[Cine] Haha to kuraseba [母と暮せば] (2015)

Cine

Haha to kuraseba (母と暮せば, 2016; 252017 – 0706)

No entiendo a los distribuidores y exhibidores de cine españoles. De verdad que no. Desde luego, cualquier martingala que nos cuenten sobre lo que se preocupan de fomentar, difundir y defender el cine es una milonga. Su verdadera preocupación es vender toneladas de palomitas cargadas de sal y grasa y acompañadas de litros de azúcar líquida con burbujitas.

Parque de la Paz - Hiroshima

Cuando visitamos Japón, no pasamos por Nagasaki, situada al sur del país en la isla de Kyushu. Pero sí visitamos Hiroshima, la otra ciudad bárbaramente bombardeada por los norteamericanos con su engendro atómico. De ahí proceden las fotos que acompañan la entrada de hoy.

En las últimas semanas han llegado a las pantallas españolas, con distinta suerte, las dos últimas propuestas del director japonés Yôji Yamada. Una, la pudimos ver hace unas semanas y la comentamos en estas páginas. Curiosamente, con posterioridad, llegó la anterior película del director, una película de 2015, que por haber llegado a EE.UU. el año pasado, fue la propuesta de Japón para la última edición de los Oscar. Con poco éxito porque no llegó al corte final de cinco candidatas. Pero vamos, todo indicaba que era una película de mayor porte y calado que la comedia familiar comentada. Pues bien… si en algún momento se ha exhibido en Zaragoza… no nos enteramos. Aunque en algún sitio de España se ha debido estrenar porque en algunos medios mencionaron el hecho. Bajo el título en castellano de “Nagasaki; recuerdos de mi hijo”. Parece que a finales de mayo.

Por esas causas y azares, tuvimos la oportunidad de asistir a un pase privado. Y la aprovechamos.

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A muchos sorprendió la elección de Nagasaki, por sus fuertes vínculos tradicionales con occidente. Es la ciudad con mayor proporción de católicos en Japón, cosa que se pone de manifiesto en el filme. Los personajes principales lo son.

Yamada nos lleva al principio de la película a la mañana 9 de agosto de 1945 en Nagasaki. A la casa de la viuda Fukuhara (Sayuri Yoshinaga), comadrona del barrio, que vive con su hijo más joven, Koji (Kazunari Ninomiya), que estudia medicina en la facultad de esa ciudad, que se dirige a sus clases. El hijo mayor de la viuda ha muerto en la guerra, en las Filipinas. Conocemos también a la joven Machiko (Haru Kuroki), la novia de Koji. Pero por si alguien no se ha percatado, ese día, los norteamericanos dejaron caer la segunda bomba atómica sobre la ciudad japonesa. Muy cerca de donde estudia Koji. Tres años más tarde, encontramos a las dos mujeres viviendo con su mutuo apoyo y el de algunos vecinos, dolientes por la muerte de Koji, e incapaces de seguir adelante. Pero el espíritu de Koji empezará a aparecerse a su madre.

Yamada vuelve a copiar el estilo de su maestro Yasujirô Ozu, como ya ha hecho en otras películas. Con una fotografía que imita el color de los primeros tiempos del cine en color en el país del Sol Naciente, nos ofrece una serena reflexión sobre el duelo ante la ausencia del ser querido y sobre la necesidad de seguir adelante en la vida, cuando ello es posible. La presencia del espíritu de Koji no deja de ser un recurso argumental para simbolizar esa incapacidad en la amable viuda. Por otra parte, hace tiempo que aprendimos en el cine que cuando un espíritu se relaciona con un ser vivo, para que puedan reunirse y estar juntos, el final necesariamente debe ser triste.

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Aunque nunca he entendido en qué medida el hecho de que la población no fuese católica o cristiana la haría “más merecedora” de sufrir semejante aberración bélica. Suponiendo que hubiese algún tipo de hecho bélico o militar que no fuese aberrante por sí mismo.

La historia es mínima. Pero Yamada se toma su tiempo en contarlo, llevándolo hasta más de dos horas de duración, lo cual me parece excesivo, especialmente cuando poco a poco se va viendo que una vez establecidos los principales hechos que invitan a la reflexión, son habas contadas. Pero afortunadamente contamos con las excelentes y elegantes interpretaciones de los protagonistas y secundarios del filme. Lo cual nos permite llegar hasta ese dilatado final sin demasiados agobios.

