[Libro] El quinteto de Nagasaki

Literatura

Me hablaron de este libro de Aki Shimazaki hace ya un tiempo. Y en principio me planteé leerlo en versión original. No, no me he puesto a estudiar japonés ni nada por el estilo… creo que en estos momento es un idioma fuera de mi alcance. La versión original de este libro está en francés. Porque Shimazaki, japonesa de nacimiento, vive desde hace casi 40 años en Canadá, donde está naturalizada y vive en Montreal. Y a pesar de que aprendió el idioma francés siendo ya adulta, es el que escogió para desarrollar su carrera literaria.

Pero surgió un problema que me dejó un poco atónito. En castellano, el libro se vende en un volumen único, con un precio de entre nueve y diez euros. Pero en su idioma original, son cinco novelas cortas que se venden independientemente, con un precio global de entre 30 y 35 euros… ¡¡?? Me pensé un poco el asunto, quizá esperando una nueva edición francesa al estilo de la castellana… pero nada. Os explico el asunto.

Unas cuantas vistas recientes de Tokio… donde todo empieza, aunque sólo nos enteremos bastante avanzada la historia.

Este quinteto de relatos relacionados entre sí que publica Lumen en un solo volumen, fueron originalmente publicados en su idioma original como cinco novelas cortas. Que se pueden leer de forma independiente. Aunque después de haberlas leído todas, es algo que para mí no tiene mucho sentido, ya que para comprender la historia en toda su extensión y profundidad hay que leer los cinco relatos. Su pudo publicar originalmente por entregas, pero recomiendo que se lean como un todo.

Antes de esbozar el argumento de la historia, he de decir que me gusta más el nombre que se le da en francés al conjunto, Le poids des secrets (El peso de los secretos), que lo del “quinteto de Nagasaki”, más oportunista, y supongo que más comercial, que le ha dado su editor en castellano. Cierto es que una parte de la historia, importante, transcurre en la ciudad mártir de la Segunda guerra mundial, la segunda y última, hasta la fecha, donde salvaje y perversamente se ha arrojado una bomba atómica. Y concretamente, la autora sitúa en aquel nueve de agosto de 1945 algunos acontecimientos importantes dentro de las vidas de los protagonistas de esta compleja saga familiar que nos hará recorrer el siglo XX desde la década de 1920 hasta el último cuarto del siglo XX.

Pero el recorrido es mucho más amplio. Porque si un momento clave se produce en las historia que se nos cuenta, es el momento en que una de las protagonistas queda huérfana tras el gran terremoto de Kantō al mediodía del 1 de septiembre 1923. Y queda huérfana no por el terremoto, sino por la consecuencias posteriores, en una de las narraciones más estremecedoras que he leído jamás sobre la perversidad humana, en este caso no de los militares norteamericanos como fue lo de Nagasaki, sino de los militares y políticos japoneses. Esa orfandad tendrá consecuencias inimaginables en una joven, cuyo pasado ya estaba revestido de misterio, y que acabará afectando profundamente a los miembros de dos familias japonesas. Pero no voy a desvelar mucho más, porque es preferible que lo descubra el lector.

Shimazaki no desaprovecha la ocasión. No se limita a narrar los amores y los odios que entre sí desarrollan los personajes principales de la acción, la compleja trama de relaciones que complica las vidas de personas en principio honestas y fieles a sus familias y amistades, salvo excepciones. Shimazaki desarrolla su punto de vista sobre algunos graves acontecimientos de las historia japonesa del punto de vista; la política colonial en otros puntos de Asia, el racismo hacia las personas de otras nacionalidades u orígenes étnicos, la corrupción de la sociedad en el régimen militarista que llevó al país a la guerra y la catástrofe, la complejidad de la vida en los años de guerra, el convencimiento razonado de que los bombardeos atómicos tuvieron más de experimento que de necesidad bélica, y que habían venido precedidos de bombardeos convencionales de intenciones igualmente perversas por cebarse especialmente sobre la población civil y más desprotegida. Todo ello contado por una japonesa de origen, que no olvidemos vive en Canadá, que no aprendió el francés hasta 1995, cuando ya contaba 40 años de edad, y que empezó su carrera literaria en ese idioma a partir de 1999, después de haberse dedicado fundamentalmente a la enseñanza.

El conjunto me ha parecido una lectura muy interesante. Y en algunos de los cinco relatos, apasionante, estremecedora y conmovedora. El conocimiento de esos secretos cuyo peso pesan sobre los protagonistas y que se va desvelando muy poco a poco, me obligó en algunos momentos a parar la lectura y reflexionar sobre lo sucedido. No tanto sobre lo que sucede a los personajes de ficción, sino sobre lo que padecieron las personajes reales en la época. Los cinco relatos no tienen la misma intensidad, aunque sí que parecen disfrutar una calidad literaria similar. Sigo con la curiosidad por haber leído el original en francés. Especialmente por las circunstancias vitales de la propia autora. Pero en cualquier caso, me parece, en cualquier idioma, muy recomendable.

