Una tarde en el cementerio

Fotografía personal, Política y sociedad

Cuando salgo de viaje por el mundo, en mis vacaciones, no faltan las ocasiones en las que nos asomamos a los cementerios por cuyas cercanías pasamos. En buena parte de las ciudades del norte de Europa, los cementerios son lugares verdes, arbolados, situados en parques o en los alrededores de las iglesias. Y no faltan las ocasiones fotográficas en dichos entornos.

Cementerio en Ilfracombe
Ilfracombe, Devon (Inglaterra)
Fujifilm Finepix F10
Iglesia y cementerio en Ruovesi
Ruovesi (Finlandia)
Panasonic Lumix LX2
Iglesia y cementerio en el Archipiélago de Turku
Archipiélago de Turku (Finlandia)
Panasonic Lumix LX2

En España, los cementerios son distintos. Más apiñados, menos verdes, menos parques. Además, en los últimos tiempos en las grandes y no tan grandes ciudades se han puesto de moda los nichos, en los cuales se apilan de forma funcional pero altamente anti-estética los ataudes de los fallecidos.

No obstante, ayer por la tarde decidí dar una oportunidad al cementerio de Zaragoza. Aprovechando que la niebla levantó al mediodía, tome la cámara por la tarde, para aprovechar la última hora de sol antes del ocaso. Me centré en la área donde se enterraba en tierra, en el entorno de las grandes tumbas familiares. Pero también me introduje entre las tumbas más pequeñas y modestas.

Familia de Perez Abenia
¿Será Dios? Cristo está a su derecha,...

Sin embargo, lo que más me impresiona siempre es ver la cantidad de tumbas en tierra dedicadas a los niños. Edades del estilo de 9 años, 30 meses, 27 días o algunas horas son relativamente frecuentes. Y a pesar de que las fechas de fallecimiento datan de algunas décadas, son las que con más frecuencia encuentras ornadas con flores relativamente recientes. Eran otros tiempos, en las décadas de los 50 y los 60, donde además de babyboom, también había una considerable mortalidad infantil, de la que hoy en día afortunadamente nos hemos liberado.

En resumen, una interesante experiencia. Fotográfica y sociológica.

Subio a la gloria
Todas las fotos actuales:
Pentax K10D con
SMC-DA 21/3,2 y SMC-A 50/2

¡Hola mundo!

Páginas personales

Esta es la primera entrada del borrador de lo que puede ser mi Cuaderno de ruta en su versión 2. La versión 1, actualmente activa, se encuentra alojada en Blogger. En estos momentos me encuentro analizando la posibilidad de comenzar una nueva etapa bajo el paraguas que ofrece WordPress.

Durante unos días o semanas estas páginas estarán a prueba, hasta que tome una decisión sobre si es mi nuevo cuaderno de ruta activo o sigo con la versión original. Así que si por algún motivo llegas aquí,… pues no esperes encontrar grandes cosas. En cualquier caso, un saludo.

La imagen que acompaña esta entrada está tomada en la Calle Alfonso de Zaragoza.

Escaparate

(Canon EOS 10D, EF 70-210/3,5-4,5 USM)

Los crímenes de Oxford (2008)

Cine

Los crímenes de Oxford (2008), 20 de enero de 2008.

Dudas me han entrado a la hora de encabezar esta entrada sobre sí debía consignar el título original de la película como The Oxford Murders. Al fin y al cabo, el filme está rodado en inglés, en Inglaterra y con un ambiente muy británico. Pero asumiremos que la película es española, y que su título original es en castellano.

Pues esto va de que a Alex de la Iglesia le da una ventolera y se pone a hacer una película que no tiene nada que ver con el cine al que habitualmente nos tiene acostumbrados. Este director tiene algunos títulos que me parecen estupendos y otros que no. En realidad, si miro su filmografía, en lo que se refiere a largometrajes, sólo hay dos que me parece que tienen algo para que se le dé la importancia que se le da en la filmografía española actual. Y son El Día de la Bestia y La Comunidad. Ambas me parecen geniales. Pero las demás… ¡uffff! Una de dos. O está sobrevalorado, o tiene poco atino a la hora de mostrar su genialidad.