La película se deja ver. Peca de unas fuertes dosis de conservadurismo moral, que puede ser o no apropiado, aunque sí concordante con la época y el lugar de los hecho. Y está correctamente hecha y resuelta. Aunque no alcance a emocionarnos tanto como otras películas con este cariz. Por cierto, el título original japonés significa “Vivir con mi madre”. Y la música es de Ryuichi Sakamoto.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***
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En cualquier caso, deseemos que nunca volvamos a ver semejante “espectáculo”. Aunque seguimos presenciando en las noticias constantes agresiones a las poblaciones civiles por parte de ejércitos de todo tipo. “Salvajes” o “civilizados”.

[Libro] Hibakusha

Literatura

En los últimos tiempos he tenido preferencia por la historieta procedente de Japón, y esta que nos ocupa hoy, por su título pudiera parecer que también lo es. Pero no. Es una historia realizada por autores europeos. Aunque no han dudado de tomar elementos propios de la historieta japonesa, sin perder los propios de este rincón del mundo, para un álbum elegante e interesante.

Tranvía sobre el río Ota - Hiroshima

Hiroshima es hoy una ciudad abierta, pulcra y tolerante. Pero también un símbolo de lo que no debería volver a pasar… y viendo los líderes que son elegidos o impuestos en las potencias del mundo, miedo hay de que vuelva a suceder.

Publicado por Ponent Mon, el relato de Thilde Barboni con dibujos de Olivier Cinna, nos traslada a la recta final de la Segunda Guerra Mundial, donde un traductor del ejército alemán, cuyo matrimonio hace aguas por todas partes, es destinado a Hiroshima para colaborar con el ejército japonés. Allí se enamorará de una joven, con quien mantendrá encuentros furtivos hasta la rendición de Alemania en 1945, que le pondrá en una situación delicada, ya que los nipones consideran dicha rendición una traición. Pero estamos en Hiroshima en 1945… Y quien sepa historia sabrá que un ominoso destino se cierne sobre la ciudad.

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Como digo un relato elegante, con sentimiento, romántico, a ratos sensual, pero cálido y con un curioso aunque hasta cierto punto previsible final. Se lee en un momento. Sabe a poco. Quizá hubiera estado bien que la historia hubiera tenido un poquito más de desarrollo… pero ya está bien.

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[Libro] Flores de verano

Literatura

Aunque en principio hoy iba a comentar la segunda de las películas que vi el fin de semana, he cambiado de idea por una serie de motivos. El primero, porque he terminado de leer el libro que compré en la Feria del Libro de Zaragoza este fin de semana. Me ha durado poco. Con razón. El segundo, porque así varío de tema de un día para otro. El tercero, porque el libro me ha impresionado y me apetece comentarlo mucho. Así que hoy toca hablar de uno de los hechos más terribles de la historia de la humanidad, el bombardeo atómico de Hiroshima, contado por uno de sus testigos directos, el escritor japonés Tamiki Hara.

Flores de verano
Tamiki Hara
Impedimenta; Madrid, 2011
ISBN: 9788415130079

El libro, de 136 páginas que incluyen un prólogo de imprescindible lectura para comprender mejor la narración, incluye los tres relatos que escribió el autor para contar sus vivencias sobre las consecuencias de la detonación de la bomba atómica sobre su ciudad natal. Él estaba allí cuando sucedió tan nefasto suceso, sufrió las consecuencias, tanto él como sus familiares.

Originalmente, los tres relatos se publicaron en un orden diferente al que aparecen en el libro. Primero se publicó el que da nombre al volumen, Flores de verano, en 1947, aunque fue escrito un año antes. También en 1947, escribió y se publicó su continuación, De las ruinas, y finalmente, en 1949, Preludio a la aniquilación. Sin embargo, el volumen actual los presenta en el orden cronológico respecto a los acontecimientos históricos.

Canal

Una de las angustias más grandes que sufrieron los supervivientes, y en especial los heridos fue la falta de agua. Hiroshima está en el delta de un río, pero los numeros brazos y canales del mismo se evaporaron por el calor. En la imagen, el Canal Imperial de Aragón en Zaragoza - Leica D-Lux 5

Preludio a la aniquiliación

Narrado en tercera persona, por un narrador externo, nos va a presentar el ambiente que se respiraba en Hiroshima en la primavera y el verano de 1945. El autor aparece mencionado someramente, como el hermano menor que ha vuelto a la ciudad tras enviudar el año anterior. El relato se centra especialmente en el tercer hermano, pero nos presenta un fresco de las relaciones familiares y del ambiente de la ciudad en aquellos meses. La ciudad ha sufrido poco, está prácticamente intacta, aunque conforme llegan las noticias de las derrotas militares, de las graves afecciones que sufren otras ciudades bajo los bombardeos incendiarios, y conforme comprueban que cada vez son más frecuentes las incursiones de los aviones norteamericanos en el cielo de la ciudad, un ambiente de fatalismo inunda a todos. Se evacuan a los niños al campo, se llama a filas a hombres en su cuarentena, todo el mundo se prepara para una evacuación si es necesaria, el ejército derriba manzanas enteras para crear cortafuegos en caso de incendio por los bombardeos. Hay una sensación de que algo va a suceder.

