
Carlos Carreter
http://carloscarreter.com

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Última del día. La luz se está yendo deprisa. Además estoy invitado a cenar, pero no será ocasión para dar por el saco con las fotos. De momento, nos tomamos unas cervezas en un garito en la Basílica Palladiana, donde ponen de música ambiente un jazz buenísimo. Más tarde, actuación en directo. Pero no podremos venir.
Recojo los bártulos fotográficos y hasta mañana.

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Hoy he estado muy liado y no he podido actualizar con el tema que prefería. Cine. Para mañana. Pero no quiero irme a dormir sin recordar que en el menú lateral de la derecha, en el epígrafe Viajes podéis encontrar ya el enlace para el diario de ruta de mi reciente viaje por Italia bajo el título Bolonia, Ferrara, Rávena, Venecia 2012. Y ya está. Que si me acuesto muy tarde por la mañana paso mucho sueño. Que hay que madrugar para ir a currar.
En primer lugar, decir que el viaje que he realizado ya no se podrá hacer de forma tan conveniente. El vuelo de Ryanair en el que volví de Bolonia fue el último en ese sentido que comunicaba las dos ciudades. Media hora más tarde de mi llegada a Zaragoza saldría el avión de nuevo con destino a la capital emiliense, y se acabó. Ante la retirada de subvenciones de las administraciones públicas, la compañía de «bajo coste» retira varios vuelos del aeropuerto de Zaragoza. Mala suerte.
Porque es una pena. Bolonia está muy bien situada y muy bien comunicada para dirigirse a muchas partes de Italia. Venecia a menos de dos horas, puede ser un destino para pasar un día, como he hecho yo. O en caso de optar por unas vacaciones móviles puede ser un punto de partida para dirigirse a la Toscana (a Florencia se llega en 40 minutos de tren), o a Milán (una hora o poco más de tren). Incluso Roma esta a poco más de 2 horas, y hay un montón de relaciones entre ambas ciudades. Y claro, el sistema de trenes regionales me ha llevado tranquilamente a Ferrara y a Rávena, pero también está Módena, o Padua, o Verona,… Rímini era un destino previsto pero lo dejé por Ferrara, que estaba algo más cerca y me parecía más cinematográfico. ¡Tonto de mí que olvidé que Rímini es el Borgo de Fellini en Amarcord! Me ha faltado un día de viaje para que saliera redondo.

Antes de las siete de la tarde, las fotografías empiezan a tomar un carácter nocturno, como esta toma en la hora azul del Palazzo del Podesta de Bolonia.
Fotográficamente, mis problemas han estado marcado por la luz. Como siempre. Italia, siendo un país mediterráneo, en esta época del año, y no digamos más adelante, tiene una luz muy intensa en los días despejados que provoca contrastes enormes en las estrechas calles de los cascos históricos de las ciudades. Pero es que además he tenido muchos momentos de escasez de luz. Por un lado, el hecho de que se haga de noche casi una hora de reloj antes que en Zaragoza te deja bastantes horas de la tarde para fotografiar con luz escasa o nocturna. O llevas un trípode, cosa que odio por el talabarte y el peso, o tienes que llevar una cámara con buena respuesta a altas sensibilidades. Y mi Panasonic Lumix GF1, tan conveniente por muchos motivos, se queda un poco coja. Con el 20 mm, a máxima abertura (f/1,7), con una velocidad de obturación de en torno a 1/50 s., hay que tirar a 1600 ISO, y el grano es notable aunque se puede mejorar en el «desrawtizador», pero también pierde definición en los detalles. Esto último puede pasar en escenas generales nocturans, pero no cuando una serie de visitas importantes, las basílicas paleocristianas de Rávena, tienen como principal atractivo los mosaicos policromados. Es preciso que haya textura para que la foto sea digna. Menos mal que varios de estos templos tenían ventanas por las que entraba luz natural y el ajuste de la sensibilidad podía bajar a 400-640 ISO.

En las horas centrales del día, los contrastes son fuertes. Casi no distinguimos la cara del ciclista en la sombra sobre el blanco fondo de la fachada de la catedral de Ferrara.
Uno de los problemas de Bolonia en cuanto a alojamientos son los precios de los hoteles y similares. Dos son los factores que hacen que no sea especialmente barata. Por un lado el alto número de población flotante por la populosa universidad, que acoge muchos estudiantes y profesores foráneos, tanto para programas de varios meses de duración como para jornadas, congresos o cursos más cortitos. Por otro lado, es una importante ciudad de ferias, y constantemente hay muestras y exposiciones que pueblan de visitantes la ciudad. Así que, habrá que prever con tiempo las fechas y mirar en cuales los precios resultan más ventajosos. Algo similar nos pasó en Colonia; donde los precios de la habitación de hotel donde estuvimos, muy razonables, se triplicaron la semana siguiente durante la celebración de la Photokina.
Desde un punto de vista práctico, si haces de Bolonia tu centro de operaciones como he hecho yo, viene bien prever una tarjeta bus de 10 viajes (11 euros), que te evita tener que prever monedas sueltas cada vez que subes al autobús para las máquinas expendedoras que no dan cambio, y salen más caras (1,50 euros/viaje).
Al llegar a las estaciones de ferrocarril de Ferrara y Rávena encontraremos entre sus instalaciones una oficina del transporte urbano de autobuses. En Ferrara viene bien cogerse dos billetes, uno para ir al centro y otro para volver a la estación, si se va a pasar el día. Te ahorras un paseo caminando sin mucho sentido. En Rávena no merece la pena coger el bus para ir al centro. Caminando se hace perfectamente. Pero si puedes planificar la visita a Sant’Apollinare in Classe en primer lugar, y entonces puedes coger en la estación el autobús. Por lo tanto, podrás coger dos billetes para la ida y la vuelta. Preguntad en las oficinas qué líneas de autobús son las adecuadas.

