[Libro] La chica de Kyushu; la venganza se sirve muy fría

Literatura
Nota: por respeto cultural, los nombres orientales se conservan en el orden habitual en sus países de origen, el apellido en primer lugar y el nombre de pila al final.

Llevo un considerable retraso a la hora de comentar libros leídos. Esto es debido a una mezcla de factores; este verano estoy leyendo bastante, bastantes de los libros tienen una corta duración, y sólo comento un libro a la semana. Y eso que he abandonado al menos un libro en las últimas semanas, Los políglotas de William Gerhardie. No me enganchó nada en absoluto. Me habían anunciado que era divertido… y nop. Nada. Para compensar, ahora estoy metido en la lectura de un libro de 900 páginas, de autora española. Ya veremos.

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No llegué a visitar la isla de Kyushu en mi viaje a Japón. Pero hay un momento importante en la novela que transcurre en Hakone, población turística en la bahía de Sagami, en uno de cuyos extremos está Kamakura, donde sí estuvimos. Y ahí nos damos una vuela por el santuario de Tsurugaoka Hachiman-gū.

En cualquier caso, la novela negra de autor japonés, Matsumoto Seicho, que nos ocupa hoy no tiene una extensión muy larga. Cuesta poco leerla. Aunque conviene no apresurarse y asimilar bien lo que nos van contando.

Y lo que nos cuenta es una venganza, que a su vez no deja de ser un crimen. Una joven de 20 años, originaria de la más sureña de las islas principales del archipiélago japonés, se gasta sus ahorros en visitar en Tokio al más reputado abogado penalista del país. Pretende que defienda a su hermano, acusado, según ella, falsamente del asesinato de una prestamista. El abogado se negará, el hermano será condenado, pero morirá en prisión antes de ser ejecutado.

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La novela es de 1961, pero hemos de advertir que, aunque no sale tanto en las noticias como con otros países, en Japón también existe la pena de muerte, aunque en la actualidad sólo se aplique a asesinos múltiples y otros crímenes muy graves. En las últimas semanas se ha publicado la noticia de la ejecución de algunos miembros de la secta que atentó con gas sarín en 1995 en el metro de Tokio causando 13 muertos. Y hace no mucho tuvimos la oportunidad de ver una película de Kore-eda Hirokazu sobre un hombre condenado a muerte. Y cuya reseña no encuentro en este cuaderno de ruta a pesar de que la vi en su momento en el cine. ¿Se me olvidaría escribir de ella? Pues parece que sí.

Bueno… que unos meses más tarde nos encontramos a Kiriko, que así se llama la chica, viviendo en la capital nipona, trabajando en un bar de camareras… y parece improbable que se haya venido a la capital por gusto. Una posible razón puede ser la venganza. Pues todos, la chica, el abogado que se negó, y un periodista que se interesó por el caso, todos saben o sospecha que el joven era inocente.

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La historia es de las que llevan a rajatabla el viejo dicho que dice que “la venganza es un plato que se sirve frío”. En este caso, tras un comienzo muy prometedor, la novela parece entrar en un terreno en el que no pasa nada. En el que los conflictos han surgido y han pasado; los dilemas éticos se han planteado y se han diluido. Matsumoto se toma su tiempo, aunque la novela no es muy extensa, en cocinar con cuidado y precisión la venganza de Kiriko, puesto que de esto va la novela. Como alguna vez leí, es tontería matar por venganza a alguien. Cuando alguien ha muerto, nada siente. Por ello, la resolución de la historia será de otro tipo. Y llegará y será completa, le cueste lo que le cueste a la tenaz e indomable Kiriko.

No voy a decir que sea la octava maravilla de la literatura negra. Pero está bastante bien, e incluso crece en la mente conforme pasan los días, cuando terminas su lectura. Si comprendes la implicación de lo que sucede, la época en lo que suceden y lo que está dispuesta a hacer la protagonista por llevar a cabo su venganza. Funciona también como crítica social, pues desde el primer momento plantea que una persona sin recursos difícilmente puede tener una defensa correcta. Y todos los protagonistas lo saben. Quizá a la justicia se la suela representar como una señora con los ojos vendados y una balanza, no por la equidad con la que sujeta la balanza, sino para no dejar que lo que un rico es capaz de poner en un plato de la balanza frente a lo que es capaz un pobre le impida dejar que se incline convenientemente hacia el primero.

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[Libro] El lagarto negro

Literatura

Leí una recomendación sobre este libro en algún blog sobre libros y literatura, que en estos momentos no puedo recordar y me da pereza buscar. Editado por Salamandra, lo cual a priori es una buena referencia, se nos proponía como una buena opción para introducirse en el escritor japonés Edogawa Rampo. La traducción, directamente del japonés es de Lourdes Porta, habitual traductora de las novelas de Murakami, de quien se nos aproxima su próxima y mastodóntica novela.

Ya que la acción transcurre en Japón, aunque principalmente en Tokio y Osaka, nos iremos al país del Sol Naciente, en concreto a la isla de Itsukushima.

Ya que la acción transcurre en Japón, aunque principalmente en Tokio y Osaka, nos iremos al país del Sol Naciente, en concreto a la isla de Itsukushima.

Comento lo de la traducción por dos motivos. Primero, porque hay que saber, y otorgar el mérito cuando toca, quien es el escritor traductor que nos hace llegar las obras extranjeras al castellano. Una buena o mala traducción puede cambiar tu apreciación de una novela. Recuerdo alguna de Ian McEwan que no disfruté por los errores evidentes de traducción que arrastraba, al menos en un ámbito específico de la narración. Segundo, porque en los tiempos actuales ya es habitual la traducción directa desde el idioma original al castellano como en este caso. Pero en el pasado ha sucedido que cuando el original estaba en un idioma “poco habitual”, la traducción fuese de su versión en inglés o francés. Lo cual puede empeorar el resultado final. Curiosamente, en esta edición de Salamandra, el título original que aparece en el libro electrónico es Kurotokage, en japonés, mientras que en la página web de la editorial aparece como Black Lizard, en inglés, que obviamente no es el título original de la obra.

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Estamos ante una novela policiaca publicada en 1934. Un afamado detective privado de Tokio, Kogorō Akechi, ha sido contratado para evitar el secuestro de la bella hija de un joyero con el fin de conseguir una valiosísima joya. La malhechora es una sofisticada delincuente conocida como El Lagarto Negro, conocida por su belleza, sofisticación, inteligencia, descaro, sensualidad y crueldad a partes iguales.

He de reconocer que he disfrutado mucho de la lectura de esta novela. Son varios los ingredientes que la aderezan. Los tomas y dacas entre ambos contendientes, la agilidad en la acción, la sensualidad que desprende la ladrona, el ingenio puesto en marcha, pero sobre todo ello… el sentido del humor. Sin ser una comedia, hay un sentido del humor sano e inteligente que se destila página tras página, incluso cuando las acciones más terribles o los escenarios más crueles pueden presentarse en elegantes descripciones a los lectores.

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Me lo comparan algunos con Sherlock Holmes y otros detectives privados de la historia de la historia de la literatura occidental. Pero para mí es mucho más entretenido e interesante. Especialmente por un hecho, la calidad de un héroe nunca es superior que la de sus adversario. Y Rampo (en algunos sitios transcrito Ranpo), opta con frecuencia en acompañar y servir el punto de vista de la bella criminal, que está al nivel de las más interesantes femmes fatales de la historia de la narración de ficción, con el plus de sofisticación oriental propio del país nipón. Muy recomendable.

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