[Televisión] Cosas de series; especial final de Californication

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Aunque no estaba planificado así, ha coincidido que sea jueves, mi día habitual para las entradas televisivas, cuando publique mi artículo especial dedicado al final de Californication. Una serie que durante siete temporadas nos ha acompañado, con el protagonismo absoluto del “expedientado” David Duchovny como el escritor Hank Moody, y el encantador protagonismo de la siempre interesante Natascha McElhone como el amor de su vida, Karen. Por supuesto, no podemos olvidarnos de Charlie (Evan Handler)Marcy (Pamela Adlon)Becca (Madeleine Martin) y tantos otros nombres, algunos que se han dado a conocer y otros que ya eran ilustres y que han aportado su granito de arena a esta excelente serie de televisión.

El gancho de la serie inicial era el sexo y lo políticamente incorrecto. Recordar hoy en día la serie de imposibles personajes que han marcado las aventuras de Moody en Los Angeles desde el momento en que decide abandonar Nueva York, sintiéndose trasplantado y fuera de lugar en esta California demencial, sería prolijo y casi imposible. Pero cuando empieza a meterse en la serie, se empieza a dar cuenta de que hay mucho más detrás de ella, y que todo lo demás es un envoltorio. Magnífico y sexy envoltorio, pero envoltorio. La crisis del genio creador y la crisis del hombre atractivo que se resiste a dejar atrás la juventud para asumir sus responsables constituyen dos de los grandes temas que trata la serie, sin duda. Pero con lo que yo me quedo es con lo que me quedó más claro desde hace ya mucho tiempo. Esta es una tremenda historia de amor de un hombre hacia una mujer, que paradójicamente no puede colocar nunca por delante en su lista de prioridades. Junto con el amor a su hija, que es la consecuencia feliz de ambos, la mezcla perfecta. La sensatez y racionalidad de la una y el genio creador del otro. Es cierto que la consecuencia de un padre tal hace que Becca haya tenido siempre ese tono oscuro, gótico, pero la queremos igualmente. No sufre el “síndrome” de la hija odiable que encontramos en otras series. Pero sobre todo es la historia de amor con Karen, esa historia de amor en la que juntos no pueden y separados, menos.

No voy a entrar en comentar mucho la última temporada. Creo que ha sido la más floja, aunque con momentos absolutamente hilarantes. Pero el personaje de Levon (Oliver Cooper) ha sido tan grimoso que apenas he podido con él. Ni aun con la compensación del encanto de una madura pero encantador Heather Graham.

Dicho lo cual, la serie no ha tenido un final espectacular, ni memorable, ni nada de eso. Pero ha tenido un final adecuado. La serie finalmente, en los aspectos creativos, se contiene a sí misma, como el resultado del resurgir creativo tras todos estos años de crisis personal en todos los aspectos. Y nos deja con un razonable optimismo sobre esa historia de amor, que esperemos que nunca termine, pero que cualquiera sabe, que el mundo da muchas vueltas. A HankKarenBeccaMarcy,… sí… incluso al grimoso de Runkle… los echaremos mucho de menos.

Sólo una imagen hoy, recientemente tomada en la Stortorget de Malmö, pero muy representativa de lo que ha sido el principal tirón de la serie. ¿O no?

Sólo una imagen hoy, recientemente tomada en la Stortorget de Malmö, pero muy representativa de lo que ha sido el principal tirón de la serie. ¿O no?

[Televisión] Cosas de series; algunas novedades, algunos regresos y despedida hasta el año que viene de Hank Moody

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En las dos últimas semanas, entre asuntos diversos y vacaciones de semana santa, he llevado un cierto cachondeo con esto de las series. Así que iré al grano, que a la semana que viene también habrá algunas novedades.

Ha vuelto el Doctor. ¿Doctor Who? Sí, Doctor Who. Lo cierto es que vi el nuevo episodio recién vuelto de vacaciones, estaba muy cansado, y no me enteré mucho. La chica nueva, a la que ya hemos conocido en un par de capítulo previos en, digamos, diversas reencarnaciones, Oswin Oswald/Clara Oswald/Clara Oswin Oswald (Jenna-Louise Coleman), parece que promete. Pero supongo que el primer episodio de la nueva etapa, aunque oficialmente el sexto creo de la séptima temporada de la época contemporánea, no fue de los mejores, porque no me enganchó. Lo volveré a ver por si eran los efectos del viaje. Y a ver si se animan. Que hay voces que dicen que el actual Doctor (Matt Smith) empieza a estar quemado y necesitamos una nueva reencarnación. Me formaré opinión un poco más adelante.

Ha vuelto Game of Thrones. Bueno. Lo que he dicho ya en alguna ocasión. Hace tiempo que me perdí con la trama con el sinnúmero de ramificaciones de la misma, y de personajes que aparecen. Pero aunque no me entero de la continuidad argumental, reconozco que cada uno de los capítulos que veo me gustan. En sí mismos. Y hay algunos personajes que me parecen estupendos. Otros no tantos. Pero los que son buenos, son muy buenos.

Tenemos una nueva serie de ciencia ficción,… Orphan Black… De clones… Todavía no tengo claro si me va a gustar y la voy a seguir o no. De momento, recurren a los culos y tetas para enganchar. Pero no tengo muy claro que va a salir de ahí. Ya veremos.