El filme que aquí nos ocupa pretende ser su punta de lanza para el cine anglosajón. Bueno… ¿Y Perdita Durango, qué? ¿Nos hemos olvidado que aquella también se rodó en inglés? También se habla de un homenaje a Hitchcock. Mmmmmmmmm… Es cierto que es una película de misterio. De asesinatos por resolver. Es cierto que algunos planos y algunas secuencias tienen mucho de lo que hacía el viejo maestro. Pero ¿es esto un homenaje o mera imitación coyuntural y aprovechada? El viejo maestro nos mantenía en vilo simplemente con el acoso a un personaje, con la incertidumbre de los destinos de los protagonistas. El presunto motivo de esa incertidumbre, el McGuffin, era absolutamente secundario. Un polvo negro en Notorious, una persecución no sé sabe muy bien porqué en North by Northwest,… Eso no importaba nada. Aquí nos dan una brasa aterradora con la lógica, las matemáticas, la maldita sucesión de Fibonacci. Lo de la sucesión de Fibonacci parece que se lo han aprendido en jueves. Sale hasta en la sopa. Incluso aquí se equivocan un mogollón cuando el protagonista dice que cree en el número pi, cuando el número asociado a la sucesión de Fibonacci es el número phi. Vamos mal en matemáticas y en letras. Largas parrafadas de frases sin sentido para la mayor parte de los espectadores y que son superfluas a la hora de crear ambiente. El resultado es una melange inconsistente entre las historias tipo códigodavincianas y las novelas de Agatha Christie. Juro que a mí me parece que esta historia tiene más de los whodunit de la prolífica escritoria británica que al suspense del maestro del cine de la misma nacionalidad.

Técnicamente,… pues sí, el director tiene recursos. Pero no sé si los sabe aprovechar. Imagino que habrá quien admirará el largo traveling que nos lleva de los desengaños del joven posgraduado hasta el lugar del primer crimen. Pero aparte de presentarnos a algunos de los personajes, que ya habían sido presentados, no acabo de verle la gracia. Nada que ver, por ejemplo, con el largo traveling que se puede disfrutar en Atonement para mostrar el ambiente de la playa de Dunkerke durante la II Guerra Mundial. Por poner un ejemplo de hace una semana escasa.

En cuanto a la interpretación. El joven posgraduado interpretado por Elijah Wood convence más bien poco. La enfermera que se lo liga, las española Leonor Watling, da lugar a una relación más o menos apasionado que nadie sabe por qué surge ni adonde va, ni si importa gran cosa. Por otra parte, esta chica es guapa, y además con poco recato a la hora de despelotarse, y me cae bien. Pero no acabo de verle mucho como gran actriz. Siempre me ha parecido que flirtea con la mediocridad. El viejo filósofo y matemático, John Hurt, hace lo que puede, que es mucho, pero poco más allá. Desde mi punto de vista, habría que cesar al responsable del casting. Hay otros actores que no lo hacen mal. Pero salen poco, y poco pueden hacer.

En resumen. Una película muy floja. Más de lo que la prensa especializada reconoce. Supongo que el nombre del director influye. Yo no le pongo más de un cinco en la valoración subjetiva, con una seis en la interpretación y otro en la dirección. Si podéis elegir, elegir otra película.

En la fotografía de hoy,… qué va a ser. Oxford. La foto es de 1989. No me acuerdo ni de cerca qué es. Si alguien lo sabe, que lo diga.

