[Cine] Oppenheimer (2023)

Cine

Oppenheimer (2023; 42/20230722)

Por «culpa» de un «error», hemos tenido un fin de semana intenso. Hemos podido abarcar, cinematográficamente hablando, el conjunto de la propuesta Barbenheimer. La idea original era que el domingo, tras ir a votar, quedábamos para un almuerzo de media mañana de algo apetitosos, y luego nos íbamos a meter, sin apetitos materiales, durante tres horas en una sala de cine para ver la película que hoy nos ocupa. Pero la persona encargada de las entradas se equivocó y las sacó para la matinal del sábado en lugar de la del domingo. Como todos, los siete, pudimos asistir, algunos, al día siguiente, retomamos el plan original, pero con la muñeca de Mattel. En cualquier caso, la película que más nos interesaba era la de Christopher Nolan, un director que en estos momentos consideramos imprescindible.

Dado que Oppenheimer fue profesor en Berkeley, en la bahía de San Francisco, ilustraremos la entrada con fotografías de la ciudad recientemente visitada. Y, por qué no, realizadas con película fotográfica en blanco y negro, como algunos segmentos de la película que hoy nos ocupa, para la que Kodak desarrolló una variante de película de 65 mm biperforada de su emulsión cinematográfica Kodak Eastman Double-X 5222.

En esta película, Nolan, que también es en gran medida responsable del guion, nos ayuda a reflexionar sobre los dilemas políticos y éticos a los que se enfrentó J. Robert Oppenheimer (Cillian Murphy), físico teórico que trabajo en el ámbito de la mecánica cuántica y la física nuclear, aunque con extrapolaciones a la astrofísica y otros ámbitos de la física. Tras estudiar en Europa, desarrolló su actividad investigadora y docente en Berkeley, centro de la Universidad de California en la bahía de San Francisco. Tuvo inquietudes sociales y políticas que lo llevaron a relacionarse con miembros del Partido Comunista de los Estados Unidos de América y a apoyar la causa de los leales a la República Española. La película pone el foco en su relación como amante de la doctora Jean Tatlock (Florence Pugh), miembro de ese partido. Tras casarse con Katherine Puening (Emily Blunt), una bióloga alemana naturalizada estadounidense, que apenas ejerció su actividad científica y también tuvo cierto grado de militancia política, el general Leslie Groves (Matt Damon) le propuso la dirección científica y organizativa del Proyecto Manhattan que desarrolló las primeras bombas atómicas, dos de los cuales se usaron sobre Hiroshima y Nagasaki, aunque el origen del proyecto fuera contrarrestar la posibilidad de que la Alemania nazi se adelantara en la consecución de esta arma. Tras la guerra, con mucho prestigio, ocupó puestos de influencia, pero desarrolló una sensibilidad pacifista y contraria a la proliferación nuclear que le generó enemigos, como el banquero y político Lewis Strauss (Robert Downey Jr.) o el físico Edward Teller (Benny Safdie), impulsor de la bomba termonuclear basada en la fusión del hidrógeno, que aprovecharon la época de la caza de brujas y la guerra fría para acabar con la influencia de Oppenheimer.

El párrafo anterior vale como resumen de la vida de Oppenheimer y como resumen de la película de Nolan. Más o menos. Cuando uno excesivamente sintético se fija en ciertos hechos por encima de otros, y siempre habrá quien considere que se podría contar de otra forma. Y tendría razón. Pero he querido destacar aquellas cuestiones y aquellos personajes/personas históricas con relevancia en la película y en el mensaje que quiere trasladar Nolan. En una película con un reparto coral, ¿por qué destacar a Teller interpretado por Safdie frente a otros nombres históricos con mucha más relevancia? Pues porque es desde mi punto de vista el más importante para contar lo que quiere contar Nolan. Que no es la vida de Oppenheimer, aunque haya que hacerlo. Ni la historia de la bomba atómica, aunque haya que esbozarla con cierto detalle y precisión. O la historia de los romances significativos de «Oppi», aunque sea necesario detallar uno, con (discutidos) desnudos o sin ellos. La película es un drama ético y político basado en hechos muy reales. El conflicto ético del científico, cuya contribución a la creación del arma de destrucción masiva nuclear despierta una reflexión profunda que choca con los intereses políticos de los años de posguerra, o con las ambiciones de determinados científicos o políticos, para quienes la posibilidad de destruir el mundo es secundaria a su medro personal. También es una reflexión sobre la libertad de pensamiento, especialmente sobre la libertad de la persona por encima de las organizaciones políticas; la visión política de personas comprometidas es siempre más rica y llena de matices que el simplismo ideológico que muestran los partidos políticos. es complejo. Y esa es a su vez la complejidad y la riqueza de la película.