Y finalmente, se nos ha vuelto a marchar de vacaciones Hank Moody y su Californication. Con más fornication y más consumo de sustancias adictivas que nunca, si en otras temporadas lo hemos visto envuelto en el entorno de los escritores, de la universidad, de lo judicial, del cine,… esta temporada ha tocado el mundo de los músicos de rock. Entendámonos. Todo esto no es más que una excusa, macguffins variados, para ir colocando a Moody (David Duchovny) en las situaciones más o menos imposibles que le impiden alcanzar la felicidad, básicamente en compañía de esa maravilla de mujer que es Karen (Natascha McElhone), que está siempre ahí al alcance y al mismo tiempo inalcanzable. Pues toda esta historia no deja de ser más que la enorme y estupenda historia de amor de estos dos personajes, que es lo que a mí me tiene enganchado. Por lo carencia total y absoluta de convencionalismo. Por supuesto, impagable la pareja bufa que forman Charlie Runkle (Evan Handler) y su ex (o ex-ex, perdón por el espoiler) Marcy (Pamela Adlon). Hasta el año que viene.

Sigo procesando fotografías de Italia, y como las series de televisión fundamentalmente van sobre gente, pues gente.

En la Piazza dei Signori, Padua.

En la Piazza dei Signori, Padua.

En la tumba del santo, Padua.

En la tumba del santo, Padua.

Ante el Campanile y el Palacio Ducal de Venecia.

Ante el Campanile y el Palacio Ducal de Venecia.

De tiendas junto al puente de Rialto, Venecia.

De tiendas junto al puente de Rialto, Venecia.

En las oscuras, estrechas, laberínticas y lluviosas calles de Venecia.

En las oscuras, estrechas, laberínticas y lluviosas calles de Venecia.

Molestando al fotógrafo en el Gran Canal de Venecia.

Molestando al fotógrafo en el Gran Canal de Venecia.

[TV] De cómo Hank Moody salió del mayor apuro de su vida,… si es que salió, y aprendió algo en el intento

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Está recién terminada la cuarta temporada de Californication, una temporada cuyo eje central es el juicio contra su protagonista Hank Moody (David Duchovny) por el delito norteamericano conocido como statutory rape, que algunos identifican en español con el estupro, aunque no es lo mismo. Esencialmente es mantener relaciones con un menor por debajo de la  edad legal de consentimiento, aunque no concurran las circunstancias que sirvan para definir el delito como violación. La cuestión es que la edad de consentimiento sexual es muy variable. En España es muy baja, situándose en los 13 años, aunque la probabilidad de que a un adulto le condenen por estupro en caso de mantener relaciones con un menor de 16 son muy altas. En EE.UU. suele ser bastante más alta, dependiendo de los distintos estados, que la sitúan entre los 16 y los 18 años. Y si todos recordamos, el pícaro Moody se lo montó en el primer capítulo de la primera temporada de la serie con Mia (Madeline Zima), la hija de quien en ese momento era novio de su ex, la siempre interesante Karen (Natasha McElhone). Aunque el desconocía el dato de la edad de tan desarrollada físicamente criatura.

La temporada ha tenido dos partes claramente diferenciadas. La primera en el que nuestro protagonista y buena parte de su entorno caen en un estado de descontrol absoluto, tanto en el sexo como en el consumo de drogas y alcohol, que les lleva a situaciones demenciales, en una especie de huída hacia adelante ante lo que se viene encima. En su línea de tirarse a toda bicho viviente femenino que se pone por delante, vuelve a arruinar toda posibilidad de arreglar las cosas con Karen, de quien no podemos olvidar que está perdidamente enamorado pese a todo. En una segunda parte, conforme se acercaba el momento del juicio, las cosas se han vuelto más calmadas, Moody se ha vuelto más reflexivo y, dentro de su innato cinismo, menos autodestructivo. Guiado, a duras penas, por su abogada, la guapísima Carla Gugino, con quien también mantiene el consiguiente affair, llega al momento del juicio en el que muchas cosas se plantean. Pero tendremos que esperar a una quinta temporada para ver si hacen mella en el escritor.

La serie ha seguido con sus constantes. Por un lado, el sexo desenfrenado de Moody y su cohorte. Chicas, y no tan chicas, guapas mostrando generosamente sus encantos. Tipos extravagantes que viven su vida como si no estuvieran en este mundo. Y Moody por ahí perdido y a lo suyo, sin que sepa exactamente qué es lo suyo. Por otro lado, desde el primer momento, esta serie es la historia de amor entre Moody y Karen, una historia de amor que todavía no sabemos si podrá tener un final feliz. Aunque a algunos nos gustaría decir que sí. De momento, hemos dejado a ambos en la carretera, alejándose de California. Está por ver cómo y dónde vuelven a encontrarse sus caminos. Bueno,… supongo que en California, pero ya veremos.

Recomendación musical

He escuchado mientras escribía esta entrada a Fernanda Takai cantando Diz que foi por aí. Me encanta la vocalista de Pato Fu cuando canta en solitario. Aunque no la he encontrado en Spotify

Ánades junto al puente de hierro

Pato fu... no, sólo patos, bajo las arcadas del puente de hierro en Zaragoza - Pentax K-x, SMC-A 50/2