Pentax P30n
Focal: 28mm
Negativo color 100 ISO

La insoportable levedad de las producciones históricas – The Tudors

Televisión

Me recomendaron no hace mucho una producción televisiva, una serie de ficción de carácter histórico ambientada en la corte de Henry VIII. El famoso rey de las seis esposas. La serie se denomina The Tudors. Los Tudor, dicho al hispánico modo. En realidad, en esta primera temporada de la serie se le da vuelta a la historia tantas veces contada de la separación del monarca inglés de su primera esposa, Catalina de Aragón, para casarse con Anne Boleyn, una de las damas de compañía de la reina. La sospecha me entra de que si les va bien, pueden hacer una temporada de en torno a diez capítulos para cada una de las consortes. Supongo que la segunda temporada puede ir de su matrimonio con la «Bolena«, hasta que esta pierde la cabeza… ¿por amor?

La producción de la serie, por lo menos en su primera temporada, es suntuosa. Decorados privilegiados, vestuario de lujo, abundancia de reparto y de extras, realización impecable. Los guiones varía. Hay algunos capítulos muy buenos y otros menos buenos; pero en general está muy bien. Se han buscado buenos actores, aunque algunos son poco conocidos. Pero otros tienen nombre, y he quedado particularmente impresionado del papel que hace Sam Neill interpretando al Cardenal Wolsey, Lord Canciller en ese período de tiempo. El personaje de Anne Boleyn esta interpretado por una casi desconocida Natalie Dormer, que une una gran belleza a una expresividad notable. Dice mucho con muy pocas palabras. Pero todos están muy bien, incluido el propio Jonathan Rhys Meyers interpretando al monarca, a Maria Doyle Kennedy como la reina de origen español, o a Jeremy Northam como Sir Thomas More.

La producción irlandeso-canadiense tira de escenas sexuales relativamente explícitas, especialmente en los primeros capítulos, supongo que como tirón para enganchar a la parroquia al televisor. Pero conforme los capítulos pasan, son otras las pasiones que importan en la historia. La ambición política, la avaricia, los celos, son los motores que mueven a los distintos personajes.

Y todo ello, está muy bien. Realmente bien. Pero…

Efectivamente, hay un pero. Es obvio que estas producciones tienen que partir de una «novelizacion» de los acontecimientos. Conocemos los hechos históricos públicos. Han llegado hasta nosotros alguna correspondencia de los personajes históricos narrando hechos más íntimos. Pero lo que realmente sucedió en las alcobas, en los comedores, en los salones, o en las recámaras ha de ser necesariamente inventado. Entiendo que esta ficción debe ser creible. Debe ser concordante con los hechos históricos. Debemos creer que las cosas pudieron suceder así. Ningún problema. Si sólo se narrase lo que realmente se conoce, sería un rollo y duraría un ratico. Pero lo que es inadmisible es que reinventen la historia. Que hechos conocidos sean falseados. Ninguna hemana del rey desposó ni mató a ningún rey portugués, que aparece como decrépito, lascivo y risible. Recordemos que la Casa de Avis portuguesa impulsó la exploración del mundo y configuró un imperio. Nada risible y sí mucho de admirable dadas las dimensiones del país. Nada indica que el Cardenal Wolsey terminase como termina en la serie. No hubo epidemias de esa categoría en esa época en Inglaterra; sí las hubo antes y después, pero no entonces, y parece que su única justificación es alargar un episodio más la serie. Las fechas y los acontecimientos no siempre concuerdan en la serie con lo que sucedió en la realidad. Y una serie de pequeños detalles que sería prolijo y probablemente aburrido buscar y detallar.

Siempre me preguntaré ¿por qué hacen esto? ¿Realmente creen que inventar o modificar cosas es necesario para que la historia sea interesante? Una pena. Porque por lo demás, la serie es altamente recomendable. A ser posible en versión original. No doblada.

¿Que otra foto de las que tengo podría poner en esta ocasión, distinta de la armadura de Henry VIII que se conserva en la White Tower de la Torre de Londres?

Canon EOS D60
Sigma 28/1,8
ISO 400
Exposición: f/1,8 – 1/50s

Expiación (2007)

Cine

Expiación (Atonement, 2007), 15 de enero de 2008.