[Cine] Haha to kuraseba [母と暮せば] (2015)

Cine

Haha to kuraseba (母と暮せば, 2016; 252017 – 0706)

No entiendo a los distribuidores y exhibidores de cine españoles. De verdad que no. Desde luego, cualquier martingala que nos cuenten sobre lo que se preocupan de fomentar, difundir y defender el cine es una milonga. Su verdadera preocupación es vender toneladas de palomitas cargadas de sal y grasa y acompañadas de litros de azúcar líquida con burbujitas.

Parque de la Paz - Hiroshima

Cuando visitamos Japón, no pasamos por Nagasaki, situada al sur del país en la isla de Kyushu. Pero sí visitamos Hiroshima, la otra ciudad bárbaramente bombardeada por los norteamericanos con su engendro atómico. De ahí proceden las fotos que acompañan la entrada de hoy.

En las últimas semanas han llegado a las pantallas españolas, con distinta suerte, las dos últimas propuestas del director japonés Yôji Yamada. Una, la pudimos ver hace unas semanas y la comentamos en estas páginas. Curiosamente, con posterioridad, llegó la anterior película del director, una película de 2015, que por haber llegado a EE.UU. el año pasado, fue la propuesta de Japón para la última edición de los Oscar. Con poco éxito porque no llegó al corte final de cinco candidatas. Pero vamos, todo indicaba que era una película de mayor porte y calado que la comedia familiar comentada. Pues bien… si en algún momento se ha exhibido en Zaragoza… no nos enteramos. Aunque en algún sitio de España se ha debido estrenar porque en algunos medios mencionaron el hecho. Bajo el título en castellano de “Nagasaki; recuerdos de mi hijo”. Parece que a finales de mayo.

Por esas causas y azares, tuvimos la oportunidad de asistir a un pase privado. Y la aprovechamos.

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A muchos sorprendió la elección de Nagasaki, por sus fuertes vínculos tradicionales con occidente. Es la ciudad con mayor proporción de católicos en Japón, cosa que se pone de manifiesto en el filme. Los personajes principales lo son.

Yamada nos lleva al principio de la película a la mañana 9 de agosto de 1945 en Nagasaki. A la casa de la viuda Fukuhara (Sayuri Yoshinaga), comadrona del barrio, que vive con su hijo más joven, Koji (Kazunari Ninomiya), que estudia medicina en la facultad de esa ciudad, que se dirige a sus clases. El hijo mayor de la viuda ha muerto en la guerra, en las Filipinas. Conocemos también a la joven Machiko (Haru Kuroki), la novia de Koji. Pero por si alguien no se ha percatado, ese día, los norteamericanos dejaron caer la segunda bomba atómica sobre la ciudad japonesa. Muy cerca de donde estudia Koji. Tres años más tarde, encontramos a las dos mujeres viviendo con su mutuo apoyo y el de algunos vecinos, dolientes por la muerte de Koji, e incapaces de seguir adelante. Pero el espíritu de Koji empezará a aparecerse a su madre.

Yamada vuelve a copiar el estilo de su maestro Yasujirô Ozu, como ya ha hecho en otras películas. Con una fotografía que imita el color de los primeros tiempos del cine en color en el país del Sol Naciente, nos ofrece una serena reflexión sobre el duelo ante la ausencia del ser querido y sobre la necesidad de seguir adelante en la vida, cuando ello es posible. La presencia del espíritu de Koji no deja de ser un recurso argumental para simbolizar esa incapacidad en la amable viuda. Por otra parte, hace tiempo que aprendimos en el cine que cuando un espíritu se relaciona con un ser vivo, para que puedan reunirse y estar juntos, el final necesariamente debe ser triste.

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Aunque nunca he entendido en qué medida el hecho de que la población no fuese católica o cristiana la haría “más merecedora” de sufrir semejante aberración bélica. Suponiendo que hubiese algún tipo de hecho bélico o militar que no fuese aberrante por sí mismo.

La historia es mínima. Pero Yamada se toma su tiempo en contarlo, llevándolo hasta más de dos horas de duración, lo cual me parece excesivo, especialmente cuando poco a poco se va viendo que una vez establecidos los principales hechos que invitan a la reflexión, son habas contadas. Pero afortunadamente contamos con las excelentes y elegantes interpretaciones de los protagonistas y secundarios del filme. Lo cual nos permite llegar hasta ese dilatado final sin demasiados agobios.

