que siguieron a la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789. María Antonieta aún tardaría más de cuatro años en perder la cabeza tras el amañado juicio que la condenó. Los acontecimientos que pudieron suceder en estos días los vivimos a través de los ojos de Sidonie Laborde (Léa Seydoux), personaje ficticio, joven lectora de la reina a la que profesa una devoción absoluta. A través de los ojos de esta joven, nos introduciremos en el ambiente de Versalles, conoceremos lo que pudieron pensar, hacer o sentir los cortesanos, aislados del mundo, ya que todo se cocía en París, de la que les separaban unos veinte kilómetros, varias horas de desplazamiento. En aquellos momentos no llegaba hasta los alrededores de palacio la línea C del RER. Entre los cortesanos, destaca la figura de la duquesa de Polignac (Virginie Ledoyen), favorita de la reina. Entre las tres mujeres se constituirá un triángulo que terminará con la huída de la Polignac por consejo de la reina en compañía de la joven lectora.

Gran Trianón

Los “Trianones” eran parte de los dominios de la reina María Antonieta; aunque preferentemente el pequeño Trianón, y no el grande que aparece en la foto.

Lo primero que nos llama la atención de la película es que dedica unas primeras escenas, mientras acompañamos a la guapa Seydoux en su vida cotidiana un 14 de julio, cuando nada se sabe en palacio de los alborotos en París, a retratar el ambiente de Versalles. Pero no un ambiente idílico, de lugar magnífico e ideal, como se nos presenta habitualmente. Recorremos los apartamentos y los pasillos de servicio. Estamos en verano. Hace calor. Los mosquitos pican. Hay ratas. Las aguas de los estanques están turbias y emiten olores. No me cabe la duda de que esta descripción, en la que más adelante no se insistirá, busca establecer dos cosas. Una, el auténtico ambiente del lugar; dos, una metáfora de la corte y el gobierno de Luis XVI (Xavier Beauvois). Frente a la representación de Coppola de una reina eternamente adolescente que no parece cambiar desde los 15 años en que llega a Versalles hasta los 33 que tenía en julio de 1789, aquí nos encontramos a una reina insegura, claramente en sus treinta y tantos, y muy dependiente de quienes le rodean. Una inseguridad y una dependencia que se refleja también en el conjunto de los habitantes de palacio. Sólo la desvergüenza de algunos sirvientes, o la serenidad de algún funcionario público como Moreau (Michel Robin) el bibliotecario de la reina.

Uno de los aspectos más destacados de la película es que poco a poco se centra en las relaciones y sentimientos entre las tres mujeres. Distintas escenas y situaciones dan a entender que entre las tres mujeres surge una atracción que va más allá de la amistad entre las aristócratas, o de la devoción de la sirviente. Que existe una atracción física, lésbica, que no puede ser expresada de forma explícita; pero el argumento y la dirección de la película no dejan lugar a dudas, existe.

Galería de los espejos

No hay película de ambiente versallesco que no nos muestre varias veces la célebre Galería de los Espejos.

Mas allá de la cuidada ambientación, más realista que en otras producciones como ya he comentado, la base del filme es la interpretación de las tres mujeres. Especialmente de Léa Seydoux, protagonista principal de la película, ya que son sus ojos los que nos sirven de mirada para que veamos lo que sucede, y nada conocemos de lo que pasa donde no está la joven. La que es calificada de “nueva musa” del cine francés y europeo hacen un excelente y convincente trabajo. Pero también de una Diane Kruger, que encarnando a la reina austriaca, realiza el que probablemente es el mejor trabajo que le he visto. Y de paso, componiendo una Maria Antonieta bastante más convincente que la de Kirsten Dunst en el filme de Sofia Coppola. La tercera en discordia, la guapa Virginie Ledoyen, por quien no parecen pasar los años, tiene un minutaje más reducido, aunque está igualmente convincente. El resto de secundarios, cumplen con buen nivel.

¿Qué podemos concluir de esta película? Mi primera sensación fue contradictoria. No acababa de estar satisfecho de lo que había visto. Pareciera que la película no se acaba de definir entre su vertiente documental de los hechos históricos de aquellos días, y el drama más novelesco que progresivamente se desarrolla entre el trío de mujeres protagonistas. Sin embargo, el regusto que me ha dejado ha sido bueno. No he dejado de pensar en ella, eventualmente. Incluso me indujo a darle una segunda oportunidad a la película de Sofia Coppola ayer domingo en la sobremesa, sólo para dejar constancia de que mi primera impresión sobre la misma había sido válida. En lo que se refiere a la película actual, sin ser una obra maestra, sí que creo que es una producción que se puede ver sin problemas, y que tiene buenos valores tanto en su producción, como en su mensaje. Así que en unos momentos en los que la cartelera está un poco floja, y dominada por los blockbusters palomiteros, es una opción más que razonable. Y bueno,… las “protas” son muy “chics” y están muy buenas. Lo digo para animar a los “maromos” que siempre son más reticentes a acompañar a sus parejas femeninas a este tipo de películas.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