Flores de verano

El autor narra en primera persona. Cae la bomba, aunque nadie sabe exactamente lo que ha sucedido. Al principio todo el mundo cree que las bombas convencionales han caído sobre sus casas. Pero pronto son conscientes de que algo distinto ha sucedido. Los muertos son innumerables, y los heridos tienen aspectos dantescos. Se produce un éxodo de muchos pobladores hacia las zonas rurales, donde se instalan improvisados hospitales. La familia se reagrupa poco a poco, se hacen incursiones a la ciudad para averiguar el paradero de los desaparecidos. Se nos describe el atroz panorama de la ciudad desolada, de los cadáveres calcinados, de los lechos de los ríos y los canales secos por la evaporación del agua por el calor. El narrador no nombra a ningún miembro de su familia por su nombre de pila, cosa que sí hace en el primer relato. Salvo uno de sus sobrinos. Fallecido.

De las ruinas

Nuevamente el autor, en primera persona, nos va narrando las consecuencias de la catástrofes en los meses siguientes. Con un especial acento en la enfermedad. Enfermedad que nadie sabe de donde viene, que aparece en personas que no fueron heridas en el bombardeo, o personas con heridas aparentemente leves que evolucionan mal. La pérdida de pelo, las diarreas, las hemorragias,… nadie sabe de dónde viene todo esto. Se sufren otros problemas, las lluvias torrenciales. La guerra ha terminado, y la sensación de sacrificio inútil acrecienta el pesar. Son conscientes que la bomba que ha caído sobre la ciudad es distinta pero carecen de información. Sin embargo, comienza haber atisbos de que la ciudad resurgirá. Los habitantes vuelven, aunque sea temporalmente. Se restablece, mal que bien, el transporte público. Las familias se visitan.

Comentario

El autor describe con minuciosa precisión lo que ve, y lo que siente. Tanto el mundo físico, como el mundo interior de las personas. Nos encontramos ante un testimonio de primer nivel de la catástrofe, que nos es descrita al mismo tiempo con una tremenda y minuciosa objetividad en sus consecuencias físicas, y con una profunda sensibilidad y subjetividad en lo que se refiere a la devastación interior que sufren las personas que la han sufrido. Ha ratos documento preciso, ha ratos relato poético, te traslada no poco de la sensación de desesperanza de las gentes, al mismo tiempo que sorprende por la capacidad de las sociedades humanas para reorganizarse y retomar sus vidas por traumático que haya sido un evento en sus vidas.

Para mí, es una lectura no sólo recomendable, sino casi imprescindible para entender mejor un hecho tan terrible como la aniquilación masiva de seres humanos por otro seres humanos en un simple acto. Un acto que puede repetirse en un futuro. Las armas atómicas siguen ahí. En cantidad suficiente para arruinar definitivamente la civilización y la especie humana sobre la faz de la tierra. Una ruina que de alguna forma comenzó aquellos 6 y 9 de agosto de 1945, y para cuya reversión todavía no hemos hecho nada realmente positivo. Aunque no haya vuelto a ser utilizada el arma atómica contra otras poblaciones desde entonces. Todavía.

Recomendación fotográfica

Hiroshima Ground Zero, 1945; International Center of Photography (ICP).

Tras la destrucción, los norteamericanos enviaron a numeroso personal militar, científico y técnico para documentar las consecuencias de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki. Y entre ellos numerosos fotógrafos, u otros profesionales provistos de cámaras fotográficas. Se tomaron innumerables fotografías. Frías, asépticas, documentales. Poco involucradas emocionalmente. Pero que en su conjunto pueden resultar sobrecogedoras o muy ilustrativas. En el enlace que os he puesto, podéis ver alguna de las fotos.

Imágenes similares se pueden localizar en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

En la Biblioteca Truman se puede hojear uno de los informes realizado con este material.

Dado el impacto que mostraban las imágenes, sumado al comienzo de la guerra fría, muchas de las imágenes fueron censuradas y retiradas de circulación, para no afectar a la opinión pública negativamente a los planes del gobierno estadounidense para un despliegue masivo de armamento nuclear.