Para empezar, el título completo en español es Expiación: Más allá de la pasión. Pero he decidido obviar ese «más allá de la pasión» en el título de la entrada, porque no sirve para nada y no induce más que a engaño. Cosa que no necesita este estupendo filme firmado por Joe Wright, basado en la novela Atonement del escritor británico Ian McEwan. Esto no es un culebrón de pasiones amorosas. Esto va de otra cosa. Va de las repercusiones de nuestros actos. De cómo afectan las vidas de quienes nos rodean. De cómo en un momento dado condicionan nuestra propia vida, e incluso hace necesarios actos de expiación de nuestras faltas.

Según la propaganda del distribuidor de la película esto van de los amoríos y pasiones de una señorita pija británica y del hijo del ama de llaves, protegido de la familia de bien, en la década de los 30 del siglo XX, en vísperas de la Guerra Mundial. La señorita pija está interpretada por Keyra Knightly y el «ceniciento» por James McAvoy. En realidad, estos personajes son secundarios. Secundarios de lujo, que se llevan buena parte de los minutos que dura la película, pero secundarios. Son los que sufren los actos de quien considero que es el auténtico protagonista del relato, la pequeña Briony, interpretada en su preadolescencia por Saoirse Ronan, en su juventud por Romola Garai, y ya anciana por Vanessa Redgrave.

No nos encontramos ante un relato de estructura convencional. La acción va y viene en el tiempo. Es necesario para poder comprender mejor lo que pasa por las mentes de los protagonistas, para entender que lo que vemos y percibimos no siempre es la realidad sino lo que queremos interpretar. Tampoco es convencional por… un motivo que sólo se comprende al final, aunque la secuencia de los hechos y los tiempos nos hagan sospechar durante la proyección. La realización por lo demás está muy cuidada; se sale de lo habitual. Toma sus riesgos. Tiene momentos muy poderosos visualmente, al mismo tiempo que una música acompañada por un peculiar instrumento de percusión, nos va dando pistas de lo que estamos viendo realmente.

La interpretación es suficientemente buena. La Knightly está mejor que lo habitual, y cumple sobradamente, aunque quiza hubiera hecho falta otra actriz con un poco más de solidez. Pero el físico lo da. McAvoy está mejor y cumple también sobradamente. El patito feo de la película, el personaje de Briony se luce menos por estar interpretado por tres actrices distintas y con unos tiempos limitados en pantalla en relación a la importancia del personaje, pero no hay nada que objetar a la interpretación, especialmente de las dos brionys jóvenes. La intervención de Redgrave, corta aunque trascendente, tiene un cariz que va más allá de lo meramente interpretativo, por lo que tiene de catártico para la resolución del relato.

Sólo había leído previamente una novela del escritor, y aunque me gustó, no me llevó a seguir buscando su compañía literaria. Pero ahora sí que me han entrado ganas de hincarle el diente a un relato que me imagino mucho más rico en su versión literaria.

En resumen, una película muy interesante y muy conveniente, que muestra que se pueden hacer todavía buenas adaptaciones de obras literarias al mismo tiempo que se cuidan los aspectos cinematográficos de la obra. Yo le pongo un ocho, con la misma nota a la dirección, y un siete en la interpretación.

La imagen de hoy, la soledad y la melancolía en las calles del Casco Viejo de Zaragoza.

Sola
Canon EOS 10D
EF 70-210/3,5-4,5 USM
Focal: 75mm
ISO 400
Exposición: f/5,6 – 1/400s

Una nueva librería en la ciudad

arte música y literatura, Fotografía, sociedad

En realidad hace ya unas semanas. Abrieron a tiempo para la campaña navideña. No sé exactamente cuándo. Pero hasta ayer no fui a conocer el nuevo establecimiento.

