Ante el calor, un museo donde se está fresquito, y nos vamos a tomar un cerveza a Alemania

Viajes

Para empezar, hay que decir que hemos decidido visitar el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo que está realmente muy bien. Y sin embargo, no había casi nadie. Ante el calorazo, una excelente alternativa para pasar la mañana.

Había un exposición dedicada a Richard Deacon, un escultor británico de una de cuyas obras, sin saberlo, tomé hace poco una foto. Y no precisamente, cerca de Estrasburgo,… Mirad aquí… La gente de Zaragoza que guste de pasear por los parques a orillas del Ebro igual conoce el lugar.

Pero vamos a lo que estamos.

Gustavo Doré es una de las glorias locales en materia de pintura, y tiene dedicada una amplia sala, aunque su estilo desentona con el resto de la colección, más moderna, más contemporánea.

Un omnipresente pensador de Rodin nos recibe en las salas dedicadas al arte moderno.

Muchos adolescentes haciendo visita cultural al museo; y creo que no entendiendo muy bien el arte contemporáneo... ellos, tan jóvenes, y ya con tantos prejuicios.

Después de comer hemos descansado y a continuación hemos paseado por la parte más prusiana de la ciudad; curiosamente allí encontramos la patríotica Plaza de la República.

Hemos entrado a curiosear en la iglesia de Saint-Paul, donde un pastor protestante nos ha guiado en la visita al templo; y mientras, un organista tocaba, muy bien, uno de los dos órganos de la iglesia.

Conforme caía la tarde nos hemos dirigido al Rin, al Parque de las dos Riveras; en el lado francés una especie de parque de atracciones a medio gas languidecía por la escasez de público.

Aunque estamos todavía en Francia, un paseo que conduce hacia la pasarela peatonal internacional muestra las distancias relativas de los planetas del sistema solar respecto al sol, que se encontraría al principio de la pasarela,... ¡pero con los carteles en alemán!

Junto a la orilla del Rin en el lado francés, se estaba organizando un banquete; un grupo de jazz al más puro estilo Django Reinhardt ensayaban su repertorio, ¡y lo hacían de puta madre!

El punto medio en el Rin, donde a un lado está Francia y al otro, Alemania.

Kehl, la población en la orilla alemana, no parece tener nada de especial, pero es muy pulcra, con unos jardines estupendos y un aspecto envidiable de paz y tranquilidad; hemos disfrutado del paseo y de la cervecita.

La vuelta a Estrasburgo, en tren; total de la estación de Kehl a la de la capital alsaciana es un recorrido de apenas 10 minutos.

Después de cenar, hoy mal, hemos tenido mala suerte con el servicio, hemos paseado por los alrededores de la Plaza Gutenberg, donde unos portugueses disfrutaban montados y dando alaridos en un carrusel.

Por cierto, ya sabéis, más imágenes, de otro tipo, en Fotos porque sí.