[Fotos] La «tapita» de Olympus (Olympus Body Cap Lens)

Fotografía

Hace poco más de una semana, comentaba sobre la utilización de objetivos menos que óptimos con cámaras modernas, y hacía una referencia a un curioso objeto que hace unas semanas anunció Olympus para sus cámaras de sistema micro cuatro-tercios, y compatibles. La marca japonesa no lo considera un «objetivo» sino un «accesorio». Es decir, para ellos es una tapa para un cuerpo de cámara de este sistema. Lo que pasa es que le han puesto unas lentes, y con este «accesorio» se pueden hacer fotos. Pues bien, por un precio que es una fracción considerablemente menor de su precio de venta, me he hecho con uno. Supongo que viene de ser usado en exposición comercial o de pruebas. La caja estaba un poco chafada. El «accesorio» en estado impecable.

La tapita de Olympus (Olympus Body Cap Lens 15/8)

El «accesorio», la verdad es que en el grabado pone «Olympus Lens» «Objetivo Olympus», montado sobre una discreta Panasonic Lumix GF1, que últimamente veía poca acción.

La tapita de Olympus (Olympus Body Cap Lens 15/8)

Visto de perfil, se ve hasta que punto destaca poco del relieve frontal de la cámara.

La tapita de Olympus (Olympus Body Cap Lens 15/8)

A pesar de que he recompuesto un poco la caja, venía bastante chafada; no sé muy bien por donde habrá pasado previamente, pero el chisme está en buen estado, y me ha costado bastante menos que su precio oficial.

El objetivo, así lo consideraré a partir de ahora, es un un 15 mm (30 mm equivalente en formato 24 x 36 mm), con una apertura fija a f/8. Tiene una palanca con tres posiciones. Cerrado, enfoque a infinito y enfoque a 30 cm. Lo cierto es que a infinito en realidad está enfocando a la distancia hiperfocal, a unos dos metros. La palanca admite las posiciones intermedias entre esa posición y los 30 cm. Por lo tanto, hasta cierto punto se puede jugar con el enfoque. Su óptica está formada por tres lentes en tres grupos, y por lo demás está hecho de plástico, aunque tiene buen aspecto.

Hace unas semanas aseveraba que era un objetivo que, salvo que fuera realmente muy muy barato, más barato que las 70 libras esterlinas que he visto que cuesta en Amazon.co.uk, no merecía la pena. Es preferible ahorrar las 179 libras esterlinas a las que es posible comprar el Panasonic G 14/2,5 ASPH en la misma tienda, siendo un objetivo serio, tremendamente versátil y de gran calidad. Y que si quieres, puedes plantearte la limitación de usarlo como la tapita de Olympus. Enfocado a 2 metros, a f/8, en hiperfocal. La diferencia de calidad es enorme. Y puede hacer muchas más cosas. Pero,… la oportunidad surgió. Realmente, me ha costado mucho más barato, pero tengo prohibido dar detalles.

Este domingo por la mañana, me lo llevé de paseo. En el puente de Ámerica, acceso al barrio de Torrero de Zaragoza sobre el Canal Imperial de Aragón, me encontré con un compañero de trabajo y su esposa. Iban con una actividad organizada por una asociación ciudadana, un paseo guiado por las orillas del canal, que acababa homenajeando un roble centenario que está muy cerca de mi casa. A cinco minutos caminando. El resto de mi experiencia con el objetivo os lo cuento con fotos.

Lavandera

En seguida está clara una cosa. A la distancia de enfoque óptima, unos 2 metros, este objetivo permite llenar la altura del fotograma con una figura humana, con bastante nitidez y buen contraste. Pero el fondo, teóricamente a infinito, no está tan nítido como esperaba. El efecto es bueno en esta foto, pero…

Hojas secas

Si pones la palanca de enfoque a 30 cm, también puedes obtener efectos creativos interesantes, jugando paradójicamente con la menor profundidad de campo.

Edelweiss y orador

Obsérvese que jugando con la palanquita de enfoque, consigo buena nitidez en la edelweiss de la gorra, mientras que el fondo se difumina un tanto, manteniendo información sobre lo que sucede y el entorno. Todo de lo más discreto. La señora, ni se ha enterado de la foto. Y la cámara estaba a menos de medio metro de su oreja.

Tres en la pasarela

En este cruce sobre una de las pasarelas del Canal Imperial de Aragón, y con la cámara en la cintura, se ve que al objetivo no le sientan mal las distancias relativamente cortas. Y el contraste y la saturación son muy buenas. Hay un viñeteado no tan pronunciado como el que esperaba. De hecho, a la foto le he añadido algo de viñeteado en Lightroom, para un mejor efecto.

Fotógrafo y orador

Nuevamente, un poco de juego con la palanca en distancias cortas, y fotografíamos al fotógrafo.

En el parque de la Paz

Incluso cuando la luz se pone un poco tristona, el objetivo se las apaña, aunque hay que pasar de 200 a 400 ISO.