Cuando salgo de viaje por el extranjero, siempre me han dado mucha envidia las librerías que hay en muchas capitales. Algunas de ellas no mucho más grandes necesariamente que Zaragoza. Librerías de varios pisos, con estanterías llenas de títulos de lo más diverso, perfectamente organizados, encuentras en seguida lo que quieres, amplias, con agradables zonas para hojear los volúmenes antes de tomar la decisión de comprar o no comprar. En algunas de ellas no falta una cafetería, o cuando menos una zona con maquinitas para tomarte el café. No sólo es importante la literatura de ficción. En muchas de ellas, otro tipo de libros ocupan extensas estanterías. Siempre me paro un rato en la sección de fotografía. Claro.

Bien. Pues si me llama la atención todo esto, es porque lo hecho a faltar en mi ciudad. Una ciudad que, por tamaño, debería aspirar a disfrutar de varios establecimientos de estos. Las librerías más importantes y surtidas de la ciudad, no voy a mencionar nombres, suelen tener una estructura agobiante, y no siempre es fácil encontrar lo que buscas. Tal es así, que alguna cadena comercial orientada al ocio en general suele ser más visitada como librería a pesar de no estar especializada en el tema. Cierto es que no falta alguna librería más pequeña, con otro estilo, agradable de visitar como la Librería Cálamo (esta si la nombro; es mi preferida). Pero eso. No es la típica librería generalista. Está más especializada.

A lo que iba. La Casa del Libro ha abierto un establecimiento en la Calle de San Miguel y ayer fui a visitarlo. Tres pisos, amplios y bien organizados. Algunas zonas para sentarse. Una decoración despejada y luminosa. Se acerca a lo que me gustaría. No llega. Pero se acerca. Para inaugurarla me compré… un libro, claro está. África de Sebastião Salgado. Un libro de fotografías, que presenta una calidad impresionante sobre en la reproducción de las imágenes. Publicado por Taschen, tiene un precio razonable para la calidad que ofrece, como es propio de la editorial. Eso sí. Es grande, todavía no sé en que estante lo voy a poner.

La foto de hoy está recién salida del horno. Tomada esta mañana en la Plaza de Santa Marta. En un paseo que me he dado aprovechando que el día, aunque frío estaba sereno y con buena luz.

Canon EOS 10D
EF 70-210/3,5-4,5 USM
Focal: 70mm
ISO 400
Exposición: f/5,6 – 1/250s

Aprendiendo nuevas técnicas: Ilustraciones

Fotografía personal

Leyendo ayer el último penúltimo número de Shutterbug, me decidí a ensayar una técnica que explica para convertir fotografías en ilustraciones. Por lo que explicaba, decidí que algunas fotos de mis vacaciones del pasado verano en Tallinn, Estonia, podrían ser adecuadas. El resultado no está mal. Quedan como si fueran viñetas de un cómic, con trazos muy limpios y colores imitando a la acuarela.

Os dejo unos ejemplo, a ver si os gustan.


Originales tomados con una
Panasonic Lumix DMC-LX2

Propósito cumplido y nuevas formas de suscribirse y leer revistas

Fotografía, sociedad

Comentaba el día de Año Nuevo que, en principio, un único propósito me había hecho para el 2008. Completar mi colección de álbumes de Tintín en idioma original. Pues eso. Como adelantaba, el propósito se ha hecho realidad en los primeros días de enero. Hace dos días me llegaron los tres álbumes que me faltaban, que ya lucen en mis estanterías junto a los 21 restantes.

Pero ese mismo día, mientras redactaba la entrada sobre el fallecimiento de Herbert Keppler, vi en las páginas en internet de Popular Photography & Imaging y American Photo, que estas revistas se encontraban disponibles para su suscripción digital. Sin formato físico en papel. Para ser leídas en el monitor del ordenador. Son distribuidas electrónicamente por Zinio. Después de probar con una revista de muestra decidí suscribirme. A 10 dolares la suscripción anual; 12 números de PP&I y 8 números de AmPHOTO. Es decir, aproximadamente 6,80 euros. Teniendo en cuenta que un número de cada una estas revistas cuesta entorno a 6 euros en los quioscos españoles, que en España llegan unas tres semanas más tarde que a los quioscos norteamericanos, que desaparece el problema de luego acumular o tener que tirar todo ese papel… el inconveniente de hojearlas en la pantalla del ordenador resulta pequeño. Sobre todo porque es un inconveniente muy relativo.

