Un tren moderno; una gestión antigua, absurda, surrealista,… la de Renfe

Política y sociedad

Me ha llamado la atención un incidente que ha sucedido este fin de semana en la estación de ferrocarril de Zaragoza-Delicias, en el AVE que por la tarde viene de Madrid con destino Huesca. Al parecer, al llegar a la moderna y fría estación de Zaragoza, en dos de los coches las puertas no se abrieron. Y el tren, pasado el tiempo determinado, arrancó llevandose a unos cuantos viajeros que querían y debían haberse apeado en Zaragoza. Que suceda esto, de por sí, ya es un despropósito.

No entraré en las discusiones que parece que tuvieron los viajeros con algún empleado de Renfe en el tren; hay elementos subjetivos difíciles de valorar en una noticia de presa. Pero lo sorprendente es cómo les arreglaron el desaguisado. Parece que les hicieron bajar en Tardienta, y allí esperar a que viniese un autobús desde Huesca, y llevarlos a Zaragoza de nuevo. Cualquiera que conozca la situación de estas poblaciones sabe que es una solución más rápida y mucho más eficiente que los viajeros se bajaran en Huesca, donde podría estar esperándoles en la estación intermodal ese autobús que se desplazó a Tardienta, y haber salido directamente a Zaragoza. Con toda seguridad, hubieran llegado antes a su destino original. Parece incluso que los viajeros, que se conocían la situación, así lo sugirieron. Pero nadie les hizo caso; aumentando el despropósito.

En la actualidad, Renfe, que pese a las directivas europeas de liberalización del transporte ferroviario sigue siendo un monopolio del estado, basa su propaganda de prestigio en lo modernos que son los trenes. Los más modernos de Europa. Pero no son conscientes de que su gestión es antigua. Porque sigue sin estar basada en las necesidades de los viajeros; está más basada en la esclavitud de las nuevas tecnologías que en dar un servicio humano y flexible a las eventualidades. No tienen capacidad de respuesta ante contingencias. Montar en tren ya tiene elementos surrealistas. Cuando uno está en Alemania, o en Bélgica, o en Francia, y va a coger un tren de alta velocidad, saca su billete, va al andén, se despide de sus familiares y monta. Como se ha hecho siempre. Y todos tan contentos. Aquí, hay que llegar con no sé cuanto tiempo, para pasar sucesivos controles de seguridad y billetes, impidiendo el acceso de los acompañantes, lo cual genera intranquilidad cuando los viajeros son personas mayores. Ha sucedido en más de una ocasión que un viajero discapacitado, no ha recibido ayuda adecuada porque no se había avisado con antelación. Claro… ¿tiene el viajero discapacitado obligación de saber que tiene que avisar con antelación? ¿No puede esperar que en una estación moderna y en un tren moderno la supresión de barreras va a estar constantemente prevista?

Y luego, cuando entras en el tren, estás preso. Cualquier contingencia obliga a permanecer horas sin salir, sin explicaciones, sin derechos…

No. Renfe no es una empresa moderna. Lo son sus trenes, pero no su gestión ni su filosofía. No se orientan al cliente. Tampoco se pueden considerar ya servicio público. Cada vez funcionan más mirando su cuenta de resultados y no la necesidad de vertebración del territorio y apoyo a la sociedad. Y cada vez circulan más autobuses por las carreteras. Por que son más baratos, por que son más flexibles… pero también son incómodos, y contaminan más…

Este país ha estado reñido de siempre con sus ferrocarriles. Y eso forma parte de nuestras desventajas competitivas. Alguien debería promover algún tipo de cambio.

Pasado Pamplona

Dos trenes Alvia se cruzan en algún lugar de Navarra entre Pamplona y San Sebastian; trenes modernos para un servicio anticuado - Panasonic Lumix LX3