La película se deja ver. Peca de unas fuertes dosis de conservadurismo moral, que puede ser o no apropiado, aunque sí concordante con la época y el lugar de los hecho. Y está correctamente hecha y resuelta. Aunque no alcance a emocionarnos tanto como otras películas con este cariz. Por cierto, el título original japonés significa “Vivir con mi madre”. Y la música es de Ryuichi Sakamoto.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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En cualquier caso, deseemos que nunca volvamos a ver semejante “espectáculo”. Aunque seguimos presenciando en las noticias constantes agresiones a las poblaciones civiles por parte de ejércitos de todo tipo. “Salvajes” o “civilizados”.

[Libro] El último vuelo de las mariposas

Literatura

Esta historieta la tenía desde hace unos meses. Me llamó la atención al visitar una librería en Barcelona hace unos meses y la compré. No es que sea difícil de encontrar. Después la he visto también en librerías aquí en Zaragoza… pero donde la vi primero fue en la capital condal. Algunos le llamarían “manga” porque su autor es japonés y la editan para que se lea al revés. Desde atras hacia adelante, y de derecha a izquierda de la página. Pero de verdad que, diferencias estilísticas aparte, nunca he encontrado motivo suficiente para llamar a las historietas japonesas con otro nombre que no sea historietas.

Más absurdo encuentro que se llame “anime” a las películas de animación japonesas cuando “anime” es un préstamo del francés, de “dessin animé”. El dibujo animado de toda la vida, vamos. Pero si en esta vida quieres ser “cool” ya sabes que has de renunciar al idioma materno en una serie de campos… y eso que no me voy a meter con los informáticos que esos sí que les dan de patadas al diccionario. ¿Cuando se van a enterar que “library” significa biblioteca y no “librería”? Pues ellos a lo suyo.

Hay personas que confunden en Japón a las geishas, como las del distrito de Gion en Kioto, con las prostitutas, o cortesanas como las denominan en este libro.

Hay personas que confunden en Japón a las geishas, como las del distrito de Gion en Kioto, con las prostitutas, o cortesanas como las denominan en este libro.

A lo que vamos. A la historieta.

El último vuelo de las mariposas
Dibujo y guion de Kan Takahama; traducción de Miguel Angel Ibáñez Muñoz
Editorial Ponent Mon, 2015

En algún momento del siglo XIX, en la ciudad de Nagasaki, único puerto abierto en Japón al comercio con occidentales, nos cuenta la historia de la relación a cuatro bandas entre la más bella prostituta, un hombre gravemente enfermo, su hijo adolescente que quiere ser médico y un médico holandés enamorado de la bella prostituta. Una historia de la que como un ovillo de lana enredado, con unos dibujos muy elegantes y con las palabras las justas, iremos desenmarañando poco a poco hasta que se nos aclare, con tristeza, la bella historia de amor que esconde.

Teóricamente son cosas distintas, aunque nunca me ha quedado claro, porque no lo veo bien explicado en ningún sitio si en la relación entre las geishas y sus clientes el sexo es algo admitido o no, o hasta que punto.

Teóricamente son cosas distintas, aunque nunca me ha quedado claro, porque no lo veo bien explicado en ningún sitio si en la relación entre las geishas y sus clientes el sexo es algo admitido o no, o hasta que punto.

Realmente, bien es verdad que muchas veces lo de menos es el medio. Literatura, cine, televisión,… historietas… lo que importa en un relato de ficción son dos cosas. Que haya una buena historia que contar, que no tiene que ser grandiosa ni afectar a gentes importantes, que nos valen las personas corrientes. Algunas en las que no nos fijaríamos nunca, o lo haríamos con desprecio o admiración según la moralidad imperante. Y que haya un buen narrador de historias, que domine su arte y que sepa dosificar la información que ofrece al lector o espectador de forma que quede atrapado en una de esas infinitas vidas que no podemos vivir, porque sólo tenemos una, la nuestra, pero que gracias a estas arte podemos atisbar. Y ambas condiciones se dan en esta ocasión.

Para los aficionados a la historieta,… o comic,… o manga,… o como diablos lo queráis llamar, probablemente será un libro que disfrutarán. Para quienes no lo sean, quizá sea un buen momento para que comprueben que también este método de expresión merece la pena. Muy bien. Lo único que me imagino que podría mejorar la cosa es que estas historietas fuesen en color… Por que ves la portada del libro y te quedas con ganas de ese color. Pero bueno. Las cosas son como son.

En cualquier caso, da igual, lo importante es la bella historia que nos narra el libro e, insisto, la pena de que no podamos disfrutar del colorido de los vestido tradicionales nipones.

En cualquier caso, da igual, lo importante es la bella historia que nos narra el libro e, insisto, la pena de que no podamos disfrutar del colorido de los vestido tradicionales nipones.