Ale pues, más propósitos para este año. Gastar menos dinero en revistas, y ser más ecológico malgastando menos papel. Y… zas… propósito cumplido. Ufff, estoy que me salgo.

Llevamos unos días sin ver el sol por Zaragoza o Huesca, entre nublado y nieblas. Así que me consuelo con esta primaveral fotografía en los parques eólicos de La Muela (Zaragoza), tomada hace casi dos años.

Canon EOS D60 Tokina 12-24/4 AT-X 124 AF Pro DX ISO 100

Cómo me aficioné a leer Popular Photography: en memoria de Herbert Keppler

Fotografía

Hace ya una más que respetable cantidad de años, varios lustros, paseando como iba por la Plaza de San Francisco de Zaragoza, donde hay uno de los quioscos de prensa más interesantes de la ciudad, me llamó la atención la portada de algunas revistas de fotografía en idiomas extranjeros. Así que compre varias. No conocía ninguna. Durante unos días hojeé revistas británicas, francesas o norteamericanas. Unas me gustaron más y otras menos. Pero llegué a la conclusión de que rellenaban huecos con los magros medios de las hispanas quedaban en la literatura periódica especializada sobre el tema en el idioma de Cervantes.

Entre ellas se encontraba un ejemplar de Popular Photography. Esta revista goza/gozaba de gran prestigio. Según con quién hablas utiliza el presente o el pretérito. A mí me parecía un poco rollo algunas cosas. Por ejemplo, está llena de cartoncillos para que te suscribas que no hacen más que molestar. Una lata; y además, más basura. Hay un montón de páginas al final que sólo son publicidad. Pero muchos artículos previos terminan intercalados entre ellas. Y no son fáciles de encontrar a veces. No todas las páginas llevan el número de página. También pasa que responde mucho a idiosincrasias muy norteamericanas. Y eso a veces es bueno… y otras veces… estos yanquis me parecen marcianos. En cualquier caso es muy práctica. Y especialmene me llamó la atención un artículo que firmaba un tal Herbert Keppler.

El artículo se dedicaba a diversos aspectos práctico vinculados a la práctica fotográfica con una cámara réflex. Estaba encabezado por la fotografía de un señor, ya mayor, de aspecto enjuto. Muy sonriente. Parecía simpático. Desde entonces he comprado muchos número de la revista, y siempre lo primero suele ser leer el artículo de Keppler. He aprendido mucho con él. Sobre todo a ser práctico. A sacar partido al equipo, que no tiene por qué ser de campanillas. A saber que cosas son importante y cuáles no, sin dejarse llevar por el relumbron de lo tecnológicamente nuevo. Y siempre aparecía la foto de ese señor tan simpático, siempre tocado con diversos sombreros.

Hoy me enteró por aquí y por allá de que Herbert Kepler ha fallecido. Tenía ya 82 años. Ya no podremos volver a leer sus artículos más. El último que tengo es el del mes de diciembre de 2007. Tal vez venga alguno en el de enero de 2008, que hará unas semanas que estará en los quioscos norteamericanos, pero que todavía no había llegado aquí. Si podéis leer el inglés, no dejéis de leer el obituario en Popular Photography. Como comprobaréis fue alguien que influyó notablemente en como son nuestras cámaras hoy en día.

He vuelto a leer el artíuculo del mes de diciembre. Compara a la Leica I(A) de 1925 con la Canon EOS 1D Mark IIN. Lo que es tener un gran sentido del humor. Y cuando lees lo que dice… y una gran sentido común.

