Cine – “Found footage” y espacios liminales; no es lo mío

Cine

Algunas fotografías de espacios indefinidos en San Francisco. Aunque no “liminales”. Entrada disponible también en Substack.

Backrooms (2026; 34/20260811)

A mí esta película, sinceramente, no me interesaba gran cosa. Pero antes de ir a ello, vamos a sus antecedentes. The Backrooms (literalmente cuarto trasero o trastienda, según el contexto) es un laberinto de espacios vacíos o cuasivacíos, eso que ahora se llaman espacios liminales, que surgió en internet, como escenario para historias de terror urbano. Un laberinto de espacios fuera de la realidad propensos a historias de terror, especialmente del género conocido como found footage, y que podemos aderezar con monstruos, realidades alternativas o conspiranoias. Lo que queráis.

En 2022, el director de la película Kane Parsons, empezó a realizar un serie en internet, en Youtube, en la que un camarógrafo deambulaba por estos espacios. Y le pasarían cosas, supongo. No la he visto. Ni tengo muchas ganas. Pero debió de tener su éxito, y decidió realizar un largometraje basado en el mismo universo.

Como protagonista el dueño de una tienda de muebles (Chiwetel Ejiofor), con problemas comerciales, familiares y personales, que acude a una terapeuta (Renate Reinsve), y que tiene una empleada (Lukita Maxwell) con un novio que le filma los anuncios de la tienda (Finn Bennett). Un día, el tipo descubre que puede atravesar una pared de la tienda y meterse en un laberinto extraño de pasillos y despachos donde pasan cosas raras y hay gente más rara todavía. Todos acabarán entrando antes o después en esta extraña trastienda.

Sinceramente, este tipo de historias no me dicen nada o casi nada. De hecho, más allá de explotar la moda surgida en internet, la cosa no viene de ninguna parte ni va a ninguna parte. Hay un elemento conspiranoico. Hay un posible monstruo. Hay cosas que no se explican, pero que sinceramente tampoco me quedo intrigado por su explicación. Un producto de moda que no va a ninguna parte. Con unos intérpretes que hacen lo que pueden para sujetar una historia de difícil sujeción. Y abusando de vez en cuando de eso del found footageque se puso de moda en el género de terror en un momento dado, aunque no era algo realmente original. El caso es que ni siquiera da miedo. Si acaso, los comportamientos de esta gente hace que parezcan tontos. Así que te da todo igual lo que les pase. Es lo que hay.

Valoración:

Dirección: **
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: **

[TV] Cosas de series; madres, hijas, padres, psiquiatras, abogadas (que no lo fueron… o sí)…

Televisión

Hoy tenemos cosas muy variadas en nuestra entrada televisiva semanal. En general, bien. Entre muy entretenidas y entretenidas. Y con distinto tono.

Ginny and Georgia, en su segunda temporada, me ha gustado más que en su primera. La historia de una madre soltera sureña (Brianne Howey), desvergonzada, arribista, acostumbrada a las huidas hacia adelante cuando pintan bastos, y que no duda en flirtear con el crimen para encontrar una salida a sus apuros ha aumentado su interés conforme el conflicto entre ella y su hija adolescente (Antonia Gentry), que empieza a no saber si quiere escapar de su madre o asumir que es mucho más parecida a ella de lo que querría reconocer, se ha hecho más agudo. Los mejores momentos vienen de la interacción entre las dos, y Georgia, la madre, nos ha dejado momentos estupoendos. No es que Ginny, la hija, haya estado mal. Pero los dilemas adolescentes que trata palidecen en comparación con otras series más dedicadas a los problemas de ese mundo. Pero está muy bien. Es una serie realmente recomendable, con algún episodio, o par de episodios, que llegan a merecer el calificativo de antológicos, especialmente hacia el final de la temporada, ya que la serie ha ido muy claramente de menos a más. Se ve en Netflix.

Apenas tengo fotografías de Turín. Un puñado de cuando pasé por allí camino de Génova. Así que he optado por ilustrar la entrada sin salir de Italia, pero en el Veneto, recorriendo el Naviglio del Brenta, en el otro extremo de la llanura padana respecto a Turín.

Shrinking es una comedia de situación con tono dramático que podemos ver en Apple TV. Se ha destacado esta serie como incursión de un octogenario Harrison Ford en el mundo televisivo de las series (atención que pese a la edad llega la quinta de Indiana Jones…), como una psiquiatra, alma y corazón de un clínica ya de edad avanzada y con un Parkinson a cuestas, que brega por reconectar con su hija y su nieto, alejados en la costa opuesta de los EE.UU. Pero Ford es uno más en esta comedia dramática coral, que gira en torno a un compañero psiquiátrica de la clínica interpretado por Jason Segel, y su hija adolescente encarnada por una interesante Lukita Maxwell, que perdieron en un accidente un año atrás a la esposa/madre, duelo del que todavía no se han recuperado. Está muy bien. Es muy fresca. Muy dinámica, y los muchos intérpretes que aparecen en cada uno de los 11 episodios de poco más de media hora, cada uno con un desarrollo adecuado de su carácter, y con unas tramas muy bien interconectadas, lo hacen muy bien. He disfrutado con la serie, y espero con ganas nuevos episodios.

Finalmente tenemos una serie italiana, La legge di Lidia Poët, que se puede ver también en Netflix. Está basada en un personaje real, la primera mujer que se licenció en la facultad de Derecho en la universidad de Turín en 1881, que aprobó el examen de ingreso a la abogacía, pero cuya inscripción en el colegio de abogados fue rechazada en los tribunales repetidamente simplemente por ser mujer. Aunque ejerció trabajando de ayudante en el bufete de su hermano. Finalmente fue admitida en el colegio de abogados en 1920 a los 65 años, pudiendo ejercer ya que fue muy longeva. Sobre esta base, y gracias a la actriz protagonista, una estupenda intérprete y muy atractiva Matilda De Angelis, nos encontramos con un drama con toques de humor aquí y allí, que tiene más de procedimental detectivesco que de drama legal, y que se desarrolla en seis episodios de unos 42 minutos cada uno. Es muy entretenida, a ratos muy divertida, menos cuando se pone dramática, aunque nunca pierde la cara. No es que sea algo de otro mundo, pero es muy visible. Como rigor histórico… pues no. De hecho, está repleta de anacronismos. La bicicletas que usan los protagonistas en 1881 no se habían desarrollado todavía, las de esa época eran más primitivas. Por poner un ejemplo, de las diversas situaciones que chirrían. Pero bueno… si aceptamos la famosa suspensión voluntaria de la credulidad… Una amiga mía la comparó con un drama policiaco español que vimos recientemente en Amazon Primer Video… pero creo que la serie italiana es superior. Empezando porque la solidez interpretativa de De Angelis es superior a la de Garrido. Y otros diversos detalles en los que no me voy a entretener. Se puede ver sin problema. Es razonablemente recomendable. Y a mí me ha servido para refrescar mi oído al idioma italiano, que hablo un poquito, pero que entiendo bastante bien.