[Libro] El tren nocturno de la Vía Láctea

Literatura

Hace un par de semanas estaba leyendo, todavía en sus primeras páginas, una novela relativamente actual japonesa, cuando uno de los personajes hace una referencia al “Tren nocturno de la Vía Láctea”, como título de un relato y un libro del japonés Kenji Miyazawa, que incluso ahora, décadas tras su muerte, es una de las lecturas habituales y frecuentes en el País del Sol Naciente. La verdad es que el título me pareció estupendo, muy sugerente. Aun sin saber de qué iba el libro. Interrumpí la lectura del libro que estaba leyendo, de él os hablaré dentro de unos días, y me puse a investigar.

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Desde su apertura a la modernidad, el tren, el ferrocarril ha sido una parte inseparable de la vida y la experiencia cotidiana de los japoneses, por lo que no es de extrañar su uso como metáfora. Aquí os dejo una variedad de trenes y líneas por la isla de Honsu, la principal del archipiélago.

Miyazawa fue, por decirlo así, un posmoderno de las primeras décadas del siglo XX. Nacido en 1896, fue poeta y escritor, profesor de ciencias agrícolas, tocaba el violonchelo, era un devoto budista, aunque no desdeñaba determinados préstamos del cristianismo, vegetariano y activista social utópico. Lo dicho. Un posmoderno. Pero setenta años de que surgiera el término y el movimiento cultural. Quizá más serio y más profundo que la mayor parte de los posmodernos que proliferaron a partir de los años 70 del siglo XX.

Murió de neumonía en 1933, con sólo 37 años de edad. Lo cual le ahorro los años más tétricos y tristes de la historia del Imperio del Sol Naciente.

20140924-L1090062.jpgEn el libro que he leído, nos presentan tres de sus relatos. Tres cuentos, de tonos diversos, pero de intención indudablemente moralista, en los que se perciben su devoción budista, aderezada con elementos prestados del cristianismo, probablemente católico, aunque esto es un suponer.

El principal de ellos, el que da título al libro, en japonés Gingatetsudō no yoru [銀河鉄道の夜] (Tren nocturno galáctico), nos narra el viaje de dos amigos, Giovanni y Campanella, en un tren fantástico que va recorriendo la Vía Láctea, entre la Cruz del Norte (o constelación del Cisne) y la Cruz del Sur. En el viaje, ambos amigos, cuyos nombres proceden de personajes de Cuore  de Edmondo de Amicis, lo que afianza la influencia de los valores conservadores católicos del risorgimento italiano, van relacionándose con distintos personajes que transitan por la Vía Láctea. De los dos amigos, sólo Giovanni tiene un billete especial que se permite el viaje de vuelta. Campanella terminará su viaje en la estación de la Cruz del Sur. Sólo el regreso de Giovanni a su pueblo en algún lugar del norte de la isla de Honsu en Japón nos dará las claves de lo sucedido.

20140926-_9260067.jpgCon un tono entre esperanzado y melancólico, marcadamente filosófico, Miyazawa usa la Vía Láctea como metáfora del noble sendero o la recta vía que debe conducir la vida de los budistas, mientras que las dos estaciones de origen y destino, Cruz del Norte y Cruz del Sur, son referentes claros cristianos, como inicio y final del viaje. Dotada de una imaginería literaria que estimula y enciende la imaginación, se ha comparado con Le petit Prince de Saint-Exupéry, aunque su concepción y primeras versiones son un de décadas anteriores. Creo que tiene entidad y cualidades propias como para que no tenga que vivir a expensas de las comparaciones con el célebre relato del francés.

20140927-_9270517.jpgEste relato se completa con otros dos, Gauche el celista (セロ弾きのゴーシュ [Cello hiki no Goshu]), una fábula con interacciones entre un ser humano y los animales, que nos habla del esfuerzo para mejorar y contribuir al bien de la comunidad, incluso si este esfuerzo nos aparece como inaparente. Desde mi punto de ver tiene mucho que ver con la ética del esfuerzo personal al servicio del grupo, la comunidad o la organización, tan propia de la cultura nipona.

20140928-_9280124.jpgEl otro relato, Matasaburô, el genio del viento (風の又三郎 [Kaze no Matasaburô]), nos habla de las correrías de un grupo de escolares en las regiones rurales del norte de la isla de Honsu, a cuya escuela llega un nuevo alumno, procedente de la ciudad, de Sappor, hijo de un ingeniero, a quien apodan Matasaburô, y que da origen a la suposición de que es un genio de los vientos, y que provoca extraños sucesos de carácter sobrenatural… o no. Tiene un tono más costumbrista, y te deja la sensación de que hay cosas que pueden cambiar cosméticamente de una parte a otra del mundo, pero que en esencia son lo mismo.