En la filosofía de Kepler estaba el aprovechamiento de viejas pero honorables ópticas de antaño. Así, la foto de hoy, tomada en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia, marida un viejo 100mm macro de Pentax con una moderna réflex digital de la marca.

Pentax *ist DS
SMC-A 100/4 Macro
ISO 200
Exposición: f/8- 1/640s

El espía (2007)

Cine

El espía (Breach, 2007), 6 de enero de 2008

Nos vamos en una tarde tonta de Reyes, en un puente forzado por la coincidencia de esta festividad con un domingo, a ver una película que había quedado sepultada en la profundidad de un intratable cartelera navideña. Una de espías. Pero sin acción. Espías de verdad, no estilo 007.

La película está dirigida con corrección técnica por Billy Ray. Es su segundo largometraje como director, pero el primero que veo yo. Tiene una lista relativamente larga de filmes en los que ha firmado como guionista, pero tampoco he encontrado grandes cosas. En cualquier caso, hay solvencia en la dirección, ya que la película tiene un aspecto visual muy conseguido y la historia va transcurriendo con un ritmo razonable. Dado que se trata de una película basada en hechos históricos, el final resulta previsible, por lo que el principal interés resulta más en el retrato de los personajes que en otra cosa.

Por lo tanto, es imprescindible hablar de los actores que deben componer este retrato. En primer lugar, decir que el veterano agente que es vigilado por espía está interpretado por Chris Cooper, un más que solvente actor, generalmente en tareas de secundario, pero que siempre me ha parecido muy bien. Realmente, consigue un retrato muy convincente del personaje, con algún momento de bastante intensidad. Se ve enfrentado a un joven funcionario de la agencia interpretado por Ryan Philippe. Está bien. Pero como tuve la mala suerte de encontrármelo en alguna película para adolescentes hace tiempo, en ningún momento pude quitarme esta imagen de mi cabeza. Es injusto, lo sé. Porque lo he visto en otros filmes, donde no me ha pasado esto. Pero en éste sí. Como catalizador a esta relación está la solvente y para mí infravalorada Laura Linney. Casi siempre me gusta esta actriz.

En resumen, una película correctamente dirigida y muy bien interpretada. Pero que no me acaba de emocionar. La verdad es que en el fondo, durante la película me da un poco igual lo que les pase a los personajes. Quizá porque todo está muy planteado para que de entrada y de forma muy maniquea unos te caigan muy bien y otros muy mal. Con esto, pierden interés y además ya supones por donde van a ir los tiros.

No obstante, no pasa nada por ir a verla y entretiene. Le pongo un siete en dirección y un ocho en interpretación. Lo que pasa que no le daré más de un seis a mi valoración subjetiva.

La imagen de hoy, la abstracción del agua que discurre por una fuente de marmol.

Pentax K10D
SMC-A 100/4
ISO 100
Exposición: f/5,6 – 1/640s

Pues se van acabando las fiestas de Navidad-Fin de Año

sociedad

Este año me he dedicado mucho a labores domésticas. Cambiar algún mueble, volver a ordenar los libros, y cosas por el estilo. Además hizo días malos para salir ni a pasear. En resumen, que como consecuencia de todo esto, no he salido a fotografiar mucho que digamos.

Pero el viernes, que tenía casi todo el trabajo doméstico hecho, que tenía que salir a comprar alguna tontada al centro, cogí una cámara y tomé algunas imágenes con tono navideño. Pocas pero alguna.

Este año da la impresión de que se va apagando la moda de los papanoeles trepadores. Parece que se ven menos, pero alguno se ve.

Lo que no falla es que la gente compra. En los comercios de toda la vida, en las grandes superficies, en los chiringuitos en la calle, en cualquier sitio donde se venda algo, por zarrioso que sea.