La precisión técnica de la película, el oficio superlativo del director y de los principales responsables de la película (Ludwig Göransson en la música original, Hoyte Van Hoytema en la fotografía, Ruth De Jong en el diseño de producción, entre otros) se da por hecho cuando uno va a ver una película con estas características. Son propuestas que sólo pueden partir de la excelencia a priori, y no decepciona. Lo mismo puede decirse con respecto al trabajo actoral. El reparto es enorme y, obviamente, difícil de destacar a unos sobre otros más allá de total protagonismo de Murphy, y las importantes aportaciones de Damon, Downey y Blunt. El trabajo de Florence Pugh es muy importante para matizar y orientar el conocimiento del carácter del protagonista, pero su presencia en pantalla es puntual. Significativa… pero muy pequeña. Pero este reparto funciona como un reloj en los pocos minutos de trascendencia de los personajes fundamentales. Que muchas veces destacan, no tanto por su trabajo interpretativo, como por su presentación. La actitud de Teller en el test de Trinity comparado con el de otros compañeros del proyecto habla mucho del personaje. Por lo tanto, dada la excelencia técnica y artística, ¿la propuesta convence?

A mí sí. Le compro la tesis a Nolan y en cierta medida la hago mía y reflexiono sobre ella. Nolan emite una crítica potente a la ética de las decisiones políticas, basadas en eso que llaman el «pragmatismo», la «necesidad» u otras excusas para realizar acciones totalmente rechazables. El uso de la bomba atómica forma parte de ellas. Como lo fue también el bombardeo de los barrios populares de Tokio, habitados por trabajadores, con viviendas de madera y papel, en la proximidad del día de la fiesta de los niños, con bombas incendiarias, y que causó más de 100.000 muertos, sin que se vieran afectadas las estructuras gubernamentales ni la industria de la ciudad. Quién sabe que razones de «pragmatismo» o «necesidad» en tiempos de guerra se pondrían encima de la mesa para semejante barbaridad sobre la población civil más indefensa. Este bombardeo, el más criminal de la Segunda Guerra Mundial, se menciona en la película. Oppenheimer desarrolló reparos éticos, que según la tesis de la película tenían una base ideológica previa, frente a un régimen político y unas acciones militares que ya carecían de escrúpulos, que ya habían desarrollado inmunidad ante lo que podría ser justificable o no en una guerra. Los países del Eje fueron decididamente criminales en la guerra, y a ellos hay que atribuir la mayores responsabilidades. Pero los países aliados les siguieron mucho más de cerca de lo que la narrativa y la historiografía oficial nos cuenta. En una guerra no hay «buenos» y «malos». Hay «malos» y «peores». Todo ejército que entre en guerra se convierte, en mayor o menor medida, en asesino y violador, no importa cuan nobles sean sus justificaciones para entrar en guerra. Si ha eso añadimos el claro en la libertad de pensamiento y asociación que se produjo en los Estados Unidos como consecuencia de la Guerra Fría… tenemos el cuadro completo del que de una forma u otra Nolan nos ha querido hablar alrededor de la figura de Oppenheimer. La forma en que lo cuenta ¿se puede considerar perfecta también? No tanto. Hay algunas irregularidades en el peso de los distintos actos en los que se desarrolla la película, alguna inconsistencia, así como la dispersión derivada de un reparto excesivamente numeroso. Por ejemplo, hay poca información sobre David Hill (Rami Malek), colaborador de Enrico Fermi (Danny Deferrari) durante el Proyecto Manhattan, para entender la importancia de su testimonio en los compases finales de la película. Un científico honesto que firmo también la petición de Szilárd (apellido de otro científico destacado del proyecto interpretado por Máté Haumann) para que Truman advirtiese a los japoneses de las consecuencias de la bomba antes de utilizarla, dando una oportunidad a evitar la devastación y las muertes. La cadena de mando nunca trasladó la petición… que dado el carácter de Truman tampoco parece probable que hubiese tenido efecto. Otro ejemplo de la degradación ética del mando norteamericano en la guerra.