Canal Imperial de Aragón

El problema, que a lo mejor no se nota con el tamaño de la imagen, es que cuando el objeto principal está muy alejado, la nitidez es floja. No sé si es porque no está exactamente en la hiperfocal, sino un poco más adelantado, o por las limitaciones de la óptica.

Ciclista

Pero nada, si sale el sol, y las distancias al objeto principal son de unos pocos metros, la cosa funciona bastante bien.

Oradores

Así que no recomendaría el chisme para hacer paisajes, pero sí para reportaje discreto con poca luz. Fijaos que majos han salido los organizadores del homenaje al roble centenario. Los ajustes en Lightroom son mínimos.

Hojas de roble y plátano

Y subiendo a 800 ISO se atreve sin problema con una aproximación a las hojas secas del roble centenario en la sombra.

Saltarella

E insisto, es divertido jugar con la palanquita y acercarse al objeto de interés. El uso de este objetivo es más que nada lúdico. Y desde ese punto de vista, siempre que su precio baje o, como se rumorea, lo regalen con las cámaras Olympus, puede merecer la pena tenerlo. Especialmente para llevarlo puesto en un segundo cuerpo que si no no usarías. Como ha sido mi caso. Todas las fotos del reportaje han sido tomadas con la Panasonic Lumix GF1.

Dejamos la montaña, y nos vamos a la capital, o así, a Berna quiero decir

Viajes

Ayer por la noche, aún hubo alguna cosa interesante antes de cenar, paseando por Zermatt. La primera es que, oh sorpresa, el Cervino mostró por un instante su cumbre soleada por el sol del atardecer. No me pillo con la mejor cámara para inmortalizar el suceso, pero algo es algo. Después  visité el cementerio de los alpinistas muertos en las montañas de los alrededores.  Jo, qué cantidad de ingleses la han palmado por aquí. Y finalmente, después de cenar, me encontré con un coro de estos que hacen gorgoritos tipo tirolés. Pero sin el gorro con la pluma.

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La cima soleada del Cervino asoma entre jirones de nubes.

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Tumbas de los alpinistas muertos subiendo o bajando las cimas de los Alpes en los alrededores de Zermatt.

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Pues cantaban bien los veteranos miembros de este coro.

Hoy ya he cogido el tren de vuelta a Berna, la presunta capital del país. Digo presunta porque aquí no se toman muy en serio estas cosas. Esque estan muy descentralizados, ellos. Y sin que pase nada, oiga. La principal atracción es el conjunto de calles formado por la Marktgasse y sus continuaciones por ambos extremos. Tiene un par de torres con sus relojes y esas cosas, y hay un montón de estatuas policromadas con diversos motivos que alegran el ambiente. Es peligrosa, te puede atropellar un autobús, o un trolebús, o el tranvía, o te puedes caer a una zanja con agua. ¡Y eso que son peatonales!

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Un amenazador tranvía enfila por la Marktgasse de Berna.

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Si no mueres atropellado, caes en alguna zanja.

También hemos visto que en las paredes de las casas hay todo tipo de cosas entretenidas. Desde marcianos de videojuegos a señoritas que leen atentamente en posiciones que a nosotros no nos han parecido del todo recomendables. ¡Y encima fumando!

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¡Un marcianito! ¡De los de antaño! Bip, bip, bip...

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No creáis, no, que no estaba a ras de suelo; igual era un tercero o un cuarto piso.

Después, hemos subido a la rosaleda, donde además de rosas, que no parecen rosas en ocasiones, hemos contemplado las vistas del casco antiguo de Berna que se encuentra en un meandro del río Aare. Mientras, se empezaba a organizar una buena tormenta. ¿Caería?

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Dicen que esta flor de la rosaleda de Berna es una rosa; pues bueno, es bonita.

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Un amor con vistas... a Berna; y con nubarrones en el horizonte.

Pues sí. Y de lo lindo. Esto nos ha tenido un rato entretenidos buscando donde guarecernos. Menos mal que Berna está lleno de calles porticadas. Estos suizos, que lo tienen todo previsto. Hasta las tormentas. En una de estas, hemos caído junto a un escaparate, donde había un objeto del deseo.

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Los porticos de la Jurgensgasse con sus cucas tiendas.

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Un grupo de turistas prepara sus paraguas para defenderse de la lluvia.

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La lluvia es demasiado fuerte, y las calles y plazas se quedan vacías.

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Una Olympus E-P1, recién salida; en España no se ven. Detrás una Leica... que en realidad es igual que la cámara que ha hecho la foto, pero en pijo.

Una vez finalizada, a salido un ratito el sol, por lo que hemos vuelto a dar otra vueltecica, antes de cenar algo e irnos al hotel. A descansar un rato. Por cierto, que estamos en la última planta… ¡y hace calor!

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Tras la tempestad viene la calma, y se aprecian mejor los policromados de las figuras en las calles de Berna.