Sant'Apollinare in Classe está a seis kilómetros de Rávena, pero se llega cómodamente en el autobús urbano. El interior de la basílica está bastante iluminado, y podemos hacer fotografías a 500 ISO como las de estas columnas que separan una de las naves laterales de la basílica de la nave central.
En Venecia no hay autobuses. Hay vaporetti, y van por el agua. Nosotros lo que hicimos fue coger un billete de 12 horas, que nos permitió un número de viajes indefinido desde que lo validas en ese lapso de tiempo. Por precio, merece la pena si vas a coger 3 veces o más los vaporetti. Nosotros lo hicimos en cuatro ocasiones, y nos permitieron ir mucho más ágiles por la ciudad en determinados momentos. Hay muy pocos puentes que crucen el Gran Canal, y en el laberinto de callejuelas y canales, los desplazamientos de un punto a otro pueden suponer calcetinadas de cuidado.
Por terminar con los transportes públicos. Antes de subir a los trenes que no llevan reserva de plaza, no olvidéis validar el billete en las maquinitas naranjas que hay en los andenes y en los vestíbulos de las estaciones. Si no, no valen. Eso sí. Si sacas un billete, puedes coger cualquier tren siempre que no exija reserva de plaza. Si se te escapa uno, coges el siguiente. Y ya está.
Finalmente, en Italia se come de vicio. Pero para percatarse completamente del hecho, hay que animarse a dejar de lado la pasta y las pizzas. O elegir elaboraciones de estas poco habituales. Por la cercanía al Adriático de este viaje, hemos tirado mucho de pescados y similares. Y todo estupendo, oye.

La línea 1 del "vaporetto" es la más útil para recorrer el Gran Canal, o para ir desde la estación hasta San Marco. En muchos lugares consta también la línea 2, que hace menos paradas y es más rápida. Pero en la realidad es que tenía final en Rialto, y no llegaba hasta San Marco. A nosotros ya nos vino bien, puesto que teníamos planeado empezar el paseo veneciano en el famoso puente veneciano.
Es el último de estas minivacaciones por Italia que me he tomado en una semana tonta del mes de marzo. Tiene gracia que también es la primera entrada que escribo de este diario de viaje. Pero es que he pasado de actualizar el blog durante estos días. Así que iré colocando las fotos con mis andanzas en los días correspondientes conforme vaya «revelando» las fotos con el «desrawtizador», y las vaya colocando en Flickr. Así que efectivamente estoy ya en Zaragoza, en casa, de vuelta.
Pero esta última mañana ha dado tiempo ha dar una vuelta de tres horitas por la capital de la capital de la Emilia-Romagna. Y os lo cuento una vez más con fotos.

He empezado el paseo por la Piazza Maggiore, para ver los vistosos edificios de la plaza iluminados de otra forma. Es el primer día que veía el Palazzo Comunale iluminado por el sol. Pero la verdad es que la luz de la mañana, con el sol ya alto, no es el mejor momento del lugar.

También me he metido en la Basílica de San Petronio con toda la intención de burlar la prohibición de hacer fotos. Pero no he regulado correctamente los reglajes,... y ha quedado un poco movida. Es lo que pasa por ir de furtivo por la vida.

En la Via d'Azeglia he ido buscando los escaparates que colaboraban con la iniciativa "Vitrine in catastrofe", promocionando la obra de artistas adolescentes. Algunos no estaba mal,... otros...

En mi paseo he dado con la Biblioteca dell'Archiginnasio, que en el pasado fue sede de la Universidad de Bolonia, la que dicen es más antigua de Europa. Y bueno, no creo que la señal de "prohibidas las bicicletas" sea la más antigua de Europa, pero lo parece.

Sí que fue afamada la Universidad de Bolonia por ser la primera en contar con una sala de disección de cadáveres, práctica prohibida por sacrílega en el resto de Europa, por lo que atraía a quienes querían formarse como médicos.

Este encontronazo con lo universitario, me ha recordado que había una librería de las interesantes en la ciudad que no había visitado. Camino de la misma, los omnipresentes soportales de la ciudad, en este caso en Via Rizzoli, me han protegido del sol que empezaba a picar.

Por cierto, que entre que es sábado y que era por la mañana, no había prácticamente estudiantes por la Via Zamboni como otros días; alguno por ahí perdido.

La librería estaba cerrada. Paseo en balde. Así que me he ido a conocer el parque más céntrico de la ciudad, el Parco della Montagnola, que no es gran cosa, y cuyos árboles además todavía no se han recuperado de los rigores del invierno.

Saliendo ya del parque, tras pasar por un mercadillo al aire libre sin más interés, en Via Oberdan me he encontrado con una ventanita que da al Canale delle Moline, un canal, sin agua en este caso, escondido entre las casas de Bolonia.

Finalmente, camino de coger el autobús para volver al hotel a por el equipaje para ir al aeropuerto, me he encontrado con una callejón y lo que parecía la entrada a una recoleta capilla. Pues no, se trata de una entrada secundaria a la galería comercial Giovanni Acquaderni, con tiendas muy pijas, y cuya entrada principal afortunadamente daba a la parade del autobús que me interesaba en la mencionada Via Rizzoli. Y hasta aquí puedo contar.