La película es compleja, como se ve. E importan tanto el análisis de la persona, de Oppenheimer, como la reflexión sobre ética y política, perfectamente válida hoy en día en que contemplamos cómo una potencia nuclear gobernada por un ególatra ha ido a la guerra contra un vecino con sus «justificaciones», «pragmatismos» y «necesidades». Por lo tanto, película recomendable y muy bien venida. Y para el amante del cine considerado como una de las bellas artes, imprescindible.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

Iron Man (2008)

Cine

Iron Man (2008), 13 de mayo de 2008.

Segundo fin de semana que vamos a ver película intrascendente, por mero entretenimiento. Y esta va de uno de los superhéroes de la Marvel. Llevan ya unas cuantas películas hechas a partir de estos personajes, pero supongo que les quedan un buen puñado todavía.

Yo de niño consumí moderadamente estos tebeos. Entonces no los llamábamos cómics. Era tebeos. Cuando digo de niño me refiero a que comencé a leer alguno allá a los ocho años, y no creo que leyese ninguna más pasados los diez u once años. Compré muy pocos. Los intercambiábamos. Con lo cual, las historias que se continuaban nunca las leía en el orden adecuado. Me daba igual. Nunca tuve un superhéroe favorito, pero en los tebeos de los Vengadores, salía un personaje que se llamaba Wanda, la Bruja Escarlata, que me producía una extraña desazón, que sólo algunos años más tarde identifique inequívocamente con el deseo sexual. Pero de esto tenía yo poca conciencia entonces. No fui un retrasado en mi desarrollo sexual, pero tampoco precoz. Cada cosa a su tiempo. Y estos son casi todos los recuerdos notables que de aquella época y sobre aquellos tebeos me quedan.

Así que este tipo de películas las he recibido siempre con la debida distancia y frialdad. También dándoles las debidas oportunidades como a cualquier otro filme de aventuras. Lo que pasa es que con casi todas me pasa lo mismo que con este, dirigida por Jon Favreau. Con líneas argumentales básicas:

  • Tipo que descubre o adquiere «superpoderes».
  • Tipo que las pasa canutas cuando los empieza a usar.
  • Tipo que mejora la cosa.
  • Tipo que se enfrenta finalmente a uno muy malo, más fuerte y más rápido, pero al que vence.

Entre medio, puede tener amoríos, o al menos algún tipo de tensión sexual con una bella moza, y algún que otro conflicto familiar o social, según la naturaleza de sus poderes… pero no hay más. Bueno sí… un despliegue absurdo y atronador de pirotecnia y otros efectos especiales, que aseguran que la historia nunca sea lo importante en la película.

En la que aquí nos ocupa, se han preocupado de que el reparto sea de campanilla. El héroe es Robert Downey Jr. El malvado, un irreconocible Jeff Bridges. ¿Os acordaís de cuando le tocaba el piano o lo que sea a Michelle Pfeiffer, o cuando era el Gran Lebowsky? Pues ya ves. El florero de turno, Gwyneth Paltrow con su carrera como actriz en caída libre.

En el argumento nada original. Y ya cansa el tema de los árabes/afganos o similares que son malísimos y tontos. No son originales ni para buscar nuevos villanos. Queda pueril. Sin embargo, la película cumple con el objetivo de entretener. Y el Downey consigue hacer un personaje un poco más simpático y con un poquito más de personalidad que en otras por el estilo. Al final, buscas dónde vomitar la dosis de maniqueismo barato que destilan estos productos, y te vas a casa o donde sea a buscar un poco de estímulo intelectual.

Yo le pongo un cinco en la valoración subjetiva, con otro tanto en la dirección, y un seis en la interpretación, porque me cae simpático el protagonista. Y ya está. A olvidarse de la cuestión.

En la película me queda la duda de si el protagonista es un gran científico. Pero lo que sí resulta ser es un notable herrero; como el que había recientemente en el Mercado de los Sitios en el Barrio de San Gregorio.

En el fuego al rojo

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Nota geek: Los monitores de los ordenadores del bueno son de Apple. Lo del malo son de Dell. ¿Ambas empresas hacen product placement? ¿O sólo lo hace Apple, desacreditando también los productos rivales? ¿O es cosa del diseño de producción de la película que identifica una marca con lo bueno y la otra con lo malo? Rediez,… me carcome la duda.