[Libros] El ladrón de sueños

Literatura

Dentro del caos en la lectura en el que he estado sumido en los dos últimos meses, tenía pendiente desde hace bastante tiempo el comentario de esta novela, presuntamente detectivesca. Bueno… el protagonista es un detective privado. No es que se Philip Marlowe, precisamente… sabéis. Pero se nos presenta como detective privado.

Escrita por Verónica García-Peña, la encontré de promoción en Amazon con el aliciente de ser novela finalista del Premio Planeta. No es que este premio goce de mi más alta consideración en los últimos años,… pero bueno. Luego me he dado cuenta de que la promoción del premio juega al equívoco. Todos los años, en el fallo de este premio se habla de un ganador y un finalista, siendo este como una especie de segundo clasificado, que aparece en el palmarés. Cándido de mí, que todavía creo en la buena fe de la gente, pensé que al anunciarse como finalista del premio, es que la novela habría alcanzado esta segunda posición. Pues no. Parece que todo lo más llegó a alguna de las rondas finales en la deliberación del premio, pero no es la finalista en ninguna de sus ediciones. Quedáis avisados.

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Como no tengo fotos de Logroño, o por lo menos no digitalizadas, os dejo unas cuantas de mi último viaje, en la ciudad de Svolvær, en las noruegas islas Lofoten.

La chica esta debe ser de Logroño, y allí sitúa la acción, en la posguerra inmediata, cuando todavía en el mundo estaba a tiros contra el fascismo, ese del que nunca nos liberaron a los españoles. Pequeño despiste de las “democracias” occidentales. Eso me hacía ilusión. Conozco la capital riojana por haberla frecuentado en una época de mi vida. Antes de mi afición a la fotografía, así que no puedo acompañar este comentario de forma fotográficamente adecuada. Allí, un detective de treinta años más pobre que una rata, que como mandan los tópicos vive en una pensión, recibe un encargo extraño a propósito de un libro de una bellísima chica de familia bien y acomodada de dieciocho años de la que se prenda, al mismo tiempo que, de un modo bastante incomprensible e inexplicable, e inexplicado, esta se prenda del detective. Coincide además que la “madame” de una pensión le ha pedido que localice a su hija que entregó en adopción,… dieciocho años antes, tras una relación tormentosa con un tipo malo, malo, malo como la quina. De verdad… que si yo adiviné desde casi el primer momento quien narices era la chica, todavía no me explico que clase de detective se ha inventado la autora.

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Con un lenguaje rebuscado y pesado, la novela se arrastra en una serie de peripecias de escaso interés, para uno final más o menos previsible, y que en definitiva da igual, porque el nivel de empatía que sientes por los personajes es el equivalente al que sentirías por un canto rodado del río Ebro bajo el puente de Piedra de Logroño. La novela es mala, excesiva, previsible, y un folletón sin pies ni revés. Todavía no he llegado a comprender porque la terminé. Supongo que porque superé un porcentaje de lectura de la misma que me hizo considerar que, de perdidos, al río.

A mi me engañaron con la propaganda de la novela. No caigáis vosotros en el error. Y espero no recibir muchos comentarios o mensajes airados de amigos de la escritora, todos ellos de Logroño o similar. Y mira que le tengo yo cariño a esa ciudad.

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