Flores caídas

Flores caídas, por una tormenta; algo menos grave que las que cayeron incineradas en Hiroshima - Leica D-Lux 5

Conviene no olvidar,… y hay bombas en el mundo como para destruirlo varias veces

Historia

Hoy hace 65 años del lanzamiento de la bomba atómica de Nagasaki. Generalmente se recuerda más la de Hiroshima. Ya se sabe; en el deporte, nadie se acuerda de los segundones. Pues aquí, lo mismo. Por eso, este año, he decidido recordar el comienzo de la era de terror nuclear el día 9 de agosto y no el 6. Antes de pasar a comentar algunos aspectos sobre este acontecimiento, permitidme que os recomiende las fotos publicadas en el Denver Post como recuerdo de ambos bombardeos. Son 55 fotografías, algunas de ellas muy significativas.

Para ver el reportaje completo pulsa en la imagen.

Generalmente, la excusa dada por los partidarios del lanzamiento de la bomba fue que el número de vidas que se hubieran perdido en el caso de que hubieran tenido que invadir las islas principales del Japón hubiese sido enorme, a la luz de las experiencias previas, especialmente en Okinawa.

Sin embargo, creo que hay que considerar otras cuestiones. Desde luego, el planteamiento ético de lo que supone un bombardeo indiscriminado sobre población civil, que si ya había alcanzado condiciones dantescas a lo largo de la guerra en distintos escenarios. Y todo hay que decirlo, si los ejemplos más conocidos de barbarie por parte de los agresores son Coventry o Rotterdam, con un número de muertes estimados que puede estar en torno a las 1600 personas, los bombardeos aliados más notables como pudieron ser Dresde, Hamburgo, o los barrios de Tokio con edificaciones de madera, produjeron un número tremendamente superior de víctimas mortales. De los 20.000 o 35.000 de las dos ciudades alemanas, a los 100.000 reconocidos oficialmente, probablemente más, de la capital japonesa. Mayoritariamente civiles. ¿Sirvieron para acortar la guerra? ¿Sirvieron para desmoralizar a los ejércitos y que dejaran de luchar? Tengo serias dudas. Si me habéis leído en articulos similares previamente, conoceréis mi opinión. Hay ejércitos malos y ejércitos perversos. Los alemanes y los japoneses, u otros similares, pertenecerán al segundo tipo. Pero todos los demás, incluidos los que luchan por los “más nobles ideales”, tarde o temprano ejecutan su propia ración de desmanes, y son como mínimo del primer tipo.

Si todo lo anterior se refiere a los bombardeos “con armas convencionales”… ¿es necesario que exponga mi opinión sobre el bombardeo atómico?

Las otras cuestiones. Para empezar, una reflexión que hacía ayer sobre la caída de Berlín. Las últimas batallas de la Segunda Guerra Mundial debemos considerarlas como las primeras de la Guerra Fría. Si uno de los intereses de los soviéticos en alcanzar primero Berlín estaba en apoderarse del saber hacer alemán en materias científicas y de ingeniería que les permitiesen recuperar parte del retraso que llevaban frente a los Estados Unidos, para muchos estrategas militares norteamericanos, conscientes de que la guerra con el Japón estaba ganada y que todo era cuestión de tiempo, los bombardeos atómicos sobre ciudades japonesas tenían mucho de campo de experimentación. Los ciudadanos japoneses se convirtieron en tristes conejillos de indias con el fin de conocer qué podían esperar de la acción de las nuevas armas, en caso de conflicto posterior con los soviéticos. Ambas bombas fueron de distinto tipo. De uranio 235 la de Hiroshima, de plutonio 239 la de Nagasaki, los efectos y el funcionamiento de ambas fueron abundantemente documentados con vistas al futuro. No hubo lamentaciones por el terror desencadenado. Hubo previsiones para el futuro. Fue el comienzo de la carrera armamentística nuclear. La carrera más loca y absurda que se ha celebrado sobre el planeta ya que nos puede llevar en cualquier momento a la extinción. No sólo como especie. Sino como planeta que alberga vida.

Hoy en día, los arsenales nucleares siguen siendo suficientes para destruir la vida sobre la Tierra varias veces. El cinismo político de quienes mantienen estos arsenales les hace calificar como terroristas a quienes quieren sumarse al siniestro club atómico, mientras se arrogan el papel de protectores de la libertad y de la humanidad. Cuando son ellos quienes pueden arruinar al planeta.

No sé. Siempre me deprimen un poco estos aniversarios. Porque no entiendo que la historia nos haya enseñado nada. Triste.

Binnenhof

Turistas japoneses en el Binnenhof de La Haya; Holanda capituló inmediatamente tras el bombardeo de Rotterdam, pero no ocurrió lo mismo con los fanatizados regímenes de las potencias agresoras tras los terribles bombardeos sobre su población civil - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8