Aunque no necesariamente alineado con mis formas de entender la vida y el mundo, me ha parecido una lectura tremendamente recomendable.

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[Cine] Fireworks (2017) / Isla de perros (2018)

Cine

Sesión doble para esta semana de cine, con dos películas de animación que tienen en común un ambiente nipón en su desarrollo argumental… y poco o nada más. Vamos por orden de visualización.

Fireworks (2017; 24/20180422)

A pesar de la excelente calidad de muchas de las películas del Studio Ghibli en las últimas décadas, parece que la película que ha descerrajado los mercados occidentales para la animación japonesa fue el gran éxito de Makoto Shinkai que pudimos ver en España el año pasado por estas fechas. Con antelación, cada año se estrenaban en la pantalla grande española,… ¿una o ninguna películas de animación japonesas en un país que produce… muchas? Desde el mencionado estreno, o sea en el intervalo de un año cuento cuatro estrenos aparte del mencionado, e incluyendo el que hoy nos interesa, dirigido por Akiyuki Shimbô y Nobuyuki Takeuchi, y producida por el mismo estudio que la anterior.

En esta ocasión también nos encontramos ante un romance adolescente con entorno fantástico. Al joven Norimichi le gusta su compañera de clase, la guapa Nazuna, que lo ignora. Pero a propósito de un festival de fuegos artificiales que se van a lanzar desde un faro próximo en la costa, sus vidas se cruzarán. Y además Norimichi encontrará una forma para cambiar los acontecimientos regresando al pasado.

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Nos pasearemos por una de las islas costeras de Japón, en el Setouchi, mar interior de Seto; lejos de ser la degrada isla de los perros, Miyajima está repleta de tesoros naturales y culturales.

La película tiene un cierto atractivo visual, aunque a ratos un poco demasiado abigarrado para mi gusto. Además, el juego con el tiempo no tiene la sutileza y el buen trenzado que es obligado en este tipo de historias. Como comparación, al volver del cine, fuimos a una matinal dominical, después de comer, volví a ver La chica que saltaba a través del tiempo, una película fenomenal que podéis encontrar en Netflix, y la película que hoy nos ocupa queda mal parada en dicha comparación.

No está mal, se deja ver, pero es de lo más flojo que ha llegado a la pantalla grande española en animación japonesa en los últimos tiempos.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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Isla de perros (Isle of Dogs; 25/20180426)

También esta película transcurre a orillas del mar en un población japonesa. Pero… para empezar, es más bien una coproducción germanoamericana, y está dirigida por el personalísimo Wes Anderson, lo cual garantiza el espectáculo visual. Aunque está parcialmente hablada en japonés… Ahora os lo explico.

Estamos ante una fábula en la que todos los perros de una gran ciudad japonesa, Megasaki, situada en un futuro próximo, son desterrados a una infame isla vertedero de basuras por el megalómano alcalde Kobayashi, descendiente de una antigua familia de caciques amantes de los gatos. Pero su pupilo, Atari, un jovencito de 12 años, arriesgará su vida por rescatar a su perro guardián, y de paso pondrá en peligro el dominio de Kobayashi.

La película está realizada con la técnica del stop-motion, ha conllevado un trabajo ingente, que ha movilizado equipos técnicos de marionetistas y animadores de varios países. Como decía, en el aspecto visual, encontramos muchos de los hechos definitorios del cine de Anderson y es una delicia. Lo cual se complementa con una banda sonora, basada en las percusiones a la japonesa, que firma Alexandre Desplat, de lo bueno lo mejor. La película es bilingüe. Los perros hablan en inglés (español, en la versión doblada), y los seres humanos, salvo unos pocos, en japonés.

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Y cualquiera que tenga dos dedos de frente, y no haya estado encerrado en un lugar sin acceso a las noticias en los dos últimos años, se dará cuenta enseguida que el alcalde Kobayashi no es otro que una caricatura de Donald Trump, de quien y de cuyas políticas la película es una ingeniosa crítica, apta para todos los públicos, aunque sólo los adultos comprenderán los aspectos más relacionados con la actualidad política estadounidense. Genial. Aunque he de reconocer que el argumento de la película, que dura algo más de 100 minutos, a ratos se estanca un poco.