También es el primer año que me meto a curiosear por el belén a tamaño natural que instalan en la plaza del Pilar. La verdad es que me decepcionó. Como siempre había visto entrar tanta gente, con largas filas en los días festivos, pensaba que era otra cosa, pero me resultó muy tosco. No sé… deberían encargar las figuras a algún escultor más fino.

Bueno. El tema tampoco dio para más. Que había cosas que comprar. Lo que importa son dos cosas. Una positiva y otra negativa. La positiva es que se acaban unas fiestas que desde hace años me parecen una pesadez. La negativa es que he tenido una semana larga de fiesta, y el martes hay que volver al curro. En fin, resignación.

Todas las fotos: Pentax K10D, con SMC-DA 21/3,2, SMC-A 50/2 y SMC-A 100/4

Un "goof" en American Gangster

Cine, Fotografía

Ya decía ayer lo mucho que me había gustado la última película estrenada de Ridley Scott, American Gangster. Como soy aficionado al cine, no puede evitar durante la película en fijarme en el diverso material fotográfico que aparece en el filme.

En un momento dado, observé que buena parte de las cámaras fotográficas réflex lucían sobre su pentaprisma la inscripción «Asahi Pentax«. Esto estimuló mi curiosidad, ya que desde mi primera cámara réflex, he sido usuario de Pentax, en otras marcas. Después de varias apariciones en pantalla, en una de las cuales se veía parte de una inscripción frontal con varios ceros. Algo así como «…000«. No se veía completa, de ahí los puntos suspensivos. Pero estoy prácticamente seguro de que se veían esos ceros. Entonces recordé que una de las cámaras de recorrido comercial más longevo de la historia de Asahi Pentax fue la K1000, y que esta robusta y austera cámara fue una de las preferidas por los cuerpos de policía norteamericanos, por ser económica, resistente y sencilla de utilizar. Y me quedé satisfecho… hasta que se me puso la mosca detrás de la oreja. La Pentax K1000 fue una cámara que comenzó a fabricarse bien entrada la década de los 70, en concreto en el año 1976, aguantando hasta casi la era digital, ya que dejó de fabricarse en 1997.

Con estos datos, y teniendo en cuenta que la acción de la película transcurre aproximadamente entre 1969 y 1973, da la impresión de que nos encontramos ante lo que los angloparlantes llaman un goof. Un error en la película, en este caso por el anacronismo entre la época y la cámara fotográfica.

Como en estas cosas hay que asegurarse, he consultado en diversas fuentes (Asahi Pentax and Pentax SLR 35 mm cameras 1952 -1989, Danilo Cecchi, Hove Foto Books; Bojidar Dimitrov’s Pentax K-Mount Page; Wikipedia) para ver si en la época de la película podría haber otra cámara que respondiera a las características vistas. He comprobado que hubo una cámara que reunía las características de la K1000 en la época de las Asahi Pentax Spotmatic, que sería coherente con la época del filme. Se trataba de la Spotmatic SP1000, de la que la K1000 sería descendiente. La primera tuvo su montura de rosca, mientras que la K1000 tuvo por montura la bayoneta K de Pentax. Lo que pasa es que donde yo vi los ceros, en la SP1000 encontramos la inscripción «SPOTMATIC«. Salvo que me haya engañado la vista, no se trata de esta cámara, sino de la K1000, y por lo tanto nos encontramos ante un «goof«. Un error, vamos.

Pues nada. Ya lo sabéis. Pero vamos… por lo demás, este detalle no desmerece la película. Supongo que pensaron que la K1000 parecería lo suficientemente antigua, y que pocos se preocuparían de este detalle.

En la imagen de hoy, os subo una foto de los tiempos de las diapositivas. Como en estos días que he estado de fiesta he ordenado un poco mis posesiones, ha aparecido un carrete de diapositivas con imágenes del Museo del Ferrocarril de Villanueva y Geltrú (Barcelona). Y aquí os dejo esta estupenda «Verraco«.

Canon EOS 100
Película diapositiva 100 ISO
Exposición no registrada