[Libro] El hombre que pudo reinar (ilustrado) – Rudyard Kipling, Fernando Vicente (ilustrador)

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Como sucede muchos años, a mediados de diciembre, una semana antes de la Navidad, en una mañana de sábado, nos encaminamos al Salón del Cómic de Zaragoza. Tradicional en esas fechas. Hay que echar el anzuelo a los consumidores que compran regalos para esas fechas. Y nosotros… picamos. Pero con gusto. Siempre nos llevamos algún regalo, y alguna cosa para nosotros mismos. Cuando vamos, los sábados por la mañana, suele estar animado, pero faltan los visitantes más vistosos, los que acuden disfrazados de sus personajes favoritos; los cosplayers. Alguno hay. Pero no suelen madrugar; van más por la tarde. Pero odiamos las muchedumbres agobiantes. Y ya el sábado por la mañana hay mucha gente. No quiero ni pensar lo que puede haber seis o siete horas más tardes. Es barato. Un euro la entrada. Una forma de establecer un tíquet moderador. Los meramente curiosos, sin más interés por lo que se expone y vende, no se gastarán el euro.

Salgo de allí con un libro ilustrado. Una novela corta publicada por Nórdica Libros, escrita por Rudyard Kipling, ilustrada por Fernando Vicente, un clásico de la literatura en inglés, aunque lo que yo llevo es una traducción, que fue adaptada al cine por John Huston, y protagonizada por Sean Connery y Michael Caine, con Christopher Plummer como Kipling y narrador de la historia. En ella se nos habla de la peripecia de dos estrafalarios aventureros, suboficiales del ejército inglés en la India, que van por libre, y que deciden dirigirse al Kafiristan, región del Hindú Kush, montañas al norte de Afganistán y Pakistán, donde vivirían los descendientes de los griegos que acompañaron a Alejandro Magno en su expedición por Asia. Allí serán acogidos como dioses, formarán un ejército que les permitirá erigirse como reyes del lugar… hasta que las cosas se tuercen.

Existieron realmente colonias griegas en la Transoxiana, más allá del río Oxus, hoy en día conocido como Amu Daria, y que dan base a la elucubración de los personajes de Kipling sobre el origen europeo de los habitantes del lugar. Un reino de cultura griega más descendiente del imperio helenístico seléucida( de Seleuco, uno de los generales de Alejandro, que le sucedió en lo que se llamaba Persia en aquel momento). De ahí a pensar que los habitantes de los valles elevados y remotos del Hindú Kush sean de ascendencia europea… En cualquier caso, es una aventura propia de los tiempos coloniales, en los que además seguía la exploración del mundo, en el que seguían existiendo regiones ignotas… para la Europa occidental. Eran perfectamente conocidas para los locales. Para quienes un lugar ignoto sería… Londres. En fin. Se nos dice con frecuencia que los aventureros de esta historia estarían inspirados por el que fue rajá de Sarawak, James Brooke, que fue el malo en la literatura en la conocida novela de Emilio Salgari Los tigres de Mompracem, que dio comienzo al ciclo de novelas de los piratas de Malasia, protagonizados por Sandokán.

El libro se lee en poco tiempo. Es muy entretenido. Combina la ironía, casi la parodia, en la forma en que los dos aventureros se desenvuelven, con un tono melancólico, como adivinando que el mundo de los aventureros románticos está acabando en ese final del siglo XIX, con los avances del siglo XX, entonces en el futuro, llamando a la puerta. Ese tono se nota especialmente en la adaptación al cine de Huston. las ilustraciones de Fernando Vicente, creo que muy influidas por la película, están muy bien, y acompañan convenientemente al relato. Ilustraciones claras, limpias, pero expresivas, que hacen que el libro que presenta Nórdica pueda recibir una buena nota y ser muy recomendable. Tanto para quienes disfruten de un buen relato de aventuras, como para los que gusten de los libros ilustrados. Un buen regalo… de Navidad o en cualquier momento del año.

