En Baden-Baden, además de más calor, damnificados por los malditos mundiales

Viajes

La verdad es que la cosa se presagiaba; hoy que nos hemos ido a pasar el día a Baden-Baden, como los pijos de hace 100 años, el invierno en París y el verano en Baden-Baden, no hemos hecho más que ver coches ornamentados con los colores alemanes.

De hecho, por la tarde, en cuanto ha empezado el partido, nos hemos quedado solos por las calles; estaban todos en casa o en los bares viendo el partido ¡Vamos, que pocas diferencias hay con los españolitos!

Cuando ya faltaba poco para terminar el partido, nos hemos sentado en una terraza con unas paulaners, para ver cómo se lo pasaban los "tedeschi" cada vez que su selección metía un gol.

Y cuando han empezado ha salir a la calle con los coches, si se ponen así en cuartos que pasará si ganan la final, hemos empezado a temer alteraciones en el tránsito del transporte público, ¡y la estación está a cinco kilómetros del centro de la ciudad! Calcetinada a la vista.

Al final no ha sido tanto, y sólo hemos caminado como un 40% del trayecto; en ese momento han empezado a pasar autobuses, con frecuencia irregular y gran afluencia. Pero empecemos por el principio.

Hemos llegado por la mañana con el calor de estos días con el que ya empezamos a familiarizarnos; Baden-Baden estaba muy animada, con mercadillos, música al aire libre, actividades deportivas,... de todo.

Lo más mono del lugar es la Lichtentaler Allée, un camino con parques a su alrededor, que partiendo desde el casino, llega hasta un abadía; así que hemos empezado entrando en el vestíbulo del casino y echando un vistazo.

Por el camino, además de muchas otras cosas monas, hemos podido comprobar los "chabolos" que se gastan por aquí los pijos-pijos, cuando vienen a veranear a Baden-Baden.

La abadía de Lichtental no tiene gran cosa, pero como decía el poeta, no recuerdo cual pero alguno, lo importante es el camino; en este caso sin duda.

Después de volver al centro, y comer estupendamente con un servicio estupendo y en un sitio muy mono, como hacía mucho calor, se había nublado, se oían truenos,... vamos, cualquier cosa podía pasar, nos hemos ido a visitar el Museo Frieder Burda; éste es un museo de arte contemporáneo, cuyas salas de exposición se encuentran ocupadas en este momento por obras de Miró. No es mi favorito, pero dadas las circunstancias, no ha estado mal.

Como no se ha arrancado a llover, nos hemos ido a pasear por el casco viejo, con iglesias, estátuas, jardines, antiguas termas romanas, y la terraza junto a un castillo que no se visita porque es privado; el colmo de la casita de verano para pijos.

Como ha vuelto a salir el sol, y la luz estaba bonita, hemos paseado un ratito más por la Lichtentaler Allée, hasta que hemos comenzado nuestra odisea para intentar llegar a la estación antes de la salida del tren.

Lo hemos conseguido, y nos hemos relajado un poquito en los 40 minutos escasos que le ha costado al Intercity directo que nos ha traído a Estrasburgo; como hoy hemos terminado realmente cansados, nos hemos quedado en el hotel tomando algo, mientras charramos y escribo estas líneas.

Ya sabéis, otra forma de ver el día en las entradas de Fotos porque sí.