El anecdotario de la película y la cantidad de guiños a diversos elementos culturales es muy notable. Por poner un ejemplo, uno de los que más gracia me hizo es que la ayudante de un científico opositor a Kobayashi se llama Yoko Ono. Y está doblada por… Yoko Ono. Supongo que la aristocrática y excéntrica artista contemporánea se lo habrá pasado bien haciendo este papelito.

La película es muy muy visible. Muy recomendable, a pesar de no ser perfecta. Pero bueno…

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] El libro de la selva (2016), las nuevas versiones llegan a la selva de Seeonee

Cine, Sin categorizar

El libro de la selva (The Jungle Book, 2016; 292016-1405)

Aunque venía anunciada con excelentes críticas, me resistía sobremanera a la posibilidad de echar un vistazo a esta nueva versión de las aventuras de Mowgli, la rana, según Disney. Por establecer la cosas claras, la versión original de 1967 ha sido probablemente durante toda mi vida mi película favorita de la factoría del tío Walter. A partir de una historia mucho más compleja y madura que salió de la pluma de Rudyard Kipling, los estudios californianos fueron capaces de hacer un cuento delicado, sencillo y optimista, que siempre le ha sacado varios cuerpos de ventaja a los tradicionales cuentos de princesas que han machacado con tesón. Casi está más emparentada con lo que unas décadas más tardes sería la producción del Studio Ghibli que con el resto de las películas Disney. Y además… con música de la buena…

“Yo soy el rey del jazz a gogo, el más mono rey del swing…”

Carlos Carreter

No se refieren en esta ocasión a los elefantes como la patrulla del coronel Hathi.

Y aquí nos llega la nueva versión, dirigida por Jon Favreau, de la rivalidad en el cachorro humano (Neel Sethi) encontrando en la selva de Seeonee a orillas del río Waingunga (o Wainganga, que parece que lo llaman ahora, quizá más correctamente) y el feroz tigre Shere Khan. Nos dicen que rodada en “imagen real“… ja. Si llaman así a que un actor infantil se pasee ante pantallas verdes sobre las que se introduce de modo prácticamente integral una animación de carácter realista, que no real, generada por ordenador. Para mí resulta tan película de animación como la otra, por virguería tecnológica que suponga. El sábado pasado, andábamos de boda con mi hermana y mi sobrino de siete años, y dado el amplio intervalo de tiempo disponible entre la ceremonia religiosa y la cena, tres horas, comprobamos que el horario de este filme nos convenía perfectamente. Y allí fuimos. Versión doblada al castellano, por lo que no pudimos comprobar cómo por primera vez han feminizado a la serpiente Kaa, tradicionalmente macho, con la sensual voz de contralto de Scarlett Johansson. Tranquilos… no canta, alabadas sean las benévolas leyes de la naturaleza que rigen el mundo.

Carlos Carreter

Lo de los rinocerontes me sorprendió un poco… hasta que me aclaré en casa. Los de la foto son africanos.

La historia es básicamente la misma que en la versión de 1967, y por lo tanto diverge de la historia original de Kipling, con algunas alteraciones relativamente menores, y orientadas a dar a la película un tono más dramático y oscuro, frente al relativamente alegre y dicharachero de la de hace casi cincuenta años. Quizá se pasan con lo de los sustos… recurso dramático poco sutil por demás. No se cortan un pelo a la hora de pasarse por el forro de la entrepierna el rigor geográfico y temporal, y así acabamos encontrando anacondas en lugar de pitones en la India, o gigantopitecos en la actualidad, cuando llevan 100.000 años extinguidos. Eso sí, me ha servido para aprender que existen rinocerontes en Asia, por alguna razón estaba convencido de que eran exclusivos de África. Esto no es incorrecto. O por lo menos no del todo…

Dicho todo lo anterior, la película se ve con agrado. Está bien hecha, y mantiene algunos de los temas originales de la historia, el de la solidaridad, la amistad y el equilibrio en la jungla, por dura que esta sea, con razonable dignidad. No voy a decir que fuera una película necesaria… pero ya que la han hecho, por lo menos se deja ver bastante bien.

Por cierto,… existe una versión de 1942 de auténtica imagen real dirigida por Zoltan Korda y protagonizada por Sabu, actor indio que alcanzó cierta popularidad en los años 40 y 50, antes de su prematura muerte,… aunque es muy normalita.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
Carlos Carreter

Hay versiones sobre el tipo de oso que es Baloo, pero estos nos valdrán para representarlos. Todas las fotografías son del zoológico de la Casa de Campo de Madrid en 1990.