Conviene no olvidar,… y hay bombas en el mundo como para destruirlo varias veces

Historia

Hoy hace 65 años del lanzamiento de la bomba atómica de Nagasaki. Generalmente se recuerda más la de Hiroshima. Ya se sabe; en el deporte, nadie se acuerda de los segundones. Pues aquí, lo mismo. Por eso, este año, he decidido recordar el comienzo de la era de terror nuclear el día 9 de agosto y no el 6. Antes de pasar a comentar algunos aspectos sobre este acontecimiento, permitidme que os recomiende las fotos publicadas en el Denver Post como recuerdo de ambos bombardeos. Son 55 fotografías, algunas de ellas muy significativas.

Para ver el reportaje completo pulsa en la imagen.

Generalmente, la excusa dada por los partidarios del lanzamiento de la bomba fue que el número de vidas que se hubieran perdido en el caso de que hubieran tenido que invadir las islas principales del Japón hubiese sido enorme, a la luz de las experiencias previas, especialmente en Okinawa.

Sin embargo, creo que hay que considerar otras cuestiones. Desde luego, el planteamiento ético de lo que supone un bombardeo indiscriminado sobre población civil, que si ya había alcanzado condiciones dantescas a lo largo de la guerra en distintos escenarios. Y todo hay que decirlo, si los ejemplos más conocidos de barbarie por parte de los agresores son Coventry o Rotterdam, con un número de muertes estimados que puede estar en torno a las 1600 personas, los bombardeos aliados más notables como pudieron ser Dresde, Hamburgo, o los barrios de Tokio con edificaciones de madera, produjeron un número tremendamente superior de víctimas mortales. De los 20.000 o 35.000 de las dos ciudades alemanas, a los 100.000 reconocidos oficialmente, probablemente más, de la capital japonesa. Mayoritariamente civiles. ¿Sirvieron para acortar la guerra? ¿Sirvieron para desmoralizar a los ejércitos y que dejaran de luchar? Tengo serias dudas. Si me habéis leído en articulos similares previamente, conoceréis mi opinión. Hay ejércitos malos y ejércitos perversos. Los alemanes y los japoneses, u otros similares, pertenecerán al segundo tipo. Pero todos los demás, incluidos los que luchan por los “más nobles ideales”, tarde o temprano ejecutan su propia ración de desmanes, y son como mínimo del primer tipo.

Si todo lo anterior se refiere a los bombardeos “con armas convencionales”… ¿es necesario que exponga mi opinión sobre el bombardeo atómico?

Las otras cuestiones. Para empezar, una reflexión que hacía ayer sobre la caída de Berlín. Las últimas batallas de la Segunda Guerra Mundial debemos considerarlas como las primeras de la Guerra Fría. Si uno de los intereses de los soviéticos en alcanzar primero Berlín estaba en apoderarse del saber hacer alemán en materias científicas y de ingeniería que les permitiesen recuperar parte del retraso que llevaban frente a los Estados Unidos, para muchos estrategas militares norteamericanos, conscientes de que la guerra con el Japón estaba ganada y que todo era cuestión de tiempo, los bombardeos atómicos sobre ciudades japonesas tenían mucho de campo de experimentación. Los ciudadanos japoneses se convirtieron en tristes conejillos de indias con el fin de conocer qué podían esperar de la acción de las nuevas armas, en caso de conflicto posterior con los soviéticos. Ambas bombas fueron de distinto tipo. De uranio 235 la de Hiroshima, de plutonio 239 la de Nagasaki, los efectos y el funcionamiento de ambas fueron abundantemente documentados con vistas al futuro. No hubo lamentaciones por el terror desencadenado. Hubo previsiones para el futuro. Fue el comienzo de la carrera armamentística nuclear. La carrera más loca y absurda que se ha celebrado sobre el planeta ya que nos puede llevar en cualquier momento a la extinción. No sólo como especie. Sino como planeta que alberga vida.

Hoy en día, los arsenales nucleares siguen siendo suficientes para destruir la vida sobre la Tierra varias veces. El cinismo político de quienes mantienen estos arsenales les hace calificar como terroristas a quienes quieren sumarse al siniestro club atómico, mientras se arrogan el papel de protectores de la libertad y de la humanidad. Cuando son ellos quienes pueden arruinar al planeta.

No sé. Siempre me deprimen un poco estos aniversarios. Porque no entiendo que la historia nos haya enseñado nada. Triste.

Binnenhof

Turistas japoneses en el Binnenhof de La Haya; Holanda capituló inmediatamente tras el bombardeo de Rotterdam, pero no ocurrió lo mismo con los fanatizados regímenes de las potencias agresoras tras los terribles bombardeos sobre su población civil - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8