[Cine] El libro de la selva (2016), las nuevas versiones llegan a la selva de Seeonee

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El libro de la selva (The Jungle Book, 2016; 292016-1405)

Aunque venía anunciada con excelentes críticas, me resistía sobremanera a la posibilidad de echar un vistazo a esta nueva versión de las aventuras de Mowgli, la rana, según Disney. Por establecer la cosas claras, la versión original de 1967 ha sido probablemente durante toda mi vida mi película favorita de la factoría del tío Walter. A partir de una historia mucho más compleja y madura que salió de la pluma de Rudyard Kipling, los estudios californianos fueron capaces de hacer un cuento delicado, sencillo y optimista, que siempre le ha sacado varios cuerpos de ventaja a los tradicionales cuentos de princesas que han machacado con tesón. Casi está más emparentada con lo que unas décadas más tardes sería la producción del Studio Ghibli que con el resto de las películas Disney. Y además… con música de la buena…

«Yo soy el rey del jazz a gogo, el más mono rey del swing…»

Carlos Carreter

No se refieren en esta ocasión a los elefantes como la patrulla del coronel Hathi.

Y aquí nos llega la nueva versión, dirigida por Jon Favreau, de la rivalidad en el cachorro humano (Neel Sethi) encontrando en la selva de Seeonee a orillas del río Waingunga (o Wainganga, que parece que lo llaman ahora, quizá más correctamente) y el feroz tigre Shere Khan. Nos dicen que rodada en «imagen real«… ja. Si llaman así a que un actor infantil se pasee ante pantallas verdes sobre las que se introduce de modo prácticamente integral una animación de carácter realista, que no real, generada por ordenador. Para mí resulta tan película de animación como la otra, por virguería tecnológica que suponga. El sábado pasado, andábamos de boda con mi hermana y mi sobrino de siete años, y dado el amplio intervalo de tiempo disponible entre la ceremonia religiosa y la cena, tres horas, comprobamos que el horario de este filme nos convenía perfectamente. Y allí fuimos. Versión doblada al castellano, por lo que no pudimos comprobar cómo por primera vez han feminizado a la serpiente Kaa, tradicionalmente macho, con la sensual voz de contralto de Scarlett Johansson. Tranquilos… no canta, alabadas sean las benévolas leyes de la naturaleza que rigen el mundo.

Carlos Carreter

Lo de los rinocerontes me sorprendió un poco… hasta que me aclaré en casa. Los de la foto son africanos.

La historia es básicamente la misma que en la versión de 1967, y por lo tanto diverge de la historia original de Kipling, con algunas alteraciones relativamente menores, y orientadas a dar a la película un tono más dramático y oscuro, frente al relativamente alegre y dicharachero de la de hace casi cincuenta años. Quizá se pasan con lo de los sustos… recurso dramático poco sutil por demás. No se cortan un pelo a la hora de pasarse por el forro de la entrepierna el rigor geográfico y temporal, y así acabamos encontrando anacondas en lugar de pitones en la India, o gigantopitecos en la actualidad, cuando llevan 100.000 años extinguidos. Eso sí, me ha servido para aprender que existen rinocerontes en Asia, por alguna razón estaba convencido de que eran exclusivos de África. Esto no es incorrecto. O por lo menos no del todo…

Dicho todo lo anterior, la película se ve con agrado. Está bien hecha, y mantiene algunos de los temas originales de la historia, el de la solidaridad, la amistad y el equilibrio en la jungla, por dura que esta sea, con razonable dignidad. No voy a decir que fuera una película necesaria… pero ya que la han hecho, por lo menos se deja ver bastante bien.

Por cierto,… existe una versión de 1942 de auténtica imagen real dirigida por Zoltan Korda y protagonizada por Sabu, actor indio que alcanzó cierta popularidad en los años 40 y 50, antes de su prematura muerte,… aunque es muy normalita.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

Carlos Carreter

Hay versiones sobre el tipo de oso que es Baloo, pero estos nos valdrán para representarlos. Todas las fotografías son del zoológico de la Casa de Campo de Madrid en 1990.