Disquisición idiomática: El nombre Marie Antoinette debiera traducirse al castellano como Maria Antonia. “Antoinette” no es un diminutivo, no aplicable a alguien del rango de una reina francesa salvo “en famille”, sino el femenino de “Antoine”. De hecho el nombre de pila original de esta reina de origen austriaco fue Maria Antonia Josepha Johanna, de la casa Habsburg-Lothringen (Habsburgo-Lorena). Pero existe cierta tontería en España a la hora de traducir los nombres de los soberanos extranjeros. Otros ejemplos… Pues por ejemplo, si cogemos a los papas que como el actual llevan el nombre en latín de Benedictus. Su traducción más sencilla sería Benito o sus equivalentes en otros idiomas. En Francia se les llama simplemente Benoît. En España, un rimbombante Benedicto. O los reyes británicos de nombre James. La traducción más propia hubiese sido Santiago o, mejor aún, Jaime, nombre que llevaron varios reyes de la Corona de Aragón, y muy similar al original inglés. Pero no. Se opta por denominarlos con la inusual forma Jacobo, de escasa aunque correcta utilización en el idioma castellano. Tonterías que tenemos en este país, de hacer complicado o rimbombante lo que podría ser sencillo.

Jardines

Y nos despedimos de Versalles paseando por sus neoclásicos jardines, tan llenos de turistas habitualmente en la actualidad.

Inglorious Basterds (2009)

Cine

Inglorious Basterds (2009), 23 de septiembre de 2009.

Sí, sí. El título original. Como hago siempre que veo la película en versión original. Y tengo que celebrar que desde hace un par de semanas, si llega, hay nuevas salas en Zaragoza en versión original, un par de los nuevos Cines Aragonia, que se suman a la magra oferta de una película un día a la semana que ofrecían los Renoir. Así que no he visto Malditos bastardos, sino Inglorious Basterds, cuya traducción más realista sería Cabrones infames; pero supongo que está mal poner “cabrones” en un título. Pero ese es el sentido que le dan los anglosajones a la palabra bastard cuando insultan a un tipo. Manías.

El filme está firmado por Quentin Tarantino. Y eso dice mucho. Sobre el estilo de cine. Se dice que Tarantino su momento de gloria al principio de su carrera, pero que después, realmente no ha hecho nada de auténtica calidad. Veremos.

La película narra las aventuras de una serie de personajes en la Francia ocupada por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, que confluyen en un cine parsisino en 1944, donde se celebrará la première de una película patrocinada por el Ministro de Propaganda alemán, Joseph Goebbels. Los personajes son una joven judía que escapa a la matanza de su familia, un coronel de las SS que se dedica a cazar judíos en Francia y es responsable de la matanza de la familia, un comando de soldados americanos de origen judío que se dedican a acosar a los alemanas en la Francia ocupada utilizando tácticas y métodos de los apaches, una actriz alemana, un joven héroe alemán convertido en protegido de Goebbels y en actor, y los principales jerarcas nazis, incluido Adolf Hitler.

Todas las acciones y todos los personajes son parodias de los personajes históricos, reales o imaginados, o de las películas bélicas de comandos, o de los tópicos relacionados con todo ello. Hay abundancia de situaciones rídiculas o llevadas al extremo, y no falta la violencia. Sobre si esta está justificada o no, pues… depende. Creo que en algunas escenas la violencia toca, mientras que en otras es gratuita. Es como si el director se divirtiera haciendo escenas violentas porque sí.

En su conjunto, la película resulta excesivamente larga. Algunas situaciones se dilatan en esceso, las escenas son prolijas. Y aunque consideradas como historias aisladas podrían resultar razonables, dentro de una historia general contribuyen a hacer el largometraje excesivamente prolongado, sin aportar nada sustancioso al desarrollo de la historia. Esto hace también que, en su conjunto, la película sea irregular, con momentos interesantes de acción, o de humor, pero también otros de cierto aburrimiento.

Las interpretaciones son muy diversas. A mí, Brad Pitt haciendo de idiota, porque eso es de lo que hace, no me acaba de convencer. Aunque probablemente su mejor momento es cuando hace de más idiota, de falso italiano. Hay me arrancó alguna risa. Además, nos lo venden como protagonista de la historia, y afortunadamente no lo es. Es uno más de los personajes cuyos destinos se entrecruzan en el cine parisino. Más importancia me parece que tienen Mélanie Laurent como la chica judía, Shosanna, y Christoph Waltz como el coronel caza-judíos. Y ambos están bien, aunque Waltz sufre de los prolijos parlamentos que el guion le obliga a recitar y que a veces se hacen pesado. Tiene cierto interés Daniel Brühl como héroe alemán, o la guapa Diane Kruger como actriz alemana. Luego hay muchos otros personajes, interpretados con razonable fortuna que sería muy largo comentar. Hay mucha parodia, como ya se ha dicho.

Resumiendo, una película que vale como entretenimiento, con una historia que se podría haber desarrollado mejor. En cierto modo, es un producto fallido de su director, aunque se pueda ver cuando no se tienen más pretensiones que pasar el rato. Yo le pongo un seis, con idéntica nota a la dirección y a la interpretación

Tabac

Tabac en la Rue de Platre, escena parisina como muchas de las de la película que nos ocupa hoy - Panasonic Lumix LX3